Derecho, Nuevas tecnologías, Seguridad ciudadana

Derecho de las Nuevas tecnologías. Parte I

Las nuevas tecnologias están revolucionando el mundo en general, y el mundo o sector jurídico no podía quedarse atrás.

Hay que destacar, en primer lugar, que “las nuevas tecnologías y las llamadas tecnologías de la comunicación yde la información (TIC o IT) están revolucionando nuestra sociedad, las relaciones interpersonales y nuestra forma de entender el mundo. Por extensión, también el derecho y nuestra profesión de abogados. Es por eso que queremos mencionar las 10 tecnologías disruptivas que tendrán un mayor impacto en la sociedad durante los próximos años, y que supondrán nuevos desafíos y retos jurídicos en el sector legal enEspaña y que, sin duda, afectarán al desarrollo, la evolución y la forma de entender la abogacía.

Durante los próximos años, está previsto que tengan lugar numerosos cambios y transformaciones que supondrán una auténtica revolución (denominada ya por muchos como la cuarta revolución industrial”), que quizá pueda llegar a ser la mayor y más importante en la historia de la humanidad. ¿Estamos preparados para el cambio? ¿Cómo adelantarnos a un trabajo que todavía no existe o para una realidad que todavía no está consolidada y en un proceso todavía embrionario y primitivo? Sin embargo, los primeros en visualizar cambios y por tanto adelantarse a los acontecimientos, podrán fijar y situar sus despachos por delante de muchos otros, acotando los sectores que en un futuro próximo serán de capital importancia para las personas, las empresas, el derecho y la abogacía. Prior tempore potior iure. Los que sean visionarios y sean conscientes de las nuevas realidades que se avecinan, tendrán ventaja sobre el resto. La clave está en evolucionar y adaptarse al cambio. Una nueva revolución tecnológica está a punto de eclosionar. El futuro del empleo estará formado por trabajos que todavía no existen o por áreas o materias hasta ahora poco o nada conocidas o exploradas. La clave de los despachos será la especialización en estos sectores. Innovar, adaptarse y transformarse”.

Siguiendo a la revista El Notario, se debe señalar que “en las últimas décadas, se ha difundido, con mayor intensidad que encualquier época anterior, la idea de que las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (NT y TIC): desplazamiento de personas, flujo de noticias e interdependencia de los procesos económicos, han estrechado las relaciones entre las personas y los pueblos a escala planetaria. Es cierto que, en periodos anteriores, existían ya algunos desarrollos e inventos científicos y técnicos que habían supuesto una revolución al facilitar las comunicaciones y permitir una aproximación en las formas de vida. Pero ha sido la era de la informática y de la telemática la que más decisivamente ha contribuido a que se adquiriese la convicción de que el hábitat cívico de nuestro momento histórico es el de la “aldea global” o, más exactamente, “el hogar global”; en la medida en que con el acceso a Internet cada ciudadano puede establecer, sin salir de su domicilio, una conversación en tiempo real, sin límites en el espacio ni en las personas.

“En las últimas décadas, se ha difundido la idea de que las nuevas tecnologías de la información y la comunicación: desplazamiento de personas, flujo de noticias e interdependencia de los procesos económicos, han estrechado las relaciones entre las personas y los
pueblos a escala planetaria”

El pensamiento jurídico, desde finales pasado siglo, no fue insensible a la urgencia de tomar en serio la tarea de construir una teoría del derecho abierta, y responsablemente comprometida con la respuesta a las .nuevas necesidades y exigencias de los hombres que viven en la era de la informática. Esa nueva coyuntura reclama de los juristas, los filósofos y los teóricos del derecho una “consciencia tecnológica”, término acuñado por Vittorio Frosini para apelar a una actitud reflexiva, crítica y responsable ante los nuevos problemas que, en las diversas esferas del acontecer social, suscita la tecnología, y ante los que ni el derecho, ni quienes lo aplican o lo estudian pueden permanecer insensibles. Esa exigencia complica sobremanera la labor de los operadores jurídicos y los teóricos del derecho, porque les obliga a
ampliar el angosto horizonte de las autorreferencias normativas, con la apertura hacia los estímulos de la ciencia y la tecnología. Pero sólo mostrando sensibilidad a esa exigencia, la teoría del derecho será capaz de responder a los retos de la sociedades tecnológicas que inician la andadura del siglo XXI; lo que es tanto como decir que sólo en virtud de esa “consciencia tecnológica” la teoría del derecho tendrá pleno sentido (Atienza, Denninger, Losano, Pérez Luño, Westin y Baker …)”.

Y todo esto porque hay que destacar que “las repercusiones de la informática en el derecho están siendo cada vez másextensas e intensas. Dar cuenta de todas ellas resulta una tarea prácticamente inviable, entre otras cosas, por el carácter abierto y dinámico que reviste esa proyección. Baste pensar que, en el horizonte tecnológico del presente, muchos de los problemas y de las soluciones jurídicas tradicionales aparecen irremediablemente caducos. Esa nueva
situación impele al pensamiento jurídico a diseñar nuevos instrumentos de análisis y marcos conceptuales prontos para adaptarse a las exigencias de una sociedad en transformación. Para responder a esas exigencias se han forjado dos nuevas disciplinas. El derecho informático o derecho de la informática es una materia inequívocamente jurídica, conformada por el sector normativo de los sistemas jurídicos contemporáneos integrado por el conjunto de disposiciones dirigido a la regulación de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, es decir, la informática y la telemática. Mientras que la Informática jurídica tiene por objeto la aplicación de la tecnología de la información al derecho. Es una disciplina bifronte en la que se entrecruzan una metodología tecnológica con su objeto jurídico que, a su vez, condiciona las propias posibilidades o modalidades de tal aplicación. La Informática jurídica estudia el tratamiento automatizado de: las fuentes de conocimiento jurídico, a través de los sistemas de documentación legislativa, jurisprudencial y doctrinal (Informática jurídica documental ); las fuentes de producción jurídica, a través de la elaboración informática de los factores lógico-formales que concurren en el proceso legislativo y en la decisión judicial (Informática jurídica decisional); y los procesos de organización de la infraestructura o medios instrumentales con los que se gestiona el derecho (Informática jurídica de gestión ). La Informática jurídica, el derecho informático, y los sectores que los integran, constituyen, por tanto, una de las aportaciones más relevantes con que cuenta la teoría del derecho para responder a los apremios de las sociedades tecnológicas (Allen, Frosini, Losano, Pérez Luño, Sánchez-Mazas, Simitis, Susskind,
Tapper…).

“La nueva situación impele al pensamiento jurídico a diseñar nuevos instrumentos de análisis y marcos conceptuales prontos para adaptarse a las exigencias de una sociedad en transformación”

La revolución tecnológica y el derecho
La revolución tecnológica ha redimensionado las relaciones del hombre con los demás hombres, las relaciones entre el hombre y la naturaleza, así como las relaciones del ser humano para consigo mismo. Estas mutaciones no han dejado de incidir en la esfera del derecho.

1) En el plano de las relaciones interhumanas, la potencialidad de las modernas tecnologías de la información ha permitido, por vez primera, establecer unas comunicaciones a escala planetaria. Ello ha posibilitado que se adquiera consciencia universal de los peligros más acuciantes que amenazan la supervivencia de la especie humana. El desarrollo actual de la industria bélica sitúa a la humanidad ante la ominosa perspectiva de una hecatombe de proporciones mundiales capaz de convertir nuestro planeta en un inmenso cementerio. De ahí, que la temática de la paz haya adquirido un protagonismo indiscutible en el sistema de las necesidades insatisfechas de los hombres y de los pueblos del último periodo de nuestra historia colectiva. Tampoco puede soslayarse que el contexto regulado por el Derecho es el de una
sociedad donde la informática ha devenido el símbolo emblemático de nuestra cultura, hasta el punto de que para designar el marco de nuestra convivencia se alude reiteradamente a expresiones tales como la “sociedad de la información”, o a la “sociedad informatizada”.
El control electrónico de los documentos de identificación, el proceso informatizado de datos fiscales, educativos y médicos, el registro y gestión de las adquisiciones comerciales realizadas con tarjetas de crédito, así como de las reservas de viajes, representan algunas muestras bien conocidas de la omnipresente vigilancia informática de nuestra existencia habitual. Nuestra vida individual y social corren, por tanto, el riesgo de hallarse sometidas a lo que se ha calificado, con razón, de “juicio universal permanente” (Frosini). Ya que, en
efecto, cada ciudadano fichado en un banco de datos se halla expuesto a una vigilancia continua e inadvertida, que afecta potencialmente incluso a los aspectos más sensibles de su vida privada; aquellos que en épocas anteriores quedaban fuera de todo control por su variedad y multiplicidad. Estas circunstancias han generado en los ciudadanos más sensibles a la defensa de su intimidad el denominado “síndrome del pez rojo”, es decir, la sensación de hallarse sometidos a mecanismos de control tecnológico capaces de perforar, de forma inadvertida, aspectos esenciales de su vida privada.

“La revolución tecnológica ha redimensionado las relaciones del hombre con los demás hombres, las relaciones entre el hombre y la naturaleza, así como las relaciones del ser humano para consigo mismo”

Como respuesta a la “contaminación tecnológica” de las libertades se ha formulado el derecho a la autodeterminación informativa (Recht auf informationelle Selbstbestimmung), construcción de la doctrina y la jurisprudencia germanas, que tiene su equivalente en los países latinos en el derecho a la libertad informática. Tal derecho tiene una importancia decisiva en las sociedades tecnológicas del presente. Su función se cifra en garantizar a los ciudadanos unas facultades de información, acceso y control de los datos que les conciernen almacenados en ficheros informatizados (Denniger, Frosini, Losano, Lucas Murillo de la Cueva, Pérez Luño …).

El derecho a la libertad informática constituye una modalidad de libertad personal reconocida a los ciudadanos tendente a proteger jurídicamente su “identidad informática”. Para el ejercicio del derecho a la libertad informática se precisa reconocer a los ciudadanos las facultades de
conocimiento y acceso a sus propios datos personales. Para ello, se postula una nueva acción procesal, que por analogía al tradicional habeas corpus, se denomina habeas data. El habeas data constituye, un
cauce procesal para salvaguardar la libertad de la persona en la esfera informática, que cumple una función paralela, en el seno de los derechos humanos de la tercera generación, a la que en los de la primera
generación correspondió al habeas corpus respecto a la libertad física o de movimientos de la persona. No es difícil, en efecto, establecer un marcado paralelismo entre la “facultad de acceso” en que se traduce el habeas data y la acción exhibitoria del habeas corpus.

2) En el curso de estos últimos años, pocas cuestiones han suscitado tan amplia y heterogénea inquietud como la que se refiere a las relaciones del hombre con su medio ambiental, en el que se halla inmerso, que condiciona su existencia y por el que, incluso, puede llegar a ser destruido. La plurisecular tensión entre naturaleza y sociedad corre hoy el riesgo de resolverse en términos de abierta contradicción, cuando
las nuevas tecnologías conciben el dominio y la explotación sin límites de la naturaleza como la empresa más significativa del desarrollo. Los resultados de tal planteamiento constituyen ahora motivo de preocupación cotidiana. El expolio acelerado de las fuentes de energía, así como la contaminación y degradación del medio ambiente, han tenido su puntual
repercusión en el hábitat humano y en el propio equilibrio psicosomático de los individuos. Estas circunstancias han hecho surgir, en los ambientes más sensibilizados hacia esta problemática, el temor de que la
humanidad pueda estar abocada al suicidio colectivo, porque como l´apprenti sorcier, con un progreso técnico irresponsable ha
desencadenado las fuerzas de la naturaleza y no se halla en condiciones de controlarlas. En estas coordenadas debe situarse la creciente difusión de la inquietud ecológica. La ecología representa, en suma, el
marco global para un renovado enfoque de las relaciones entre el hombre y su entorno, que redunde en una utilización racional de los recursos energéticos y sustituya el crecimiento desenfrenado, en términos
puramente cuantitativos, por un uso equilibrado de la naturaleza que haga posible la calidad de la vida.

La inmediata incidencia del ambiente en la existencia humana, la contribución decisiva a su desarrollo y a su misma posibilidad, es lo que justifica su inclusión en el estatuto de los derechos fundamentales, así como el interés de la teoría del derecho por todo cuanto atañe a su problemática. Por ello, no debe extrañar que la literatura sobre el
derecho medioambiental, derecho y ecología, y el derecho a la calidad de
vida, constituyan uno de los apartados más copiosos en la bibliografía actual sobre las libertades y la teoría jurídica. Y parece poco
razonable atribuir este dato al capricho o a la casualidad.

3) De igual modo, las nuevas tecnologías han contribuido decisivamente a posibilitar un conocimiento más radical del propio ser humano. Durante milenios, el hombre ha sido un desconocido para sí mismo. Desde la
perspectiva de los avances científicos y tecnológicos de nuestro tiempo, no pueden dejar de considerarse como meras elucubraciones ingenuas e insuficientes las teorías y conjeturas rudimentarias, que desde la medicina, la biología, la psicología y la filosofía se venían haciendo sobre el significado y la estructura de la naturaleza humana. En los últimos años, los avances de la ingeniería genética y la biotecnología
han permitido trasladar desde la incertidumbre y la penumbra de las
elucubraciones a la seguridad de los datos científicos, el conocimiento de la vida humana. Los estudios sobre el genoma humano y la consiguiente revelación del mapa genético de nuestra especie, constituyen un nuevo marco de referencia para el estudio y la propia tutela de los derechos humanos.

Estos progresos no se hallan exentos de riesgos. Es sabido, que la etapa actual de desarrollo biotecnológico, junto a avances y desarrollos indiscutibles, ha generado nuevos fenómenos de agresión a los derechos y libertades. En esas coordenadas, se ha generado un movimiento de la doctrina jurídica y de la jurisprudencia de los países con mayor grado de desarrollo tecnológico tendente al reconocimiento de derechos en relación con la salud y la garantía de la persona frente a determinados usos y experimentaciones biomédicas”.

Por último, hay que destacar que “la aldea global nos exige, una presencia, un conocimiento, una actitud proactiva, el nacimiento de una identidad digital-real, como sujeto de derecho y obligaciones.

Conceptos como Derechos de autor en las nuevas tecnologías (publicaciones, post, copyright), la existencia de una necesaria seguridad -real y virtual- y en consecuencia en lo que nos afecta
como profesionales “la ciberseguridad, y la ciberamenaza”, (ciber acoso, ciberbulling, ciber etc…por supuesto ciber policia) una permanente duda ante los riesgos digitales por la ausencia de un territorio “físico y real” qué proteger y frente a sujetos que suelen estar difícilmente localizables e identificables y en algunos casos con ausencia de: “sujetos” (máquinas, robots, chatsbot p.ej), ataques a redes-router automatizadas, un mundo virtual para proteger y del que protegerse.

La “novedad” de lo que ni siquiera sabemos qué es, y para qué sirve; el Código Fuente, (incluso como fuente del derecho, y si no al tiempo), no nos deben asustar, pero debemos saber que están ahí.

Estamos acostumbrados cada vez más, y las noticias nos trasladan porcentajes astronómicos, no ya de ingresos, si no de usos habituales -ecommerce, en palabras de Marisa Manzano ejecutiva de Facebook “Ya no hay que hablar de ecommerce, hay que hablar de comercio digitalmente influido”, pero lo habitual y usual nos hace no tomar las debidas garantías, ahí nos encontramos con el comercio electrónico, las startup, la cibermoneda, -el Bitcoin-, y el blockchain, los contratos inteligentes o “smart contracts” Un cambio de filosofía, y el internet de las cosas, que no sabes qué es -pues puede que tu coche ya esté conectado a internet, y en casi nada tú “nevera”, ¿lo sabias?, pero y sabes qué significa, en qué te afecta y qué derechos tienes, o
lo que es peor, ¿cuáles derechos pierdes?, y cómo los protegemos.

Hasta llegar al Big Data, qué hacen con nuestros datos, de verdad pensáis que las aplicaciones de vuestros móviles (Android o IOS) son gratis, cada vez que las descargamos cedemos algo, derechos, y somos abogados, si hablamos de derechos que nuestra antena se ponga alerta, pues muy cerca están las
obligaciones.

En este mundo de compras, de delitos en la red, aparece la inteligencia artificial, su desarrollo y efectos. El nacimiento de máquinas que ¿nos ayudan? o ¿nos quitaran de en medio? Los jueces serán sustituidos por robots, pero y nosotros, los abogados, seremos también sustituidos, tanto corta, copia, pega nos fue útil, pero ahora será nuestra perdición, tendremos que volver a usar la cabeza, lo que nos haga diferente a la repetición, -la suma de bytes, de unos y ceros-, pero tranquilos el talento nunca podrá ser copiado.

Tras esta minientrada de lo que van a contener mis post, no quiero acabar con algo que tendremos que dominar no en el futuro, si no en nuestro presente más inmediato, saber defenderse de los abusos, el usuario online, pero sobre todo conocer la prueba electrónica, su
práctica en estrados (o quizá con el tiempo en aplicaciones o webs -jueces virtuales- que resuelvan reclamaciones y no lo digo por decir podeis verlo en Acceso a la web de la ciber corte de Hangzou): y en general los efectos de su no aplicación, el abogado que sabe que está
formado lleva un plus en el proceso, quien sabe aportar una prueba electrónica, y sobre todo impugnarla en el proceso, será la diferencia de resolverse el asunto a nuestro favor o no. La prueba lo es “casi” todo en el proceso”.

FUENTES:

  1. Nuevas tecnologías ¿de verdad? Un derecho tecnológico es necesario. Un abogado con visión informática. Legaltoday: http://www.legaltoday.com/gestion-del-despacho/nuevas-tecnologias/articulos/nuevas-tecnologias-de-verdad-un-derecho-tecnologico-es-necesario-un-abogado-con-vision-informatica
  2. El derecho ante las nuevas tecnologías. El Notario del Siglo XXI: http://www.elnotario.es/index.php/hemeroteca/revista-41/548-el-derecho-ante-las-nuevas-tecnologias-0-8050094412686392
  3. Tu abogado defensor: https://www.tuabogadodefensor.com/derecho-de-nuevas-tecnologias-2/

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