Jornada Partida vs Jornada Reducida

España siempre ha sido el caso peculiar que sorprende al resto de europeos por el planteamiento y reparto que se hace de los horarios laborales y su poca efectividad en la productividad, por no hablar del bajo nivel de satisfacción de muchos empleados.

La mayoría de horarios españoles se diseñan en jornadas partidas, en las que la parada para comer es más larga de lo deseada y la salida de la oficina se pospone a las últimas horas de la tarde.

La jornada partida es el sistema por el que funcionan la gran mayoría de empresas privadas, contando con que sus trabajadores pasen más de 12 horas fuera de casa y la oficina se convierta en el espacio donde desarrollan todo su día. Para las empresas más tradicionales, contar con que sus empleados están siempre en la oficina es una forma de control, pero que nada tiene que ver con ser más productivo, sino todo lo contrario.

Son muchos los estudios que afirman la baja productividad por horas de trabajo invertida, la caída del rendimiento a partir de las 3 pm y el desgaste anímico de los empleados, que suele derivar en el presentismo.

A su favor, la jornada partida amplía las facilidades para que una empresa siempre esté en funcionamiento, puedan atender cualquier imprevisto y los empleados pasen mucho tiempo juntos.

La jornada reducida es la opción a la que se acogen muchos profesionales que deben conciliar su vida laboral y personal, aunque esta reducción no solo afecta a los salarios, sino que también suele impactar negativamente en las responsabilidades y posibilidades de ascenso. Es el problema al que se enfrentan muchas mujeres y que visibiliza la brecha de género en el mundo laboral.

Pero una jornada reducida también puede suponer un mejor aprovechamiento de la jornada y un rendimiento mayor de los empleados, sobre todo motivados por el tiempo de calidad del que pueden disfrutar tras su jornada.

Una opción intermedia y piloto para muchas empresas es la posibilidad de flexibilizar los horarios, de manera que cada empleado se distribuya la jornada dentro de unos límites o pruebe los efectos del trabajo en remoto, al menos en parte de la jornada partida.

El propósito debe estar en encontrar la forma en la que cada empresa gane en productividad y sus empleados se sientan más valorados e implicados en la cultura empresarial.

Evidentemente no existe una fórmula mágica ni valida para todas las empresas, pero sí que hay muchos ejemplos que pueden servir para probar alternativas y evaluar sus efectos.

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