Derecho general

Consecuencias del Brexit en la economía de la Unión Europea

Aunque no se haya producido aún, el Brexit lleva ya un tiempo influyendo de forma negativa en la economía de la Unión Europea.

Y lo peor es las consecuencias no sólo van a ser económicas, sino de más tipos, y se pueden destacar las siguientes:

Repercusiones sobre el presupuesto de la UE. Una de las cuestiones de importancia inmediata desde el punto de vista político será el presupuesto de la UE. Si Reino Unido sale de la Unión sin cumplir sus compromisos financieros con ella, la UE podría sentir la tentación política de tratar el país como una contraparte infractora, lo que tendría graves consecuencias políticas y podría significar que, durante un tiempo, la UE no estuviese dispuesta a negociar una relación significativa con Reino Unido.

En cuanto al impacto sobre el presupuesto, la factura del Brexit se calcula en unos 45.000-50.000 millones de euros. En el marco financiero plurianual (MFP) actualmente en vigor, se prevé que, para el periodo abril 2019-diciembre 2020, el total del déficit presupuestario europeo se eleve a 16.500 millones de euros, lo que equivale al 0,064% de la Renta Nacional Bruta (RNB) de la UE de los Veintisiete, dando por supuestas determinadas condiciones.

Esta cifra tendrá que ser transferida por los Estados miembros al presupuesto comunitario, si bien el 20% de los ingresos aduaneros adicionales procedentes de las importaciones de Reino Unido que se quedase cada país actuaría como un factor de compensación. Para cubrir el déficit no hará falta una legislación nueva, porque en el actual MFP, el techo global de recursos propios (es decir, la cantidad máxima que la UE puede recaudar en un año) es del 1,22% de la RNB, mientras que el techo de pago es del 0,96%. La diferencia entre el techo global de recursos propios y los techos de pago-compromiso deja margen de maniobra en caso de necesidades y emergencias imprevistas. Hasta donde yo sé, nunca se ha aplicado un margen tan amplio (alrededor del 0,26% de la RNB). Es posible que los 16.500 millones de déficit, entre abril de 2019 y diciembre de 2020, se tengan que repartir entre los Estados miembros según su RNB. La contribución de Alemania para ese periodo podría incrementarse en unos 4.200 millones, mientras que los ingresos aduaneros adicionales compensarían alrededor de 200 millones, lo que dejaría el coste neto en 4.100 millones de euros (una vez redondeado).

Dado que el importe de la factura del Brexit es pequeño en comparación con el presupuesto de Reino Unido (por ejemplo, para 2020 representará el 1%), pero grande en comparación con el de la UE (6,5% en 2020), esta última podría considerar, con razón, el incumplimiento de los compromisos financieros de Reino Unido como un acto hostil.

 

comercio R Unido y UE

 

Relaciones comerciales entre la UE y Reino Unido. Un Brexit sin acuerdo tendría consecuencias de calado para la relación comercial entre Reino Unido y la UE. Esta exporta un total de 341.000 millones de libras a Reino Unido, de los cuales 259.000 millones corresponden a bienes y 81.000 millones a servicios. La participación alemana es significativa. Alemania exporta 69.000 millones en bienes y 9.000 millones en servicios. El Brexit afectará en cualquier caso a estas transacciones. Ahora bien, en un escenario de no acuerdo no habrá transición, lo que significa que se deberán aplicar inmediatamente derechos de aduana y controles regulatorios. Es más, si ese fuese el caso, hay discrepancias sobre cómo evolucionaría la relación comercial, muy al contrario de lo que sucede con el escenario de acuerdo, en el que una declaración política establecería unos objetivos ambiciosos para esa relación. Los Veintisiete seguirían siendo el principal socio comercial de Reino Unido.

Si se produce un Brexit sin acuerdo, Reino Unido se convertirá en un tercer país, y los aranceles aplicables, según la Organización Mundial del Comercio (OMC), serán los de la nación más favorecida (MFN, siglas en inglés). Reino Unido ya ha informado a la OMC de que, tras abandonar la UE, aplicará los aranceles MFN de esta última sin que la organización se haya pronunciado en contra.

Un Brexit sin acuerdo provocaría de inmediato problemas logísticos y administrativos importantes. Al parecer, Dover, uno de los principales puntos de entrada de camiones a Reino Unido, no tiene la capacidad para introducir controles aduaneros que permitan mantener la frecuencia actual de llegada de vehículos. Esto tendrá un efecto inmediato sobre las cadenas de abastecimiento, y se tardará tiempo en establecer rutas alternativas. De manera similar, los puertos de la UE todavía no tienen suficiente personal para garantizar unos controles aduaneros adecuados. Por eso la Comisión Europea recordó a los Estados miembros que estuviesen preparados para garantizar estos controles y, según la información de que dispongo, estos han contratado personal dedicado a realizar controles aduaneros veterinarios, sanitarios y fitosanitarios. Además, habrá que aplicar una normativa de origen a las importaciones y a las exportaciones de/a terceros países, lo que constituye un reto administrativo para las empresas y los gobiernos de la UE y Reino Unido. Dicho esto, es probable que durante un periodo de varios meses estas cuestiones prácticas afecten de manera significativa a las relaciones comerciales. Sin embargo, cabe suponer también que los problemas logísticos se resolverán al cabo de un tiempo y no constituirán una barrera permanente al comercio.

En la OMC no hay acuerdo sobre el reparto de las cuotas arancelarias incluidas en su lista para la UE. La Unión ha negociado en la OMC los contingentes arancelarios, que habrá que dividir entre los Veintisiete y Reino Unido. En aras del mantenimiento de la claridad y la predictibilidad en el sistema comercial multilateral, en octubre de 2017 la UE y Reino Unido enviaron una carta conjunta a todos los miembros de la OMC en la que exponían los principales fundamentos y principios previstos para el reparto. Ahora bien, las negociaciones con los miembros de la OMC no han concluido y algunos no están de acuerdo con el planteamiento. La Comisión ha propuesto un proyecto de reglamento que le permite adoptar las medidas necesarias en relación con terceros países. Aunque el ajuste de las prorratas tuvo lugar antes del ingreso de Croacia en la UE, un Brexit sin acuerdo provocará incertidumbres. Desde el punto de vista práctico, la UE y Reino Unido aplicarían las nuevas cuotas prorrateadas tras la salida de este último, pero no se pueden excluir posteriores problemas legales en la OMC.

La conclusión general es que, a corto plazo, un Brexit sin acuerdo sería fuente de importantes problemas para la relación comercial entre la UE y Reino Unido, que se evitarían en caso contrario. Los efectos a más largo plazo dependen de las relaciones políticas y de los términos de la futura relación económica. Evaluar las repercusiones a medio plazo requeriría que las mediciones se realizasen teniendo en cuenta alguna referencia, como una ambiciosa relación comercial similar a la propuesta en la declaración política que acompañaría al acuerdo de salida. Probablemente quepa suponer que un Brexit plantearía aún más obstáculos políticos al establecimiento de una negociación comercial de la UE con Reino Unido. Si hubiese que aplicar los aranceles MFN de la OMC, el comercio resultaría afectado en sectores concretos, pero, en general, los efectos serían limitados desde el punto de vista macroeconómico.

Irlanda. La situación posterior al Brexit en Irlanda sigue siendo uno de los asuntos más difíciles y polémicos de las negociaciones. La cuestión  fundamental es el control de las fronteras en la isla, que, según los observadores irlandeses, desembocaría en nuevas tensiones violentas. ¿Sería posible evitarlo? El acuerdo de salida marca un camino, combinado con una salvaguardia que evitaría la imposición de la frontera, pero muchos miembros de la Cámara de los Comunes consideran que esto constituiría una injerencia significativa en la soberanía del país.

Las medidas de contingencia de la Comisión solo paliarían algunas de las repercusiones de un Brexit sin acuerdo para Irlanda. La Comisión publicó en diciembre de 2018 un proyecto de reglamento dirigido a garantizar la continuidad de los programas de cooperación territorial Peace IV y Reino Unido-Irlanda (República de Irlanda-Irlanda del Norte-Escocia). La Comisión también ha propuesto apoyo financiero a Irlanda, así como una serie de medidas para mejorar la logística del transporte. Pero estas solo son capaces de mitigar de manera parcial los efectos de un Brexit sin acuerdo. Por lo que respecta a los problemas logísticos inmediatos, que incluyen los sectores de la energía y el transporte, la construcción de infraestructuras necesita tiempo. Sin embargo, más importante es que el Acuerdo de Viernes Santo de 1998 fue posible porque Irlanda y Reino Unido eran miembros del mercado común europeo, lo que permitía suprimir los controles fronterizos.

Paradójicamente, si bien la principal motivación política para que el Parlamento británico rechace el acuerdo de salida puede ser la denominada salvaguardia, un Brexit sin acuerdo traería consigo los controles aduaneros en Irlanda que esta pretende evitar. En un Brexit sin acuerdo serían ineludibles si la UE quiere preservar la integridad de su mercado único. De hecho, cuando Reino Unido ya no forme parte de la unión aduanera o del mercado único, habrá que ponerlos en práctica con el fin de proteger la cohesión del mercado y aplicar la legislación europea. El gobierno irlandés se vería obligado a imponer la ley europea y controlar la frontera, mientras que el británico también tendría interés en hacer que se respete su frontera para garantizar su soberanía. En consecuencia, es posible que la UE y Reino Unido estuviesen dispuestos a volver a la mesa de negociaciones para evitar la violencia en Irlanda en caso de un Brexit sin acuerdo.

Derechos ciudadanos y política de visados. Los ciudadanos británicos, en su condición de ciudadanos de la UE, tienen el derecho fundamental a viajar a cualquier otro país de la Unión, e incluso el derecho a trabajar en ellos. El 30 de marzo dejará de existir y los ciudadanos británicos se convertirán en miembros de un tercer país. El Reglamento (CE) nº 539/2001 del Consejo establece si los ciudadanos de un tercer país están obligados a solicitar visado o exentos de hacerlo. El gobierno de Reino Unido ha declarado su intención de no pedir visado a los ciudadanos de los países miembros de los Veintisiete para estancias cortas de turismo o negocios. La Comisión propone modificar el reglamento del Consejo para adaptar la condición de los ciudadanos de Reino Unido que viajen a la UE. La Comisión propuso desplazamientos sin visado con la condición de que Reino Unido trate igual a todos los ciudadanos de la Unión y les permita viajar también sin él.

Coincido en la importancia de pedir a Reino Unido que dé el mismo tratamiento a todos los ciudadanos de la UE. Sin embargo, conviene señalar que la UE no ha sido capaz de aplicar ese principio a Estados Unidos, que exige visado a algunos ciudadanos de la UE y a otros no. Actualmente, los Estados miembros de la Unión son los que deciden sobre el derecho de residencia y el de trabajo para los no ciudadanos de la UE. Los Estados miembros harían bien en colaborar y definir una posición unitaria en relación con Reino Unido, que ayude a garantizar una condición similar a todos los ciudadanos comunitarios que quieran trabajar y vivir en Reino Unido.

También considero que sería importante distinguir entre ciudadanos ya residentes y los que esperan para emigrar. La condición de los residentes no debería ser alterada por ninguna de las partes en caso de un Brexit sin acuerdo. Por tanto, la UE tiene un gran interés en que los derechos acumulados de sus ciudadanos en Reino Unido se sigan respetando, y en que, en un escenario de Brexit sin acuerdo, la UE y Reino Unido coincidan para garantizar la cooperación en áreas como el derecho a la Seguridad Social y la transferibilidad de las pensiones.

Servicios financieros. En cuanto a los servicios financieros, los planes de contingencia más importantes ya se han elaborado. A partir de las conversaciones mantenidas con grandes instituciones financieras de toda Europa, confirmo que se han realizado amplios preparativos para gestionar un Brexit sin acuerdo. A mi juicio, es probable que la inestabilidad financiera en el lado de la UE de los Veintisiete sea limitada, dados los preparativos de la mayoría de participantes en el mercado y la recientemente confirmada flexibilidad de la Comisión en asuntos como la compensación de derivados. Asimismo, las autoridades británicas han aplicado medidas para salvaguardar la estabilidad financiera. Esto no significa que un Brexit sin acuerdo vaya a transcurrir sin costes. Los propios preparativos, así como la liquidez reducida, los comporta, pero la preocupación por la estabilidad financiera seguramente será escasa. Es importante que el Banco de Inglaterra y el Banco Central Europeo mantengan una relación estrecha y colaboren para salvaguardar la estabilidad.

Efectos en sectores concretos. Un Brexit sin acuerdo podría tener repercusiones en varios sectores concretos, pero los planes de contingencia mitigarán los efectos colaterales inmediatos. Por ejemplo, en lo que se refiere a la aviación, significaría que las líneas aéreas de Reino Unido ya no podrían operar vuelos a la UE, mientras que la normativa de seguridad supondría que los vuelos entre la Unión y Reino Unido se verían afectados. La Comisión ha propuesto un reglamento que limitaría las repercusiones de una retirada de Reino Unido del sistema de seguridad para la aviación de la UE. Si se aprueba, los vuelos entre la UE y Reino Unido se autorizarán automáticamente por un periodo de otros 12 meses. Aun así, las líneas aéreas británicas perderán el derecho a operar vuelos internos en la UE o a terceros países a través de la Unión.

En mi opinión, la Comisión ha hecho un buen trabajo con la revisión de los posibles efectos sobre diferentes sectores y la propuesta de borradores de reglamentos de emergencia, así como otras medidas. La Comisión ha observado que el transporte por carretera, las aduanas, los requisitos sanitarios, los datos personales, la política europea sobre el clima, los visados y los derechos ciudadanos y los servicios financieros podrían requerir una acción rápida.

 

Evitar lo peor

A corto plazo, comparado con la firma de un acuerdo de salida, un Brexit sin acuerdo sería una mala noticia para la UE y para Reino Unido. En mi análisis no he cuantificado hasta qué punto resultaría peor un escenario de no acuerdo que la firma del acuerdo actual. Sin embargo, he destacado que el primer caso sería especialmente malo para Irlanda, ya que conllevaría controles aduaneros en la isla a fin de proteger la integridad del mercado único. Además, he hecho hincapié en una serie de problemas inmediatos que acarrearían bastantes trastornos para el comercio, para sectores concretos como las líneas aéreas o las empresas farmacéuticas, y para la gente. El acuerdo de salida es un texto más bien complejo que documenta en qué medida afecta el Brexit a las relaciones económicas, sociales y políticas. Es probable que abandonar todas esas relaciones de manera no amistosa provoque importantes turbulencias a corto plazo.

Las consecuencias comerciales y generales a más largo plazo son difíciles de evaluar, hay que hacerlo sobre la base de conjeturas de la futura relación entre la UE y Reino Unido. En consecuencia, esta relación a largo plazo es más incierta de lo que sería con el borrador de acuerdo y su declaración política anexa sobre los vínculos futuros.

Es importante estar preparado para reducir y mitigar el impacto de un Brexit sin acuerdo, teniendo en cuenta también la situación política altamente imprevisible de Reino Unido. Las instituciones de la Unión, sus Estados miembros, las empresas y la ciudadanía tienen un papel que desempeñar. No obstante, ninguna preparación puede resolver satisfactoriamente el problema con el que se encontraría Irlanda.

Un Brexit sin acuerdo exigiría adoptar una serie de leyes de emergencia preparadas por la Comisión, pero la pregunta clave es si es posible aprobar toda la legislación antes del 29 de marzo. Una cuestión importante es el calendario para la adopción de esa normativa por parte de los colegisladores europeos, el Consejo y el Parlamento Europeo. Si no se prolonga el plazo establecido en el artículo 50, los colegisladores tendrían que adoptarla antes del 29 de marzo, lo que plantearía numerosos problemas. Es más, su adopción inmediata cambiaría la dinámica de voto sobre el acuerdo en el Parlamento británico.

Por ello, la UE debería consentir una prórroga limitada del artículo 50 en caso de discrepancias sobre el acuerdo de salida. El plazo máximo podría ser la última sesión del Parlamento Europeo, prevista para el 18 de abril, antes de las elecciones. Desde un punto de vista técnico, parece que la prórroga se puede extender como máximo hasta junio de 2019, última fecha en que el Parlamento Europeo podrá seguir reuniéndose y legislando con su composición actual. Una prolongación de ese periodo conllevaría complicadas decisiones políticas en Reino Unido, ya que el país tendría que participar en las elecciones europeas.

La disposición de la UE a colaborar con las medidas de emergencia propuestas, a fin de gestionar las fricciones a corto plazo en caso de un Brexit sin acuerdo, probablemente dependerá en gran medida de la disposición de Reino Unido a cumplir sus compromisos financieros. Hay asuntos que no requieren cooperación en caso de una salida no acordada, pero sería ingenuo creer que la falta de cooperación no tendrá costes. No cooperar agravaría significativamente los costes de un Brexit sin acuerdo para ambas partes, pero en concreto para Reino Unido. He sostenido que la UE hace bien en adoptar una postura firme en lo que a dinero se refiere.

En un escenario más razonable sería de esperar que se cooperase en una serie de asuntos claves, como los derechos de visado, las fricciones sobre la frontera irlandesa y la colaboración en materia de aduanas. Los Estados miembros, los diputados y las instituciones europeas deberían estar preparados para establecer acuerdos de emergencia en caso de una salida no amistosa, en particular en lo que respecta a sectores en los que puede haber vidas humanas en juego, como la cooperación sanitaria o la nuclear. En los servicios financieros también es aconsejable la colaboración, puesto que un Brexit sin acuerdo ni cooperación aumentaría los riesgos para la estabilidad financiera. Independientemente de cuál sea la postura de Reino Unido, la UE debe procurar evitar las peores consecuencias.

El rumbo estratégico general que aconsejo que adopte la UE es incrementar lo más posible el coste de un Brexit sin acuerdo (respetando los límites éticos), al tiempo que muestra más flexibilidad en la declaración política y quizá en el propio acuerdo de salida. A la larga, tanto a la UE como a Reino Unido les interesa colaborar estrechamente. La salida de Reino Unido sin ninguna clase de acuerdo sería una señal muy mala para el mundo sobre la capacidad del país en particular, pero también de la UE, de colaborar con sus socios estratégicos. Esto tendría efectos perjudiciales para la relación entre ambos. Poner de relieve los costes políticos de un Brexit no acordado debería ayudar a convencer al Parlamento británico de la necesidad de firmar un acuerdo. No obstante, los actores han de iniciar discretamente los preparativos técnicos para el caso de que no lo haya”.

En otro orden de cosas, también cabe señalar, siguiendo a Libre Mercado, que “un “brexit” no negociado dejaría en el aire el acceso de las firmas de servicios financieros con sede en el Reino Unido al mercado único comunitario, rompería los lazos comerciales entre ambas partes, con el consiguiente rearme arancelario, y generaría una gran incertidumbre con respecto a la situación legal de los residentes europeos en Reino Unido y de los británicos en Europa.

El consejero delegado del Bundesbank, Burkhard Balz, por ejemplo, ha afirmado esta semana que “un Brexit sin acuerdo sería dañino” y “crearía perdedores en ambos lados de la mesa de negociaciones”, además de asegurar que una salida desordenada de Reino Unido del mercado único es “un factor de riesgo muy importante” para Europa. Aunque ha reconocido que “hasta ahora” se ha conseguido evitar un Brexit sin acuerdo, ha apuntado que el Banco de Inglaterra cree que hay “riesgo de recesión severa” si así fuera, ya que el PIB podría llegar a bajar un 8%.

La peor parte se la llevaría, posiblemente, Reino Unido, pero “un Brexit desordenado no dejaría indemne al resto de la economía europea”, dado que la salida “va a costar mucho dinero” y sus efectos “se van a notar en Europa”. En el caso concreto de España, la patronal CEOE recuerda que el 4,06% de las importaciones españolas son bienes y servicios producidos en Reino Unido. Esto significa que 11.443 millones de nuestro consumo anual dependen del mercado británico, una cifra similar a la que maneja Países Bajos, aunque inferior a la cuota de importaciones de Italia (7%), Francia (12%) o Alemania (14%).

Más peso tienen nuestras exportaciones de bienes y servicios al mercado británico, puesto que representan el 7,2% de las ventas españolas al extranjero, para un total de 18.950 millones de euros., frente a las cuotas de Italia (8%), Alemania (9%), Portugal (10%) o Francia (11%). Se estima que la amenaza arancelaria, de materializarse, afectaría a alrededor del 20% de las exportaciones españolas a Reino Unido, que rondan los 18.000 millones de euros al año.

Además, para el turismo, el Brexit supone un cierto riesgo. En 2018 ya se constató un enfriamiento en la llegada de viajeros británicos a algunos de sus destinos tradicionales, como por ejemplo Benidorm, donde el descenso fue cercano a 10%. Uno de cada cinco turistas que llegan a España viene de Reino Unido. Solo el año pasado los turistas británicos dejaron en España más de 18.000 millones de euros.

Todo ello, como es lógico, afectaría al PIB y al empleo. La economía española podría perder el 1% de su PIB en el peor escenario, según las estimaciones de Goldman Sachs, al tiempo que se destruirían más de 70.000 puestos de trabajo, según un estudio de la Universidad Católica de Leuven.

En cuanto a los residentes, el Gobierno británico prometió a los europeos respetar sus derechos de residencia, creando para ello un registro de personas con “estatus de asentado” en el país, pero eso no impide que dichos ciudadanos observen su futuro con preocupación ante una separación que, de producirse de forma brusca, podría tener efectos impredecibles. Unos 130.000 españoles habitan en las islas británicas. También es importante ver qué ocurre con los británicos residentes en España, unos 240.000. Con el ‘brexit’ dirán adiós a la libre circulación por Europa y necesitarán un visado o pasaporte para venir a España”.

O como destacaba Expansión en Agosto de 2019, “

A finales del pasado mes de marzo, el Ejecutivo británico publicó, con Theresa May todavía como inquilina en Downing Street, el listado de aranceles que impondría a la UE en caso de ruptura desordenada, y que abarcaría desde tasas a las importaciones de coches y ropa, pasando por los fertilizantes y el ron, hasta llegar a los azulejos y los alimentos, incluido un producto tan emblemático para España como el jamón.

Se estima que esa amenaza arancelaria, de materializarse, afectaría a alrededor del 20% de las exportaciones españolas a Reino Unido, que rondan los 18.000 millones de euros al año. Las empresas españolas ya están notando el influjo negativo del Brexit en su relación comercial con las islas. Las ventas nacionales a Reino Unido cayeron un 3,2% interanual en el mes de junio. El Brexit no es un riesgo desdeñable para Europa y aún menos para España, que tiene en Reino Unido su principal destino en ingresos por exportaciones. A ello se suma que nuestro país recibe más de 18 millones de turistas británicos cada año (cifra que en los últimos tiempos ha iniciado un lento declive ante la incertidumbre generada por el Brexit) y es uno de los destinos predilectos de la inversión británica. En este complejo escenario, el banco de inversión estadounidense Goldman Sachs vaticinó recientemente una caída del 1% del PIB español como consecuencia de la reacción en cadena que un divorcio hostil provocaría sobre las economías europeas.

En un informe publicado hace pocos días, antes de que Boris Johnson decidiera esquivar ayer al Parlamento, el banco británico Barclays intensificaba las alertas sobre la posibilidad de un Brexit sin acuerdo, asegurando que “es el desenlace más probable”. La entidad financiera ponía cifras a sus oscuras predicciones, augurando un hundimiento medio del 9% de la cotización de la libra respecto a las otras grandes divisas, una contracción del PIB británico del 0,5% el año que viene, y una forzada rebaja de tipos por parte del Banco de Inglaterra (del 0,75% al 0,25%) para intentar frenar la sangría económica.

Otra derivada relevante del Brexit son los tres millones de ciudadanos europeos que en la actualidad residen en la UE, entre ellos muchos españoles. En junio pasado, el Gobierno británico prometió respetar sus derechos de residencia, creando para ello un registro de personas con “estatus de asentado” en el país, pero eso no impide que dichos ciudadanos observen su futuro con preocupación ante una separación que, de producirse de forma brusca, podría tener efectos impredecibles”.

Para ir terminando el artículo, hay que señalar que “

Conviene recordar que el Reino Unido es nuestro quinto destino de exportación de bienes (19.000 millones de euros), el primer emisor de turistas a nuestro país (19 millones de visitantes) y el segundo en inversión española en el mundo, con un stock de capital que supera los 80.000 millones de euros, mientras que el Reino Unido tiene un stock de inversiones en nuestro país en torno a los 60.000 millones de euros. Lógicamente, un Brexit duro dejará sin aplicación más de 700 acuerdos y tratados ahora vigentes entre UK y UE, por lo que afectará muy negativamente en el funcionamiento económico y empresarial de todos los países firmantes, obstaculizando de manera ostensible su operatividad.

Las exportaciones de bienes desde España al Reino Unido fueron en el último año de unos 19.000 millones de euros, de los cuales destaca la automoción (4,8 miles de Millones/€) que supone la cuarta parte de las mismas, seguido a cierta distancia de frutas y verduras (2,3 mM/€), de máquinas y aparatos mecánicos (1,3 mM/€), aparatos y material eléctrico (1 mM/€), aeoronaves (0,6 mM/€) y productos farmacéuticos (0,6 mM/€). Las importaciones desde UK a España suponen 11.500 millones de euros, encabezados por automoción (1,9 mM/€), máquinas y aparatos mecánicos (1,4 mM/€), productos farmacéuticos (0,9 mM/€), combustibles y aceites minerales (0,8 mM/€) y aparatos y material eléctrico (0,8 mM/€). De lo que se deduce que España tiene un superávit de 7.500 millones de euros en su comercio exterior con UK. Aparte de los aranceles a las operaciones de exportación e importación, que supondrán un encarecimiento de los productos y retraerán la demanda en ambos países, el impacto en cuanto al IVA será bastante relevante, ya que las operaciones entre el Reino Unido y España no tendrán la consideración de operaciones intracomunitarias, por lo que las importaciones de mercancías británicas a España tendrán que pagar IVA en el momento de la importación. Además los dividendos entre ambos países se someterían a una retención de 10% del importe bruto o del 15% cuando se correspondan con rentas procedentes de bienes inmuebles.

Se estima que el Brexit sin acuerdo pudiera reducir en un 15% el número de turistas británicos que visitan España, lo que supondría casi 3 millones de personas menos que el año pasado, lo que acentuaría la tendencia descendente que se viene observando en el número de visitantes extranjeros a nuestro país, con el consiguiente impacto en la balanza de pagos española.

Un colectivo que va a resultar perjudicado por la salida de UK de la UE son los británicos residentes en España (unos 300.000) en su mayoría jubilados, que perderán poder adquisitivo por el mero hecho de la devaluación de la libra, tendrán que pagarse una sanidad privada y que pedir permisos de residencia y visados, lo que reducirá paulatinamente la cifra de británicos que establezcan su domicilio en España e incluso algunos de los actuales probablemente retornarán al Reino Unido. También es importante el número de españoles residentes en UK (unos 150.000, a los que se añaden más de 9.000 en Gibraltar), fundamentalmente por razones de trabajo o estudios. Cabe suponer que lo razonable sería que se pactase bilateralmente un tratamiento recíproco.

Por otra parte, es importante reseñar que hay un número importante de empresas españolas implantadas en el Reino Unido, tales como Banco de Santander y Banco de Sabadell que tienen importantes posiciones en el Reino Unido, Ferrovial participa en diversos aeropuertos británicos, la compañía aérea, Iberia integrada en el grupo IAG que podría tener problemas de operatividad en la UE, Iberdrola que ha apostado por las renovables, Telefónica a través de O2 podría tener un impacto relevante si baja el poder adquisitivo por el Brexit, Inditex aunque lo tiene bien diversificado en el mundo, y las hoteleras NH y Meliá.

Ni que decir tiene que el impacto del Bréxit duro sobre los mercados financieros y de capitales será intenso, especialmente en lo relativo al cambio del euro, cotizaciones de bolsa de valores, flujos financieros, etc. de nuestro país, que tendrán algunas convulsiones y ajustes, especialmente los primeros meses después de producirse el Bréxit duro.

Otro aspecto que resulta muy afectado por el Brexit duro es la reivindicación de la soberanía española sobre Gibraltar, así como la posible colaboración en materia de convivencia en el paso al peñón en ambas direcciones, así como para perseguir el fraude y los negocios ilícitos. Boris Jonhson ya ha manifestado su radical oposición a cualquier cambio de estatus en el Peñón de Gibraltar, con lo cual en ese tema volveríamos a una situación muy similar a la existente antes de que España se integrase en la UE.

Para afrontar los distintos retos que supone el Brexit para nuestro país, el Gobierno aprobó un Real Decreto 5/2019, de 1 de marzo, que aprueba nuevas medidas de contingencia para minimizar un Brexit duro. Se trata de unas medidas de carácter temporal para facilitar la transición a los ciudadanos y actividades económicas, que tendrán una duración de dos meses, salvo que se compruebe que las autoridades británicas no otorgan un tratamiento recíproco en dichas materias a las personas físicas o jurídicas de nacionalidad española. Concretamente, se abordan normas sobre residencia, trabajadores transfronterizos, acceso y ejercicio de profesiones, trabajadores desplazados, seguridad social, asistencia sanitaria y acceso a la universidad, así como regulación sobre servicios financieros, régimen de aduanas, contratación pública, permisos de conducir, material de defensa, armas y explosivos, transporte y servicios aeroportuarios. Dado que lo más probable es que se produzca el Bréxit duro, existe una cierta incertidumbre acerca del grado de aplicación de las medidas contenidas en el mencionado Real Decreto, por lo que habrá que irse adaptando a las situaciones reales que se produzcan.

Lo peor es que, salvo una improbable nueva prórroga, la salida abrupta de UK de la UE se produciría coincidiendo con la amenaza de la subida arancelaria anunciada por EEUU de productos que afectan significativamente a nuestro país (productos agroalimentarios), cuyo impacto sobre nuestras exportaciones está aún por determinar con exactitud, pero que será otro factor adicional para reducir el crecimiento del PIB y del empleo en nuestro país. Y todo ello en una coyuntura de clara desaceleración económica en España, como han puesto de manifiesto el FMI, la OCDE e incluso el prestigioso Servicio de Estudios del Banco de España”.

FUENTES:

  1. Libre Mercado: https://www.libremercado.com/2019-08-29/las-consecuencias-de-un-brexit-duro-1276643900/
  2. Expansión: https://www.expansion.com/economia/2019/08/29/5d66fef5468aeb412c8b464f.html
  3. Las consecuencias del Brexit duro (I): Para el Reino Unido y Unión Europea. El Adelantado: https://www.eladelantado.com/opinion/las-consecuencias-del-brexit-duro-i-para-el-reino-unido-y-union-europea/
  4. Consecuencias del Brexit duro (II): Para España. El Adelantado: https://www.eladelantado.com/opinion/tribuna/j-a-folgado-pascual-consecuencias-del-brexit-duro-ii-para-espana/?highlight=las%20consecuencias%20del%20Brexit%20duro%20%28II%29
  5. Política Exterior: https://www.politicaexterior.com/articulos/politica-exterior/brexit-sin-acuerdo-esta-preparada-la-ue/
  6. ¿Cuánto le cuesta el “brexit” a la economía europea? DW: https://www.dw.com/es/cu%C3%A1nto-le-cuesta-el-brexit-a-la-econom%C3%ADa-europea/a-50938723

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