Derecho general, Principio de igualdad entre mujeres y hombres

Los problemas jurídicos del lenguaje inclusivo. Parte I

En primer lugar hay que señalar que “sucede en cada vez más foros que las mujeres son una mayoría. Esto pasa no solo en reuniones y encuentros profesionales de muy diversa índole, sino también, por ejemplo, en el deporte femenino, que cada vez cuenta con más presencia en los medios, o en la composición de los distintos Gobiernos. Muchos hablantes sienten que, para recoger convenientemente este hecho, el llamado masculino genérico se queda corto. Esto es, que ante una mayoría, por ejemplo, de ministras lo más adecuado sería hablar de las ministras del Gobierno, englobando con esta denominación a hombres y mujeres, en lugar de hacerlo al revés”.

La postura académica es clara a este respecto: en español el masculino es el género no marcado. En gramática un elemento no marcado es:

  • el de sentido más general;
  • el de distribución más amplia;
  • el que se recupera por defecto cuando no hay morfemas específicos.

La Gramática explica que «los sustantivos masculinos no solo se emplean para referirse a los individuos de ese sexo, sino también, en los contextos apropiados, para designar la clase que corresponde a todos los individuos de la especie sin distinción de sexos», como en El león es un animal cuyo hábitat hay que proteger. Por eso, el servicio de consultas de la RAE explica que «los alumnos», en masculino, «es la única forma correcta de referirse a un grupo mixto, aunque el número de alumnas sea superior al de alumnos varones».

La última Gramática académica ofrece principalmente dos motivos en defensa de este masculino genérico:

  • La economía lingüística: se considera que las alternativas, como desdoblar cada apelación en dos géneros, son un circunloquio innecesario la mayor parte de las veces.
  • La concordancia gramatical: ante soluciones como el desdoblamiento sistemático, pasaría a ser mucho más complicada.

Sin embargo, más allá de recurrir siempre al desdoblamiento, algunas voces piden que, si se habla, por ejemplo, ante un auditorio con una mayoría de mujeres, se apele a él en femenino, haciendo de este género el no marcado; pero esta propuesta tiene el problema de que puede acabar obligando al orador a llevar un recuento del número exacto de los hombres y mujeres presentes, y no parece por tanto una solución muy práctica.

Lo cierto es que, en determinados contextos, algunos hablantes usan de forma esporádica el femenino genérico: el año pasado, los medios se hacían eco de las palabras del entrenador de la selección femenina de baloncesto. Sus «jugamos contentas, jugamos tranquilas» causaban asombro en los medios: un hombre se incluye en un femenino genérico en una muestra de habla tan espontánea como la de un seleccionador hablando a sus jugadoras. Preguntado por ese femenino, respondía con una lógica que para él era aplastante: «¡Pero si son todo mujeres y el único hombre soy yo, que ni siquiera juego!»”.

El problema surge aquí respecto al hecho de que la Real Academia Española ha puesto pegas a esta forma de utilización del lenguaje, y ello porque “la Real Academia de la Lengua Española (RAE) y la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) presentaron el “Libro de estilo de la lengua española según la norma panhispánica”. En el primer capítulo, de este manual, expresa su rechazo al lenguaje inclusivo.

Un proyecto que, según explicaron desde la RAE, pretende servir para “una mejor manera de escribir y hablar”. Esta es una especie de guía práctica para resolver las dudas ortográficas, fonéticas o gramaticales que se dan por la evolución del idioma en los últimos años.

De esta manera, en el primer capítulo se considera innecesario la inclusión del doble género. Es decir, “todos y todas”, así como el uso del llamado “lenguaje inclusivo” que utiliza “x”, “@” o “e” en lugar del plural, es decir, “todxs”, “tod@s” o “todes”.

Además subraya que el género masculino, “por ser el no marcado, puede abarcar el femenino en ciertos contextos”.

El rechazo a las expresiones del lenguaje inclusivo sucede a una semanas antes de que la RAE deba expedir un informe sobre la posible modificación del texto de la Constitución española. Estos cambios los pidió la vicepresidenta de este país. Ya que, el objetivo es reflejar mayor paridad de género.

“El problema es confundir la gramática con el machismo”, dijo Darío Villanueva, director de la RAE, ante la solicitud.

Rechazo reiterado del lenguaje inclusivo

En ocasiones anteriores la RAE ya se habían manifestado en contra del uso de “x”, “e” o “@” como marca de género. Ya que, “el masculino gramatical funciona en nuestra lengua (español), como en otras, como término inclusivo para aludir a colectivos mixtos, o en contextos genéricos o inespecíficos”.

Algo que según han subrayado en diversas ocasiones no tiene “intención discriminatoria alguna””.

Llegados a este punto, cabe señalar que “la propuesta del lenguaje inclusivo se orienta hacia un rol de género y un cuestionamiento al sistema patriarcal. En sus orígenes, hace más de 40 años, se lo llamaba “lenguaje no sexista”, y apuntaba justamente a suprimir el desdoblamiento y la secundariedad que siempre se le otorgó al género femenino.

Hoy, las prácticas del lenguaje inclusivo se expanden también hacia un nuevo abanico de diversidad sexual que contempla identidades distintas, que se identifican y representan con géneros no sesgados, que no existen en las bases del lenguaje castellano (asentadas en la institución de la Real Academia Española).

Vale destacar, que la Academia Argentina de Letras es quien regula en dicho país, el uso del lenguaje y sus formas, más allá de lo que la RAE particularmente determina. De todas formas el sistema educativo argentino se basa exclusivamente en la RAE para transmitir sus enseñanzas y cimentar los primeros abordajes del lenguaje en los niños. Esto último, es uno de los focos que presenta conflicto y controversia.

En resumidas cuentas, quienes utilizan el lenguaje inclusivo, aseguran que el mismo existe “para abarcar todas las identidades sexuales en el uso del lenguaje, lograr una representación justa y equilibrada, cuestionar el machismo del sistema patriarcal que subyace en las bases del lenguaje tradicional y permitir comodidad, inclusión y equidad de género””.

También cabe señalar que “el género gramatical se manifiesta en los sustantivos, adjetivos, artículos y algunos pronombres. En los sustantivos y adjetivos existe únicamente el morfema de género masculino y el de género femenino. El género neutro se ha conservado en unas pocas palabras, como aquello, eso, esto, ello, alguien, algo y lo.

Es importante no confundir el género gramatical (categoría que se aplica a las palabras), el género como constructo sociocultural (roles, comportamientos, actividades y atributos que una sociedad determinada en una época determinada considera apropiados para los seres humanos de cada sexo) y el sexo biológico (rasgo biológico propio de los seres vivos).

En español hay distintos mecanismos para marcar el género gramatical y el sexo biológico: a) terminaciones (chica/-o), b) oposición de palabras (padre-madre) y c) el determinante con los sustantivos comunes en cuanto al género (el/la estudiante, este/esta representante). También hay palabras específicas (sustantivos epicenos) que tienen un solo género gramatical y designan a todas las personas independientemente del sexo biológico (la víctima, la persona).

Los principales retos del español para una comunicación inclusiva en cuanto al género son la confusión entre género gramatical, género sociocultural y sexo biológico, el nivel de conocimiento de los recursos que ofrece la propia lengua para hacer un uso inclusivo dentro de la norma y las asociaciones peyorativas que han heredado del sexismo social algunos equivalentes femeninos”.

A continuación cabe señalar que “la Real Academia de la Lengua Española (RAE) y la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) presentaron el “Libro de estilo de la lengua española según la norma panhispánica”. En el primer capítulo, de este manual, expresa su rechazo al lenguaje inclusivo.

Un proyecto que, según explicaron desde la RAE, pretende servir para “una mejor manera de escribir y hablar”. Esta es una especie de guía práctica para resolver las dudas ortográficas, fonéticas o gramaticales que se dan por la evolución del idioma en los últimos años.

El rechazo a las expresiones del lenguaje inclusivo sucede a una semanas antes de que la RAE deba expedir un informe sobre la posible modificación del texto de la Constitución española. Estos cambios los pidió la vicepresidenta de este país. Ya que, el objetivo es reflejar mayor paridad de género.

“El problema es confundir la gramática con el machismo”, dijo Darío Villanueva, director de la RAE, ante la solicitud.

Rechazo reiterado del lenguaje inclusivo

En ocasiones anteriores la RAE ya se habían manifestado en contra del uso de “x”, “e” o “@” como marca de género. Ya que, “el masculino gramatical funciona en nuestra lengua (español), como en otras, como término inclusivo para aludir a colectivos mixtos, o en contextos genéricos o inespecíficos””.

En relación con esto, la conclusión que se puede llevar a cabo es que en España no tenemos aprecio por nuestra lengua, la cual cada vez tiene más gente de fuera interesada en aprenderla antes que los españoles, pues hay que recordar que el artículo 3 de la Constitución española la declara como de obligatorio conocimiento para todos los españoles, y nos seguimos empeñando en hacer lo contrario. En otro artículo hablaremos más en profundidad.

FUENTES: