Derecho, Economía, Política

Las relaciones UE-EEUU en la era Trump. Parte I

Actualmente, la relación entre Estados Unidos y la Unión Europea se encuentra en una encrucijada sin visos de querer mejorar.

Como destaca el Real Instituto Elcano, “los desplantes del presidente Trump a sus socios europeos aumentan al mismo ritmo que su desprecio al orden liberal internacional que tanto valora la UE. Este trabajo analiza en qué medida Trump es simplemente un presidente atípico que pasará, o si, por el contrario, sus posiciones sobre la política exterior estadounidense son estructurales. Seguidamente, se explora cómo debería reaccionar la UE. Se insiste en la necesidad de que la Unión genere autonomía estratégica y construya una voz común en materia económica y de seguridad al margen de la relación transatlántica, lo que requiere superar sus fracturas internas y la desconfianza entre sus socios.

Análisis

La preocupación se extiende por las capitales europeas, y muy especialmente entre las instituciones comunitarias. Los cimientos sobre los que se sustenta el orden liberal internacional, que ha permitido a los países europeos alcanzar cotas de seguridad y prosperidad sin precedentes, se están tambaleando. Más allá de que se pudiera intuir que el declive europeo tarde o temprano llegaría porque nadie puede pasarse siglos ocupando (o compartiendo) el puesto de mando de la economía mundial, pocos esperaban una traición del amigo americano. Y esto es lo que está pasando desde que Donald Trump llegó a la Casa Blanca en 2017. De hecho, a día de hoy,
parece que EEUU tiene una relación más estratégica con Rusia que con la UE.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, EEUU ha sido el principal garante de la seguridad europea, un importante promotor del proceso de integración comunitario y el líder del orden económico
liberal basado en reglas en que se ha apoyado gran parte de la prosperidad europea. Además, desde que el mundo se volviera económicamente más multipolar, EEUU solía ser un aliado con el que se
podía contar. De hecho, con iniciativas como el acuerdo de libre comercio entre EEUU y la UE (el TTIP), que tan criticado fue por amplios segmentos de la ciudadanía europea, se pretendía dar un impulso geopolítico a la relación transatlántica
que permitiera a Occidente mantener su liderazgo internacional y sentar las reglas del juego de la globalización del siglo XXI ante el auge de las potencias emergentes.
Pero aquella iniciativa no cuajó. Trump acabó con el TTIP (aunque ahora parece querer recuperar su parte menos controvertida, la de la reducción de aranceles) y está abandonando a Europa a su suerte. No le interesa contar con el espacio transatlántico ni con sus otros aliados tradicionales para afrontar el auge de China (que percibe como la principal amenaza para la hegemonía estadounidense) y está dispuesto a socavar el entramado institucional multilateral (en especial la OTAN y la Organización Mundial del Comercio, OMC), que tan cómodamente lideraba EEUU hasta hace bien poco.

Pero lo peor para los países europeos es que, recientemente, Trump ha pasado de menospreciar a la UE a atacarla directamente. Y su amistad con los movimientos antieuropeistas, xenófobos e
iliberales que cada vez son más populares dentro de la Unión –y amenazan
con destruirla desde dentro– resulta especialmente preocupante para el establishment de Bruselas, Paris y Berlín. Para Trump, “la Unión Europea es tan mala
como China; es tan sólo un poco más pequeña. Es increíble lo mal que nos
tratan (los europeos). El año pasado tuvimos un déficit comercial con Europa de 151.000 millones de dólares. Y, además, nos gastamos una fortuna en la OTAN para protegerles” (entrevista a Fox News, 1/VII/2018). Incluso ha llegado a decir que “la Unión Europea es un enemigo, por lo que nos hace en comercio” (entrevista a CBS,
15/VII/2018). Es el primer presidente de EEUU que ve a la Unión como un
rival comercial en vez de como un aliado geopolítico. Además, y esto trae de cabeza a los elegantes y diplomáticos europeos, Trump se encuentra más cómodo con líderes autoritarios fuertes como Putin, Xi
Jinping o Erdoğan que con los presidentes del G-7, cuyo poder se encuentra restringido por los pesos y contrapesos de la división de
poderes propia del sistema democrático liberal que tanto parecen molestar a Trump.

Aunque el presidente de la Comisión europea, Jean Claude Juncker, logró pactar una tregua con Trump en la guerra comercial transatlántica en junio de 2018, la lista de desplantes y amenazas a los
europeos durante los últimos meses ha sido larga. Exigió que se volviera a aceptar a Rusia como miembro del G-7 (lleva
fuera desde que se anexionó Crimea de 2014), se ha negado a firmar los
comunicados conjuntos del grupo, ha acusado a Alemania de estar sometida
a Rusia por su dependencia energética, se sacó de la chistera un exigencia imposible de que los países miembros de la OTAN aumenten hasta el 4% del PIB su gasto en defensa para que EEUU mantenga su lealtad con la organización (actualmente el compromiso está en el 2% y pocos países
lo cumplen) y ha afirmado en numerosas ocasiones que el Brexit –que para la UE es trágico– es algo espléndido, añadiendo que si Theresa May hubiese seguido sus consejos la negociación le habría ido mejor, y que el Reino Unido debería demandar a la UE.

En definitiva, los líderes europeos se sienten
desconcertados, traicionados, incómodos y vulnerables. Conscientes de que las formas de Trump son particularmente corrosivas para la cooperación internacional en general y para la relación transatlántica
en particular, dudan sobre cuál es la mejor forma de reaccionar”.

A continuación, hay que señalae también que “ningún presidente estadounidense ha sido, en los últimos años, tan despectivo y en ocasiones tan abiertamente hostil hacia Europa y la alianza transatlántica como Donald Trump. De hecho, el primer político extranjero en ser recibido por Trump tras su sorprendente triunfo fue Nigel Farage, el arquitecto de la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Una vez en su cargo, Trump ha arremetido reiteradamente contra los fabricantes de automóviles alemanas y el superávit comercial del país frente a Estados Unidos, e incluso en alguna ocasión afirmó que “los alemanes son malos, muy malos”. También criticó a los miembros de la OTAN que, según él, no pagan lo que les corresponde, y sacó a Estados Unidos del Acuerdo de París”.

Por último, señalar que “las primeras reuniones entre la UE y Trump fueron realmente desconcertantes. El presidente americano trataba con una enorme cercanía a los mismos líderes a los que ataba día y noche vía Twitter. Algunos funcionarios
aseguraban que el poco rato que habían pasado con Trump les hacía pensar
que no entendía realmente el funcionamiento del club comunitario,
como ha demostrado cada vez que ha pedido negociar asuntos comerciales
bilateralmente con los Estados miembros, algo imposible ya que la política comercial es común.

Es difícil determinar cuándo se consideró a Trump una causa perdida. Algunos lo sitúan definitivamente en la cumbre de la OTAN de julio de 2018. En general ese encuentro fue delirante, pero sus últimas horas parecieron el final épico de una película de ficción que prepara el trampolín para una segunda parte.

Trump entando en su rueda de prensa posterior a la cumbre de la OTAN (REUTERS)
Trump entando en su rueda de prensa posterior a la cumbre de la OTAN (REUTERS)

Trump llegó tarde al último encuentro, señalando directamente a Angela Merkel,
canciller alemana, y asegurando que abandonaría la OTAN si todo el mundo no cumplía con el gasto del 2% del PIB en defensa comprometido, aunque la realidad es que es una meta para el año 2025. Después de una reunión caótica Trump abandonó la sala asegurando “adorar” a Merkel y acudió a una rueda de prensa en la que mintió abiertamente a los corresponsales allí reunidos, contando falsedad tras falsedad sobre lo que había ocurrido en la habitación.

Pero aunque aquello fuera un punto de inflexión, el primer choque serio es algo anterior y lo que hizo fue afianzas las sospechas de que Trump no iba a cambiar, que éste era el presidente de Estados Unidos que iban a tener al menos hasta 2020: fue la salida en mayo de 2018 de Washington del acuerdo nuclear iraní que tanto había costado a EEUU y a la UE cerrar con Teherán en 2015.

La conferencia de seguridad de Múncih de 2019 que acaba de celebrarse ha servido para que Merkel certifique definitivamente que EEUU y la UE ya no están en la misma línea. 0Y ha sido la primera vez que algunos han mostrado dudas por algo que
hasta ahora habían defendido de forma férrea: Trump, como todos los políticos, viene y va, pero nuestra relación con Washington es fuerte y sobrevivirá al presidente. El problema es que las heridas están siendo más profundas de lo que algunas calculaban”.

FUENTES:

  1. Real Instituto Elcano: http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/eeuu-dialogo+trasatlantico/ari109-2018-steinberg-ue-hostilidad-presidente-trump
  2. El Confidencial: https://www.elconfidencial.com/mundo/europa/2019-02-20/fosa-atlantica-relaciones-eeuu-europa-empeoran_1835894/
  3. El mundo: https://www.elmundo.es/economia/2019/07/26/5d39f67f21efa0aa338b4590.html

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