Derecho

Diferencias entre separación y divorcio

En primer lugar, vamos a ver un poco las características de ambos para poder ver mejor la diferencia.

Como primer punto, hay que decir que “En las situaciones de crisis matrimoniales hay cónyuges que acuden directamente al proceso de divorcio a fin de extinguir definitivamente el matrimonio y hacer desaparecer cualquier tipo de vínculo entre los que fueron marido y mujer, anotándose la sentencia al margen de la inscripción del matrimonio en el Registro Civil. Pero otras parejas prefieren acudir a la separación por razones personales, aunque no sea un paso preceptivo para llegar a la ruptura de la relación matrimonial. En estos casos la cuestión personal entre ellos radica en que si los que se han divorciado quieren recuperar sus derechos personales deberían contraer matrimonio de nuevo, pero en el caso de los que se han separado judicialmente pueden recuperarlos con un mero proceso de reconciliación presentando un escrito en el juzgado como disciplina el art. 84 CC (EDL 1889/1), modulándolo presentando un escrito en el juzgado firmado por los dos, comunicando la reconciliación y recuperándose la situación antecedente.

Ahora bien, hay que señalar que la separación judicial no extingue el matrimonio y solo lo hace el divorcio ya que el art. 85 CC señala que el matrimonio se disuelve por la muerte o declaración de fallecimiento de uno de los cónyuges, o por el divorcio que es el que permite extinguir la vigencia del matrimonio a todos los efectos.

Aunque la separación judicial o de hecho no extinga el matrimonio hay que comprobar en qué medida la separación judicial afecta a los derechos sucesorios en el caso de que uno de ellos fallezca y el otro reclame algún derecho hereditario alegando que el matrimonio no se extinguió y que este subsiste y, por ello, los derechos hereditarios del cónyuge viudo si no hay extinción matrimonial.

Por otro lado, resulta interesante valorar en qué medida la fijación de una pensión por desequilibrio entre los cónyuges determina que si fallece el obligado al pago de la pensión el superviviente tiene derecho al cobro de una pensión de viudedad por el Estado”.

En las situaciones de crisis matrimoniales hay cónyuges que acuden directamente al proceso de divorcio a fin de extinguir definitivamente el matrimonio y hacer desaparecer cualquier tipo de vínculo entre los que fueron marido y mujer, anotándose la sentencia al margen de la inscripción del matrimonio en el Registro Civil. Pero otras parejas prefieren acudir a la separación por razones personales, aunque no sea un paso preceptivo para llegar a la ruptura de la relación matrimonial. En estos casos la cuestión personal entre ellos radica en que si los que se han divorciado quieren recuperar sus derechos personales deberían contraer matrimonio de nuevo, pero en el caso de los que se han separado judicialmente pueden recuperarlos con un mero proceso de reconciliación presentando un escrito en el juzgado como disciplina el art. 84 CC (EDL 1889/1), modulándolo presentando un escrito en el juzgado firmado por los dos, comunicando la reconciliación y recuperándose la situación antecedente.

Por otro lado, resulta interesante valorar en qué medida la fijación de una pensión por desequilibrio entre los cónyuges determina que si fallece el obligado al pago de la pensión el superviviente tiene derecho al cobro de una pensión de viudedad por el Estado.

Ahora bien, hay que señalar que la separación judicial no extingue el matrimonio y solo lo hace el divorcio ya que el art. 85 CC señala que el matrimonio se disuelve por la muerte o declaración de fallecimiento de uno de los cónyuges, o por el divorcio que es el que permite extinguir la vigencia del matrimonio a todos los efectos.

Por otro lado, resulta interesante valorar en qué medida la fijación de una pensión por desequilibrio entre los cónyuges determina que si fallece el obligado al pago de la pensión el superviviente tiene derecho al cobro de una pensión de viudedad por el Estado.

En cuanto a la separación, hay que decir que “la separación matrimonial es la cesación de la vida en común de los cónyuges, subsistiendo el vínculo conyugal. Precisamente es esa subsistencia del vínculo matrimonial la clara diferencia con el divorcio, pues en el caso de la separación el matrimonio sigue existiendo.

No obstante en la separación hay que distinguir entre:

Separación de hecho: Es el cese efectivo de la convivencia matrimonial consentido libremente por ambos cónyuges o impuesto por uno de ellos, que abandona el hogar, sin asistir al Juzgado para legalizar la situación.

Separación judicial: La separación judicial pretende legalizar la situación de la separación mediante sentencia judicial. El procedimiento para tramitar la separación judicial puede realizarse de mutuo acuerdo o contencioso:

  • De mutuo acuerdo: A petición de ambos cónyuges o a instancia de un cónyuge con el consentimiento del otro, una vez transcurridos tres meses desde la celebración del matrimonio.Este procedimiento de mutuo acuerdo no exige la celebración de juicio, bastando con la presentación de la demanda y el convenio regulador y su posterior ratificación en el Juzgado de Familia por ambos cónyuges. Sin embargo la asistencia de abogado y procurador es obligatoria, pudiendo concurrir ambos cónyuges con el mismo abogado.
  • Contenciosa: A petición de uno solo de los cónyuges, una vez transcurridos tres meses desde la celebración del matrimonio. No será preciso el transcurso de ese plazo para la interposición de la demanda cuando se acredite la existencia de riesgo para la vida, la integridad física, la libertad, la integridad moral o libertad e indemnidad sexual del cónyuge demandante o de los hijos de ambos o de cualquiera de los miembros del matrimonio.Este procedimiento exige la celebración de vista judicial y la asistencia de abogado y procurador. Evidentemente, al ser contencioso, cada parte debe acudir con su propio abogado y procurador.El procedimiento se inicia mediante la presentación de la demanda en el Juzgado de Familia.

La disolución del matrimonio implica la ruptura del vínculo conyugal. Esta disolución se puede producir por múltiples causas:

  • Por muerte o declaración de fallecimiento de uno de los cónyuges
  • Por divorcio a través de sentencia judicial.

Para el divorcio la actual legislación ni exige la separación previa del matrimonio, ni alegar causa alguna justificativa de la disolución.

Al igual que en el caso de la separación, la disolución por divorcio puede ser contenciosa o de mutuo acuerdo.

  • a) Contencioso:El procedimiento se inicia a petición de uno solo de los cónyuges, una vez transcurridos tres meses desde la celebración del matrimonio. No será preciso el transcurso de ese plazo para la interposición de la demanda cuando se acredite la existencia de riesgo para la vida, la integridad física, la libertad, la integridad moral o libertad e indemnidad sexual del cónyuge demandante o de los hijos de ambos o de cualquiera de los miembros del matrimonio. El cónyuge demandante presenta una demanda en el Juzgado de Familia, que se tramitará por los cauces del juicio verbal y deberá comparecer por medio de abogado o procurador.
  • b) De mutuo acuerdo:El procedimiento se inicia a petición de ambos o a petición de uno con el consentimiento del otro, una vez transcurridos tres meses desde la celebración del matrimonio, mediante presentación ante el Juzgado de Familia de una demanda firmada por ambos cónyuges o por uno de ellos con el consentimiento del otro. Los cónyuges deberán comparecer por medio de abogado y procurador, pudiendo ser el mismo para ambos”.

En cuanto al divorcio, si que hay que destacar el hecho de que esta situación provoca, al contrario que la separación, la desaparición total del vínculo matrimonial.

Pero, aparte de estas diferencias tan obvias, sí que podrían señalarse ciertas características comunes a ambas formas de terminación del matrimonio, como serían las siguientes:

“Cese de la convivencia

El principal punto en común entre separación y divorcio es que ambas fórmulas implican el cese de la convivencia. Los cónyuges no pueden vivir bajo el mismo techo, y además se aplicará la revocación de los poderes y consentimientos otorgados el uno en el otro.

Por supuesto el hecho de no convivir implica muchas más cosas que configuran las características comunes y de separación y divorcio.

Liquidación del régimen económico

En ambos casos el régimen económico matrimonial queda diluido por lo que se procederá a liquidar los bienes y hacer un reparto, que vendrá determinado por la fórmula económica por la que se rigiese el matrimonio.

Es cierto que en este punto hay pequeños matices entre divorcio y separación, pero los efectos son los mismos en ambos casos.

En el caso de que el régimen económico del matrimonio fuese el de gananciales la división de las propiedades será más compleja, mientras que si se trata de separación de bienes las cuentas son más fáciles.

En las dos situaciones lo recomendable es contar con un abogado especialista en Derecho de Familia para poder garantizar tus derechos.

Hay que tener en cuenta que existen bienes privativos y bienes gananciales, por lo que cuando se haga el inventario hay que considerar cuáles son de uno y otro tipo para saber por dónde dirigir el reparto.

La relación con los hijos

El tercer gran punto en común está relacionado con los hijos en común en una separación o un divorcio.

No es ningún secreto que cuando se produce una ruptura matrimonial los descendientes son víctimas colaterales, y la Justicia trata de defenderlos porque son quienes más desprotegidos quedan, especialmente si son menores de edad.

Por ello, ambos cónyuges deben establecer:

En el caso de que no exista un acuerdo entre las partes será el juez quien se encargue de organizar este apartado.

Hay que recordar que quien se encargue de la custodia será quien tenga derecho a ocupar la vivienda familiar, y será el otro cónyuge el obligado a marcharse.

Si se trata de una custodia compartida caben muchas opciones porque es un régimen más flexible y que se adapta mejor a las necesidades de progenitores y descendientes.

Tanto en la separación como en el divorcio es necesario que toda la información y acuerdos queden reflejados en el convenio regulador que se debe presentar ante un juez para recibir su aprobación.

Este es el documento clave y, aunque en el futuro se puede modificar, marca la pauta de cómo será la relación entre las partes a raíz de su ruptura, además de registrar el reparto económico y las pensiones compensatorias, si las hubiera”.

Para dejar mayor constancia de estas diferencias, hay que destacar que “la separación implica el cese efectivo de la convivencia de ambos cónyuges, y por lo tanto, tendrá consecuencias tanto patrimoniales, como personales. Para que la separación tenga efectos legales se requiere su declaración mediante una sentencia judicial, cosa que no pasa con la separación de hecho, en la que tan solo se produce el cese de la convivencia de los cónyuges pero sin producirse los efectos legales frente a terceros.

  • La separación no pone fin al matrimonio, no disuelve el vínculo matrimonial, el divorcio sí, se obtiene mediante sentencia judicial y produce efectos frente a terceros desde la sentencia.
  • El divorcio produce la disolución del régimen económico matrimonial. La separación produce el efecto se la separación de bienes desde la sentencia.
  • Tras el divorcio los cónyuges pueden volver a contraer matrimonio entre sí o con otras personas. No ocurre con la separación pues el vínculo matrimonial sigue vigente.
  • Tanto el divorcio como la separación legal impiden que el otro cónyuge herede abintestado (si no hay testamento), y que tenga derecho a la legítima.
  • Tanto la sentencia de separación como la de divorcio recoge las medidas respecto al cuidado de los hijos, guarda y custodia, régimen de visitas, comunicación y estancia, ejercicio de la patria potestad, gastos de mantenimiento de éstos, la disolución del régimen económico del matrimonio, el uso de la vivienda, etc. (art. 81 y 85 del Código civil)”.

En cuanto a diferencias, hay que destacar que “

La separación deja la puerta abierta a una posible reconciliación mientras que el divorcio supone una ruptura definitiva. Te explicamos cómo.

La separación no pone fin al matrimonio, y ambos cónyuges seguirán siendo considerados marido y mujer.

Separados, pero con ese vínculo activo, lo que implica que ninguno de ellos podrá volver a casarse, ni entre ellos ni con terceras personas. Una separación hace más fáciles los trámites, desde todos los puntos de vista (también el económico, ya que se volverá a crear la sociedad, aunque en régimen de separación de bienes salvo que se establezca lo contrario), para volver a estar juntos.

Eso no sucede con el divorcio. Aquí la disolución del matrimonio es total y ambas partes quedan libres para rehacer su vida con quien deseen. Incluso existe la posibilidad que esas dos personas decidan de nuevo volver a estar juntas, pero para formalizarlo tendrán que celebrar de nuevo matrimonio”.

También es de destacar que “n la práctica, ambos conceptos tienen muchos aspectos en común: por lo general en ambos casos se produce una disolución de una relación de pareja, así como el cese del régimen de bienes compartidos y gananciales, la eliminación de poderes tales como la posibilidad de herencia o donación y derechos con respecto y la toma de diferentes tipos de medidas legales con respecto a la custodia, manutención y cuidado de hijos y seres en situación de dependencia.

De hecho, históricamente han estado tan vinculados que en España, hasta 2005, por tal de poder divorciarse era requisito necesario el haber estado separados. Pero tal y como se puede deducir por sus descripciones, existen diferencias que los diferencian entre sí”.

FUENTES:

Legalistas

divorcios.me

Psicología y mente