El tráfico de armas

Este artículo va a tratar sobre uno de los temas más de actualidad de hoy en día, aunque no sea uno de los temas más tratados en los medios de comunicación. La verdad es que es uno de los mercados a nivel internacional que más dinero mueve.

Y lo peor de todo es que se hace desde los países más ricos para enriquecerse aún más, y no sólo eso, sino que, además, venden estos productos a los países más pobres o a los países en vías de desarrollo para los conflictos que ya están creados allí sigan destrozando las posibilidades de crecimiento de estos países o de los que están en vías de desarrollo.

Y todo ello por un afán de desarrollar una industria armamentística con fines lucrativos. Como destaca la revista Muy Interesante, “después del comercio de drogas, es el segundo negocio prohibido más lucrativo del mundo”. Este mismo artículo sigue diciendo que “pistolas, ametralladoras, fusiles, cohetes, lanzagranadas, cabezas de mortero o granadas de mano se venden o compran por cárteles de la droga, grupos paramilitares y guerri­lleros, insurgentes, pandilleros, mercenarios, piratas o Gobiernos dictatoriales.

Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, el comercio ilegal de armas mueve entre 170 y 320 millones de dólares cada año en el mundo. Estas cifras suponen entre el 10% y el 20% del mercado lícito del sector, de acuerdo con los datos del Instituto Español de Estudios Estratégicos, en Madrid”.

La verdad es que es espeluznante, le deja a uno los pelos de punta. Y surge la pregunta: ¿Cómo es posible que países con gran potencial para aportar grandes oportunidades para triunfar económicamente a nivel mundial, en vez de reparar los daños que ya les causó el colonialismo de las grandes potencias europeas no quieran avanzar económicamente por buenas vías, sino mediante sectores que, aunque generen mucho dinero, luego son perjudiciales para la salud, siendo uno de ellos el tráfico de armas, lo que luego trae consigo guerras, destrucción, desolación?

Pero los grandes causantes de todo esto son la mayoría de las grandes potencias del mundo, entre ellos Estados Unidos, pero no es el único. También Europa tiene intereses en ello, y no sólo económicos, sino también comerciales y de otro tipo.

Todo esto debería llevarnos a una reflexión sobre el hecho de que, si queremos conseguir un mundo mejor, ¿por qué llevamos a cabo este tipo de actos inmorales que posteriormente conllevan catástrofes sangrientas y que constituyen auténticos crímenes contra la humanidad?

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