Cine jurídico, Derecho, Derecho y cine

El Derecho a través del cine. Parte II.

Como se indicó en otra entrada sobre este tema, cabe recordar que esta forma de aprender el Derecho es la mejor manera de profundizar en el aprendizaje del derecho.

Dicho esto, cabe señalar que “si el Derecho es un fenómeno que nació con los primeros estados, con las ciudades, la administración y la escritura, y que fue cobrando mayor relevancia conforme aumentaba la población de las sociedades, hay que esperar que siga cobrándola en las excesivas megalópolis que ya se han implantado y seguirán creciendo en todos los continentes. Quizás en las diminutas aldeas bastará la moral para ejercer el control social, pero eso ya no ocurre en las enormes ciudades, donde se necesita el Derecho, que está vinculado a la complejidad (no sólo a la explosión demográfica; también al enriquecimiento económico y al desarrollo tecnológico). En cuanto al cine, a nadie se le oculta que hoy vivimos en un mundo audiovisual en el que las imágenes son un divertimento que ocupa nuestro ocio, a la vez que moldean el comportamiento de las personas, razón por la que otro cometido de la educación ha de ser el de potenciar la capacidad crítica frente al control del pensamiento que pueden ejercer. Por supuesto, existe el audiovisual bueno y el malo: en las últimas grandes transformaciones sociales emancipadoras, la revolución de la mujer, por ejemplo, el cine ha jugado un papel fundamental, pero también lo ha jugado para conseguir beneficios para las grandes empresas tabaqueras haciendo precisamente que las mujeres comenzaran a fumar. Dadas las dimensiones de ambos fenómenos, cabe esperar que aquello a lo que se refiera “Derecho y cine” también sea grandioso, aunque nazca como un sencillo experimento de mestizaje.

Para comprender en qué consiste la mixtura yo propondría algunos esquemas de coordenadas, díadas que nos permitan adentrarnos en la relativamente nueva disciplina: Derecho cinematográfico/ cine jurídico; Derecho y cine/ cine y Derecho; investigación/ educación jurídicas; crítica/ ideología jurídicas.

En cuanto a la primera dialéctica, (1) Derecho cinematográfico/ cine jurídico, hace referencia al tipo de relación que, en el sintagma, guardan el Derecho y el cine, pues la clase de conexión genera realidades diversas: o un sector del Derecho o un género fílmico. La rama del ordenamiento que llamaríamos Derecho cinematográfico, compuesta por todas aquellas normas que de una manera u otra regulan el cinematógrafo, no está creada, pero podríamos inventarla: por supuesto incluiría los derechos fundamentales a la libertad de expresión y de creación artística, la propiedad intelectual cinematográfica, los delitos cometidos por medio de los audiovisuales (piénsese en las snuff movies), los contratos civiles, laborales y mercantiles que regulan las relaciones jurídicas que se producen en torno al cine, o la regulación del control administrativo sobre las películas, normativa esta última que ha dado lugar a la censura y, por tanto, ha participado en la creación del cine, además de constituir la temática de un buen número de filmes (por ejemplo los referidas a la caza de brujas durante el macartismo en los Estados Unidos). Con la expresión cine jurídico, en cambio, no nos referimos a cierto sector del ordenamiento sino a un género fílmico que, como en el caso del Derecho cinematográfico, tampoco existe pero podríamos inventarlo para referirnos al cine que desarrolla argumentos jurídicos. Un género temático, por tanto (como el cine social, el cine religioso, el cine político, etc.). En este sentido, es el peso del Derecho en el argumento el que convertiría una película en jurídica: Twelve angry men (Sidney Lumet, 1957) bien puede valer como ejemplo paradigmático de este tipo de cine, pero que eso no haga pensar al lector que el cine jurídico se identifica con el cine judicial, porque no es así, porque el Derecho no se reduce al proceso; es decir, la temática jurídica no siempre aparece en sede judicial.

La segunda díada, (2) Derecho y cine/ cine y Derecho, hace referencia a la distinción objeto/ perspectiva, que trae consigo que se generen productos distintos. Hablamos de Derecho y cine para indicar que el punto de vista es el jurídico (o, mejor, yo diría, el jurídico-político) y el objeto que se observa es el cine, y no al revés. Dicho de otra forma, el cine es un instrumento que se utiliza para conocer y comprender mejor la temática jurídica, verdadera protagonista en los estudios de Derecho y cine, que se sirve de Rashomon (Akira Kurosawa, 1950), por ejemplo, para explicar que el conocimiento de los hechos, en el Derecho, resulta fundamental y problemático, aunque también hay que advertir que la mixtura de uno y otro fenómenos puede producir distintos e interesantes resultados.

La tercera dialéctica, (3) investigación/ educación jurídicas, habla del sentido de Derecho y cine, entendido ya como objeto de estudio ya como medio de enseñanza. En el primer caso, se trata de un tipo de investigación humanística, análoga a la de Derecho y literatura, que abre muchas posibilidades al estudioso del Derecho y al del cine. En este sentido, para la perspectiva jurídica, la película puede tomarse como dato sociológico o histórico, como contenido ideológico o como punto de partida para el análisis de una teoría o institución. Valga un ejemplo tomado del cine español. Dato sociológico e histórico: El crimen de Cuenca (1980) fue una película de Pilar Miró que constituyó, ella sola, un capítulo de la historia del Derecho español. Acababa de establecerse la constitución de 1978 y, sin embargo, un tribunal militar prohibió su exhibición y requisó las cintas, lo que abrió un proceso judicial (que acabaría sobreseyéndose) y un importante debate político sobre la libertad de expresión y, en general, los derechos fundamentales. Contenido ideológico: El problema era debido a la historia que narraba la película, basada en hechos reales, sobre la condena injusta que sufrieron dos campesinos acusados de matar a un tercero, tras haberse confesado culpables a consecuencia de las horribles torturas a las que fueron sometidos. Punto de partida para el análisis: La película en sí misma puede verse como una introducción terrorífica al estudio del Derecho y vale, por tanto, como inicio de una exposición sobre el garantismo jurídico. Los ejemplos podrían multiplicarse: El triunfo de la voluntad (Leni Riefenstahl, 1935) es una de las grandes películas de la historia del cine que expone, en la voz de sus protagonistas, la ideología nazi y vale para adentrase en su peculiar teoría racista del Derecho; el cine de la venganza, que tiene en Harry el sucio (Don Siegel, 1971) su mejor representación, expresa el escepticismo ante la ley y, en cierta forma, la vuelta al estado de naturaleza; permite exponer acto seguido el llamado “Derecho penal del enemigo”, etc., etc. Me parece obvio que este tipo de estudios no puede ser visto con ojos utilitarios, lo que no significa que sean inútiles. Al contrario, por lo menos tienen una utilidad didáctica innegable.

En efecto, estamos en la díada investigación/ educación jurídicas, precisamente, y ahora toca referirse a esta última. Se trata simplemente de incorporar el cine a la docencia jurídica, utilización que en muchas ocasiones constituyó el punto de partida de los estudios de Derecho y cine. En los años sesenta del siglo pasado, el gran Francesco Carnelutti ya advertía de lo fácil que sería utilizar el cine en la enseñanza del Derecho. Pasado el tiempo, sin embargo, podemos seguir doliéndonos de que no se utilice; escandalizándonos incluso de que los alumnos de Derecho no hayan visto (ni reflexionado sobre) el gran cine jurídico, desaprovechado cuando tan fácil sería incorporarlo a una docencia demasiadas veces arcaica y, en el peor sentido de la palabra, dogmática.

En fin, que el Derecho procesal no utilice el cine de juicios; el Derecho penal no use el cine de corte criminal, el cine penitenciario y el cine de la pena de muerte; que el Derecho del trabajo no aproveche el cine laboralista; el Derecho constitucional, por lo menos el cine de los derechos humanos; que el Derecho internacional no utilice esa misma filmografía, además de algunas películas del género bélico y de espionaje; que el internacional privado no recurra al cine de la inmigración; que el Derecho de familia no explore el cine familiarista; que la filosofía del Derecho, la historia, la sociología y la antropología jurídicas no se beneficien de multitud de películas, etc., etc., constituyen delitos por omisión de lesa docencia; un derroche inadmisible de recursos.

Para quien como yo se dedica a la filosofía del Derecho, pero vale también para muchos profesores de historia del Derecho y de Derecho positivo, mi propuesta sería la de incluir, junto a la bibliografía del programa, una filmografía básica, de tal manera que el estudiante pueda no sólo “leer” las instituciones (el Derecho en los libros) sino también “verlas” (el Derecho en imágenes), para lo que es necesario que las películas vayan acompañadas por fichas que guíen su visionado”.

A continuación, cabe señalar varias manifestaciones del cine en las diversas ramas del Derecho. En este sentido, cabe señalar que “el Cine refleja diversas facetas de la vida y aspectos que tienen que ver con disciplinas científicas y humanísticas (como, entre otras muchas, la Historia o la Medicina), entre las cuales ocupa un lugar destacado el Derecho, lo que parece lógico dada su constante presencia en la vida social y sus posibilidades dramáticas (también y antes la Literatura ha incorporado temas jurídicos).

El movimiento Cine y Derecho se originó en Estados Unidos y se ha ido extendiendo (a veces de forma independiente) a diversos países, produciéndose su desarrollo en España sobre todo en la última década, en que se ha convertido casi en una moda (publicaciones, colecciones, secciones en bibliotecas, conferencias, blogs, páginas Web, etc.). He participado de diversas formas, aunque modestamente, en este movimiento. Para introducirse en él pueden consultarse (aunque hay muchas otras) las siguientes obras: Rivaya, B. y De Cima, P. (2004). “Derecho y cine en 100 películas. Una guía básica”. Valencia: Tirant lo Blanch, y Presno Linera, M.Á. y Rivaya, B. (2010). “Una introducción cinematográfica al Derecho”. Valencia: Tirant lo Blanch.

Como antes entre Literatura y Derecho (muchas películas proceden de obras literarias), se ha hablado hoy de tres formas de contacto entre Cine y Derecho:

El Derecho en el Cine: Tratamiento cinematográfico de cuestiones, problemas o situaciones con relevancia jurídica. Es el aspecto que aquí más nos interesa y que conecta además con la utilización del Cine como herramienta didáctica en Derecho.

  1. El Derecho como Cine (más difícil de apreciar que en relación con la Literatura): Fundamentalmente aspectos de dramatización propios del Derecho (sobre todo del proceso).
  2. El Derecho del Cine: Normas jurídicas que se ocupan del Cine y las correspondientes resoluciones judiciales y trabajos doctrinales, a lo que puede sumarse la utilización del Cine en algunas actuaciones jurídicas.

Dentro del Derecho en el Cine, éste puede reflejar los contenidos jurídicos con mayor o menor fidelidad. En principio, el más realista sería el Cine documental, si bien históricamente éste no se halla libre de valoraciones (ver, por ejemplo, los documentales apologéticos del nazismo de Leni Riefenstahl, de alto valor cinematográfico).

Todas las disciplinas jurídicas poseen reflejo cinematográfico, incluso la Historia del Derecho o el Derecho romano, presentes en muchas películas históricas. En esta versión resumida, reduzco al mínimo los ejemplos:

  1. Derecho constitucional: Películas sobre regímenes criminales apartados del modelo de Constitución democrática y, en general, Cine de Derechos Humanos (Matar a un ruiseñor/To Kill a Mockingbird, 1962, de Robert Mulligan, o Desaparecido/Missing, 1982, de Constantin Costa-Gavras), sobre derechos sociales (Lloviendo piedras/Raining Stones, 1993, de Ken Loach o Los lunes al sol, 2002, de Fernando León de Aranoa), estructuras con normativa propia ajena a la del Estado, como (aunque no sólo) mafias (El vampiro de Dusseldorf/M, 1931, de Fritz Lang, o El padrino/The Godfather, con sus tres partes, 1972, 1974 y 1990, de Francis Ford Coppola), funcionamiento real y corrupto del poder (Todos los hombres del presidente/All the President’s Men, 1976, de Alan J. Pakula), sociedades distópicas alejadas de las garantías (1984/Nineteen Eighty-Four, 1984, de Michael Radford, o Brazil, 1985, de Terry Gilliam), etc.
  2. Filosofía del Derecho: La justicia frente a la ley (Los intocables de Eliot Ness/The Untouchables, 1987, de Brian de Palma), Derecho y violencia (Sin perdón/Unforgiven, 1992, de Clint Eastwood), obligatoriedad o no del Derecho apartado de una mínima idea de justicia (vencedores o vencidos), concepto de Derecho (No matarás/Krótki film o zabijaniu, 1988, de Krzysztof Kieslowski), las normas y su seguimiento (El show de Truman/The Truman Show, 1998, de Peter Weir), etc.
  3. Derecho Internacional Público: Relaciones internacionales, por ejemplo, en la Guerra Fría (Teléfono rojo, volamos hacia Moscú/Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb, 1964, de Stanley Kubrick), u otros acontecimientos o decisiones internacionales (La batalla de Argel/La battaglia di Algeri, 1966, de Gillo Pontecorvo), el Derecho en y de guerra (Senderos de gloria/Paths of Glory, 1957, de Stanley Kubrick, o Camino a Guantánamo/The Road to Guantanamo, 2006, de Michael Winterbottom y Mat Whitecross), etc.
  4. Derecho del trabajo: Movimientos obreros (La huelga/Стачка, 1924, de Sergei M. Eisenstein, o Tiempos modernos/Modern Times, 1936, de Charles Chaplin), el paro (Ladrón de bicicletas/Ladri de biciclette, 1948, de Vittorio de Sica, o Los lunes al sol), el trabajo infantil (primer pasaje, “El niño”, del documental La espalda del mundo, 2000, de Javier Corcuera), etc.
  5. Derecho procesal (especialmente penal), un género o casi un género, con el “cine de juicios”: Jurado (Doce hombres sin piedad/Twelve Angry Men, 1957, de Sydney Lumet), valor de las pruebas circunstanciales (Más allá de la duda/Beyond a Reasonable Doubt, 1956, de Fritz Lang), pruebas falsas (Sed de mal/Touch of Evil, 1958, de Orson Welles), utilización de tortura para obtener confesión (El crimen de Cuenca, 1980, de Pilar Miró), los testigos (Testigo de cargo/Witness for the Prosecution, 1957, de Billy Wilder), valor relativo de la confesión (Un secreto de mujer/A Woman’s Secret, 1949, de Nicholas Ray), etc.
  6. Derecho administrativo: Burocracia y procedimiento administrativo (La muerte de un burócrata, 1996, de Tomás Gutiérrez Alea), la censura (La corte del Faraón, 1985, de José Luis García Sánchez, o Nadie sabe nada de gatos persas/Kasi az gorbehaye irani khabar nadareh, 2009, de Bahman Ghobadi), la administración local en pequeños pueblos (¡Bienvenido, Mister Marshall!, 1952, de Luis García Berlanga), el Derecho ambiental (Erin Brockovich, 2000, de Steven Soderbergh, o La pesadilla de Darwin/Darwin’s Nightmare, 2004, de Hubert Sauper), etc.
  7. Derecho canónico y eclesiástico del Estado: Preservación de la propia conciencia (Un hombre para la eternidad/A Man for all Seasons, 1966, de Fred Zinneman), etc.
  8. Derecho civil: Incapacidad (Johnny cogió su fusil/Johnny got his Gun, 1971, de Dalton Trumbo), formas de acceso a la propiedad o al alquiler inmobiliarios (El pisito, 1959, de Marco Ferreri e Isidoro M. Ferry), cláusulas contractuales abusivas (en contrato de seguro, por lo que podríamos llevarlo al Derecho mercantil: Legítima defensa/The Rainmaker, 1997, de Francis Ford Coppola), derechos de los usuarios del transporte aéreo (Aeropuerto/Airport, 1970, de George Seaton y Henry Hathaway), Derecho de daños y la responsabilidad civil por ellos (En bandeja de plata/The Fortune Cookie, 1966, de Billy Wilder, o El dilema/The Insider, 1999, de Michael Mann), matrimonio o, más bien, divorcio (Kramer contra Kramer/Kramer vs. Kramer, 1979, de Robert Benton), adopción (El chico/The Kid, 1921, de Charles Chaplin), respuesta civil al maltrato infantil (El Bola, 2000, de Achero Mañas), parejas homosexuales y matrimonio homosexual (Philadelphia, 1993, de Jonathan Demme, o Nacidas para sufrir, 2009, de Miguel Albadalejo), Derecho Sucesorio (La heredera/The Heiress, 1949, de William Wyler), etc.
  9. Derecho mercantil: Letra de cambio (Plácido, 1961, de Luis García Berlanga), mercado de valores (regulado y, por lo tanto, también Derecho administrativo: Wall Street, 1987, de Oliver Stone), seguro (y estafa de seguro, también Derecho penal: Perdición/Double Indemnity, 1944, de Billy Wilder), etc.
  10. Derecho internacional privado: Matrimonio de conveniencia para legalizar residencia en un país (Matrimonio de conveniencia/Green Card, 1990, de Peter Weir), adopción internacional (La pequeña Lola/Holy Lola, 2004, de Bertrand Tavernier), explotación de inmigrantes (relacionada, por tanto, también con otras ramas del Derecho: La promesa/La promesse, 1996, de Jean-Pierre y Luc Dardenne), etc.
  11. Las profesiones jurídicas se tratan también en el Cine, especialmente la de abogado (y, sobre todo, penalista), normalmente con una visión positiva y hasta idealizada (Anatomía de un asesinato/Anatomy of a Murder, 1959, de Otto Preminger, Matar un ruiseñor o El misterio Von Bülow/Reversal of Fortune, 1990, de Barbet Schroeder), aunque no siempre (Pactar con el diablo/The Devil’s Advocate, 1997, de Taylor Hackford).

La disciplina “reina” en el Cine es el Derecho penal, en la que soy especialista.

– Ello se debe, quizá entre otras cosas, a la transcendencia social de esa rama del Derecho, a que se ocupa de los ataques más importantes a bienes jurídicos (delitos) y responde a ellos con importantes privaciones o restricciones de derechos (fundamentalmente, aunque no sólo, las penas, las más llamativas, la de muerte –donde exista– y la prisión), todo lo cual la dota de un importante potencial expresivo, estético y dramático.

– Aunque se ha incluido en el Derecho procesal, conviene recordar aquí el Cine de juicios, que suelen ser penales, igual que contienen elementos penales varias de las películas citadas hasta ahora.

– El Cine permite reflexionar sobre la esencia misma del Derecho penal y sus fines o contrastar lo que refleja con lo que debe ser éste; películas como Soy un fugitivo/I am a Fugitive from a Chain Gang, 1932, de Mervin LeRoy, o La naranja mecánica/A Clockwork Orange, 1971, de Stanley Kubrick, muestran cómo no debe ser el Derecho penal, ponen de relieve ciertos fallos históricos de éste, como algunos de los acontecidos en la época de la “euforia del tratamiento”, que, sin embargo, no deben hacer renunciar al fin resocializador o rehabilitador de la pena, en España impuesto por el art. 25.2 de la Constitución, entendido de una forma limitada, compatible con otros fines y respetuosa con las garantías.

– El Derecho penal se refleja en el Cine a menudo a través de la prisión, pudiendo hablarse quizá de un género: el cine carcelario o penitenciario. Se tratan muy diferentes temas, como, entre otros: errores judiciales que acaban en largas estancias de ciudadanos inocentes en la cárcel (En el nombre del padre/In the Name of the Father, 1993, de Jim Sheridan), aderezadas a veces con la crítica a los motivos racistas (Huracán Carter/The Hurricane, 1999, de Norman Jewison), la utilización política del Derecho penal y del tratamiento penitenciario (La naranja mecánica), la duración de las penas de prisión (Cadena perpetua/The Shawshank Redemption, 1994, de Frank Darabont), el cuerpo de funcionarios penitenciarios (Celda 211, 2009, de Daniel Monzón), condiciones de vida en prisión (entre otras, alimento: Cadena perpetua, sexualidad y relaciones entre presos: El beso de la mujer araña/Kiss of the Spider Woman, 1985, de Héctor Babenco –aquí la selección es especialmente caprichosa, pues no es ésta la sexualidad que suelen mostrar las películas carcelarias–, bandas y peleas entre presos: Un profeta/Un prophète, 2009, de Jacques Audiard, visitas y comunicaciones: Pena de muerte/Dead Man Walking, 1995, de Tim Robbins), huelgas de hambre en prisión (En el nombre del hijo/Some Mother’s Son, 1996, de Terry George), maltrato y tortura en prisión (El expreso de medianoche/Midnight Express, 1978, de Alan Parker), motines penitenciarios (Celda 211), fugas (Papillon, 1973, de Franklin J. Schaffner), celdas de aislamiento (El hombre de Alcatraz/Birdman of Alcatraz, 1962, de John Frankenheimer), clasificación de presos (FIES: Celda 211, “políticos” o terroristas: En el nombre del hijo –IRA–, La fuga de Segovia, 1981, de Imanol Uribe –ETA–, Camino a Guantánamo –supuestos islamistas–, cárceles de mujeres: Cárcel de mujeres/The Big Doll House, 1971, de Jack Hill), la detención, privación o prisión de menores (Los 400 golpes/Les 400 coups, 1959, de François Truffaut), etc. Incluso cárceles ficticias (El experimento/Das Experiment, 2001, de Oliver Hirschbiegel, basada en un experimento universitario real). Aunque hay comedia sobre la prisión (Tiempos modernos, Toma el dinero y corre/Take the Money and Run, 1969, de Woody Allen, o Todos a la cárcel, 1993, de Luis García Berlanga), lo habitual es otro tratamiento y, en general, una visión muy negativa y crítica, que, si bien no se corresponde con la realidad actual de las prisiones de los países más avanzados (incluida España, aunque el abuso por el legislador de la pena de prisión y la masificación que empieza a volver a existir en los centros penitenciarios entrañan riesgos de retroceso), sí responde a realidades históricas y a la actual en otros muchos países. Ojalá la prisión llegue a resultar un tema aburrido y el cine carcelario acabe siendo un subgénero del Cine histórico, aunque ello no es previsible a corto y medio plazo.

– Muy crítico es el Cine también con la pena de muerte, afortunadamente proscrita en España por el artículo 15 de la Constitución y por la Ley Orgánica 11/1995, de 27 de noviembre, de abolición de la pena de muerte en tiempo de guerra: Llamad a cualquier puerta/Knock on any Door, 1949, de Nicholas Ray, Impulso criminal/Compulsión, 1959, de Richard Fleischer, El verdugo, 1963, de Luis García Berlanga, A sangre fría/In Cold Blood, 1967, de Richard Brooks, Queridísimos verdugos, 1977, de Basilio Martín Patino, Pena de muerte, Bailar en la oscuridad/Dancer in the Dark, 2000, de Lars von Trier, el tercer episodio, “La vida”, de La espalda del mundo, o La vida de David Gale/The Life of David Gale, 2003, de Alan Parker, por citar sólo un pequeño número.

– La lista de temas penales es interminable. Así, es frecuente el tratamiento cinematográfico de la violencia o la delincuencia juvenil (Deprisa, deprisa, 1981, de Carlos Saura, o Ciudad de Dios/Cidade de Deus, 2002, de Fernando Meirelles y Kátia Lund), y no digamos el de muchos delitos en particular (sin mencionar, por inabarcables, las películas sobre asesinatos u homicidios, violaciones o grandes robos o estafas), de los que cito sólo unos pocos ejemplos: eutanasia (Mar adentro, 2004, de Alejandro Amenábar), mutilación genital femenina (Moolaadé, 2004, de Ousmane Sembene), abusos sexuales en la infancia (Mystic River, 2003, de Clint Eastwood), prostitución (no sólo en sus aspectos penales, en Princesas, 2005, de Fernando León de Aranoa), tortura (me remito a las que se recogen en el libro coordinado por García Amado, J.A. y Paredes Castañón, J.M. (2005). “Torturas en el cine”. Valencia: Tirant lo Blanch), tráfico y trata de personas (Lilya Forever/Lija 4-ever, 2002, de Lukas Moodysson), violencia doméstica y de género (El Bola, o Te doy mis ojos, 2003, de Iciar Bollaín), estafa de seguros (Perdición), delincuencia informática (Operación Swordfish/Swordfish, 2001, de Dominic Sena), terrorismo (Días contados, 1994, de Imanol Uribe, o Munich, 2005, de Steven Spielberg,), genocidio y crímenes contra la humanidad (Desaparecido y Hotel Rwanda) y tantos otros temas y películas más.

Las películas relacionadas con el Derecho pertenecen a todos los géneros cinematográficos. Más complicado es hablar de un género de Cine jurídico, aunque están cerca de constituir un género propio o casi el Cine de juicios y el carcelario o penitenciario (y, si no está incluido en éste, quizá incluso el de la pena de muerte).

Incluso se encuentran películas relacionadas con la enseñanza y el aprendizaje del Derecho, como, por ejemplo, Vida de un estudiante/The Paper Chase, 1973, de James Bridges.

El que muchas películas relacionadas con el Derecho procedan del mundo anglosajón, especialmente, claro, de Estados Unidos, debe tenerse en cuenta a la hora de analizar su contenido jurídico, pues el Derecho anglosajón presenta notables diferencias con el Europeo continental, que rige en España, lo que también se ha de tener presente cuando se utiliza el Cine como recurso didáctico en Derecho, con lo que conecto con la segunda parte, mucho más breve, de mis reflexiones.

El Cine como recurso para la enseñanza del Derecho

El recurso al Cine en la enseñanza del Derecho está de moda, a veces incluso hasta el abuso. Alguna experiencia al respecto está recogida por escrito (ver la llevada a cabo en la Universidad de A Coruña: “O ensino do dereito a través do cinema: unha perspectiva interdisciplinar”. Materiales didácticos para un sistema ECTS, coordinado por José Pernas García, Universidade da Coruña/Universidade de Santiago de Compostela/Universidade de Vigo, A Coruña, 2009).

Se pueden citar al menos tres factores explicativos de lo anterior: las ya comentadas amplias relaciones entre Derecho y Cine, la importancia de las manifestaciones audiovisuales en nuestra sociedad y en el aprendizaje (con sus ventajas e inconvenientes) y el proceso de cambio en que la Universidad española (y la de otros países) está inmersa para adaptarse al Espacio Europeo de Educación Superior (“proceso de Bolonia”), que fomenta nuevas formas de docencia y aprendizaje, con factores positivos y negativos (en mi opinión, en la implantación española del proceso, más negativos que positivos, lo que se acentúa en relación con los estudios de Derecho).

Las posibilidades de la utilización del Cine en la enseñanza del Derecho pueden resumirse en dos:

  1. Utilizar una película en una asignatura convencional de Derecho como excusa para tratar o complementar el tratamiento de un tema expuesto ya en otras clases. Es un sistema útil mientras no se utilice como único medio de explicación del tema y no se tienda en exceso a la simplificación. Lo utilizo en mis clases como complemento no esencial a otro tipo de docencia teórica y práctica que resulta esencial e irrenunciable.
  2. Impartir una asignatura de Derecho y Cine o Cine y Derecho. Esta posibilidad admite importantes variantes, que reduciré básicamente a dos:

– Puede tratarse de una asignatura enmarcada en el plan de estudios de Derecho y dirigida, por lo tanto, básicamente a alumnos de Derecho. Como ventajas, se cita sobre todo que fomenta la interdisciplinariedad, al no tener que limitar sus contenidos a una disciplina concreta. Esto es cierto, pero entraña la dificultad de que, según dónde se ubique en el plan de estudios, habrá más o menos disciplinas y temas jurídicos que no se habrán estudiado y cuya primera explicación se realice de esta manera, cuya conveniencia me parece como mínimo dudosa. Tal vez sea mejor utilizar el método como complemento de cada asignatura, lo que no impide que, si hay temas de varias, los profesores puedan arreglárselas para explicar en una asignatura distinta de la suya. En todo caso, tampoco es descartable la asignatura general, como repaso y complemento de lo visto en las concretas asignaturas jurídicas, añadiendo la ventaja de la dimensión cultural, artística y de diversión que proporciona el Cine. Pero hay que medir muy bien el peso (horas, créditos) de la asignatura en la titulación y su carácter, que creo debería ser optativo (no hablo ya de libre elección, pues ésta desaparecerá en breve) y no obligatorio (sobre todo dada la escasez de créditos para el conocimiento del Derecho que se posee en las nuevas titulaciones de Grado). Naturalmente, la asignatura podría encajar bien en titulaciones de Postgrado (másteres), más o menos imaginativos (de hecho, he utilizado el método también en algún curso de Doctorado), aunque dudo de su viabilidad y conveniencia actual.

– Otra variante es ofertar la asignatura, a modo de una introducción no demasiado dura al Derecho, para alumnos que no son de Derecho, pero que desean aproximarse de algún modo a él. Esta variante, aunque entraña dificultades de implantación en el marco de los nuevos títulos de Grado, me parece una oferta formativa interesante, que exigirá el esfuerzo del profesor, eso sí, por explicar de forma más clara y menos técnica, por elegir temas especialmente relevantes, sensibles o de actualidad, por ofrecer materiales complementarios, etc. Mi experiencia, en general positiva (aunque con matices), en esta forma de docencia se refiere a mi intervención como docente y profesor responsable en una asignatura de libre elección que se impartió durante años en la Universidad de León bajo el título “Cine, Literatura, Música y Derecho”.

En definitiva, el Cine ofrece una forma de enseñar y de aprender Derecho atractiva, menos árida que otras más convencionales, pero su utilización abusiva implica riesgos, como la pasividad, la excesiva simplificación, etc. En suma, no debe sustituir, sino complementar a otras formas de enseñanza del Derecho y debe enfocarse de distintas maneras según sus destinatarios, como hemos visto. Es un buen método para el repaso, profundización y debate de temas ya estudiados, para la iniciación al Derecho, para el refresco o reciclaje, incluso para la llamada formación permanente. Nunca se debe ocultar en la facilidad de ver una película y en el tratamiento dramatizado que ésta ofrece de cuestiones jurídicas la dificultad de muchas de éstas, que no pueden explicarse y analizarse sólo con el Cine, a través del Cine o hasta donde llega el Cine. Desde luego, cuando Derecho y Cine entra dentro de asignaturas habituales de Derecho, debe ser un complemento o combinación con otras formas de enseñanza, no sustituirlas. Pero incluso en otros supuestos (destinatarios no juristas, iniciación al Derecho, repaso, reciclaje, etc.) debe exigirse (y para ello es clave que el profesor también se esfuerce en el diseño y dirección de la docencia) algo más que la pura contemplación pasiva de la película, siendo muy recomendable ofrecer materiales complementarios, fomentar la participación de los estudiantes en el debate dirigido y arbitrar algún medio de control del rendimiento de éstos”.

Como conclusión a todo esto, cabe destacar que conviene también vivir el Derecho a través del cine, o incluso de series jurídicas, para poder hacer comparaciones que te permitan vivir el Derecho de forma práctica.

A continuación, cabe señalar que “las relaciones entre Derecho y Cine pueden plantearse epistemológicamente en dos facetas. Por una parte, en la toma en consideración del Cine
como objeto afectado por el Derecho, como fenómeno socio-cultural sobre el que existe una regulación jurídica por parte del Derecho positivo: el llamado Derecho cinematográfico. El Derecho normaría, pues, todo aquello que tiene que ver con las condiciones jurídicas para realizar, exhibir y explotar una obra cinematográfica, con las implicaciones jurídicas de su autoría, con su propiedad intelectual, con su hipotética censura, con las implicaciones jurídicas de su infraestructura industrial, etc. Por otra parte, el Cine constituye un medio a través del cual se contempla el fenómeno jurídico en toda su extensión de una determinada manera, precisamente por la presencia esencial y permanente de lo jurídico en la vida humana y, por lo tanto, en los argumentos e historias narrados en la inmensa mayoría de las películas que tienen al Derecho como eje central de sus temáticas.

El acercamiento científico al Derecho cinematográfico presentaría los mismos perfiles que cualquier otra disciplina jurídica que se ocupa de la normatividad positiva, en este caso específica sobre el fenómeno cinematográfico, a modo de Dogmática jurídico-cinematográfica, principalmente como rama del Derecho administrativo. No obstante (y esto es lo realmente interesante), los estudios de Derecho y Cine se han desarrollado, sobre todo, desde la segunda perspectiva; es más, prácticamente constituye su punto de vista más distintivo y acorde con el espíritu de estos estudios. Su presupuesto metodológico fundamental es la consideración del material cinematográfico en general, y de cada película en particular, como textos jurídicos. Se postula la condición significativa, la lingüisticidad propia de las películas, al ser éstas manifestaciones de un lenguaje que constituye y preserva su significatividad por encima de cualquier circunstancia o momento concretos.
Ello no implica, sin embargo, que se condene al material cinematográfico a una suerte de estatismo significativo, sino que su significatividad se realiza permanentemente en virtud de su interpretación, de su lexis concreta, ya que la necesidad de un receptor que contemple un filme para efectuarse, impone la particularización significativa de su generalidad, de su, valga la expresión, objetividad. De ahí que la textualidad del cine sea compleja, pluridimensional y tenga muchas implicaciones”.

Por último, y para destacar la importancia del cine en el aprendizaje del Derecho, cabe señalar que “si un estudiante de Derecho sólo recibe una formación estrictamente
descriptiva de lo que es un ordenamiento jurídico, si únicamente aprende a interpretar
las normas jurídicas en abstracto, despegadas del contexto en el que se aplican, si los
estudiantes no han tenido o no han comprendido todas estas variadas repercusiones en
las personas, tendrán un injustificable déficit como juristas. Precisamente una de las
críticas que se vierte a la formación que reciben los jueces radica en su insuficiente
comprensión de la realidad social. En comparación con una formación teórica muy
completa y especializada, en muchas ocasiones nos encontramos con jóvenes jueces que
desconocen o no son plenamente conscientes de lo que puede suponer la separación de
un matrimonio, el estigma de una condena penal (más allá de la posible pérdida de
libertad), el desalojo de un arrendatario, etc. Estas son vivencias que se comprenden en
toda su magnitud en la medida en que una persona, en este caso el juez, va teniendo
cada vez una mayor y rica experiencia vital, ya sea directamente o a través de las
descripciones que realizan otras personas. Pero cuando acaba de salir de la facultad de
Derecho o de la escuela judicial, es improbable que esté en la mejor de las disposiciones
para captar en todas sus dimensiones las diversas derivaciones económicas, sociales o
psicológicas que pueden resultar de sus sentencias. Por ello, en la actualidad se insiste
cada vez en una formación que junto con los contenidos teóricos otorgue un peso a las
actitudes y las capacidades propias que se exigen en este ámbito profesional. Pero esto
que se ha mencionado respecto de los jueces puede extenderse sin mayor problema al
resto de profesiones jurídicas.

La necesidad de que los juristas tengan una formación más integral es especialmente importante si se asume, como he mencionado anteriormente, que el significado de los enunciados jurídicos no es unívoco, sino que más bien padecen de un cierto grado de indeterminación que origina un margen interpretativo por parte del juez. El juez no se limita a aplicar de forma mecánica las disposiciones jurídicas dictadas por el legislador, sino que más bien, el juez, como órgano aplicador privilegiado, puede modular el significado de la disposición jurídica en cada caso concreto según sus variadas circunstancias (sociales, económicas, psicológicas, etc.). En este sentido, una buena sentencia es aquella en la que el juez puede tomar en consideración todo el conjunto de factores que intervienen en el momento de su aplicación, factores que por otro lado, no se enseñan con una formación estrictamente dogmática. Por ello, no es extraño que progresivamente se hallan incorporado asignaturas de sociología, economía, u otras muestran los aspectos contextuales del Derecho y en este sentido amplían de forma notable la visión que puede tener un jurista al tomar una decisión.

Es precisamente aquí donde entra la enseñanza del Derecho a través del cine. Una
buena selección de películas donde el Derecho entre en conexión con todos esos
factores puede ayudar decisivamente a completar esas carencias de la formación de los
juristas. En la medida que la obra cinematográfica (al igual que la literaria) invita a los
espectadores a ponerse en el lugar de personas muy diversas (y a veces alejadas de su
propia vivencia personal) y a adquirir empáticamente sus experiencias y sentimientos, el
alumno está en mejor disposición para comprender mejor y más integralmente el
impacto de un conflicto (o de una sentencia, de una norma jurídica) en la vida de las
personas. De esa forma puede captar de manera más global y profunda el sentido y
finalidad de aquellas. No sólo se le está dando información o contenidos teóricos, sino
que también se les transmiten pautas para que tenga la posibilidad de adoptar las
actitudes o los valores más convenientes, según las diferentes situaciones particulares
con las que tenga que enfrentarse en su desarrollo profesional”.

FUENTES:

  1. El Derecho en el Cine. CENTRO CP: http://www.centrocp.com/el-derecho-en-el-cine/
  2. Una introducción a los estudios de Derecho y cine. POLEMOS: https://polemos.pe/una-introduccion-los-estudios-derecho-cine/
  3. El derecho y el revés. El derecho y el revés: https://presnolinera.wordpress.com/2009/05/06/cine-y-derecho/

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