Derecho general

La gestión del coronavirus por el Gobierno central

La gestión que está haciendo el Gobierno central de la crisis del COVID-19, con largas ruedas de prensa, en las que al final filtraban las preguntas de la mayoría de los medios de comunición y sólo admitían las preguntas de aquellos medios afines a la ideología del Gobierno, está creando una situación en la que los periodistas han terminado por decir basta por no poder asistir ni siquiera a las ruedas de prensa.

Por otro lado, cabe señalar que la mala gestión no termina ahí. Y se ha de destacar que se debe a la ineficiencia de las autoridades sanitarias por el hecho de haber ocultado datos, además de todo lo relativo a no habernos provisto de medios de prevención (entre otros, tests para determinar si una persona tiene la nueva enfermedad, no hacer tests a la gente para determinar si mueren por conoravirus o si están libre de peligro, etc.), sino que además se tiene que destacar el hecho de no ayudar a los profesionales sanitarios para su prevención, siendo el sector más útil en medio de esta pandemia global. Y también se ha de destacar el hecho de que ya desde organismos internacionales como la OMS nos habían advertido de la rapide de propagación.

Como destacaba el periódico El Diario el pasado 3 de abril de 2020, cabe señalar que “la gestión que el Gobierno de Pedro Sánchez está haciendo de la crisis provocada por el coronavirus no convence a los españoles. Un estudio de Metroscopia realizado en varias oleadas revela que una mayoría desaprueba “la forma en que está actuando el Gobierno para prevenir el coronavirus”, cuando hasta ahora la ciudadanía aprobaba al Ejecutivo. Según los últimos datos, un 51% desaprueba la gestión de la pandemia, por un 39% que la aprueba. Hace un mes, las cifras eran las contrarias: un 64% a favor, por un 24% en contra.

Metroscopia inició su trabajo de campo a finales de febrero, cuando la epidemia provocada por el virus SARS-CoV-2 apenas había impactado a España. Desde entonces, la empresa sociológica ha realizado varias oleadas de encuestas, que reflejan un descenso paulatino de la valoración de los españoles hasta el suspenso que determinan las encuestas realizadas entre el 30 de marzo y el 2 de abril.

Del conjunto de las instituciones, la que peor sale parada es la Unión Europea, que apenas recaba un 19% de valoración positiva. Al otro lado de la tabla están los ayuntamientos, que reciben el aprobado del 76% de los encuestados. Las Comunidades Autónomas aprueban (60%)”.

Y también se puede añadir que no se hayan adoptado desde las autoridades centrales las medidas desde las recomendaciones. Pero por otro lado no podemos los ciudadanos quedarnos callados por esto, sino que además hayan pintado como estado de alarma lo que en realidad es un estado de excepción, único estado de los previstos en el artículo 116 de la Constitución que se prevé la suspensión de derechos fundamentales.

En esta línea, cabe señalar que “poco a poco vamos conociendo mejor al enemigo que provoca la pandemia que padecemos, pero si nos sirve de consuelo, en epidemias del pasado como la del cólera morbo que azotó España en 1884, ni siquiera sabíamos que se trataba de una bacteria hasta que el microbiólogo alemán Koch descubrió el bacilo en forma de coma que la provoca. Ahora, en pocos meses, conocemos hasta el genoma del nuevo coronavirus.

Pero todavía ignoramos mucho sobre sus mecanismos de transmisión y su comportamiento como patógeno. Cada vez que las autoridades sugieren un nuevo consejo, como el de utilizar todos mascarillas en la calle, nos damos cuenta de que anteriormente hemos estado en manos de verdaderos irresponsables.

Lo de que el virus sólo se transmitía por gotículas y de que era tan grande que “caía por su peso al suelo en solamente unos centímetros”, no se lo creían más que unos cuantos iluminados, no ya los científicos, sino la generalidad de la población venía intuyendo que no bastaba para infectarse con recibir un golpe de tos o un estornudo a corta distancia.

Poco a poco, en medio de insoportables reiteraciones sobre aquello de que “lo venceremos entre todos” o de supuestas informaciones matemáticas sobre “picos de curvas” y otras sandeces, hemos ido recibiendo nuevos datos sobre medidas de protección imprescindibles que hace sólo unos días se venían descuidando. Ahora se confirma que el virus no sólo está en las gotículas respiratorias y cae con ellas, sino que puede también infectar en forma de aerosol.

También fuimos aprendiendo que conviene lavar los alimentos o sus envases utilizando agua con unas gotas de lejía y hasta desinfectar la suela de los zapatos al regresar de la compra o de la farmacia. ¿Alguien podía creer que el alto número de conocidos de todos y cada uno de nosotros que ha contraído la infección podía deberse sólo a la mala fortuna de cruzarse frente a un golpe de tos o un estornudo de nuestros semejantes?

Vamos entonces a tratar de encontrar el número real de personas que se han infectado en España desde la aparición de la pandemia, no me atrevo a decir que en marzo, porque seguramente se venían dando casos anteriormente sin que fueran diagnosticados. ¿Qué número real de infectados ha habido?

Seguramente nunca sabremos el número real de infectados.

No llegaremos a saberlo porque la población base ni ha sido testada, ni lo está siendo ahora, ni lo será probablemente en los próximos meses, y esa carencia del dato basal se debe principalmente a dos circunstancias: las personas asintomáticas pueden actuar como transmisores y además, no se cuenta con equipos de test, ni fiables ni suficientes para detectarlas.

Suponiendo en un alarde de optimismo que nuestro Gobierno fuera capaz de conseguir tales equipos en un plazo razonable, tampoco se podría hacer en una primera etapa un muestreo general de la población, ya que habría que comenzar por proteger a los profesionales sanitarios implicados en la lucha, después a los ancianos y otros colectivos especialmente vulnerables; en definitiva testar a la población de manera masiva es por el momento inviable.

No hay otro medio que especular para tratar de aproximarnos al número real de contagiados, y para ello podemos comenzar por un dato tristemente cierto: el número de fallecidos. con los datos que nos suministran en estos momentos la letalidad del virus Sars Cov-2, a día de hoy, con 130.000 infectados en números redondos, y 12.000 fallecimientos, la letalidad se aproximaría al diez por ciento, y nos negamos a admitir tamaña capacidad destructiva.

No la admitimos por los precedentes conocidos de virus similares, como el Sars 1 o el Mers (la letalidad máxima de este último no superó el 6%) ni por los datos iniciales obtenidos en China ni por la estrategia evolutiva de este tipo viral, que trata más de difundirse que de matar, ya que la muerte supone en corte de su cadena de reproducción y de infección,

Si partíamos de la suposición de un 2´6 como máximo de letalidad en el actual Sars Cov-2, y descartando que haya mutado hacia una mayor agresividad mortífera en el último mes, nos sentimos tentados a añadir un cero al número supuesto de infectados para aproximarnos a lo que podría ser el número real, posiblemente en torno al millón de individuos como mínimo.

Atención, porque este supuesto no debe aumentar el terror ante la pandemia, antes bien nos informa sobre una capacidad de matar muy inferior a la que podría deducirse de los números que se nos ofrecen como reales, y no estamos hablando de engaño, sino de falta de información básica. El retraso en la toma de medidas por parte del Gobierno es otro tema, que seguramente terminará en los tribunales de justicia.

Por cierto, en su última, larguísima y patética alocución del Sr. Presidente por medio de la televisión pública, después de entrar en bucle hablando de una curva que se enredó en su dialéctica hasta convertirse en ovillo, volvió a referirse al “Comité de expertos científicos que le asesora”. ¿Quiénes son tales expertos Sr. Presidente? Por favor publique sus nombres y deje que ellos nos informen, al menos durante unos minutos al día.

Porque queremos estar informados científicamente, y además porque creemos en la Ciencia española. Volviendo a hacer referencia a la epidemia de cólera de 1884 en nuestro país, recordemos que la vacuna fue descubierta por un “médico de pueblo” español, el Dr. Ferrán, a pesar de que ni políticos ni colegas soberbios le tomaban en principio en serio.

De aquella epidemia, magistralmente estudiada por el Dr. Juan José Fernández Sanz en su libro 1885: el año de la vacunación Ferrán (Fundación Ramón Areces 1990), se pueden extraer consecuencias que hoy merecen una reflexión.

Por ejemplo la dimisión del ministro Romero Robledo debida a su deficiente gestión de la crisis, o la entusiasmada adhesión del pueblo al Rey Alfonso XII cundo tomó el tren en Atocha y se marchó a Aranjuez, uno de los focos del cólera, para visitar enfermos y compartir el rancho con los soldados que los protegían. El pueblo suele mostrarse muy sensible durante las catástrofes.

También comenta el autor el peligro que supuso para la España de la Restauración el rebrote de conductas cantonales a causa de la epidemia tras los horrores separatistas de la Primera República que se creían superados. Reflexionen sobre ello los Presidentes autonómicos porque el problema no es cantonal, es de España y del Planeta en visión global”.

Por último cabe señalar que “

Ante el nuevo protocolo de actuación frente al coronavirus aprobado el 31 de marzo por el Ministerio de Sanidad, los Consejos Generales de Dentistas, Enfermeros, Farmacéuticos, Médicos y Veterinarios, instituciones que engloban a más de 700.000 profesionales sanitarios en España, han expresado su absoluto rechazo respecto de las medidas y recomendaciones contenidas en este documento.

De acuerdo con el documento de los Consejos Generales de los profesionales sanitarios, algunas de las nuevas pautas presentadas el viernes,  3 de abril, por el Ministerio de Sanidad suponen un elevado riesgo para la seguridad de los profesionales y de sus pacientes. Algunas de estas medidas y recomendaciones, lejos de contener la epidemia y preservar la salud pública, representan un riesgo evidente para sanitarios y pacientes.

Y advierten que consideran especialmente alarmante el punto B. 2 que hace referencia a la incorporación al puesto de trabajo de los profesionales sanitarios transcurridos siete días desde el inicio de los síntomas y en ausencia de fiebre cuando no se realiza prueba diagnóstica. Tampoco incluye la Guía la situación de muchos profesionales asistenciales que no se encuentran en el ámbito hospitalario y que se encuentran en diferentes centros y establecimientos sanitarios, de adscripción pública y privada.

El texto dice literalmente:

En caso de que no se realice la prueba de diagnóstico microbiológico, el trabajador se incorporará a su puesto de trabajo transcurridos 7 días desde el inicio de síntomas en ausencia de fiebre sin necesidad de toma de antitérmicos en los últimos 3 días y siempre que se haya resuelto la clínica respiratoria. Se incorporará a su actividad con mascarilla quirúrgica hasta completar 14 días desde el inicio de síntomas, evitando durante este tiempo el contacto con pacientes inmunodeprimidos”.

Rechazo manifiesto

Los Consejos Generales afirman que pueden aceptar, de ninguna manera, que ningún profesional sanitario sin hacerse el test y con pruebas confirmadas de negatividad se incorporen a sus puestos de trabajo, ya que supone un riesgo elevado para la población, pacientes atendidos, compañeros de trabajo e incluso su propia salud.

Dicha pauta de actuación introducida por el Ministerio de Sanidad viene a evidenciar dos realidades:

1. La ausencia de test suficientes para poder afrontar con garantías la pandemia de coronavirus y su expansión.
2. La falta de planificación necesaria en recursos humanos para poder cubrir las contingencias que genera la alta infestación en personal sanitario sin políticas de reingresos tras periodo de curación clínica de garantías

Después de advertir que España es el país con mayor número de profesionales contagiados del mundo, los Consejo Generales de los profesionales sanitarios señala que “la solución de reincorporar a toda prisa a los profesionales sanitarios infectados o con sospechas de estarlo, supone una temeridad inaceptable que puede provocar un aumento mayor aún de la expansión del virus entre los profesionales sanitarios, pacientes y ciudadanos. Las experiencias en países que han conseguido un mayor control de contagios demuestran que es fundamental hacer el test a los profesionales sanitarios de forma masiva con intención de conocer, con total certeza y evidencia científica quién debe incorporarse con garantías al puesto de trabajo tras haber padecido la infección”.

La medida denunciada, concluye la nota, no solo traspasa los límites científicos, sino los deontológicos de nuestras organizaciones y sin duda los jurídicos al poner en riesgos no solo al profesional sino a los ciudadanos a los que atiende”.

Como conclusión, cabe señalar como conclusión, puede destacarse que es hora que el Gobierno debe asumir su responsabilidad por el fallecimiento de todos los ciudadanos a cuenta del coronavirus contados, y todos aquellos sin contar.

FUENTES:

  1. ACTA SANITARIA: https://www.actasanitaria.com/las-profesiones-sanitarias-rechazan-por-inseguro-protocolo-de-sanidad-frente-al-coronavirus/
  2. EL DIARIO: https://www.eldiario.es/politica/espanoles-desaprueban-gestion-coronavirus-Gobierno_0_1012799537.html
  3. LIBERTAD DIGITAL: https://www.libertaddigital.com/opinion/miguel-del-pino/coronavirus-los-verdaderos-numeros-del-covid-19-90425/

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