¿Conocemos lo que comemos?

1.- Introducción.

En los últimos años se da mucha importancia a la información nutricional de los alimentos, sobre todo a raíz de lo acontecido en este año 2019 por el brote de listeria en Andalucía y ya extendido a otras Comunidades Autónomas.

Este brote ha provocado ya dos muertes y debido a ello han surgido diversas vías de crítica a la empresa que fabricó esa tira de carne lechada. Y eso por no mencionar también a la farmacéutica que ha elaborado la tira de medicamentos que ha creado a los bebés lobo.

La verdad es que el incumplimiento de informar al consumidor y usuario último de todos los ingredientes de los alimentos que consumimos es una de las principales causas de los cambios alimenticios de la población. En este punto hay que destacar que “hoy en día, en los supermercados hay una oferta muy elevada de productos alimentarios procesados con numerosos ingredientes. En el etiquetado nos informan de los ingredientes que contienen y del contenido en nutrientes claves, como sal, azucares añadidos, grasa total y saturada y colesterol. La utilidad de esta información para elegir el alimento adecuado depende de si el consumidor la lee y si tiene una educación básica en los principales conceptos de alimentación y nutrición. En general, el valor nutricional de un determinado alimento no es el criterio prioritario en su elección, antes están el precio, la disponibilidad o las propiedades sensoriales (sabor) de ese producto”[1].

Por otro lado, hay que destacar que “aproximadamente 35 millones de personas mueren al año en el mundo por enfermedades estrechamente vinculadas con el estilo de vida como son la diabetes o las temidas enfermedades cardiovasculares. Teniendo en cuenta la gravedad de estas cifras, la Organización Mundial de la Salud (OMS) insta a los gobiernos a establecer políticas de regulación sobre el marketing y la publicidad de los alimentos y bebidas no alcohólicas dirigidas a niños (población más susceptible debido a su falta de criterio para la selección de alimentos) ya que estas inducen en mayor o menor medida al consumo.

La respuesta a las recomendaciones de OMS fue una tajante prohibición sobre la publicidad en horario infantil en determinados países (Noruega y Suecia) así como una regulación muy estricta sobre lo que algunos otros denominaron “alimentos malsanos”, como sucedió en Irlanda”[2].

2.- El porqué de la falta de información de los ingredientes de los alimentos.

En casi todos los alimentos crudos, los elementos precocinados, o incluso en los alimentos que tomamos cocinados en restaurantes y demás plazas de restauración, no tenemos suficiente información que nos exponen a multitud de enfermedades o elementos biológicos que nos dañan.

En este punto hemos de tener en cuenta que la legislación no ayuda tampoco en este aspecto y se aplica con mucho laxo de tiempo. Hay que decir que “muchas veces los mensajes de los propios expertos en nutrición son contradictorios. Y por eso los investigadores en nutrición deben aprender a comunicar adecuadamente los resultados de sus investigaciones. Así mismo los medios de comunicación deben aprender a trasmitir los mensajes en nutrición sin efectismo”.

Por otro lado, hay que destacar que “lo que siempre se ha conocido como vida sana, una buena alimentación y ejercicio, hoy prácticamente es un nuevo estilo vida generalizado y en auge en casi todos los colectivos de la sociedad: la “vida fitness”. Llama la atención cómo en unos años, lo que antes era para unos pocos colectivos de la sociedad, hoy es algo que casi todo el mundo hace. Ir al gimnasio a diario o contar con un personal trainer (entrenador personal) era cosa de estrellas de la tele o deportistas. En cuanto a la alimentación, los batidos, por ejemplo, depurativos, de proteínas, e infinitas mezclas posibles, han invadido nuestros hábitos alimenticios, sin contar con los productos sin azúcar, sin gluten, sin sal, sin grasa, sin… Considerados los más sanos y naturales. Este culto al cuerpo, no sólo por nuestra salud sino también por nuestra figura, hoy día ha desarrollado un verdadero estilo de vida para muchas personas.

Aunque no hay que olvidar que la preocupación por la imagen personal y el aspecto no es algo nuevo, sino que deriva de acontecimientos históricos que se explicarán unas páginas más adelante”[3].

A raíz de aquí, hay que destacar que “el considerable aumento que se aprecia en los últimos años del consumo de productos para nuestro aspecto personal. En especial, algunos productos y servicios para impulsar la alimentación sana y el deporte se demandan más que en épocas pasadas.

Este notable consumo en la sociedad se debe, pues, a que cada vez le damos más importancia a nuestra imagen y apariencia física y, como consecuencia, comenzamos a cuidar más nuestro cuerpo, nuestra alimentación y, en definitiva, nuestra salud. Todo este fenómeno, que además se encuentra en auge, ha generado un nuevo estilo de vida: la vida fitness. La cuestión es que, si cada vez nos preocupamos más por la apariencia y la vida sana, en un futuro, ¿cambiará la escala de valores de la sociedad a favor del aspecto físico? Es decir, si aumentamos la cantidad económica que gastamos en productos que nos ayuden a alcanzar nuestros objetivos y formar parte de esta conducta saludable, ¿la apariencia supondrá el primer criterio de éxito social y personal?

Como ya ha pasado en periodos anteriores a lo largo de la historia, el aspecto personal refleja el nivel y el tipo de vida que llevamos. Como sucedió en el siglo XIX, cuando la burguesía decidió invertir en toda clase de productos que le ayudaran a embellecer su apariencia y, así, aproximarse a la refinada aristocracia. O en los años 50 y 60 del siglo XX con el surgimiento de la sociedad de consumo, al democratizarse el lujo y la ostentación, propios de colectivos elitistas, a escalas masivas”[4].

A raíz de todo esto, “la vida fitness está generando una nueva cultura saludable para todos aquellos que adoptan este estilo de vida; sin embargo, en este trabajo se pretenderá demostrar que no ocasionará un cambio estructural en la escala social a favor de la imagen personal y la apariencia atlética como prioridad. Lo que sí puede ocurrir es que, al tratarse de un fenómeno masivo, acabe influyendo en la interacción social e, incluso, en las decisiones personales. Se buscará estudiar si este estilo de vida será capaz de generar una nueva imagen física, la imagen “fit”, y si ésta acentuará los cambios en los hábitos de consumo. Es decir, probablemente las consecuencias de esta “vida sana” nos conducirán a costumbres más saludables y beneficiosas respecto a nuestra alimentación y nuestra rutina de ejercicio. Y con ello la expansión de una nueva industria que ya se está haciendo hueco en nuestros gastos mensuales”[5].

A raíz de todo esto, se puede decir que una de las principales causas de esta falta de desinformación alimenticia es el aumento de la demanda de alimentos para alcanzar un mejor resultado en gimnasios y en dietas milagros a cualquier precio, sin importar la salud personal.

Por tanto, se convierte en una obligación de las autoridades sanitarias y de otro tipo para hacer ver a la gente que sí pueden tomar complementos nutricionales para alcanzar los objetivos deseados de salud, pero siempre bajo la supervisión de un médico, y no siendo siempre dependiendo de nutricionistas y dietistas, pues, aunque estos últimos profesionales sí que tienen los conocimientos necesarios para ayuda alcanzar objetivos tales como peso ideal u otros, no tienen tanta información y formación como los médicos.

3.- Consecuencias de esta falta de información alimenticia.

Teniendo en cuenta lo anterior, hay que tener en cuenta que “nos encontramos con que nuestro estilo de vida actual, rápido, estresante y sin tiempo para prácticamente “nada” nos obliga a echar mano del tipo de alimentación que la industria pone al alcance de la mano. Es mucho más fácil para un estudiante comprar una bolsa de verduras congeladas (que llevan meses en las recámaras, que han sido cultivadas y tratadas con cientos de sustancias químicas potencialmente nocivas para la salud del consumidor y el planeta) que encontrar el momento de ir a comprarlas frescas y prepararlas él mismo.

Las consecuencias de ejemplos como este no son otras que una lenta y segura degeneración celular que se convertirá a lo largo de los años en enfermedades crónicas, inflamatorias o de difícil de diagnóstico, cuando no acabará siendo una de las posibles causas de ciertos tipos de cáncer, la mayor epidemia de nuestro siglo.

Todo en cuanto nos encontramos inmersos tiene relación entre sí. El deterioro de nuestro planeta y la exposición a perder fácilmente la salud que padecemos actualmente no es sino la consecuencia de nuestro propio invento. Hemos explotado al máximo los campos de cultivo hasta producir un agotamiento irreversible de las tierras, hemos causado enfermedades graves al ganado por obligarle a que su crecimiento sea, contra natura, mucho más rápido del normal, nuestras aguas y nuestro aire están seriamente perjudicados a causa de los residuos que la industria de la alimentación deja como estela de sus “avances científicos”. Tenemos naranjas en verano y sandías en invierno, y nunca nos preguntamos ¿cómo es posible? Nos parece algo tan normal disponer de una fruta tropical de otro continente tan alejado del nuestro en cualquier época del año en los supermercados más conocidos que no planteamos objeciones a la incógnita de lo que eso supone en costos irremediables para nuestra salud y ecosistemas.

Nos hemos acostumbrado a saciar nuestros caprichos culinarios con alimentos totalmente fuera de temporada, de otras regiones remotas o de dudosa procedencia sin pensar jamás en las consecuencias que esto tiene. Aprender a elegir nuestros alimentos lleva implícita una obligación de consciencia del consumidor que abarca cuestiones amplias que van mucho más lejos del sólo hecho de elegir un alimento “más natural”. En la industria de la alimentación se hallan implicados procedimientos de todo tipo: envases, cultivo, ganadería, traslado, forma en que la industria prepara esos alimentos o “productos”, contaminación de tierras, aguas y aire, industria petroquímica, publicidad y marketing de masas, y por supuesto las innumerables consecuencias para la salud del consumidor”[6].

Y las consecuencias de todo esto es que, en un intento de estar saludables, insertamos en nuestro organismo de alimentos que, supuestamente, consideramos como saludables, pero que no tienen mucho de saludables, por ser alimentos aparentemente saludables pero procesados, por ser tratados antes de llegar al consumo humano, así como refinados.

4.- Conclusiones.

Las conclusiones principales de este artículo es que las autoridades que supuestamente tendrían que estar velando por la salud de sus ciudadanos en todo lo relativo a su salud, sólo saben tener en mente pequeñas campañas en medios de comunicación y redes sociales.

El principal problema que surge aquí es el siguiente: ¿por qué no actúan desde el nivel básico de la sociedad? Es decir, desde la educación infantil. No hay nada más perjudicial que no saber educar a los niños desde edades más jóvenes para que sean conscientes de su salud y de los problemas que surgen por comer muchos alimentos procesados.

En este punto, hay que destacar que estas autoridades no están haciendo bien su trabajo, pero no son las únicas, sino también los padres e incluso los profesores, pero sobre todo los padres, pues acceden fácilmente a los chantajes de sus hijos cuando no quieren comer de los alimentos saludables que les intentan suministrar, y les acaban dando los peores alimentos posibles.

Por tanto, hay que hacer conscientes a los ciudadanos de que su salud es importante para que así tomen decisiones sobre su salud de forma más eficiente.

La conclusión que podemos sacar aquí es que no sabemos cuidarnos, y eso que, en España disponemos de la dieta mediterránea, con grandes beneficios para la salud. La conclusión que podemos sacar de ésta primera, es que cuanto más cerca tenemos la solución para obtener beneficios de nuestra salud, más nos alejamos.

5.- Bibliografía.

Fernández, B. S. (s.f.). “TendenciasFitness”Consumo de productos para la imagen personal. Sevilla.

Fernández, N. F. (s.f.). Dietistas Nutricionistas. Obtenido de ¿Sabemos lo que comemos?: https://www.dietistasnutricionistas.es/sabemos-lo-que-comemos/

Salud integral. (s.f.). Tu nueva información. Tu revista online. La revista de valores. Obtenido de Salud integral: LA ALIMENTACIÓN DE NUESTRO TIEMPO ¿Qué comemos realmente?

[1] ¿Conocemos lo que comemos? Una perspectiva nutricional. Emilio Martínez de Victoria Muñoz.

[2] Dietistas y nutricionistas. https://www.dietistasnutricionistas.es/sabemos-lo-que-comemos/

[3] Sánchez Fernández, Beatriz. “TendenciasFitness”Consumo de productos para la imagen personal. Sevilla.

[4] Ver nota anterior.

[5] Ver nota 3.

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