Derecho, Política

Las relaciones UE-EEUU en la era Trump. Parte II

El objeto de este artículo es dar continuidad a otro artículo anterior, con el fin de terminar la discusión del primer artículo.

Para ir terminando con la idea del primer artículo, hay que decir que “el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció en marzo de 2018 nuevos aranceles sobre las importaciones de acero y aluminio. Los eurodiputados consideraron esta decisión “inaceptable e incompatible con las reglas de la Organización Mundial del Comerico”. Además, mostraron su preocupación por los aranceles que Estados Unidos impuso en enero de ese año a la aceituna de mesa de España, principal productor mundial, al considerar que la estaban importando a un precio inferior al del mercado.

Las tensiones aumentaron el año pasado cuando el presidente de Estados Unidos amenazó con imponer aranceles adicionales a los vehículos europeos para proteger la seguridad nacional. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, se reunió con Trump en nombre de la UE para debatir la amenaza y acordaron relanzar las conversaciones comerciales”.

Pero también hay que señalar que “No va a ser fácil alcanzar un acuerdo. La UE busca proteger su industria automovilística, mientras que EEUU la presiona para facilitar que los agricultores estadounidenses vendan sus productos en Europa. Tradicionalmente, la UE ha sido más cautelosa con la producción de alimentos: prohibió productos como la carne de ternera tratada con hormonas o los pollos tratados con cloro.

El presidente de la comisión de Comercio Internacional, el eurodiputado socialista alemán Bernd Lange, mostró sus dudas ante las próximas conversaciones: “No estoy seguro de qué va a pasar, pero ya veremos. Y sí, creo que toda la estrategia detrás del mandato para las negociaciones es para calmar la situación y quizás ganar más tiempo”.

Lange, que dirigió las negociaciones sobre el TTIP, reconoció que la situaciación ha cambiado de forma significativa. Es evidente que Estados Unidos tiene un gobierno nuevo y la diferencia es grande. Este gobierno tiene una nueva estrategia comercial clara basada en dos pilares. Uno es la inversión a EEUU, y es po lo que tienen medidas proteccionistas. El segundo pilar es mantener a China por debajo y tratar de reducir su influencia”, explicó.

“Por supuesto, estamos tratando de crear un sistema de comercio basado en reglas. Nuestros acuerdos bilaterales se basan en reglas claras y no en el poder”, matizó el eurodiputado”.

Por otro lado, hay que señalar que “esta nueva actitud ha tensado las relaciones comerciales de los Estados Unidos con la Unión y otros socios. La Unión Europea ha presentado una queja ante la OMC contra los aranceles al acero y al aluminio y, en respuesta a ellos, ha impuesto aranceles a los productos estadounidenses para reequilibrar el comercio general entre la UE y los EE. UU. El 28 de marzo de 2019, el Órgano de Apelación de la OMC publicó su sentencia sobre Boeing, dando la razón a la posición mantenida por la Unión desde hace tiempo, en el sentido de que los Estados Unidos no adoptaron medidas para cumplir las normas de la OMC en lo relativo al apoyo a dicha empresa. El 8 de abril de 2019, el Gobierno Trump aumentó su presión sobre la Unión a fin de poner fin a lo que denominó «subvenciones perjudiciales» al fabricante de aviones Airbus. Publicó una lista de mercancías europeas, por valor de 11 000 millones de dólares estadounidenses, que podrían verse afectadas por aranceles punitivos en este litigio de larga duración, creando una espiral negativa que pondría en peligro un posible acuerdo bilateral entre la Unión y los Estados Unidos sobre reducciones arancelarias mutuas. Por parte de la Unión, el 15 de abril de 2019, el Consejo alcanzó un «acuerdo de principio» sobre las directrices de negociación que autorizan a la Comisión a iniciar negociaciones arancelarias con los Estados Unidos. En su periodo parcial de sesiones de marzo de 2019, el Parlamento no aprobó una resolución en apoyo del inicio de las negociaciones comerciales.

A pesar de esta retórica, las economías de la Unión y los EE. UU. siguen representando conjuntamente cerca del 50 % del producto interior bruto (PIB) mundial y un tercio del comercio mundial. En 2017, la Unión mantuvo su posición como mayor socio comercial de los EE. UU. en el comercio de mercancías, por delante de China y de Canadá, que es socio de los EE. UU. en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Los EE. UU. fueron el principal destino de las exportaciones de la Unión en 2018, absorbiendo el 20,8 % de las exportaciones totales de bienes de la Unión (en comparación con el 10,7 % correspondiente a China). Los EE. UU. ocuparon el segundo puesto entre los socios de importación de la Unión, y aun así suministraron el 13,5 % de los bienes importados por la Unión. En este sentido, los EE. UU. se quedaron por detrás de China, que suministró el 19,9 % de las importaciones totales de la Unión, pero superaron a Rusia y a Suiza, que suministraron el 8,5 % y el 5,5 %, respectivamente.

Las exportaciones de servicios de la UE a los EE. UU. aumentaron entre 2015 y 2017, al igual que las importaciones a la Unión de servicios de los EE. UU. No obstante, un descenso de las exportaciones de servicios de la UE en 2016 dio lugar a un superávit de comercio de servicios estadounidense de 2 800 millones de euros con la UE, y un descenso de las exportaciones de servicios de los EE. UU. en 2017 dio lugar a un superávit de comercio de servicios de la Unión de 12 500 millones de euros con los EE. UU.

La UE y los EE. UU. son los mayores inversores mutuos, pero en 2016 y 2017 se produjeron algunos retrocesos. En ambos años, las entradas de inversiones de los EE. UU. a la Unión fueron negativas y a ello le correspondió una disminución del volumen de inversión entrante en la Unión procedente de este país, mientras que el volumen de la Unión a los EE. UU. aumentó en 2017 tras un ligero descenso en 2016. Ello tuvo como resultado que aumentara todavía más el balance de inversiones positivo de la Unión, que en 2017 ascendió a 385 300 millones de euros. Podría afirmarse que la inversión directa bilateral, que por definición es un compromiso a largo plazo, es la fuerza motriz de las relaciones comerciales transatlánticas. Lo confirma el hecho de que el comercio entre sociedades matrices y filiales en la Unión y en los EE. UU. constituye más de una tercera parte de todo el comercio transatlántico. Según algunas estimaciones, las empresas de la Unión y de los EE. UU. que operan en el territorio del otro proporcionan empleo a más de 14 millones de personas”.

La verdad es que, como ya se deduce de todo lo expuesto, estas relaciones UE-EEUU están en una auténtica encrucijada comercial, política y económica, y ello con consecuencias brutales en sentido negativo para la economía de ambas zonas del mundo, dos de las zonas más ricas enfrentadas imponiendo aranceles a los productos de la otra.

Y es que “ningún presidente estadounidense ha sido, en los últimos años, tan despectivo y en ocasiones tan abiertamente hostil hacia Europa y la alianza transatlántica como Donald Trump. De hecho, el primer político extranjero en ser recibido por Trump tras su sorprendente triunfo fue Nigel Farage, el arquitecto de la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Una vez en su cargo, Trump ha arremetido reiteradamente contra los fabricantes de automóviles alemanas y el superávit comercial del país frente a Estados Unidos, e incluso en alguna ocasión afirmó que “los alemanes son malos, muy malos”. También criticó a los miembros de la OTAN que, según él, no pagan lo que les corresponde, y sacó a Estados Unidos del Acuerdo de París.

Gary Schmitt, codirector del Centro de Estudios de Seguridad del Instituto American Enterprise, sostiene que las relaciones transatlánticas no habían estado en tan bajo nivel desde hace décadas, probablemente desde la crisis del Canal de Suez. Entonces, hablamos de los años 1956/57, el presidente estadounidense Dwight D. Eisenhower, en un esfuerzo por impedir que interviniera la Unión Soviética, amenazó a Reino Unido y Francia, que en conjunto con Israel habían tomado el control militar del canal de manos de Egipto, con sanciones económicas si seguían adelante con su campaña. Y no siguieron”.

Y ya para finalizar, hay que señalar que “los economistas generalmente están de acuerdo en que el libre comercio aumenta el nivel de producción e ingresos económicos y, por el contrario, que las barreras comerciales reducen la producción y los ingresos económicos.

La evidencia histórica muestra que los aranceles aumentan los precios y reducen las cantidades disponibles de bienes y servicios para las empresas y los consumidores de EEUU, lo que resulta en menores ingresos, menor empleo y menor producción económica.

Los aranceles podrían reducir la producción de EEUU, ya que lo más probable es que se traslade el arancel a los productores y consumidores en forma de precios más altos. Los aranceles pueden aumentar el costo de piezas y materiales, lo que elevaría el precio de los bienes utilizando esos productos y reduciría la producción del sector privado. Esto resultaría en ingresos más bajos tanto para inversores como trabajadores. Del mismo modo, los precios al consumidor más altos debido a los aranceles reducirían el valor después de impuestos de los ingresos laborales y de capital. Debido a que estos precios más altos reducirían el rendimiento de la mano de obra y el capital, incentivarían a los estadounidenses a trabajar e invertir menos, lo que llevaría a una menor producción.

Alternativamente, el dólar estadounidense puede apreciarse en respuesta a los aranceles, compensando el posible aumento de precios en los consumidores estadounidenses. Sin embargo, un dólar más apreciado dificultaría a los exportadores vender sus productos en el mercado global, lo que generaría menores ingresos para los exportadores. Esto también resultaría en una menor producción e ingresos de los Estados Unidos tanto para los trabajadores como para empresarios, reduciendo los incentivos para el trabajo y la inversión y conduciendo a una economía menos activa.

Si todos los aranceles anunciados hasta el momento fueran llevados a efecto por los Estados Unidos y el resto de países, el PIB de los EEUU caería en un 0,66% ($ 165,15 mil millones) a largo plazo. Los salarios caerían en un 0,44% y el empleo en 512,000 puestos”.

Además, ambas partes tienen mucho que perder si continúa esta guerra, ya que “Ya ha habido aranceles sobre el acero y el aluminio europeos, lo que llevó al bloque a imponer aranceles del 25% sobre 2.800 millones de dólares de productos estadounidenses en junio de 2018, y hay una disputa en curso con respecto a Airbus y Boeing, pero los expertos creen que hay una disputa más amplia con Europa sería mucho más dañino que el actual enfrentamiento con China. Los líderes del G-7, las siete economías más grandes del mundo, debatirán sobre comercio mundial en una reunión en Francia a finales de esta semana.

“El comercio entre UE-EE. UU. es lo más importante. Es, con mucho, el mayor flujo comercial bilateral único en el mundo”, dijo Florian Hense, economista de Berenberg, a CNBC.

“Contando las exportaciones e importaciones de bienes y servicios, el comercio bilateral entre EE.UU. y la UE superó al de EE.UU. y China en 2018 en más del 70%”, agregó.

Los datos de la Oficina del Representante Comercial de EE.UU. muestran que en 2018, EE.UU. Importó $ 683.9 mil millones de bienes de la UE y $ 557.9 mil millones de China. Sin embargo, observando las exportaciones de EE. UU., estas alcanzaron $ 574.5 mil millones a Europa y solo $ 179.2 mil millones a China. Estas cifras incluyen bienes y servicios.

“En 2018, EE.UU. exportó más de tres veces más a la UE que a China”, dijo Hense, y agregó que la región, por lo tanto, podría devolver el golpe contra Washington.

Por su parte, la jefa de comercio de la UE, Cecilia Malmstrom, dijo que preferiría no estar en esta posición de introducir gravámenes, pero que lo haría si Estados Unidos ataca primero.

Tanto Estados Unidos como Europa no pueden permitirse una guerra comercial en esta etapa. “Si bien la guerra comercial entre Estados Unidos y China ahora está comenzando a tener efectos sobre la salud general de la economía, ha tardado un tiempo y algunos de los efectos fueron equilibrados por un clima económico benigno”, dice Fredrik Erixon, director del grupo de expertos ECIPE”.

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