Derecho, Derecho penal, Moral y ética

Ética de los profesionales sanitarios

En primer lugar, hay que destaca que “la ética profesional hace referencia al conjunto de normas y valores que hacen y mejoran al desarrollo de las actividades profesionales. Es la encargada de determinar las pautas éticas del desarrollo laboral mediante valores universales que poseen los seres humanos. Aunque ésta se centre en estos valores, se especifica más en el uso de ellos dentro de un entorno plenamente laboral.

La ética laboral es fundamental en cualquier persona que desee trabajar, ya que ésta implica la práctica de valores como la responsabilidad, puntualidad, estudio, constancia, carácter, concentración, formación, discreción, entre otras.

Suelen aparecer conflictos cuando existen discrepancias entre la ética profesional y la ética personal. En esos casos, las personas deben tomar medidas, como la objeción de conciencia, si se cree que no se está actuando correctamente”.

A partir de aquí se puede afirmar que la ética es importante en cualquier profesión en general.

También hay que señalar que “cabe recordar que el acto médico se rige por cuatro principios fundamentales que son la no maleficencia, beneficencia, autonomía y justicia, elementos que deben guiar a los profesionales de la salud.

Hay que tener en cuenta que “la
profesionalidad tiene hoy un significado muy restringido. Se relaciona con el éxito más vinculado a la fama y el dinero que a un sentido de la excelencia que se identifica con la buena práctica. Esta es la razón por
la que la ética aplicada ha incidido en el campo de la medicina con el fin de dignificar y humanizar una profesión tan vinculada al sufrimiento humano. La ética de las virtudes es la más apropiada para poner de manifiesto la necesidad de proyectar una serie de valores éticos que
orienten realmente la manera de actuar del profesional de la salud. El aprendizaje de las virtudes es un saber práctico, que se adquiere ejerciéndolo y creando un ambiente adecuado que sirva para formar la
personalidad del profesional.

Llegar a ser un buen profesional debería ser uno de los propósitos no solo del médico, sino de cualquier persona que entiende que su trabajo tiene una dimensión ineludible de servicio a los demás. En el caso de la medicina o de la enfermería, de cualquiera de las profesiones sanitarias, esa condición se da por supuesta. No en vano suele decirse que quien escoge dedicarse a la medicina o a la enfermería como un elemento de su forma de vida lo hace por vocación. Se da a entender con ello que, si un buen
profesional es siempre un experto en su materia, en el caso de la profesión sanitaria, la competencia científica y técnica va acompañada de un compromiso ineludible de carácter moral. No es una casualidad que
uno de los primeros códigos éticos de la historia fuera el Juramento Hipocrático que, al consagrar los principios de no maleficencia y beneficencia, puso los pilares de lo que seguimos entendiendo como buena práctica médica.

No obstante, en la actividad real, la supuesta excelencia profesional no siempre va acompañada de la excelencia ética porque, en el orden de las prioridades, el interés particular priva sobre el general o sobre el
interés del otro. A medida que la profesión se mercantiliza y el conocimiento se especializa y tecnifica, mayor es la tentación de reducir la excelencia profesional a lo que, en términos vulgares, se llama “ser una eminencia”, es decir, estar en posesión de los conocimientos necesarios para no fracasar científicamente y obtener el
reconocimiento crematístico debido. El gran sociólogo que fue Max Weber alertaba hace más de un siglo de la pérdida experimentada por muchas profesiones al verse desprendidas del carácter vocacional.

Para explicarlo, se basaba en el término alemán Beruf, que tiene la doble acepción de “llamamiento divino” (vocación) y
“profesión humana”. Su tesis se inspiraba en Lutero, quien contraponía la vida contemplativa monástica, poco valorada por él, a la vida profesional, para destacar la importancia de esta última como
manifestación expresa del amor al prójimo. La separación entre profesión y vocación la recoge Weber para lamentar la pérdida del sentido vocacional de los quehaceres humanos que quedan reducidos a meras
profesiones en las que la burocracia y el afán de lucro inhiben cualquier otra razón de ser. Es un aspecto más del desencanto del mundo al que se refiere a lo largo de su obra. Unida a la idea de vocación, esto es, a la idea de entrega o misión, la profesión exigiría una dedicación a los fines de la misma, que debería trascender las
ambiciones privadas. No obstante, y pese a lo que dice la teoría, Weber piensa que la remuneración económica se ha convertido en el fin de las profesiones, que la ética de las profesiones parece imposible de
recuperar por causa del capitalismo y de la subordinación de cualquier actividad a los intereses materiales. Todo acaba siendo negocio”.

Por tanto, se puede señalar que para ejercer bien una profesión determinada, hay que dejar de lado los intereses particulares y atender al bien general, al interés particular para conseguir una satisfacción personal por llevar a buen término nuestro trabajo.

Por otro lado, hay que señalar que “la ética profesional proviene del concepto de ética empresarial, la cual establece cómo deberían ser las condiciones en las que un ser humano se relacione con su entorno. Es importante que el profesional ofrezca un servicio justo y que realice una buena labor, es lo que corresponde y que resulta bien para los clientes.

La ética empresarial tiene tres ramas:

  • Economicismo limitado: Tiene como objetivo maximizar los beneficios pero respetando las normas legales.
  • Dualismo racionalista: Busca los beneficios pero respetando los principios que establece alguna teoría ética racionalista.
  • Realismo moderado: Entiende que el ser humano puede identificar las necesidades de su entorno y establecer una relación equitativa con este medio.

La ética no implica coacción, es decir que está libre castigos físicos, sanciones o multas como los de la sociedad, por ejemplo el que tendría robar un auto. Lo que sí implican los actos ética y moralmente incorrectos es la responsabilidad.

Las personas deben ser responsables sobre sus propios actos, dado que cada uno de nosotros siempre actúa con libertad, voluntad e inteligencia, no de manera forzada. También tienen que ver la libertad y la voluntad con la elección de una carrera, por lo tanto la persona humana debe ser respetuosa de las obligaciones y derechos que esa profesión conlleva.

Asimismo, los derechos también son importantes en la ética profesional,
ya que si un profesional sostiene que hay algo que no responde a lo que él considera correcto en su pensamiento ético, no debería estar bajo ninguna circunstancia obligado a hacerlo.

Por ejemplo, hablemos de los abogados: sabemos que en un juicio todas las partes involucradas deben contar con un abogado
defensor, pero ¿qué pasa si un abogado es asignado y él no desea representar a una persona porque sabe que es un caso indefendible o porque defenderlo va en contra de sus principios?

Nadie debería poder obligarlo a defender ese caso, aunque sin lugar a dudas habrá alguien que haga a un lado su pensamiento ético y actúe en pos de algo que para esa persona tiene mucho más peso, en este caso la paga que se recibirá por el trabajo. Esto ocurre en muchos casos. Otro ejemplo que podemos citar son aquellas industrias que para realizar su trabajo deben comprometer al medio ambiente y lo hacen sin titubear ni cuestionarse la ética o la moral”.

Y todo ello debido a las “obligaciones morales y de trato social que asume el personal de salud al prestar sus servicios cotidianos y de excepción, comprendiendo los siguientes:

1.- DE TRATO PROFESIONAL: Son las conductas de los integrantes de los equipos de salud y de sus líderes, ante situaciones cotidianas y de excepción, en la práctica profesional comúnmente aceptada de las ciencias de la salud y esperadas por la población que recibe sus servicios.

2.- DE TRATO SOCIAL: Se refieren al tipo de comportamiento de los profesionales de la salud en su relación con los pacientes, sus familiares y responsables legales.

3.- DE CONDUCTA LABORAL: Comprenden los comportamientos esperados de los integrantes de los equipos de salud, de sus líderes naturales o formales y de los directivos en su relación con la institución donde laboran y con sus compañeros de
trabajo.

4.-EN LA FORMACIÓN Y DESARROLLO DE PERSONAL Y DE INVESTIGACIÓN: Se trata del comportamiento de los miembros de los equipos de salud, relacionado con las actividades de formación de nuevo personal y de actualización para el desarrollo o capacitación para el trabajo, y también de investigación científica para la generación de nuevo conocimiento o mejor comprensión de la realidad circundante.

5.- SOBRE LAS RELACIONES EXTRA INSTITUCIONALES DEL PERSONAL DE SALUD: Relativos a la relación que mantenga el personal que brinda sus servicios en una institución con organismos académicos o colegios, o bien de investigación, o con fabricantes y distribuidores de insumos para la
salud”.

Aquí también se debe de señalar que “hoy

las profesiones son, en definitiva, “carreras” mejor o peor ejecutadas.

Hacer una buena carrera profesional es sinónimo de triunfar en laprofesión, sinónimo a su vez de haber alcanzado la excelencia que, en
muchas ocasiones, equivale solo a haber sabido enriquecerse. El triunfo
hoy tiene que ver más con el dinero, la fama y el éxito material, que
con esa excelencia que aporta la buena práctica y que no siempre recibe
el reconocimiento de la sociedad o de la misma profesión.

En suma, la mercantilización de la profesión, que impide ver más allá del mero interés material privado, y el reduccionismo técnico derivado de la especialización del conocimiento son dos grandes escollos para que las profesiones sanitarias adquieran y desplieguen un interés moral. Si el aspecto moral no existe, será difícil que se mantengan los dos objetivos marcados por los clásicos antiguos y modernos de la deontología médica: el bien de los pacientes y el empeño en construir una buena imagen dela propia profesión. El ethos profesional reducido a un ethos mercantilista y burocrático no atiende al cultivo de los valores o virtudes que debería exhibir la práctica sanitaria. Marañón escribió que
no hacía falta formar en ética a los médicos porque su vocación les inducía a comportarse virtuosamente desde el punto de vista moral. Me temo que, en este punto, se equivocaba porque, al igual que ha ocurridocon otras profesiones, también las más consagradas (entre las que antaño
se encontraba la medicina —junto al sacerdocio y la judicatura), corren el riesgo de perder su dimensión vocacional o, por lo menos, de que dicha dimensión quede inhibida por otras necesidades e intereses más perentorios y atractivos. Otros intereses, digámoslo también, socialmente más reconocidos y aplaudidos. Sea como sea, no debiera ser lícito hablar de excelencia sin dotarla de un significado moral. El término “excelencia”, como explicaré en seguida, remite a la palabra
griega areté, que se traduce como la “virtud” o “excelencia de una cosa”. Por ello, si queremos recuperar la idea de la excelencia profesional, tenemos que analizar qué
virtudes, qué cualidades determinan dicha excelencia”.

De aquí se puede deducir que la actuación médica no ha de ejercerse de manera puramente científica, sólo para o tener resultados que permitan a la ciencia avanzar, sino que ha de ejercerse de manera respetuosa con la dignidad los demás derechos inherentes a la persona, además de respetar también el ecosistema.

FUENTES:

  1. UGTO: http://www.ugto.mx/redmedica/quienes-somos/codigo-de-etica-del-personal-de-salud
  2. Los valores éticos de la profesión sanitaria: https://www.elsevier.es/es-revista-educacion-medica-71-articulo-los-valores-eticos-profesion-sanitaria-S1575181315000029
  3. Ética y salud. Retos y reflexiones: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0016-38132004000600017
  4. Concepto de ética profesional: https://concepto.de/etica-profesional/

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