Derecho, Economía, Política

El mercado único tras el posible Brexit.

Es una de las mayores polémicas y preguntas que surgen por la intención de Reino Unido (principalmente Inglaterra, porque hay que destacar que tanto Irlanda del Norte como Escocia quieren mantenerse en la Unión Europea) de salir de la Unión Europea.

La verdad es que el mercado único hasta que no se produzca el Brexit está sufriendo bandazos por la incertidumbre.

Hay posiciones contradictorias en este punto en cuanto a que Reino Unido pueda seguir participando en el mercado único tras el Brexit.

Euronews destacaba el 29 de agosto de 2018 que “la Unión Europea insiste en que el Reino Unido no tendrá acceso al mercado único tras el Brexit. Ambas partes se reunirán hasta el viernes en Bruselas para tratar de acercar posiciones en los puntos más conflictivos, que incluyen entre otros el libre comercio de mercancías, el derecho de los trabajadores comunitarios y el futuro estatus de la frontera entre Irlanda del Norte e Irlanda.

“Los británicos nos piden respetar sus líneas rojas, respetar su decisión de salir de la Unión Europea y nosotros los respetamos, escrupulosamente. A cambio, ellos deben entender que tienen que respetar lo que somos, ellos conocen lo que somos, un mercado único, porque lo construimos con
ellos. No hay un mercado único a la carta”, declaró el negociador de la UE, Michel Barnier.

Por su parte, el ministro británico para el Brexit, Dominc Raab, admitió que contempla la posibilidad de que el diálogo se alargue a falta de siete meses de la salida de Reino Unido.

“Mantengo la confianza en que un acuerdo está a nuestro alcance. Nosotros estamos aportando ambición, pragmatismo y energía, y, si ocurre lo mismo por su parte,
como espero que sea, obtendremos un acuerdo. Y el objetivo es para el Consejo de Europa de octubre, pero hay cierto margen”, explicó Raab.

En el caso de que no alcanzaran un acuerdo, se impondrían controles aduaneros y sanitarios en el puerto francés de Calais que podrían generar colas de hasta 48 kilómetros en todas las direcciones y escasez de alimentos en Reino Unido”.

En este 2019 a punto de acabar ha seguido habiendo discusiones sobre el tema Brexit. Como destacaba el periódico Expansión el pasado 9 de octubre de 2019, “el presidente de la Comisión Europea (CE), Jean-Claude Juncker, afirmó este miércoles que aún no excluye que se logre un acuerdo con el Reino Unido sobre su salida de la Unión Europea (UE), a pesar de que desde Londres se han dado por prácticamente rotas las negociaciones en los últimos días.

“Seguimos manteniendo discusiones con el Reino Unido sobre los términos de su
salida y personalmente no excluyo un acuerdo”, declaró Juncker durante una intervención en el pleno del Parlamento Europeo (PE).

Añadió que él y el negociador de la UE para el “brexit”, Michel Barnier, están
trabajando en lograr un pacto y subrayó que no aceptan “este juego de culpas que empezó en Londres”.

“No nos pueden culpar”, resaltó Juncker, después de que durante los últimos días el Gobierno británico haya intentado responsabilizar al club comunitario de un posible “brexit” sin acuerdo.

En cualquier caso, el político luxemburgués
quiso recordar que el acuerdo sobre la retirada del Reino Unido debe aprobarse en el Parlamento británico, pero también en la Eurocámara.

Barnier, por su parte, aseguró que en el momento actual no se está “en el punto de considerar y de encontrar un acuerdo”.

En ese sentido, explicó que se necesita “en cada límite del mercado único y la unión aduanera” controles aduaneros y reglamentarios “serios y rigurosos”, y dudó de que con las nuevas propuestas del primer ministro británico, Boris Johnson, estos estén garantizados.

“Es la credibilidad del mercado único lo que está en juego”, destacó.

También agregó que se necesitan soluciones “jurídicamente operativas” y señaló que al tratar de suprimir la salvaguarda para evitar una frontera física en Irlanda y buscar una solución durante la transición en la que el Reino Unido ya no será Estado miembro, como exige Johnson, la propuesta
británica “no da la seguridad de la salvaguarda”.

Igualmente, lamentó que la nueva propuesta británica podría permitir que las
instituciones norirlandesas decidieran de forma unilateral no activar la salvaguarda.

Londres entregó a Bruselas la pasada semana su nueva propuesta para el “brexit”, basada en limitar ciertos aspectos de la
salvaguarda para evitar una frontera física en Irlanda.

En virtud de esa cláusula, Irlanda del Norte permanecería en el mercado único y la
unión aduanera comunitarias hasta que Londres y Bruselas lleguen a un acuerdo sobre su futura relación comercial.

Pero en el nuevo plan de Johnson se propone que Irlanda del Norte se mantenga alineada con las normas del mercado único europeo tras la salida del Reino Unido de la
Unión Europea, pero solo en la regulación sobre comercio y mercancías, incluidos los productos agrícolas y alimentarios.

Además, Irlanda del Norte, junto con el resto del Reino Unido, saldría del espacio aduanero de la UE”.

Por tanto, si que habrá consecuencias para ambas partes en este divorcio.

Cabe reseñar que, “desde que se constituyera la CEE en 1958 gracias al Tratado de Roma firmado en 1957, ningún país miembro ha abandonado la organización, si bien en 1985 sí lo hizo la isla más grande del mundo, Groenlandia, que siendo parte de Dinamarca, decidió no formar parte del club de países europeos.
En principio, estaba estipulado que Reino Unido abandonaría la Unión Europea el 29
de marzo de 2019 pero, tras largas discusiones en el seno del Parlamento Británico y la UE, se acordó una moratoria para dar una nueva
oportunidad a un divorcio acordado, extremo que hasta el momento no ha
sido podido concretar.

En cualquier caso, el plazo puede ser extendido si el gobierno británico así lo solicita y los otros 27 miembros de la UE están de acuerdo.

Asimismo, es importante recordar que el Tribunal de Justicia de la Unión
Europea determinó que Reino Unido puede cancelar definitivamente su salida en cualquier momento del proceso, por lo que, al menos en teoría, podría no producirse nunca. El Reino Unido se ha pasado los últimos dos años y medio tratando de ponerse de acuerdo sobre el tipo de relación que quiere mantener con la Unión Europea, al tiempo que el gobierno de la primera ministra, Theresa May, negociaba los términos de la separación.
Un primer “acuerdo de divorcio” entre Londres y Bruselas fue anunciado el
25 de noviembre de 2018 y la intención original de May era someterlo a votación en el Parlamento británico el 11 de diciembre de ese mismo año. Pero la primera ministra británica se echó para atrás en el último
minuto, cuando se hizo evidente que no contaba con la mayoría necesaria para la aprobación del acuerdo, prometiendo regresar con uno mejor.

Su decisión, sin embargo, enojó a suficientes miembros de su partido para forzar un voto de no confianza que se saldó con la victoria de May, pero no despejó las dudas sobre el futuro de su acuerdo. Finalmente el acuerdo fue rechazado por una abrumadora mayoría en el Parlamento en una votación celebrada este 15 de enero de 2019. El 12 de marzo del
corriente, el Parlamento volvió a rechazar una nueva propuesta presentada por May tras semanas de idas y venidas a la Europa
continental. Y, el 29 de marzo, el acuerdo de May fue rechazado por tercera vez.

El acuerdo de escisión del Reino Unido de la UE establece un periodo de transición
que tiene como objetivo dar a las partes tiempo para ajustarse y negociar los términos de su nueva relación. Dicho período de transición se extendería hasta el 31 de diciembre de 2020, y durante el mismo no habría mayores cambios en la relación entre Reino Unido y la Unión Europea.

El acuerdo también define cuánto dinero le debe pagar Reino Unido a la Unión Europea para honrar los compromisos adquiridos como miembro del bloque: unos 39.000 millones de libras (casi 45.000 millones de EUR). Y, en el mismo, las partes también se comprometen a mantener los derechos para los ciudadanos británicos que actualmente viven y trabajan en otros países de la UE, y para los ciudadanos europeos que viven y
trabajan en Reino Unido.

El punto de la polémica, sin embargo, es una “salvaguarda” para evitar la instalación de una frontera física entre la República de
Irlanda e Irlanda del Norte. Este es el principal punto que necesita renegociar May. La ausencia de barreras físicas entre Irlanda e Irlanda del Norte -una de las cuatro naciones que conforma Reino Unido- es una de las bases del acuerdo de paz que puso fin a años de violencia independentista. El acuerdo de salida incluye una “salvaguarda” que establece que, mientras no se encuentren soluciones
alternativas, Reino Unido se mantendría en una unión aduanera con la Unión Europea, con Irlanda del Norte obligada a alinearse con ciertas reglas del mercado común europeo”.

FUENTES:

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