Crimen organizado I

El crimen organizado es una de las temáticas que más de moda está actualmente. En este punto, hay que destacar que se está ante un problema de ámbito mundial y que causa muchos daños y perjuicios en muchos ámbitos de la vida real.

Hay que hacer aquí una diferencia entre crimen organizado y terrorismo. La diferencia existente entre terrorismo y crimen organizado, como nos indica un artículo en la página web noticias jurídicas, “puesto que sus estructuras delictivas son similares. Tampoco deseo ahondar minuciosamente en la caracterización del terrorismo, pero si delimitar desde una perspectiva general sus fines, que en definitiva es lo que implica la existencia de autor y delito: la búsqueda, hallazgo y ejecución del interés previamente planificado.

El terrorismo, aun teniendo los condicionantes del crimen organizado en cuanto a su estructura y jerarquía, se distancia principalmente en los fines que persigue, y en los daños victimológicos que produce, si unos (grupos terroristas) se financian para la subsistencia de sus grupos y para la proyección de sus acciones bajo justificaciones políticas y ocasionan perjuicios irreparables como es la pérdida de vidas humanas, los otros (redes del crimen organizado) buscan el beneficio económico como único fin, viven por y para el crimen como medio de subsistencia, causando en la víctima daños materiales, económicos y personales, éstos últimos de menor proporción, si tenemos en cuenta que las víctimas fallecidas como consecuencia de actos derivados del crimen organizado son menos cuantiosas”[1].

Una vez hecha esta diferencia, hay que destacar que la lucha contra el crimen organizado también es una tarea muy difícil por todos los recovecos que tiene el crimen organizado. En cuanto a la metodología, hay que destacar que “todo método de investigación requiere como primera acción de desarrollo la creación de la idea principal sobre la que ha de girar el proyecto de trabajo, planificada la idea global, ésta ha de sustentarse en otras de carácter subyacente. Una y otras han de ser definidas primariamente, conformando un marco de situación práctico para su elaboración. Por encima de él, habremos creado una línea de fortalecimiento, desde el momento que la idea conforma el epicentro generador del trabajo.

La idea global viene definida en el propio “asunto titular”, “visión estratégica”, las ideas subyacentes han de alimentar la principal bajo parámetros generales y específicos, dando respuesta a su aproximación general, su conceptuación, su aplicabilidad como método efectivo en el análisis criminal y su trascendencia respecto a las principales amenazas de carácter criminal.

Lógicamente, todas las ideas han de confluir en una finalidad, la presente, motiva y ofrece una visión general sobre la importancia de ser proactivos y preventivos, en la resolución de conflictos a medio o largo plazo, antes de su producción, entendiendo el corto plazo como momento o temporalidad en el que han de diseñarse líneas estratégicas para evitar el daño futuro, o bien, para fortalecer nuestras propias capacidades. Llamemos conflictos a situaciones, factores, indicadores o actores de riesgos que provocan la propia existencia del problema, por lo tanto, el elemento problemático identificado se convierte en el inicio de la solución, su análisis anticipará en el presente efectos o consecuencias no deseadas en el futuro, o al menos, habremos formado parte de ella desde el momento que describimos el problema.

Por otro lado, no podemos obviar que las medidas de tipo reactivo son necesarias ante hechos difíciles de prevenir, hechos en producción, formando parte importante en los efectos disuasorios futuros, puesto que mide el comportamiento delictivo y permite la aplicabilidad de la pena”[2].

Pero, como ya se ha destacado, por muy organizada que esté la lucha contra el crimen organizado, su desintegración es muy difícil, sobre todo por el hecho de que también todas las personas que viven y participan del crimen organizado también tienen una organización y unas escalas muy específicas, lo que hace muy difícil su desintegración.

Sobre todo, porque las investigaciones sobre el crimen organizado, salvo las más osadas, comienzan con una introducción, en muchos casos autojustificatoria de los resultados, acerca de los problemas sobre el acceso a fuentes fiables para el estudio del fenómeno. Investigar el crimen desde cualquier perspectiva es una tarea compleja; de eso no hay duda. Las dificultades que surgen al tratar de aplicar el método científico al crimen organizado ya fueron contempladas por los primeros estudiosos del fenómeno y marcan buena parte de su desarrollo posterior. Los científicos sociales de cualquier disciplina que se han adentrado en el tema han tendido a ser menos activos que otros actores que por obligación profesional, como las agencias de seguridad o los medios de comunicación de masas, en la recopilación de información acerca del crimen organizado. Quizás el motivo sea que, como sugiere Polsky, muchos de ellos crean que es imposible hacerse sin superar el elemental dilema moral de realizar actos criminales como medio de ganarse la cooperación necesaria para la obtención de la información. Las consecuencias de esta situación son que, como explica Albini, no hay duda de que gran parte del material escrito en el ámbito del crimen organizado está muy lejos de ser académico por naturaleza, cayendo con demasiada frecuencia en un estilo periodístico y sensacionalista de escribir en el que la documentación de fuentes está ausente o bajo mínimos. A menudo estos escritos están abarrotados de valores cuyo resultado es la distorsión total de los hechos y, en muchos casos, la creación de disparates”[3].

También en este ámbito hay que destacar la diferencia entre grupo y organización criminal. En este punto, siguiendo lo destacado en un artículo de noticias jurídicas, “la diferencia entre organización y grupo criminal reside en la existencia de una estructura organizativa con vocación de permanencia o por tiempo indefinido. Si falta la vocación de permanencia, la estructura estable o ambas, nos encontraremos ante un grupo criminal.

Por lo tanto, la organización y el grupo criminal tienen en común la unión o agrupación de más de dos personas y la finalidad de cometer delitos concertadamente (STS 576/2014, de 18 de julio).

Pero mientras que la organización criminal requiere, además, la estabilidad o constitución por tiempo indefinido, y que se repartan las tareas o funciones de manera concertada y coordinada (necesariamente ambos requisitos conjuntamente: estabilidad y reparto de tareas), el grupo criminal puede apreciarse cuando no concurra ninguno de estos dos requisitos, o cuando concurra uno solo. De esta forma, se reserva el concepto de organización criminal para aquellos supuestos de mayor complejidad de la estructura organizativa, pues es, precisamente, la estabilidad temporal y la complejidad estructural lo que justifica una mayor sanción en atención al importante incremento en la capacidad de lesión. Por lo tanto, para la apreciación de la organización criminal no basta cualquier estructura distributiva de funciones entre sus miembros, que podría encontrarse naturalmente en cualquier unión o agrupación de varias personas para la comisión de delitos, sino que es preciso apreciar un reparto de responsabilidades y tareas con la suficiente consistencia y rigidez, incluso temporal, para superar las posibilidades delictivas y los consiguientes riesgos para los bienes jurídicos apreciables en los casos de codelincuencia o, incluso, de grupos criminales. La distinción entre organización y grupo, por lo tanto, se encuentra perfectamente clarificada, pues la jurisprudencia posterior a la reforma ha esclarecido la diferenciación entre ambas figuras (STS núm. 309/2013, de 1 de abril; STS núm. 855/2013, de 11 de noviembre; STS núm. 950/2013, de 5 de diciembre; STS núm. 1035/2013, de 9 de enero de 2014, STS núm. 371/2014, de 7 de mayo o STS núm. 426/2014, de 28 de mayo).

Para Fernández de Paiz los elementos diferenciadores entre las organizaciones criminales y los grupos criminales son los siguientes:

  1. En primer lugar, el carácter estable, en el sentido de “estructura con vocación de permanencia” de la organización criminal. El concierto o coordinación entre los integrantes de la organización conforma el elemento estructural, que debe requerir cierta permanencia en el tiempo. Por lo tanto, la estabilidad será uno de los elementos que nos lleve a distinguir entre una organización o un grupo. El autor critica la falta en la definición legal de este elemento (la estabilidad) en el caso del grupo criminal, pues entonces, stricto sensu, se podría definir un grupo como la agrupación de unos cuantos sujetos que en un momento determinado se aglutinan para la comisión de un delito, siendo evidente que esto no es acorde con la finalidad promulgada en la propia Exposición de Motivos de la LO 5/2010. El plus de peligrosidad que representan los grupos criminales se deriva del carácter colectivo y de la facilidad de cometer los delitos o las faltas reiteradas, y la falta de este elemento, la vocación de permanencia es lo que lleva a la dificultad de diferenciarlo de las formas de participación.
  2. El segundo requisito que sí figura en las organizaciones criminales, pero no en los grupos es la división de trabajo, de manera que exista un reparto de labores que se esquematiza en la coordinación y distribución de roles. Por ello, deben reconducirse exclusivamente a la organización criminal los casos donde se aprecie cierta complejidad delictiva. Desde la perspectiva criminológica, la organización criminal puede adoptar diferentes estructuras, siendo la más frecuente la piramidal y jerárquica, y una segunda modalidad sería las organizaciones de carácter horizontal, celular o red, esto es, las que se constituyen como un aglomerado de pequeñas estructuras, pero con una dirección autónoma, sin que posean una dirección única ni coordinada.
  3. En tercer lugar, se incluye en la regulación penal de la organización criminal la duración indeterminada, que exige que la formación de la organización criminal sea por un “tiempo indefinido”, de manera que aunque la configuración de la organización sea instantánea, su existencia no tendrá fecha de caducidad.

Tanto en la organización criminal como en el grupo criminal se requiere un dolo referido a la realización de delitos, y en la medida en que la gravedad o clase de delito que se trata de cometer a través de los mismos determina una distinta gravedad de la pena, el dolo debe referirse también a la gravedad del delito. A diferencia del mismo delito cometido por un individuo en solitario, el crimen organizado permite que cada uno de los diversos integrantes realice sólo una parte de la acción que, desde una concepción individualista de la responsabilidad y culpabilidad, lleva a considerar que, o bien es impune, o bien constituye una infracción menor o sólo puede tratarse como una forma imperfecta del delito que se trata de cometer. Si se castigara la acción concreta de cada componente grupal por lo que concretamente hace cada cual (principio de culpabilidad individualista), se perdería la perspectiva del castigo común de la acción final querida y concertada por el pactum scaeleris, que obviamente forma parte del dolo, que es un plus, y se haría imposible la aplicación de las agravantes específicas que el legislador prevé (castigo mayor al líder, agravante de pertenencia a la organización, etc.)”.

A pesar de todas las dificultades que supone la existencia de todos estos grupos y organizaciones criminales, no hay que cejar en el empeño de la lucha contra el crimen organizado, el cual supone la muerte de muchísimas personas a lo largo del año, por asuntos de drogas, prostitución, deudas, etc. Aunque es difícil hacer desaparecer la maldad en el mundo, no por ello hay que dejar que aumente. Si todos los países ponen de su parte, se hará un gran cambio que beneficiará a todos los países, sobre todo los subdesarrollados, a los cuales les permitirá desarrollarse plenamente y poder competir en igualdad de condiciones con las grandes potencias.

[1] http://noticias.juridicas.com/conocimiento/articulos-doctrinales/4409-crimen-organizado/

[2] http://noticias.juridicas.com/conocimiento/articulos-doctrinales/4944-analisis-estrategico-en-la-investigacion-de-la-criminalidad-organizada/

[3] https://www.uam.es/personal_pdi/economicas/cresa/text11.html

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