Derecho, Política

Diferencia entre acoso sexual y acoso por razón de sexo

El objeto principal de este artículo es diferenciar ambas formas de acoso. Hay que destacar la importancia de este texto para poder así tener una clara conciencia de lo que cada uno de estos términos implica en la prevención de la violencia de género.

En primer lugar, hay que destacar que ” El acoso sexual supone la vulneración de varios derechos fundamentales: el derecho a lalibertad sexual, a la dignidad, a la intimidad, y, por supuesto, a la no discriminación porrazón de sexo y a la salud y la seguridad en el trabajo.

Aquí hay que señalar que “la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la Igualdad Efectiva de Mujeres y Hombres, en el Título I, Artículo 7, indica que constituye acoso sexual cualquier com-portamiento, verbal o físico, de naturaleza sexual que tenga el propósito o produzca el efecto de atentar contra la dignidad de una persona, en particular cuando se crea un entorno intimidatorio, degradante u ofensivo; y que constituye acoso por razón de sexo cualquier comportamiento realizado en función del sexo de una persona, con el propósito o el efecto de atentar contra su dignidad y de crear un entorno intimidatorio, degradante u ofensivo.Uno de los aspectos problemáticos del acoso sexual y del acoso por razón de sexo, al que las empresas deberán ser especialmente sensibles, reside en aquellos supuestos en los que las conductas indeseadas no llevan a una acción violenta grave, sino que consisten en insinuaciones, propuestas o manifestaciones verbales que también vio-lentan a la persona trabajadora afectada, pero que lo hace más desde una perspectiva psíquica que física, ya que estas acciones violentas tienen una clara cobertura penal.Se parte del principio de que a cada persona le corresponde determinar el comporta-miento que aprueba o tolera. La determinación de qué comportamientos resultan o no molestos es algo que depende única y exclusivamente de la persona receptora de las conductas, siendo en este punto irrelevante la intencionalidad de quien las realiza. En con-secuencia, es recomendable consensuar con la plantilla o una representación de la misma la relación de los comportamientos que en cada organización se consideran vejatorios”.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que Existe una cierta tendencia a considerar ‘acoso’ y ‘conflicto’ como conceptos equiva-lentes, con el mismo valor. No sólo no es así, sino que es importante que se explicite y se tenga en cuenta su diferencia.En un conflicto las posiciones se aclaran y las acusaciones o responsabilidades se asignan a las partes implicadas. Incluso si los conflictos son costosos –y seguramente dolorosos– para las organizaciones, implican una necesidad de cambio; sirven para romper abiertamente con la insatisfacción y la frustración subyacente en una relación laboral. Tienen su razón de ser de modo que, bien conducidos, puedes originar una ola de creatividad que moviliza a trabajadoras y trabajadores a considerar nuevas alianzas y sobre todo a cuestionar sus prácticas. En cualquier proceso de acoso, sin embargo, todos los comportamientos y actitudes que violan los derechos de las personas son tácitos y ocultos. Además, normalmente, las personas con autoridad trivializan o niegan los problemas de acoso sexual y por razón de sexo, a menos que interfieran en el bienestar inmediato de la empresa.

La actitud más frecuente ante el acoso es la evasión y la huida. Sin embargo, se sabe que esta política tiene un alto precio para la organización, ya que la persona trabajadora llega cargada de estrés, de fatiga crónica, de ansiedad, de desmovilización, de depre-sión, lo que produce una alta rotación y una innegable reducción de la productividad. Resulta lamentable pensar que si bien todas y cada una de las personas que forman parte de la empresa tienen responsabilidades en la creación de un clima de respeto en las relaciones profesionales3 el acoso no se podría enraizar en el sistema productivo sin la complicidad, el silencio y la indiferencia con la que hasta ahora convive.Por esto, creer que el acoso en el trabajo es aleatorio e impredecible puede llevar a considerar que los programas preventivos son innecesarios; al contrario, muchos ac-tos de violencia se pueden anticipar a través de una acción preventiva bien estructura-da, ya que la violencia requiere de un enfoque integrado de prevención de conductas y de atención reparadora a las personas acosadas. 133. Recomendación 92/131/CE de la Comisión Europea”.

Respecto a las diferencias entre ambas formas de acoso, se ha de señalar que “ambos tipos de comportamiento son vulneraciones del principio de igualdad pues son una clara desigualdad dentro del ámbito laboral entre las mujeres y los hombres.

Las dos conductas tienen la consideración de discriminatorias y se pueden dar tanto entre personas tanto del mismo nivel de jerarquía como distinto, aunque no tengan una relación de dependencia directa dentro de la empresa. Así mismo otro aspecto que tienen en común las dos conductas es que producen una degradación del ambiente de trabajo, provocando situaciones negativas a los trabajadoras, como sobre la propia organización.

La principal diferencia entre ambos comportamiento está en que, mientras el acoso sexual está circunscrito al ámbito sexual propiamente dicho, el acoso por razón de sexo engloba un tipo de situaciones laborales discriminatorias mucho más amplias, no teniendo por qué existir por parte del agresor una intencionalidad sexual propiamente dicha”.

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