Derecho penal, Derecho procesal penal

Las cuentas falsas en redes sociales. ¿Podrían constituir delito?

Las redes sociales son una realidad muy arraigada en el siglo XXI en la sociedad moderna. No sólo sirven para conectar con amigos, familiares, contactos profesionales en la búsqueda de trabajo o en la empresa en la que se trabaja. Pero no todo es tan bonito como se pinta.

Una vez dicho esto, cabe señalar que la gran profusión de las redes sociales en todo los aspectos de la vída diaria de los seres humanos ha supuesto también la aparición de perfiles falsos para provocar la modificación de las opiniones de la sociedad en un sentido o en otro, o incluso provocar el pánico en momentos de crisis en cualquier Estado moderno.

Tras esta introducción, se puede destacar, en primer lugar, que “algunos jueces españoles ya han sentenciado que la naturaleza social y viralizadora de redes como Tuenti, Facebook, etc hace que ciertas actuaciones de los usuarios no puedan ser consideradas como “meras bromas“. Vamos, que ciertas publicaciones que creemos chorradas inocentes o putaditas entre conocidos, trascienden y superan lo que es algo sin importancia para convertirse en medios que sí pueden afectar gravemente al derecho al honor, a la buena imagen y, en definitiva a la reputación de las personas o a su salud física y mental (hay usuarios que han padecido graves depresiones psicológicas). Por ello, las sanciones que están cayendo no son precisamente moco de pavo, sino que se van a los varios miles de euros.

Estamos rodeados de perfiles falsos en todas las redes donde socializamos. Unos buscan la mera parodia del perfil al que imitan, todo el mundo sabe que son falsos y gozan de cierta permisión por la justicia en tanto en cuanto no ofendan el honor del imitado. Otros perfiles buscan confundir al usuario, meterle la creencia cierta de que están tratando con una persona determinada a la que falsifican, con el fin de obtener algo a cambio: una confidencia, un dato, una revelación un provecho, un lucro… Entonces hay suplantación de personalidad: se genera una apariencia de que ciertamente estoy tratando en Facebook, en Twitter, en Tuenti con tal persona, cuando realmente es otra que intenta metérmela doblada para sacar de mí tal o cual partido o simplemente para burlarse cruelmente en mi entorno de relaciones amistosas, familiares, etc.

Hay ocasiones en que no se mide bien el efecto que va a tener una determinada gracieta jugando con los perfiles sociales y muchas más son las veces en que la insana ignorancia de quienes abren una cuenta falsa o suplantando a  otra persona en Twitter, Facebook, Tuenti, Badoo, Google Plus, etc se atreve a proclamar abiertamente que las autoridades no podrían llegar hasta su casa porque no hay nada que los relacione con esos perfiles. “¿Qué prueba es una cuenta abierta con una dirección chunga de hotmail donde no pongo ni un dato mío?“, se preguntan. En unos casos y en otros, mediando la denuncia del afectado ante la Policía, la Guardia Civil o el oportuno Juzgado de guardia, al final las citaciones siempre acaban llegando a los domicilios. Con más o menos retraso, pero llegan. Si queréis un día hacemos un “back to basics” hablando de las direcciones IP y de los proveedores ISP, operadoras, etc”.

En segundo lugar, hay que decir, respecto a otro de los aspectos más importantes del tema de esta entrada, como es el de la suplantación de identidad, que “la nueva redacción de la Ley Orgánica 1/2015, de 30 de marzo, por la que se modifica la L.O 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal, da especial relevancia a los delitos relacionados con el uso de Internet. El artículo 401 tipifica como delito la usurpación del estado civil. Así, si un individuo entra en la cuenta o perfil de una red social de otra persona estará violando el derecho a la privacidad al acceder a sus datos personales constituyendo una revelación de secretos. Además, es frecuente el robo de las claves y contraseñas para poder acceder a este tipo de perfiles conllevando la comisión de otros delitos como el hackering o crackering (recogido en el artículo 264 del Código Penal). En numerosas ocasiones, el responsable de suplantar la identidad es un desconocido que, a través de correos electrónicos en los que se pide hacer clic en un enlace malicioso o descargar un fichero infectado, obtiene los datos necesarios para suplantar nuestra identidad.

La facilidad para obtener las contraseñas o para crear un perfil falso en redes sociales  o en aplicaciones de mensajería instantánea utilizando el nombre o fotografía de otra persona para poder contactar con sus amigos y enviarles mensajes, revelar información privada, difundir rumores, o crear conversaciones falsas, dan lugar a la necesidad de dar regulación jurídica a estos supuestos.

Cabe preguntarnos si es posible aceptar como medio de prueba información extraída de redes sociales al ser estos fácilmente manipulables, ya sea por la modificación de éstos, por la suplantación de identidad o por la creación de perfiles falsos.

¿Son válidas las conversaciones en las redes sociales como medio de prueba en juicio?

La Ley de Enjuiciamiento Criminal establece cinco medios de prueba: la confesión del procesado o responsable civil, examen de los testigos, informe pericial, prueba documental y la inspección ocular.

Sin embargo, en la actualidad, es habitual encontrarse medios de prueba distintos de los mencionados en la Ley como, por ejemplo, conversaciones en redes sociales (Facebook, Twitter, etc), pantallazos o conversaciones en sistemas de mensajería instantánea como WhatsApp. Nada dice la ley sobre la inclusión de este tipo de medios de prueba.

Como solución  a este vacío legal, el Tribunal Supremo ha dictado una sentencia pronunciándose al respecto, en un supuesto en el que se aportaron como pruebas pantallazos de la cuenta de Tuenti de la víctima, menor de edad víctima de abusos sexuales por parte del novio de la madre, en el que se podía leer como ésta relataba los hechos a una amiga.

El Tribunal Supremo se pronunció fijando los criterios para aceptar los mensajes de las redes sociales como prueba en los juicios llegando a la conclusión de que la transcripción de diálogos mantenidos a través de estas redes son válidos siempre y cuando se realice una prueba pericial para identificar el verdadero origen de la comunicación, la identidad de los interlocutores y la integridad de su contenido. Además, la carga de la prueba recaerá sobre aquella parte que pretenda demostrar la veracidad del contenido.

Y esto porque los email, WhatsApp y demás mensajes suelen aportarse al procedimiento judicial en CD, DVD, memoria USB o cualquier otro soporte magnético digital que contienen una reproducción o copia del original lo cual no demuestra que sea una fiel copia de la realidad. La facilidad para modificar dichos ficheros, no solo en el remitente sino también en el contenido, hace necesario la necesidad de apoyar dichas pruebas con otras que demuestren la veracidad de éstas.

El Tribunal llegó a la conclusión de que era necesario aceptar como prueba dichos medios por el uso generalizado por parte de la población. Sin embargo, advierte de la necesidad de abordar dichas pruebas de forma cautelosa al ser fácil manipularlas.  Así, menciona en la sentencia que «el anonimato que autorizan tales sistemas y la libre creación de cuentas con una identidad fingida, hacen posible aparentar una comunicación en la que un único usuario se relaciona consigo mismo».

En este supuesto, fue la víctima quién presentó los pantallazos. Pero, pueden darse casos en los que se quiera inculpar a la parte contraria y se use para ello conversaciones  creadas desde perfiles falsos o a partir del robo de las contraseñas de éstas. Por ello, el Tribunal advierte de la cautela que se debe mostrar a la hora de admitirlas como pruebas en un juicio“.

Llegados a este punto, se plantea la pregunta de si estos perfiles falsos en redes sociales constituyen delito. Cabe indicar respecto a esto, en primer lugar, que “unos hechos que últimamente están acaeciendo con una preocupante normalidad, es la creación de perfiles falsos en las distintas redes sociales, como puede ser facebook, twitter o tuenti, entre otros. Pero hay casos y casos, y dependiendo de las características de este, nos podemos encontrar en diferentes situaciones, siendo algunas legales, y otras no.

Hay casos en que no se comete ningún tipo de ilícito civil ni penal, y puede no conllevar ningún tipo de sanción, o, como mucho, puede conllevar la eliminación del perfil por parte de los administradores de la red social, ya que no se cumplen los términos de uso. Es el caso en el twitter de «EspeonzaAguirre». Es un perfil falso, el cual se dedica a parodiar a Esperanza Aguirre, pero en ningún momento le suplanta la identidad. También es el caso de «Llourinho», que es un perfil que parodia a Mourinho, entrenador del Real Madrid Club de Fútbol, entre otros.

También se puede crear un perfil falso pero sin utilizar ni fotos ni datos personales del afligido. En este caso no hay ni ilícito penal ni civil, como bien dice la Oficina de Seguridad del Internauta, lo único que se puede hacer es denunciar el perfil falso a la red social para que lo elimine.

Ahora bien, en el caso de que se intente suplantar nuestra identidad, utilizando nuestras fotografías y/o nuestros datos personales, si que comportaría un ilícito civil, ya que se estaría violando el derecho a la propia imagen, que lo encontramos recogido en el artículo 18.1 de la Constitución Española que dice:

“Artículo 18.1. Se garantiza el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen.”

Como podemos ver, es un precepto muy amplio que necesita una matización, por cuanto que el infractor de no cesar en su actividad, nos obligaría a interponerle una demanda civil para proteger nuestro derecho al honor e intimidad personal solicitando por ello en función del daño producido, cuantías dineraras en concepto de responsabilidad civil.

Por otro lado, en el caso de que una persona se haga pasar por nosotros en cualquier tipo de red social, nos podríamos encontrar con un delito penal, regulado en el artículo 401 del Código Penal, referente a la usurpación del estado civil, que dice:

“El que usurpare el estado civil de otro será castigado con la pena de prisión de seis meses a tres años.”

Es decir, hacerse pasar por otra persona vía facebook, twitter, tuenti…. Puede comportar prisión de 6 meses a 3 años. Claro que, como dice la jurisprudencia del Tribunal Supremo, en una Sentencia de 23 de mayo de 1986, se cometerá ese delito cuando se cumplan una serie de requisitos que serían los siguientes:

“Usurpar el estado civil de una persona es fingirse ella misma para usar de sus derechos, es suplantar su filiación, su paternidad, sus derechos conyugales, es la falsedad, aplicada a la persona y con el ánimo de sustituirse por otra real y verdadera”

Es decir, la usurpación del estado civil, no solo comporta hacerse pasar por otra persona, sino que también comporta usar sus datos y suplantarlo en diversas facetas de su vida, en favor del suplantador, como podría ser la utilización de una tarjeta de crédito o el uso del DNI del suplantado por parte del suplantador.

En el caso de que se esté suplantando la identidad, o se conozca de algún caso, debemos acudir a la Policía o a la Guardia Civil, ya que tienen unidades específicas para luchar contra el cibercrimen”.

Es decir, la primera conclusión que se puede deducir de esto, es que sí que constituye la suplantación de identidad en redes sociales un delito y que se debe acudir a las autoridades para que actúen en consecuencia.

Avanzando con este último aspecto, cabe señalar, para aclarar más las dudas, que “existen múltiples perfiles falsos basados en personajes famosos, algunos de ellos con la clara intención de hacer parodia del mismo. En algunos casos, estas cuentas paródicas cuentan incluso con más seguidores que la cuenta principal.

Dado que las distintas redes sociales cuentan con sus propios mecanismos para distinguir las cuentas oficiales de personajes famosos mediante el uso de un signo distintivo que avala esta verificación de identidad, y por lo tanto no suele existir un riesgo de confusión, esto no tiene por qué suponer ningún problema siempre que se trate de una actividad que se desarrolle de buena fe.

También es posible que se trate de un personaje ficticio con la única intención de salvaguardar la privacidad del usuario y no ser reconocido por terceros. En este caso tampoco tiene mayor trascendencia aunque las condiciones de uso de algunas redes sociales obligan al usuario a utilizar su nombre real por lo que, si detectan que se trata de un perfil falso, es posible que te cierren la cuenta.

El problema suele surgir cuando tratamos realmente de hacernos pasar por otra persona o marca, esto es, cuando existe una clara intención de engañar a otros usuarios pero, de nuevo, habrá que analizar la actividad concreta que se lleva a cabo en la red social para poder determinar su gravedad.

En el caso concreto de las marcas o nombres comerciales, las redes sociales cuentan con sus propios mecanismos para denunciar este tipo de situaciones y evitar que otras personas se aprovechen de la notoriedad de las mismas. Una actividad de estas características constituiría una infracción de la Ley de Marcas.

Ahora bien, se han dado casos en los que se han abierto páginas de fans de marcas o productos que han llegado a tener mucho más éxito que la propia página oficial. En estos casos, siempre es interesante reflexionar si la vía de la confrontación es la solución más inteligente, o si quizá resulte más beneficioso llegar a un acuerdo de colaboración con el administrador de la página.

En el caso de las cuentas que tratan de suplantar la identidad de personas reales, la casuística es mucho más amplia. En principio, este supuesto no se identificaría de forma automática con el delito de usurpación de estado civil descrito en el Código Penal, puesto que para ello es necesario que el usurpador trate de ejercitar algún derecho del titular, más allá de hacerse pasar por esa persona.

Asimismo, habrá que tener en cuenta el procedimiento por el que se ha llegado a esta suplantación de identidad. Si en vez de un perfil creado ex novo se tratase de un acceso indebido a una cuenta ya existente, podríamos estar hablando de un delito de descubrimiento y revelación de secretos, al producirse un acceso no autorizado a comunicaciones privadas del titular como los mensajes privados.

Este supuesto se aprecia de forma aún más clara cuando el suplantador utiliza el perfil en la red social para difundir información privada de la víctima como, por ejemplo, fotografías o datos personales.

Y si además, el suplantador dañase o alterase la información guardada por afectado en su perfil de la red social, podríamos estar hablando también de un delito de daños informáticos.

Por otro lado, es muy frecuente que el uso de estos perfiles falsos se origine a modo de venganza contra el titular de los mismos. Si, por ejemplo, el suplantador utilizase ese perfil para lanzar injurias o calumnias contra el titular, podríamos estar hablando de un delito contra el honor.

De igual modo, si el suplantador utilizase la cuenta para amenazar a otras personas, realizar una apología del delito o llevar a cabo una estafa, la conducta se identificaría con el correspondiente delito.

En todo caso, teniendo en cuenta cómo el elemento de la supranacionalidad en internet suele dificultar la resolución de conflictos por la vía judicial, muchas veces es recomendable que el primer paso para lograr la cesación rápida de la conducta se lleve a cabo a través de los propios mecanismos internos de las redes sociales, que además son gratuitos.

Todo ello sin perjuicio de que, con posterioridad, el afectado decida ejercitar cualesquiera acciones legales que le correspondan”.

Pero el gran problema es que no se suelen perseguir, ya que, como destaca El Español, “si tienes cuenta en cualquier red social, es prácticamente seguro que te has encontrado algún “bot”, usuarios falsos que se comportan como si fueran reales; puede que hayan intentado venderte algo, o darte una opinión que no has pedido, o simplemente te hayan solicitado pulsar en un enlace.

Aunque parezca una pequeña molestia, la verdad es que los usuarios falsos suponen una buena parte del tráfico total de las principales redes sociales; más preocupante aún es que estas no parecen tener interés alguno en acabar con estas prácticas.

Es una de las conclusiones del último informe del StratCom (Centro de Comunicaciones Estratégicas) de la OTAN, centrado en esta ocasión en la influencia de las redes sociales y cómo pueden ser manipuladas.

Por qué hay tantos usuarios falsos en redes sociales

Los investigadores de la OTAN estudiaron el comportamiento de redes como Facebook, Instagram, Twitter y Youtube, durante cuatro meses entre mayo y agosto de 2019. Para comprobar hasta qué punto es posible manipular el contenido disponible en redes sociales, decidieron buscar maneras de generar interacciones de manera artificial.

Es el objetivo de todas las empresas, gobiernos y organizaciones: maximizar el alcance de su campaña publicitaria, su desinformación (“fake news”) y su mensaje político o ideológico. Hay toda una ciencia y todo un negocio montado alrededor de generar esas interacciones; los anunciantes, por ejemplo, buscan interacciones genuinas (o al menos, que lo parezcan) para hacerse “virales” y que la imagen de su producto llegue a más gente y a otros medios.

No es ningún secreto que existe un mercado negro alrededor de estas prácticas, basado en crear usuarios falsos que generen esas interacciones de manera automática. Los investigadores de la OTAN no solo descubrieron lo fácil que es conseguir esas cuentas e interacciones falsas; también que las empresas detrás de las redes sociales no persiguen estas prácticas.

Los investigadores usaron 300 € para comprar interacciones falsas en las redes sociales estudiadas. Por esa cantidad, obtuvieron cifras absurdas de interacciones para sus cuentas:

  1. 3.520 comentarios.
  2. 25.750 “Me gusta” o “likes”.
  3. 20.000 visitas.
  4. 5.100 seguidores nuevos.

Basándose en esas interacciones, consiguieron identificar unas 19.000 cuentas falsas, usadas para estos propósitos. Lo cual no es sorprendente, ya que crear una cuenta en estos servicios no es difícil, y suele bastar con tener un correo electrónico, algo fácil y barato de conseguir.

Tal vez más preocupante es que esta actividad falsa no fue perseguida de manera activa por Facebook, Twitter y el resto de servicios. Los investigadores comprobaron que, un mes después de comprar las interacciones, el 80% de las cuentas usadas aún seguían activas.

Puede parecer simplemente que los algoritmos no consiguieron detectar estas interacciones como falsas. Pero esa teoría no se aguanta por una sencilla razón: las cuentas se mantuvieron incluso después de ser denunciadas. Los propios investigadores denunciaron las cuentas, y tres semanas después, el 95% de las cuentas denunciadas seguían activas.

Los problemas de las redes sociales

Los resultados fueron similares en todas las redes estudiadas, aunque hubo algunas diferencias. Por ejemplo, la web que más cuentas falsas permitió fue Youtube; pero al mismo tiempo, también fue la mejor a la hora de eliminar visitas y likes generados con esas cuentas falsas.

Twitter fue la mejor a la hora de identificar y eliminar las cuentas falsas; pero también es la red social más fácil de manipular, por la velocidad a la que se extienden las interacciones y el contenido falso.

Por su parte, Facebook destacó bloqueando la creación de cuentas falsas, pero tiene problemas a la hora de borrar el contenido y las interacciones falsas generadas por las que cuentas que consiguen ser creadas, algo que también ocurre en Instagram.Porcentaje de cuentas falsas eliminadas después de seis semanas

Porcentaje de cuentas falsas eliminadas después de seis semanas StratCom

Todas las grandes redes sociales se han comprometido a luchar contra este tipo de manipulaciones, pero los resultados no se notan. Es por eso que últimamente la prioridad no está tanto en eliminar cuentas sospechosas, sino en reducir su visibilidad; por ejemplo, haciendo que aparezcan menos en nuestro timeline“.

Espero que estas aclaraciones sirvan para aclarar dudas a los servicios respecto a este tema.

FUENTES:

  1. Las redes sociales como pruebas en el ámbito jurídico. REVISTA DIGITAL: https://revistadigital.inesem.es/juridico/las-redes-sociales-en-el-ambito-juridico/
  2. La gran mentira de las redes sociales: crear usuarios falsos es barato y no se persigue. PERIÓDICO EL ESPAÑOL: https://www.elespanol.com/omicrono/20191209/mentira-sociales-usuarios-falsos-barato-no-persigue/450705266_0.html
  3. Responsabilidad jurídica de los perfiles falsos en redes sociales. BLOGUISMO: https://www.bloguismo.com/responsabilidad-juridica-de-los-falsos-perfiles-en-redes-sociales/
  4. PERFILES FALSOS, REDES SOCIALES Y DELITO. TEMA MONT ADVOCATS: http://www.tevamontadvocats.es/perfiles-falsos-y-delito-sabadell/
  5. ¿Usar un perfil falso en redes sociales es un delito? AGAZ: https://agaz.es/usar-un-perfil-falso-en-redes-sociales-es-un-delito/

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