Derecho, Economía, Política

Pequeño comercio vs grandes superficies

En la actualidad vemos cómo el pequeño comercio de toda la vida va desapareciendo de nuestros barrios por falta de clientes o de no poder hacer frente a los pagos, o por falta de flexibilidad o adaptación a los cambios que requiere adaptarse a las modernidades necesarias para tener más tirón o incluso publicidad.

Es una pena constatar que “donde antes había una mercería donde una señora de medidas generosas donde encontrar aparte de medias, bragas y calcetines también
cordones, cremalleras, lana e hilo, eran otros tiempos antes se cosía, ahora se tira, ahora te encuentras un puto Women Secret con los mismos modelitos que en Cáceres.

Donde había una tienda de ultramarinos, donde comprar ese jamón dulce tan bueno, o los primeros tomates de la huerta de algún conocido o propio, donde podías pedir consejo para comprar un vino o queso, que
sabes que nunca te iban a engañar ahora hay un Mercadona donde casi solo puedes comprar sus productos de gama blanca, (con los que consiguen estrangular a los productores) o sus naranjas provenientes de Argentina, (para un valenciano hay que echarle cojones…).

Donde antes había ese cine de barrio donde hace tiempo ponían 2 películas, y donde más tarde se especializaron en traer esas otras películas digamos, no tan comerciales, algunas en VO, ahora tienes que coger el coche e irte al puto centro comercial para ver la mayoría de las veces algún bodrio
americano y joderte porque tu compañero no para de comer palomitas y sorber su puta coca cola”.

Pero no es el único hecho a constatar, no es solo una pelea por esa cercanía o confianza en el pequeño comercio de toda la vida, donde el tendero ya te conocía y sabía qué tenía que darte.

Hay que señalar en este artículo que “la posible apertura de un gran centro comercial en cualquier ciudad española genera siempre un importante debate ante la posibilidad de que afecte al pequeño comercio de dicha ciudad. Los propietarios de estos comercios perciben a la gran superficie como una amenaza para sus ventas y por lo tanto, para su supervivencia. De hecho, el caso español no es un caso aislado. Durante los años 90 fueron muchos los países – como Inglaterra, Francia o Italia – que aprobaron legislaciones de carácter
restrictivo para frenar la entrada de este nuevo tipo de comercio que estaba proliferando en sus ciudades. En el caso español, en 1996, se aprobó una regulación comercial que perseguía exactamente este propósito (Ley 7/1996 de Ordenación del Comercio Minorista).

Y la pregunta que a uno le viene a la cabeza es: ¿qué se quiere conseguir restringiendo la entrada de las grandes superficies comerciales? Y la respuesta que normalmente se obtiene por parte de los
agentes involucrados es: “proteger a los pequeños comerciantes”. Por lo tanto, volvemos al debate inicial. ¿Es la apertura de grandes superficies comerciales una amenaza para el pequeño comercio?

Pocos estudios se han centrado en dar respuesta a esta pregunta. Para el caso americano, Haltiwanger et al. (2010)
analizan los efectos que la apertura del primer Wal-Mart (la cadena de
supermercados más importante de Estados Unidos) en el área metropolitana de Washington, D.C. tiene en la apertura de tiendas de alimentación y pequeños supermercados. Estos autores encuentran un efecto negativo de la apertura de Wal-Mart en el resto de comercios, especialmente en aquellos situados cerca del gran supermercado. Ellickson y Grieco (2011) y Jia (2008) obtienen los mismos resultados usando datos para todo el país.

Sin embargo, el sector comercial estadounidense puede funcionar de
manera distinta al europeo, así que los efectos en Europa podrían diferir de los mencionados en el párrafo anterior. Sadun (2015), para el caso inglés, estudia el efecto de una regulación comercial que restringe el tamaño de las grandes superficies y encuentra que las cadenas de supermercados adaptan el tamaño de sus tiendas a las restricciones comerciales perjudicando a los pequeños comerciantes
incluso más que antes de la regulación.

Por lo tanto, en base a los ejemplos anteriores, está claro que las grandes superficies comerciales (o las grandes cadenas de supermercados) tienen un efecto sobre el pequeño comercio, generalmente negativo. Si éste es el caso, ¿qué está pasando con el centro de nuestras ciudades,
lugar donde se concentra la mayor parte de la actividad de dicho pequeño comercio? Mi estudio, financiado por RecerCaixa, se centra en dar respuesta a esta pregunta, analizando el caso español.

Pero antes de entrar en detalles, cabe recalcar que la apertura de una superficie comercial en una ciudad cualquiera no es aleatoria sino que se abre allí por unas razones concretas. Por tanto, para poder
evaluar el impacto de dicha gran superficie comercial es necesario tener esto en cuenta. Para ello, en mi estudio, uso la regulación comercial aprobada en 1996 mencionada anteriormente. Dicha regulación, como bien describen Matea y Mora (2012) en su estudio, restringe la entrada de grandes superficies comerciales exigiendo una segunda licencia para su apertura al gobierno de la Comunidad Autónoma donde quiera abrirse en función de la población de sus municipios. Así, por ejemplo, en nueve de las diecisiete Comunidades Autónomas, la apertura de grandes superficies en los municipios de menos de 10.000 habitantes requiere de una segunda licencia, mientras
que no es así para el caso de los de más de 10.000 habitantes. Gracias a esta discontinuidad en el tamaño de las ciudades, es posible comparar municipios españoles que están justo por debajo de los 10.000 habitantes con aquellos que están justo por encima. Asumiendo (y comprobando) que muchas de sus características son similares, cualquier efecto en el pequeño comercio vendrá determinado por el hecho de que en uno de ellos abrirá una gran superficie y en el otro no. Así pues, mi análisis se centra en una muestra de municipios con poblaciones comprendidas entre los 1.000 y los 50.000 habitantes”.

También provoca esta lucha que muchas tiendas de barrio acaben cerrando y acaben derivando la compra tradicional a las grandes superficies, con más margen de venta y con mayores beneficios.

Todo esto es una clara opción política. O de inventiva o poder renovarse. Cabe señalar en este punto que “competir ya no tiene que ver con el tamaño, sino con el nivel de inventiva. Mientras las grandes superficies registraban una caída de las ventas
de un 2,3% el 2014 respecto al año anterior; las del pequeño comercio incrementaron un 6,1%, según el Idescat. Parece pues, que la medida de el pequeño y mediano comercio no es un handicap a la hora de competir con los grandes centros comerciales. Sin embargo, el centro comercial Splau de Cornellà ha aumentado en un 10% su número de vistas y la Maquinista recibió el año pasado 15,7 millones de visitantes, un 4,6 % más que el año anterior.

Así pues, todo y la caída de las ventas, los grandes centros comerciales continúen siendo un gran reclamo, con servicios extras para el consumidor.

En este contexto, se suma la extinción de algunos contratos antiguos de alquiler
de locales comerciales vigente desde el 1 de enero, que han reactivado la batalla entre las grandes superficies y el pequeño comercio. La nueva situación obliga a los comerciantes a poner hilo a la aguja y afinar el ingenio para conseguir ser atractivos y diferenciarse del resto, a la vegada que atraer el cliente y decantar así la balanza
dónde al otro lado encuentra las grandes superficies o cadenas que suponen un agravio para sus expectativas.

Capacidad de sorprender
La proximidad con el cliente es uno de los elementos que tiene que poder potenciar el pequeño comercio, a partir de la atención directa y la calidad del servicio. “Uno de las grandes ventajas de la empresa pequeña es la gran flexibilidad de adaptarse, de hacer cambios y abrazar la innovación porque las grandes firmas no tienen una capacidad de adaptación tan rápida”, explica Sashka Krtolica, experta en retail de EADA Business School.

Precisamente esta proximidad es la que permite jugar las cartas correctas al comercio local. El endurecimiento de la crisis ha hecho que el margen de beneficio haya sido cada vez más estrechado, más todavía cuando la competencia ha
venido desde grandes áreas comerciales o supermercados. Negocios como La Bolle,
de Sabadell, han sabido incrementar su atractivo gracias a la ampliación de los productos ofrecidos, desde almuerzos a meriendas, pasando por golosinas o helados. “De un tiempo acá mucha gente prefiere
ahorrarse diez céntimos e ir a comprar la Coca-cola al súper que hay a diez minutos de aquí, pero nosotros los ofrecemos un trato directo, los conocemos y los ofrecemos un buen producto a tocar de casa, del trabajo o de la escuela”, explica Maica Torres, copropietaria del establecimiento.

La proximidad tiene que permitir a los comerciantes poderse reinventar
a medir que detectan las necesidades de su entorno más cercano. Este paso va desde la adaptación a las peticiones puntuales que puedan tener los clientes hasta la reorientación del negocio, dependiendo de las exigencias de la zona, el momento y el producto que se vende.

Comprender el entorno
Krtolica considera que hay que saber leer qué exige el entorno a un negocio, más
allá del producto que se expone al escaparate o detrás de la barra.

“Tradicionalmente cada cual se ha situado en su sector y hay un cierto inmovilismo, las tiendas tendrían que ser capaces de llevarlas como start-up“, asegura.

Por eso propone un modelo que puede resultar trencador pero que a la vegada aporta un dinamismo al negocio y, por lo tanto, un atractivo añadido. El modelo a seguir pasa para hacer pruebas con poco riesgo, adaptándose e innovando de acuerdo con cada momento, cosa que una gran firma no puede hacer por sus dependencias y carencias. “Tendrían que empezar a jugar, con cambios rápidos, donde a la primavera puede ser una cosa, en verano otro… y así reinventarse”.

Modificación del producto o servicio
Hay negocios que obtendrían un mayor beneficio si lavaran la cara, quizás no totalmente pero si por temporadas. Si
hay actualmente heladerías que ofrecen gofres y creps durante los meses que no hace calor, esta situación se podría trasladar a otros casos. Una opción sería segmentar la actividad por temporada.

“Hay un caso de una heladería de Sarriá que en invierno vende zapatos, si los comerciantes se cierran con el stock que tienen no llegarán a buen puerto, hay que repensar qué hacer un golpe ha acabado una temporada dedicada a un producto estrella”, explica la profesora de Eada”.

Estas son algunas posibles recomendaciones, pero no siempre son suficientes.

Lo que sería recomendable es que la clase política tomase decisiones que permitiera la convivencia de ambas clases de comercio.

FUENES:

  1. AQ-RESTAURANT: https://www.aq-restaurant.com/es/actividad/pequeo-comercio-vs-grandes-superficies-blog/402
  2. PYMES Y AUTÓNOMOS: https://www.pymesyautonomos.com/vocacion-de-empresa/7-motivos-por-los-que-el-pequeno-comercio-gana-a-las-grandes-superficies.
  3. Nada es gratis: https://nadaesgratis.es/admin/las-grandes-superficies-y-el-comercio-minorista-se-vacia-el-centro-de-las-ciudades.
  4. VIA EMPRESA: https://www.viaempresa.cat/es/economia/grandes-superficies-vs-pequeno-comercio-cuando-la-medida-no-importa_10573_102.html.

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