Derecho, Economía, Moral y ética

La posible responsabilidad delictiva de las máquinas.

Con la importancia que están tomando la tecnología y las máquinas en la vida diaria de los seres humanos, y teniendo en cuenta la independencia que tienen, además del hecho de que cada día aparecen más robots con forma y sentimientos humanos, cabe preguntarse si se les podría atribuir responsabilidad penal.

Cabe señalar en primer lugar que “el debate sobre la posibilidad de atribuir algún tipo de personalidad jurídica a los robots ha saltado a la actualidad durante los últimos meses, para entusiasmo de los tecnólogos y pasmo de más de un jurista.

Se trata de un tema apasionante que ha sido objeto de análisis en el reciente primer congreso sobre aspectos legales de la robótica, organizado por la Fundación para la Investigación sobre el Derecho y la Empresa (FIDE).

El director del evento, Alejandro Sánchez del Campo, autor del conocido blog Replicante digital, ya se había manifestado meses atrás a favor de esta opción: “sugiero que empecemos a plantear la posibilidad
de que estas máquinas puedan tener obligaciones o incluso algún tipo de
personalidad reconocida legalmente. Puede parecer disparatado, pero no debemos olvidar que el derecho tiene que adaptarse a la realidad.”

Y en su intervención inicial, Antonio Garrigues Walker, presidente de la Fundación Garrigues y que a sus ochenta y dos años puede presumir de una envidiable modernidad, hizo suya la propuesta al señalar que estamos asistiendo al nacimiento de un nuevo Derecho tecnológico y científico, en el que considerar la posibilidad de reconocer a los robots una “personalidad eléctrica”, con derechos y obligaciones específicos, no debería asustarnos. Esta posible personalidad, señaló, no sería una ficción muy diferente de la personalidad jurídica atribuida
a diferentes entidades en nuestro ordenamiento desde hace mucho.

¿Qué es un robot?

Para situar el marco del debate, Juan Carlos Lorente, responsable de desarrollo de negocio de robótica de GMV, se ocupó de presentar con precisión lo que es un robot y los principales tipos que existen.

Según la RAE, un robot es una “Máquina o ingenio electrónico programable, capaz de manipular objetos” y realizar operaciones antes reservadas solo a las personas, añade. Este concepto es el actual, pero se trata de un concepto que evoluciona con el tiempo, y no se tiene claro lo que será un robot mañana. Pese a ello, no resulta fácil
definirlos, porque un robot a veces es un producto y a veces parte de una solución.

Con todo, apuntó la existencia de tres tipos principales de robots: los industriales, los de servicios profesionales y los de servicio
doméstico o personal. La robótica industrial, destinada a facilitar la fabricación de bienes fue el principio, pero se considera que el futuro estará en los robots de servicios.

La posible regulación de la personalidad jurídica de los robots

Avanzando en el tema, Pablo García Mexía , profesor visitante de Derecho de internet en el College of William & Mary y Off counsel de Ashurst LLP, avanzó los posibles aspectos a tener en cuenta a la hora de regular estos derechos de los robots.

En principio, según la concepción civilista, solo el capaz es persona. Pero ¿puede haber entes que no sean persona? ¿Qué puedan
contraer derechos y obligaciones, o comparecer en juicio o cometer un delito? ¿Cabe pensar en un Ente Capaz No Personal (ECNP), capaz de pensar, aprender, percibir, decidir y hasta sentir, al que pueda
reconocerse una personalidad electrónica?

Según García Mexía esta regulación tendría sentido con dos finalidades principales: limitar los riesgos derivados del funcionamiento de estos sistemas y garantizar las responsabilidades derivadas de los daños que pudiesen causar con su funcionamiento.

¿Quiénes tendrían esa personalidad? Particularmente los entes técnicamente más complejos, aunque no está claro si este concepto implica necesariamente características antropomórficas.

¿Qué derechos se les podría reconocer? Desde luego no los constitucionales, que son propios de las personas, pero sí algunos derechos patrimoniales, con la finalidad de garantizar su posible responsabilidad por daños causados. Por esta razón, sí podrían disponer de algún tipo de tutela jurisdiccional”.

Por otro lado, también cabe señalar que “el tema de la responsabilidad penal de las personas jurídicas lo hemos estudiado mucho tiempo, y aún persisten dudas para explicarlo, lo que lo hace más interesante. De esta misma consideración es el tema de
un Derecho Penal de las máquinas. Es un gran desafío. En pocos años, las máquinas que generan mayor transparencia desplazan la preocupación actual de la corrupción, por el control humano de los robots.

El fin de la ciencia ficción llegó. Todo es real. Cobra vigencia las teorías de Isaac Asimov. Sus historias de ficción marcan las tres leyes
de la robótica que planteó: un robot no puede causar daño a un ser humano ni permitir que un ser humano pueda sufrir daño; debe obedecer las órdenes que les son dadas por un ser humano, a excepción de aquellas que se opongan a la primera ley; debe proteger su propia existencia, mientras esta protección no esté en conflicto con la primera o la segunda ley.

La tecnología está cambiando las reglas de
experiencia. La capacidad de autoprogramación de los robots alerta si estos siempre van a obedecer y proteger al ser humano. No hay garantía de que un robot no le hará daño al ser humano. Lo aconsejable es su autorregulación.

Esta vez desde el “control social” por excelencia en el siglo XXI, que es el Derecho Penal preventivo. Cambiar todas las infraestructuras de la vida por las máquinas no tomará mucho tiempo. La Cuarta Revolución. Si no queremos ser una especie detrás de las máquinas, debemos adelantar su autorregulación. La robótica crece a
pasos rápidos. Sus funciones reales es la “leitmotiv” para este nuevo ciudadano electrónico. Son más prácticos, esto es, que cumplen funciones reales. El Derecho Penal debe adaptarse a esta realidad”.

Por otro lado, cabe señalar que el juez Eloy Velasco “estima que el legislador no explica en la exposición de motivos de la ley por qué introduce una novedad de esta índole, que supone un cambio de cultura jurídica respecto al concepto clásico del derecho penal basado en la responsabilidad de las personas físicas como sujeto con voluntad, en lo que ha coincidido con lo expuesto al respecto por Celso Rodríguez Padrón.

En este sentido, se ha preguntado “si el siguiente escalón será la responsabilidad de las máquinas” como por ejemplo robots, coches sin conductor y drones que se mueven en virtud de métodos telemáticos.

Al respecto Eloy Velasco estima que en ese caso habría que enfocar esa responsabilidad en el programador o diseñador de la máquina que comete el delito o en su caso de la persona que se beneficia de la misma.

De todas formas dado que ya está regulada la responsabilidad penal de las personas jurídicas en España para un catálogo concreto de delitos, Eloy Velasco estima que habría que introducir dos más que no se recogen como son los de imprudencia con resultado de muerte, por ejemplo en casos de aviones que se caen y trenes que descarrilan o la desobediencia a requerimientos judiciales.

Ha comentado que la explicación de que en dicho catálogo de delitos respecto de los que las personas jurídicas pueden tener responsabilidad en España no haya algunos tipos que sí se aplican sobre las personas
físicas está en que “el legislador está influido por lobbys y grupos de presión”.

Los robots tienen personalidad. Una “personalidad electrónica” o diríamos
que es el “ciudadano electrónico”, con derechos y obligaciones. No es una ficción jurídica, es realidad. La definición de robots como máquina programable capaz de realizar operaciones reservadas a los humanos, o incluso manipular objetos más que los mismos humanos, encuentra límite
en el Derecho Civil, con la noción de persona. Con mayor razón dicho límite se encuentra en el Derecho Penal para que los robots lleguen a ser considerados como una persona capaz de pena. El funcionamiento de las máquinas deriva riesgos, que exigen responsabilidad.

Puede ocurrir que las máquinas lleguen a tomar autoconciencia de su existencia, y realizar actos por sí solas. El debate central, en pocos años, será si los robots tienen capacidad jurídica, que, en últimas, es
el análisis de un software.

La “inteligencia artificial” implantada en los robots en la actualidad es omnipresente. La realidad aumentada.

Se gesta una responsabilidad cumulativa: la persona física del fabricante, el diseñador o el director de la empresa, la empresa y el robot. La preocupación central será el “control humano significativo” de los
robots, para prevenir los riesgos ocasionados por su uso”.

Por último, cabe señalar que “el fin de la ciencia ficción llegó. Todo es real. Cobra vigencia las teorías de Isaac Asimov. Sus historias de ficción marcan las tres leyes
de la robótica que planteó: un robot no puede causar daño a un ser humano ni permitir que un ser humano pueda sufrir daño; debe obedecer las órdenes que les son dadas por un ser humano, a excepción de aquellas que se opongan a la primera ley; debe proteger su propia existencia,
mientras esta protección no esté en conflicto con la primera o la segunda ley.

La tecnología está cambiando las reglas de
experiencia. La capacidad de autoprogramación de los robots alerta si estos siempre van a obedecer y proteger al ser humano. No hay garantía de que un robot no le hará daño al ser humano. Lo aconsejable es su autorregulación. Esta vez desde el “control social” por excelencia en el
siglo XXI, que es el Derecho Penal preventivo. Cambiar todas las infraestructuras de la vida por las máquinas no tomará mucho tiempo. La Cuarta Revolución. Si no queremos ser una especie detrás de las máquinas, debemos adelantar su autorregulación. La robótica crece a
pasos rápidos. Sus funciones reales es la “leitmotiv” para este nuevo ciudadano electrónico. Son más prácticos, esto es, que cumplen funciones reales. El Derecho Penal debe adaptarse a esta realidad.

Los robots tienen personalidad. Una “personalidad electrónica” o diríamos
que es el “ciudadano electrónico”, con derechos y obligaciones. No es una ficción jurídica, es realidad. La definición de robots como máquina programable capaz de realizar operaciones reservadas a los humanos, o incluso manipular objetos más que los mismos humanos, encuentra límite
en el Derecho Civil, con la noción de persona. Con mayor razón dicho límite se encuentra en el Derecho Penal para que los robots lleguen a ser considerados como una persona capaz de pena. El funcionamiento de las máquinas deriva riesgos, que exigen responsabilidad.

Puede ocurrir que las máquinas lleguen a tomar autoconciencia de su existencia, y realizar actos por sí solas. El debate central, en pocos años, será si los robots tienen capacidad jurídica, que, en últimas, es
el análisis de un software.

La “inteligencia artificial” implantada en los robots en la actualidad es omnipresente. La realidad aumentada.

Se gesta una responsabilidad cumulativa: la persona física del fabricante, el diseñador o el director de la empresa, la empresa y el robot. La preocupación central será el “control humano significativo” de los
robots, para prevenir los riesgos ocasionados por su uso.

Como conclusión que se puede sacar es el hecho de que el Derecho penal sí que debe avanzar havmcia la idea de responsabilidad penal de los robots y máquinas que nos ayudan en la vida diaria.

FUENTES:

  1. ¿Puede un robot tener responsabilidad civil o penal? (http://noticias.juridicas.com/actualidad/noticias/11479-iquest%3Bpuede-un-robot-tener-/).
  2. ¿Habrá que regular la responsabilidad penal de los robots? (https://www.heraldo.es/noticias/nacional/2016/07/19/habra-que-regular-responsabilidad-penal-los-robots-973060-305.html).
  3. Ámbito jurídico (https://www.ambitojuridico.com/noticias/penal/penal/un-derecho-penal-de-las-maquinas-y-el-compliance-electronico)

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