Derecho, Derecho de autodeterminación, Economía, Soberanía Nacional

El problema de los nacionalismos en Europa

El problema de los nacionalismos ya no es sólo problema de España, sino que ha trascendido nuestras fronteras y ha llegado no sólo a la Unión Europea, sino también al resto de Europa.

La verdad es que “NO HACE falta ser un lince para advertir que el nacionalismo es el principal problema de España al menos desde la Transición (si no antes) y que es muy difícil imaginar su final. El nacionalismo vasco, con su vil acompañamiento de terror y extorsión, protagonizó las últimas décadas del siglo pasado. La derrota de las prácticas más execrables del nacionalismo vasco dio lugar a una especie de apaciguamiento transitorio; pero el nacionalismo catalán, con métodos de presión, extorsión y exclusión más solapados pero no menos viles, ha tomado el relevo en la actividad de zapa y derribo. Esta situación plantea múltiples problemas intelectuales, uno de los cuales, de lo más apasionante, es el de cuál sea la naturaleza del nacionalismo.

Conviene advertir que no se trata sólo de un problema español, aunque aquí haya adquirido rasgos gravísimos. En muchos otros países europeos hay problemas parecidos, si bien por ahora menos amenazadores: pensemos en Escocia, en Córcega, en el Véneto, en Flandes, en Baviera, en la separación de Chequia y Eslovaquia, en Crimea y el este de Ucrania, en Chechenia, etcétera. Y, más allá de Europa, pensemos en Quebec, en Chiapas, en Tibet (caso muy especial), en Kurdistán, en Yemen… El nacionalismo separatista parece esparcido por todo el planeta. ¿Tiene esto explicación? Si la encontráramos, quizá pudiera ofrecernos un atisbo de solución para nuestros problemas.

¿Qué es el nacionalismo? Es difícil de explicar, porque los hay de varias clases según las latitudes y los condicionantes históricos, culturales y étnicos. Como las naciones son entidades políticas formadas de manera en gran parte arbitraria, es difícil definir y discriminar. Pero los especialistas distinguen dos tipos de nacionalismo: para unos es un factor de modernización; para otros es un factor de retroceso. Ambas caracterizaciones son ciertas; todo depende del momento histórico.

Observemos que la nación (una comunidad política soberana cuyo principio es que todos sus miembros son iguales ante la ley y participan igualmente en la formación del gobierno) es una institución bastante reciente. Las primeras naciones son Inglaterra, Estados Unidos y Francia, formadas a finales del siglo XVII y principios del XVIII, a las que siguió una primera oleada de estados del nuevo tipo, unas de antiguo origen, como España, Portugal, Holanda, Bélgica, Suecia y Dinamarca en Europa; otras, como casi todas las naciones americanas, desgajadas de los imperios inglés, español y francés. En Europa oriental se dio un caso inverso: una nación recién formada fue deglutida por dos imperios y medio: Rusia, Austria y Prusia, que amigablemente trocearon y se repartieron Polonia. Pero otras naciones de abolengo histórico fueron emergiendo durante el siglo XIX: Grecia, Italia, Alemania (ésta en forma de imperio, aunque es dudoso cómo clasificar a Alemania, porque era un imperio con algunos rasgos de nación).

Lo interesante es observar que las nuevas naciones se fueron formando a imitación de los primeros modelos, y lo hicieron por oleadas. Hemos visto ya la primera, la que tuvo lugar a partir de la Primera Revolución Mundial de finales del siglo XVIII y principios del XIX. La segunda gran oleada tuvo lugar después de la Primera Guerra Mundial, al desintegrarse cuatro de los imperios en liza (ruso, austriaco, alemán y otomano). En Europa oriental aparecieron los países balcánicos (Yugoslavia, Bulgaria, Montenegro, Albania), más Hungría, Austria, Rumanía y la renacida Polonia, más las repúblicas bálticas y Finlandia. De la partición del Imperio otomano lo más parecido a una nación que encontramos es la propia Turquía; el resto fueron protectorados y monarquías semifeudales que sólo muy lentamente fueron adoptando forma nacional. China había derribado la secular monarquía imperial en 1912 y adoptado la forma republicana, aunque fue casi inmediatamente presa de una profunda inestabilidad. Irlanda, la última gran colonia europea, se independizó en 1922. Esta verdadera eclosión nacional fue en gran parte obra del presidente Woodrow Wilson, inspirador de la Sociedad de Naciones, cuya obra adoleció de considerable precipitación, y contribuyó a las graves tensiones internacionales que dieron lugar a la Segunda Guerra Mundial”.

Surge aquí la pregunta de cómo en las naciones europeas que decidieron dejar atrás sus diferencias y unirse para conseguir objetivos comunes en el mundo de la postguerra europea puedan encontrarse en esta situación ahora, con partes en los diversos territorios en los que se quiere provocar división después de tanto esfuerzo por unificarse y provocar la paz entre los europeos.

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