Derecho, Política, Seguridad ciudadana

Inseguridad ciudadana vs seguridad ciudadana

El objetivo principal de este artículo es dar luz sobre la necesidad de que el Estado garantice un estado de seguridad en sus calles para mantener el orden público y garantizar así el cumplimiento de sus fines principales. Hay que destacar el hecho del repunte de la inseguridad en algunas regiones españolas para oponerse al supuesto “Estado opresor” que supuestamente les impide obtener la declaración de independencia a través de la autodeterminación. Hay que destacar en este punto que la autodeterminación no está permitida por actual Constitución, aprobada en 1978 por el consenso de los españoles en aquella época y que decidieron darse esta Constitución para garantizar un proceso democrático de garantías para aproximarse así a otros países europeos de nuestro entorno.

Hay que destacar aquí que “desde mediados de la década de los pasados años setenta, la inseguridad ciudadana no ha dejado de ser en las sociedades occidentales una de las cuestiones sociales más preocupantes.

Los ciudadanos, cuando oyen hablar de inseguridad ciudadana, piensan en múltiples y muy diversos problemas o situaciones, desde el terrorismo, a la venta de droga en la calle, atracos con armas, violaciones o abusos sexuales, agresiones físicas, robos en domicilios, locales, vehículos, carteras y tirones de bolsos, amenazas, actos de gamberrismo, fraudes, estafas, etc., e incluso recientemente piensan en la corrupción.

La inseguridad ciudadana se ha convertido hace ya tiempo en un desafío crucial para la gobernabilidad democrática y el desarrollo humano. Con todo, a pesar de que en el núcleo de esta inseguridad se halle la amenaza de violencia generada por los nuevos conflictos producidos socialmente, lo cierto es que las políticas de seguridad ciudadana siguen estando más ocupadas en contener o reducir los efectos extremos de estos conflictos (preferentemente la actividad delictiva dirigida contra los bienes privados) que no en minimizar los riesgos de exclusión social y de desigualdad económica y, en última instancia, el riesgo de ruptura social en el que cada vez estamos más inmersos.

El problema de la inseguridad ciudadana se ve agravado por la extraordinaria capacidad que han adquirido los medios de comunicación a la hora amplificar y de difundir en tiempo real a nivel mundial -y, por tanto, deslocalizándolos- los desastres y las violencias más extremas y preocupantes.

En la elección de los indicadores de la evolución de la inseguridad ciudadana o la preocupación de estos se trata por tanto, más que en apariencia, de una cuestión metodológica. Un ejemplo lo constituye el barómetro del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) cifras publicadas en noviembre de 2004, situaba a la inseguridad ciudadana, con el 19,1%, como el quinto problema principal que existía en ese momento en España, hoy en el año 2013 este datos es 2,8 %; el desempleo era 61%, hoy es 81,6 %; El terrorismo/ETA, era un 44,8%, hoy es 0,4 %; la vivienda  se situaba en el 21,8%, hoy es el 2,0 %; y la inmigración era el 20,5% y hoy es 2,2 %. En ambos momentos la preocupación por la inseguridad ciudadana era elevada pero, diferente sus datos y su percepción.

Y en esta dirección no podemos ignorar, para abordar y comprender la seguridad ciudadana y específicamente la que está vinculada al desarrollo de turismo y actividad comercial, una perspectiva de enorme interés como es la que podríamos denominar “seguridad subjetiva”, es decir, el grado de percepción de seguridad que experimentan o se construyen los ciudadanos ante múltiples informaciones o contingencias.

Por todo ello, en términos absolutos es claro que la inseguridad ciudadana ha crecido, no obstante, la seguridad subjetiva, la percepción de seguridad que tienen los ciudadanos, actualmente, es mayor en general.

La seguridad objetiva es aquella que puede medirse cualitativa y cuantitativamente y es resultante de las acciones proactivas y reactivas programadas por el Gobierno y las Fuerzas de Seguridad Pública.

Una seguridad objetiva, que por sus datos, hoy puede causar una alarma social por el despunte ocasional de algunos datos resultantes en 2012. Aún así, la incidencia de la criminalidad en España se mantiene entre las más bajas de la Unión Europea.

Según el Balance de Criminalidad del Ministerio del Interior, en el año 2012 se han registrado en España un total de 2.268.665 delitos y faltas, lo que constituye un descenso de un 0,7% con respecto al año anterior.

Los datos sobre criminalidad atienden a unos indicadores de seguridad concretos, como son la cifra total de delitos y faltas, homicidios dolosos y asesinatos consumados, delincuencia violenta, robo con violencia o intimidación, robos con fuerza, sustracción de vehículos a motor, tráfico de drogas, daños, y hurtos. La gran mayoría de estos indicadores se corresponden con los que establece la Oficina Europea de Estadística (EUROSTAT).

En el ámbito que comprende los valores a la baja, se aprecia un descenso importante de las categorías de los homicidios dolosos y asesinatos consumados (-5,7%), que corrobora una tendencia en la disminución de los delitos contra la vida; de los delitos de sustracción de vehículos a motor (-7,8%); y, a continuación, y según la importancia de la disminución de hechos delictivos, les suceden otras tipologías delictivas como el tráfico de drogas (-4,7%), los robos con fuerza (-2,2%) y los daños (-3,1%).

Por el contrario, en el año 2012, despunta un incremento de la inseguridad domiciliaria en España.

Varones jóvenes, los que más delinquen, tal y como ocurre en otros países. La proporción de varones jóvenes se asocia con una mayor tasa de delincuencia, responsable de la mayor parte de los delitos.

Por otro lado, se observa que han experimentado un incremento más relevante, en primer lugar, aquellos hechos delictivos que están vinculados a los robos con fuerza en los domicilios (25,4%), y a continuación los robos con violencia e intimidación (10,4%).

Aún así, los robos o los asaltos a viviendas unifamiliares son estadísticamente pocos, pero es evidente que crean gran alarma social y constituyen un problema de seguridad ciudadana. No se dan muchos delitos de este tipo pero su gravedad es alta.

También cabe destacar que el comportamiento al alza del indicador “Robo con Fuerza en Domicilios” se encuentra condicionado por la puesta en marcha de nuevos criterios metodológicos de grabación y cómputo estadístico pues, durante el año 2012 se introdujeron procedimientos mejorados de grabación de información, especialmente en lo que respecta a la naturaleza del lugar donde se cometen las infracciones penales.

Donde anteriormente se computaban en el indicador “Robo con Fuerza en Domicilios” únicamente se tenían en cuenta los espacios habitables de determinadas viviendas (pisos, casas, etc.), en la actualidad se tienen en cuenta otros tipos de viviendas, como pudieran ser casas de campo, segundas viviendas y otras tipologías. También con aspecto negativo, aunque con una incidencia porcentual menor, se encuentra la denominada delincuencia violenta, con un incremento del 7% respecto a 2011.

Por otro lado, los delitos típicos de las grandes áreas urbanas están comenzando a extenderse a las zonas rurales. Según las propias estadísticas del Gabinete de Coordinación y Estudios de la Secretaría de Estado de Seguridad, el robo en viviendas aumentó el pasado año un 25,4% con respecto a 2011.

Lo más reseñable, junto al aumento generalizado de los robos es que los mayores incrementos en este tipo de asaltos se produjeron en las autonomías más rurales.

En Asturias, por ejemplo, los robos en domicilios crecieron un 65,6% en 2012. En Cantabria, el mismo delito aumentó un 84,9% en el mismo periodo.

En Castilla y León, la tercera comunidad española menos poblada, el incremento de las sustracciones en casas ascendió al 64,9%. Y Extremadura, la segunda en densidad, sufrió una subida del 35,7%. Castilla-La Mancha, con la menor concentración de habitantes de España, fue la excepción, con un incremento de los robos en casas del 17,1%, ocho puntos por debajo de la media.

Más delitos en las comunidades más ricas
Tiende a haber más delitos en lugares con mayores oportunidades económicas.

El empeoramiento de la seguridad está siendo más intenso en las regiones del Norte. Además del aumento de los robos en domicilios, Asturias y Cantabria también sufrieron el año pasado un deterioro en otros campos del crimen.

En concreto, el Principado sufrió más robos con violencia e intimidación (30%) y más hurtos (11,4%). Y en Cantabria crecieron los robos con violencia e intimidación (29,7%), los robos con fuerza (11,7%), la sustracción de vehículos a motor (6,4%) y los hurtos (11,7%).

Así, en el País Vasco, los robos con violencia e intimidación aumentaron un 33,7%, y los hurtos otro 4,8%. Por su parte, en Navarra, los robos con violencia e intimidación crecieron un 82,9%, los robos en domicilios, un 35,5%, y los hurtos, un 8,8%.

Por último, La Rioja experimentó un incremento de los robos en domicilios del 92% y mayor número de robos con violencia e intimidación (8%), más delitos por tráfico de drogas (11,3%) y más hurtos (10,1%)”.

También hay que hablar aquí de seguridad subjetiva, debiendo decir aquí que ” la seguridad subjetiva es aquella que realmente es percibida por el ciudadano en su propia vivencia y estado de ánimo, más importante si cabe que los resultados de las frías estadísticas y estudios comparativos.

La percepción de la inseguridad, esto es, la interpretación por el sentido común de ciertas situaciones como inseguras, es el resultado de un complejo proceso subjetivo, de definiciones y atribuciones de valor, es una construcción personal y social de la realidad.

La seguridad subjetiva depende, en suma, de las probabilidades de convertirse en víctima involuntaria de un delito, es decir, del miedo a ser víctima de la delincuencia, así como de factores como las condiciones personales, sociales, las redes de socialización y hábitos de vida y la mayor o menor vulnerabilidad o sensibilidad al mensaje de los medios de comunicación.

Restablecer el equilibrio entre las dos visiones o variables (objetiva y subjetiva) se convierte en una finalidad social para que el nivel de incertidumbre al que el ser humano se ve sometido se mantenga soportable. Así, hay hechos que constituyen una alarma social importante porque el ciudadano normal se puede ver identificado en el lugar de las víctimas, como puede suceder en los robos con violencia o intimidación”.

Por otro lado, una noticia de RTVE de agosto de 2019 también destaca que “las estadísticas oficiales constatan el sonado repunte de la delincuencia en Barcelona que ha obligado a aumentar la presencia policial en las calles y a plantear, a nivel político, un plan estratégico para hacer frente a lo que algunos consideran una “crisis de seguridad” y otros un problema controlado que no es “alarmante”. Más allá de este debate, el objetivo claro para la región es recuperar la sensación de seguridad en sus calles, un propósito que parece haber calado en sus propios habitantes, quienes han apostado por iniciativas colaborativas como patrullas vecinales o el uso de grupos de WhatsApp para denunciar hechos delictivos. 

Los últimos datos sobre delincuencia en la región son rotundos: hasta agosto de este año se han registrado doce homicidios -la cifra más alta en este periodo de los últimos años- y han aumentado un 30% los robos con violencia, según datos facilitados por los Mossos d’Esquadra.

En lo que llevamos de año, la policía autonómica ha practicado un total de 1.529 detenciones –incluyendo también las de menores de edad- por delitos de robo con violencia e intimidación en dicha provincia, lo que supone un incremento del 80% respecto a los arrestos por este tipo de casos en el mismo periodo del año pasado, que acabó con 1.627 detenidos.

Lo que también han percibido las autoridades es un incremento de la violencia en los robos con fuerza,aunque han bajado las lesiones un 3,5%, y que varios intentos de hurto acaban finalmente en robo violento.

1.529 detenciones por robo con violencia

Los Mossos d’Esquadra ya han mostrado su preocupación por este aumento de homicidios y robos violentos en Barcelona y, aunque creen que los datos no son “alarmantes” ni “excepcionales”, sí han confirmado que mantendrán una mayor presencia en las calles para mejorar la percepción de seguridad.

Continuará, según han informado, el refuerzo de la unidad antidisturbios en labores de seguridad ciudadana como se viene haciendo en las últimas semanas en lugares sensibles, como el Port Olímpic, la Mina o Ciutat Vella, donde se requiere intensificar el control del espacio público.

Además, a partir de septiembre, los Mossos incorporarán a 320 nuevos efectivos de la promoción que se licenció antes del verano.

Llegados aquí, hay que destacar que “a emergelncia de nuevos riesgos e inseguridades, los problemas percibidos respecto a unos sistemas de control que se manifiestan ineficaces, las críticas al sistema de justicia penal tradicional y las mismas ansiedades recurrentes respecto al cambio social han modificado los objetivos del sistema de seguridad. Sus necesidades ya no son únicamente la prevención y la neutralización de la criminalidad, sino también la promoción de una vivencia más segura de la vida cotidiana y la mejora de la calidad de los servicios. Esta tarea no resultará fácil, pues en la evolución y en el estado de la seguridad ciudadana intervienen múltiples factores. En este sentido, las informaciones sobre seguridad ciudadana, más que un elemento para la reflexión, deberían servir para desarrollar respuestas operativas frente a los retos de seguridad proporcionando informaciones precisas sobre el rendimiento de los servicios de protección (policiales, judiciales o de la comunidad) en la prevención del delito y en la mejora del sentimiento de seguridad.

También la Agrupación Reformista de Policías (ARP) ha hecho visible su preocupación y ha ido un paso más allá pidiendo a través de una carta al ministro del Interior en funciones, Fernando Grande-Marlaska, que acuerde con sindicatos policiales y grupos del Congreso una propuesta para garantizar la seguridad ciudadana, “desplegando, de ser necesario”, a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado para colaborar con la Generalitat y los Ayuntamientos “hasta que puedan asumir con garantías la protección de cualquier ciudadano o turista”“.

El reto que se plantea es el de crear los instrumentos necesarios para afrontar el análisis de la seguridad ciudadana incluyendo sus múltiples vertientes. La dificultad está en que cada sistema de información ofrece buenas aproximaciones al fenómeno pero ninguno de ellos se
debe considerar la única fuente válida ni exhaustiva de estudio. Para ello es necesario diseñar instrumentos que nos permitan conocer hasta qué punto y cómo influyen las actuaciones de cada operador en el estado de la seguridad ciudadana. En suma, debería explorarse la posibilidad de construir sistemas de indicadores que, partiendo de las distintas fuentes de
información, permitiesen obtener una visión lo más exhaustiva posible sobre el conjunto de manifestaciones de la seguridad ciudadana”.

Por último, se debe señalar que, “aunque la investigación criminológica en nuestro país todavía se encuentra en un estado embrionario, existe abundante literatura comparada en el tema del miedo al delito. Este fenómeno social ha sido bien documentado en todos aquellos países donde se realizan estudios criminológicos (LaGrange y Ferraro, 1989). Varias son las preguntas que se han tratado de responder. Una de las líneas de investigación más significativas ha tratado de esclarecer cuales son los diferentes factores que contribuyen a crear sentimientos de inseguridad ciudadana o miedo al delito.

Existen numerosos estudios que vinculan el miedo al delito con diferentes factores
personales. De una manera bastante contundente, la investigación en este terreno ha revelado que el miedo al delito es mayor entre mujeres (Ortega y Myles, 1987; Smith, 1988; Smith y Hill, 1991; LaGrange y Ferraro, 1989; Young, 1993). Hale (1996) cons idera el género el mejor predictor de miedo al delito. Numerosos estudios también han
encontrado una relación entre edad y miedo al delito. Las personas mayores son más
temerosas del delito que el resto de la ciudadanía (Ortega y Myles, 1987; Box, Hale y Andrews, 1988). Sin embargo, otros estudios que han empleado medidas menos genéricas de miedo al delito han encontrado resultados menos claros en relación con género y edad. Estas investigaciones han revelado que en determinados casos mujeres y personas mayores no solo no son más temerosos del delito, sino que pueden presentar un menor nivel de ansiedad frente al delito (Ferraro, 1995; Hough, 1995). De una manera aun menos clara, otros estudios han destacado que el estatus de minoría étnica y la clase social son también importantes factores asociados al miedo al delito. Algunos autores señalan que la investigación que se centra en estos factores personales como correlatos de miedo al delito carece de un claro marco teórico (Warr, 1987; Ferraro, 1995). Otros, sin embargo, como Hale (1996), tienden a interpretar estas variables como indicadores indirectos de vulnerabilidad. En ese sentido, se asume que mujeres, personas de mayor edad, miembros de minorías étnicas, y personas de baja clase social son personas que exhiben, por regla general, una mayor vulnerabilidad objetiva y subjetiva frente al delito. Una buena parte de la investigación en esta materia ha tratado de profundizar teóricamente
en el estudio del miedo al delito y ha intentado medir directamente la vulnerabilidad subjetiva. Esta línea de investigación se ha centrado en la interpretación de la percepción del riesgo de victimización (ver Warr, 1987). Estos estudios han encontrado que el miedo al delito se encuentra en gran medida moldeado por el riesgo percibido de victimización que experimentan los ciudadanos. El riesgo implica un juicio o interpretación de victimización potencial. De acuerdo con esta conceptualización, aquellos indiv iduos que piensan que están expuestos a un mayor riesgo de ser víctimas, son también más temerosos del delito. De hecho, numerosos estudios han documentado resultados que sustentan esta hipótesis (Ferraro, 1995; Hough, 1995; Hale, 1996). Ferraro (1995: p. 120) indica que este juicio o interpretación subjetiva de vulnerabilidad no se realiza en un “vacío social”. Este autor reconoce que las características personales y ecológicas contextualizan el proceso de interpretación de los riesgos y experiencias de victimización. Por ejemplo, aquellos individuos que son físicamente vulnerables por su constitución físico, salud o confianza en su capacidad de autodefensa expresan un mayor temor a los delitos violentos que otros (Hough, 1995). Lo mismo ocurre con aquellas personas que han sido expuestas a situaciones de victimización de una manera directa o indirecta, a través de la victimización de un familiar o conocido. No obstante, Hale (1996) reconoce que la relevancia de experiencias previas de victimización directa en miedo al delito es todavía una cuestión abierta, aunque la más extendida exposición indirecta a situaciones de victimización parece presentar una relación más clara con el miedo al delito. Por otro lado, también habría procesos ecológicos que pueden incrementar el nivel de inseguridad de una persona. Estas características ecológicas han sido identificadas con la noción de “incivilidad” (Lewis y Maxfield, 1980) o “desorden” (Wilson y Kelling, 1982; Kelling y Coles, 1996). Especialmente en los Estados Unidos, aunque también en otros
países, existe un interés creciente en los efectos de desorden comunitario en el miedo al delito y la delincuencia. Esta literatura destaca que unos niveles inaceptables de desorden, físico o social, disminuyen la calidad de vida de los barrios. Para algunos, el desorden puede actuar como un mecanismo catalizador del miedo al delito. La presencia de adolescentes ruidosos bebiendo cerveza en la calle o sombríos edificios abandonados pueden incrementar la percepción de riesgo de los viandantes y, seguidamente, incrementar su nivel de miedo al delito. Skogan (1990: p. 47) destaca que “el deterioro físico visible puede crear miedo al delito, dado que los americanos lo han venido a asociar con un mayor índice de riesgo”. La famosa teoría de los cristales rotos (Wilson y Kelling, 1980) se basa en esta noción. Esta teoría viene a decir que cuando los ciudadanos observan estos signos de desorden el mensaje implícito que reciben es el de que todo esta permitido, lo que atrae más desorden y la inhibición de los ciudadanos de dichas áreas Inseguridad ciudadana, miedo al delito y policía en España con el consiguiente deterioro del control social informal. Así acaba generándose más delincuencia en una espiral viciosa. Skogan (1990) concluye, efectivamente, que los efectos del desorden son generales. El desorden señala una ruptura en los autocontroles comunitarios y puede ser interpretada como una señal de que todo es permitido y, por tanto, el riesgo de ser víctima de un delito es mayor. Hale et al. (1994) han confirmado que en Inglaterra y Gales las características estructurales de los barrios constituyen factores importantes a la hora de explicar el miedo al delito. Estos investigadores encontraron que cuanto mayor la percepción del individuo de que su barrio es desagradable, mayor probabilidad de experimentar el miedo al delito. Por otro lado, tener amistades en el barrio demostró ser un factor aislante del miedo al delito. Finalmente, sus análisis
también mostraron que aquellos individuos que residen en áreas de menor estatus social y que presentan un menor nivel de cohesión e integración social también experimentan un mayor nivel de ansiedad frente al delito. En conclusión, la investigación criminológica ha revelado de una manera consistente la relevancia del contexto comunitario para entender el fenómeno del miedo al delito. Existen también algunos estudios que sugieren que la confianza en la policía puede ser un factor importante a la hora de explicar el miedo al delito. El vínculo entre confianza pública en la policía y miedo fue destacado por Box et al. (1988) en su análisis de la segunda British Crime Survey3. Este estudio encontró que aquellos entrevistados que pensaban que la policía estaba realizando un buen o muy buen trabajo eran menos proclives a sentirse inseguros cuando caminando solos en la oscuridad. Esta relación también ha sido documentada en estudios americanos. Baumer (1985) encontró una asociación entre la percepción de una adecuada protección policial y miedo al delito en Estados Unidos. Bennett (1994), no obstante, en su análisis de datos obtenidos en Inglaterra y Gales encontró que mientras que parece existir una relación negativa entre confianza en la policía y miedo al delito a nivel bivariado, este efecto desaparece cuando otras variables relevantes se incluyen en el análisis. No está, por tanto, claro el papel que actitudes hacia la policía juegan en el miedo al delito, aunque, por otro lado, la literatura en prevención del delito ha demostrado que la policía puede jugar un papel crucial en la disminución de los sentimientos de inseguridad ciudadana. También hay estudios que han tratado de demostrar una relación entre hábitos telev isivos y miedo al delito. La idea subyacente tras estos estudios es que el miedo al delito no siempre obedece a las circunstancias reales existentes en una particular comunidad, sino que puede ser artificialmente afectado por la presentación sensacionalista del fenómeno delictivo por los medios de comunicación social. Finalmente, otros autores aluden al miedo al delito como un fenómeno ligado a la crisis de confianza en las instituciones públicas que se produce en la sociedad contemporánea. En aquellas sociedades en el que el deterioro de las instituciones públicas es más notorio el miedo al delito adquiere una especial resonancia (Machado, 1998).

La British Crime Survey es una encuesta de victimización realizada con carácter periódico en el Reino Unido.
La del Este están especialmente interesados en la misma para explicar los sentimientos de
miedo al delito que se han generado durante el proceso de transición del comunismo a los
actuales sistemas de corte democrático. Podemos ver, por tanto, que en el ámbito comparado se ha producido un considerable esfuerzo para tratar de entender cuales son los factores que nos permiten comprender mejor el nocivo fenómeno del miedo al delito. Este conocimiento ha sido empleado con posterioridad para diseñar programas de prevención orientados a disminuir los efectos nocivos de este fenómeno. En nuestro país, en cambio, aún no se han realizado serios intentos por comprender este fenómeno, sino que nos hallamos en gran medida a remolque de los estudios que se han realizado en sociedades que son similares a la española, pero similares solo hasta cierto punto. En este estudio damos un primer paso para tratar de paliar este atraso”.

FUENTES:

  1. Recuperar la seguridad ciudadana, un objetivo inaplazable para Barcelona. RTVE: http://www.rtve.es/noticias/20190825/recuperar-seguridad-ciudadana-objetivo-inaplazable-para-barcelona/1977498.shtml
  2. Algunos datos sobre criminalidad y seguridad ciudadana: http://agendapublica.elpais.com/algunos-datos-sobre-criminalidad-y-seguridad-ciudadana/
  3. Despunta la Inseguridad Ciudadana… Alarma Social: https://www.tendencias21.net/seguridad/Despunta-la-Inseguridad-Ciudadana-Alarma-Social_a4.html

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