¿Formación autónoma o heterónoma?

Desde el planteamiento de las primeras civilizaciones, se da respuesta a por qué el desarrollo humano lleva implícita la formación; y para ello se argumenta que la angustia del hombre y su preocupación por el futuro es lo que le conduce a generar un proyecto y a trabajar en una intención, lo que se consigue a través de la formación.

En la educación tradicional, la formación práctica quedaba en un segundo plano con respecto a la transmisión de conocimiento, aunque esto ha evolucionado y, hoy en día, la escuela y los centros educativos son el lugar donde se acredita, trabaja y valida la formación de cada persona.

La intencionalidad sigue ahí, pero la formación responde a más inquietudes y facetas de la vida y, con ello, también al planteamiento de diferentes tipos de formación que determinan y completan el desarrollo humano.

Desde el enfoque más conceptual, es complicado crear un concepto global de formación, ya que son muchos los factores, enfoques e intencionalidades que afectan a esta acción. Lo que sí podemos tener claro es que la formación siempre ha perseguido un interés emancipatorio, con la intención de dotar a cada persona con los conocimientos y habilidades que le permitiera comportarse como un sujeto individual. A esto se le añaden los intereses prácticos y técnicos que están orientados al aprendizaje para lograr ciertos logros, cubrir necesidades y participar en el desarrollo social.

– Formación autónoma: la fuente interna del desarrollo humano. Es el aprendizaje que se realiza de forma libre, por voluntad propia del estudiante y como un proceso que se desarrolla a lo largo de toda la vida. Es la base para la autonomía y emancipación de cada persona, por ello que se entienda como el desarrollo de las virtudes humanas e implique la reflexión e iniciativa de cada persona. Este tipo de formación se produce por el deseo de cada persona y según las necesidades particulares de cada persona, lo que implica que cada individuo busque sus propias respuestas.

– Formación heterónoma: la fuente externa del desarrollo humano. Es un producto cultural que surge desde grupos sociales que prescriben los saberes a dominar y de la que surge la educación tradicional. Aliena a cada persona dentro de su entorno social, de un objetivo común y de lo que se espera de él. Por tanto, se centra en todos los saberes y competencias que necesita desarrollar una persona para cumplir una función social gracias a las actitudes y conocimientos a los que accede en su formación externa.

El equilibro de todos los intereses, su intención de conseguirlos y todo lo que se hace para lograrlo aglutina toda la formación que empleamos para el completo desarrollo humano como ser individual y social.

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