La liberación de Puigdemont en Alemania

Este jueves 5 de abril de 2018 se ha puesto a Carles Puigdemont en libertad. Lo que esto constata es que los valores europeos sobre justicia están de capa caída, ya que, cuando lo que en realidad se debería hacer en estos casos es cumplir las normas europeas de detención y entrega en el ámbito de la Unión Europea, se hace todo lo contrario.

Ha sido un duro palo esta puesta en libertad. Y lo que conlleva es que la confianza en la justicia sea cada vez menor. Europa está perdiendo todos sus valores y lo que conlleva todo ello es el derrumbe de lo que se viene construyendo desde mediados de los años 50 del siglo XX y que se conoce como Unión europea.

Pero la cuestión no se queda aquí, ya que también el problema migratorio que se está produciendo desde hace 2 años como consecuencia de la guerra de Siria y que está dejando a tanta gente sin hogar y les está dirigiendo hacia Europa en masas ingentes de personas ha provocado una inmensa crisis humanitaria que sigue sin resolver.

Además, esta crisis humanitaria ha servido para que miembros del Estado Islámico se hayan infiltrado entre las filas de los refugiados y que haya habido varios ataques terroristas en suelo europeo, con las consiguientes consecuencias de muerte, dolor y lágrimas.

El pueblo europeo está dormido ante todos estos problemas que se le echan encima, y algunos, si se han resuelto en parte, ha sido gracias a la participación de Estados Unidos en estos conflictos.

El mayor problema es que no podemos permitir desde Europa que la primera potencia mundial nos esté salvando el pellejo cada vez que no hemos sido capaces de solventar un problema a tiempo.

Por otro lado, hay que destacar que haber permitido la nacionalización de extranjeros venidos de oriente tan fácilmente en la Unión Europea también ha provocado que muchos de estos nacionalizados no se sientan europeos y que los descendientes de esos primeros nacionalizados europeos también estén provocando desastres entre las filas europeas como consecuencia de no sentirse europeos y no haber seguido sus pasos cuando, a la vista de sus viajes a países de donde vienen los terroristas, era de esperar que provocaran, por su parte, otra crisis terrorista, pues se han «islamizado», y por tanto, lo que esto ha provocado, es una serie de ataques a las bases de las instituciones europeas para minar ese espíritu que se creó en 1957.

La mala justicia que se ha provocado soltando a Puigdemont hoy en Alemania y no haberle extraditado vía orden europea de detención y entrega a España para haberle juzgado por los delitos de rebelión e incumplimiento de las leyes sobre los deberes políticos de cargos de responsabilidad ha sido, como ya se ha dicho, una auténtica desgracia.

Y esto demuestra que no se está por la labor de desacreditar a un elemento que quiere destruir un país creado sobre una base sólida y que, como consecuencia del penoso sistema educativo que hay en España, convertida hoy otra vez en un reino de taifas que luchan cada una por sus propios intereses en vez de por el bien común, ha llevado a permitir que individuos como Puigdemont incumplan reiteradamente las leyes que los españoles decidimos darnos con la entrada en vigor de la constitución de 1978.

 

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