La huelga de la estiba

Uno de los principales hechos que han marcado esta primera mitad de este año 2017 en 2017 ha sido la huelga de los estibadores. Se trata de un sector que ha ido pasando de padres durante décadas y que, en los momentos actuales, debido a las exigencias de la Unión Europea, entre otros muchos factores, han visto tambalearse a este sistema al que no han dejado acceder a otras personas, y que estaba muy politizado, y muy funcionariado.

Hay que tener en cuenta que se trataba de un sistema muy cerrado. Y en estos últimos meses, desde el inicio de 2017, y después de que la Unión Europea exigiese a España despolitizar este sector, y abrirlo a que otras empresas y personas pudiesen entrar y trabajar en este sector, todas las familias que han vivido de este sector cerrado durante años han hecho muy difícil un pacto para la apertura de este sector.

Ya en marzo los sindicatos convocaron una huelga para impedir la aprobación de un Real Decreto-Ley que supusiera el desmonte del monopolio del que disfrutaban los estibadores. Según informaba el periódico El País en una noticia de 16 de marzo de 2017, los estibadores desconvocaban la huelga de cuatro jornadas a partir del 17 de marzo, debido a que querían que hubiese un ambiente de normalidad para facilitar el acuerdo.

La misma noticia continúa diciendo que, “tras esta suspensión de los cuatro días de paros que todavía estaban convocados, por el momento no hay previsión de movilización en los puertos. Una tranquilidad relativa que dependerá de lo que ocurra en los próximos días en las negociaciones entre sindicatos y patronal y en las decisiones que tome el Gobierno. En principio, la negociación entre las partes se retomará el martes 21”.

Por otro lado, el periódico El Confidencial, en una noticia de 13 de febrero, hacía referencia a los altos salarios que tienen los estibadores. En esta noticia se nos dice por un estibador valenciano al que hicieron algunas preguntas, que se cobraba un sueldo digno, más que digno. Y lo mismo los trabajadores del mar de otras zonas, como en Barcelona, decían lo mismo, y confirmando estos hechos.

En esta noticia también se hacía un estudio sobre el estatuto de los estibadores, diciendo que “en los puertos, uno de los sectores donde las nuevas tecnologías y la globalización de la economía han calado más rápido, la pequeña aldea de los estibadores ha conseguido mantener muy buenas condiciones. En este sector influyente destacan tres puertos, Valencia, Algeciras y Barcelona, que acumulan el 42% del tráfico portuario de mercancías que entra y sale de España”

La noticia continuaba preguntándose qué son y qué hacen los estibadores, y se respondía que “los elevados sueldos de estos trabajadores han estado en el centro de la tormenta desde que el puerto valenciano se ha puesto en pie de guerra contra las nuevas normas comunitarias y la necesidad de “mejorar la competitividad” del sector, como sostiene la patronal. Tres palabras mágicas que han pasado por encima de muchos colectivos durante la crisis y a las que los estibadores se están oponiendo. ¿Lo hacen por ser una casta privilegiada en España? Algunos datos pueden arrojar luz sobre un sector atomizado y poco transparente”.

A continuación, se decía en la noticia que “Por convenio, las empresas estibadoras tienen que participar en las sociedades anónimas de gestión de trabajadores portuarios (Sagep) para contratar y gestionar a los estibadores. Hay una Sagep en cada uno de los 46 puertos de interés general españoles. Los estibadores trabajan en ‘jornales’ de seis horas, que se acumulan cuando hay un pico de trabajo o una menor disponibilidad de turnos, como durante los meses de verano. Los jornales pueden ser de lunes a domingo y a cualquier hora del día y de la noche, y “es fácil que un estibador trabaje tres o cuatro jornales seguidos”, señalan desde la coordinadora.

Por tanto, nos encontramos ante un sector en el que, además de haber impedido el acceso a este mercado de personas que antes no tenían ninguna relación con el sector, tenían unos sueldos muy superiores a los de cualquier otro sector.

Ya hubo a principios de este año 2017 otro intento de liberalizar la estiba, como se ha dicho un poco más arriba, pero los estibadores consiguieron, mediante una huelga masiva, que el gobierno se echase atrás en la aprobación de la liberalización de la estiba, con la consiguiente amenaza desde la Unión Europea de la imposición de una multa de hasta 125.000 euros diarios si no se conseguía regularizar este sector.

A pesar de esta seria amenaza, Gobierno y sindicatos no han llegado a un acuerdo para la aprobación de un Real Decreto-Ley que regulase este sector, y que provenía de una sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea de 2014. Durante todo este tiempo, como destaca el periódico El Confidencial, se “ha estado dialogando y negociando con el sector de la estiba durante dos años y que todas las peticiones que han hecho los estibadores han sido rechazadas por la Comisión Europea, al considerar que no cumplen con lo requerido en la sentencia. Es el caso del registro nacional de trabajadores. En este contexto, el coordinador general de CETM avanzó que ya había varias “grandes empresas” que “se desmarcan de la reforma del Gobierno”.

La holandesa APM Terminals y Total Terminal International Algeciras (TTIA), ambas de Algeciras, fueron las primeras en firmar el pasado 8 de febrero el proyecto de acuerdo de reforma de la Ley de Puertos, consensuado con los estibadores, en un “claro gesto de apuesta por el consenso y el entendimiento en el sector”, según la coordinadora. Se trata del documento negociado entre la ejecutiva de la Asociación Nacional de Empresas Estibadoras (Anesco) y los sindicatos, que finalmente no ratificó la asamblea de la patronal “por la irrupción del ministro de Fomento” y su decreto antes de que culminara el proceso negociador.

Tras APM y TTIA han firmado una quincena más de empresas. La CETM asegura que este acuerdo, negociado entre los sindicatos del sector y la patronal Anesco, da respuesta a las exigencias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea. La firma del acuerdo por casi una veintena de empresas “es una muestra clara e irrebatible de que el sector apuesta por la paz social“, ha asegura la CETM en un comunicado. “De ninguna manera es necesario acudir a un decreto ley autoritario, que dinamita el diálogo”, añade”.

Es decir, en España no se sabe hacer huelga si no es por la fuerza, y si no se consigue que el Gobierno Central siempre ceda a las exigencias de los manifestantes. En opinión de este redactor, lo que se ha conseguido es una leve reforma, cuando lo que, en realidad, se tendría que haber conseguido es abrir la estiva a que cualquier persona pudiese entrar.

Además, el mismo periódico El Confidencial, en otra noticia de 18 de mayo de 2017, se volvía a informar que Bruselas mantenía la primera multa a España. Y no está mal que la mantenga, para que sepamos transponer una orden de la Unión Europea a tiempo, y cumplir bien las sentencias, no sólo de nuestros Tribunales, sino también de los europeos, y nos adaptemos a las exigencias de los mercados actuales, y no queramos, por tanto, mantener privilegios de épocas ya pasadas, impidiendo el avance nuestro país.

La reforma que se ha conseguido aprobar por el Gobierno ha sido realmente escasa. Además, hay que tener en cuenta todos los desperfectos que ha causado para otros sectores esta huelga de los estibadores, pues en los últimos días, en cualquiera de los telediarios televisivos, a cualquier hora, podíamos ver las largas colas de transportistas que no podían acceder a los puertos para descargar sus mercancías y continuar así con los servicios que se habían comprometido a dar.

Esto es lo que pasa en un país en el que, por la simple no aceptación de que no queremos avanzar, y no aceptamos cosas que, en principio, nos podrían ayudar a mejorar, crear más empleo, más ganancias, y reducir, por tanto, el paro, hacemos que se paralice casi todo el país, causando, por ello, grandes pérdidas económicas a otros sectores, y, por tanto, graves perjuicios en detrimento nuestro (unos cincuenta millones diarios, según el periódico La Razón).

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