Derecho, Derecho general, Política

La falsa historia de la bandera tricolor de la II República española

Se está intentando otra vez la instauración de una república como forma de gobierno en España, como si no tuvieran los españoles suficiente con las dos repúblicas bananeras que ha habido en España a lo largo de toda su historia.

También hay que destacar que se quiere imponer la supuesta “bandera tricolor de la República”. Aquí se debe destacar que “para empezar y contra lo que algunos piensan, la Primera República no utilizó la bandera tricolor. Antes bien, y mediante la Orden del 2 de Octubre de 1873, el nuevo gobierno republicano dispuso que se suprimiesen todos los símbolos representativos de la monarquía en las banderas existentes. Durante ese siglo, el escudo nacional había estado formado por un cuartelado con las armas de la Corona de Castilla, y a menudo con un escudo partido, con el escudo de Castilla a un lado y el de León al otro, con la corona real al timbre y el escusón (un pequeño escudo en el centro) con las armas de la casa de Borbón, primero, y de Saboya, después. Así, lo más habitual fue el uso de las mismas banderas rojigualdas que existían hasta entonces, pero con la corona y el escusón de Saboya tapados o descosidos. Con la Restauración monárquica, esos símbolos se restituyeron, motivo por el cual no se conserva ninguna bandera de la Primera República a día de hoy.


Alegoría de la Primera República, un dibujo de Tomás Padró Pedret publicado en 1873 en la revista ‘La Flaca’. Obsérvese que la bandera es la roja y gualda que ya había usado la monarquía.

Confundiendo la bandera de España con una bandera de la monarquía

Y entonces, ¿de dónde salió la bandera tricolor? No se sabe con exactitud quién fue su diseñador, pero sí que hacia finales del siglo XIX ya se venía usando en diversos círculos republicanos. En 1904 el pintor catalán Antonio Estruch la plasmó en un óleo titulado «Manifestación por la República», que es el que encabeza esta entrada. Unos días después de la instauración de la Segunda República, el nuevo gobierno establecía la bandera tricolor como oficial de España en su Decreto del 27 de abril de 1931. El texto oficial argumentaba así el cambio de bandera: «Hoy se pliega la bandera adoptada como nacional a mediados del siglo XIX. De ella se conservan los dos colores y se le añade un tercero, que la tradición admite por insignia de una región ilustre, nervio de la nacionalidad, con lo que el emblema de la República, así formado, resume más acertadamente la armonía de una gran España». Además, las tres franjas pasaban a ser iguales, perdiendo así la bandera española su singularidad.

El primer disparate cometido por los republicanos tuvo su origen en el desconocimiento de un hecho: la bicolor no era la bandera de la monarquía, sino de la Nación Española. El Real Decreto de 28 de mayo de 1785 con el que Carlos III estableció el nuevo pabellón naval español hablaba de «Bandera nacional», no de «Bandera real». De igual forma, en el Real Decreto de 13 de octubre de 1843 que convirtió ese pabellón naval en bandera oficial de España en todos los ámbitos, se la cita también como «bandera nacional». Lo que representaba a la monarquía era, en todo caso, el escudo, o más particularmente la corona que lo timbraba.

Lo que pasa cuando confundes el carmesí con el morado

Por otra parte, cuando el gobierno republicano se refería a la «insignia de una región ilustre» estaba haciendo alusión al pendón de Castilla. Es probable que el deterioro de las banderas con el paso del tiempo pudo llevar a la confusión de que el pendón castellano era morado. También es posible que el carmesí, verdadero color del pendón de Castilla, se confudiese con morado, cuando es en realidad una variante del color rojo, tirando hacia el granate. El actual guión del Rey Felipe VI es carmesí precisamente recogiendo esa tradición castellana. Carmesí, no morado.

Usar una corona mural sobre un escudo nacional: un error heráldico

Al error cometido con la bandera hay que añadir los errores cometidos con el escudo. El citado Decreto del 27 de abril de 1931, paradójicamente, hablaba de «escudo de España» para referirse al formado por las armas de Castilla, León, Navarra, Aragón y Granada, con las columnas de Hércules y el lema de «Plus Ultra». Lo curioso es que todos esos elementos habían sido introducidos por la monarquía, igual que la bandera bicolor: ¿por qué conservarlos y al mismo tiempo cambiar la bandera? No tiene ningún sentido. Hay que recordar, de hecho, que las distintas partes de ese escudo se corresponden a otros tantos reinos medievales. Si la República no tenía inconveniente en reconocer esos reinos como precedente, ¿por qué cambiar la bandera?

Además, el escudo elegío para la Segunda República iba timbrado por una corona mural. Éste es otro de los disparates cometidos entonces, pues dicha corona es un símbolo que se usa en la heráldica de ciudades. En la antigua Grecia se usaba como corona de la diosa Tyche, que personificaba la prosperidad de una ciudad. En Roma se otorgaba al primer soldado que conseguía situar la enseña militar sobre las murallas de una ciudad enemiga. En Italia, Portugal y Rumanía esa corona se usa para timbrar exclusivamente escudos de ciudades. Su primer uso en un emblema nacional tuvo lugar en España en 1869, cuando el gobierno provisional establecido tras la Revolución que derrocó a Isabel II acuñó monedas con el mismo escudo que luego usaría la Segunda República. El objetivo, claro, era no dejar sin corona un escudo que tradicionalmente la había tenido, aunque para ello se cometiese un claro error heráldico. Sólo hay otro caso en que se haya usado esa corona mural en un emblema nacional: tras la caída del Imperio Austrohúngaro, la nueva República de Austria cambió la corona imperial que coronaba la antigua águila bicéfala por una corona mural coronando un águila de una sola cabeza. Todas las demás repúblicas prescinden del uso de coronas, con algunas salvedades, como Polonia, cuyo águila blanca conserva la corona real, señal de que en esa República no tienen reparos en asumir su historia sin aspavientos”.

Por otro lado, hay que señalar que, “en este país, al que algunos nos empeñamos en seguir llamando España, se produce un fenómeno tan significativo como sorprendente: un símbolo que debería ser común, la bandera de España, se ha convertido en bandería entre los que exhiben con orgullo la rojigualda (derechistas) y los que exhiben la tricolor republicana (izquierdistas).

España es un viejo país, pero a diferencia de todas las naciones (incluso las más modernas), las manifestaciones denominadas «progresistas» se hacen bajo las banderas de los partidos, de las Comunidades Autónomas (aunque algunas inventadas ayer mismo)… o, en el mejor de los casos, con la tricolor republicana.

Así, exhibir la rojigualda resultaría «cosa de derechas»… no de todos los españoles. Al respecto, desde el exilio, un español escribió:

«La cuestión de la bandera es uno de los motivos que estúpidamente dividen a los españoles y que tiene su origen en la conducta mezquinamente partidaria de nuestros políticos.»PUBLICIDADAds by Teads

»El cambio de la Bandera hecho por la República constituyó un grave error:»

»1º.-Porque no respondía a una aspiración nacional ni siquiera popular. La Bandera Republicana era desconocida por la inmensa mayoría de los españoles.»

»2º.-Porque se reemplazaba una bandera nacional por una bandera partidaria y con ello se dividía a España.»

»3º.-Porque no era necesario y consecuentemente solo podía producir complicaciones como ha sucedido.»

»La bandera (rojigualda) que teníamos los españoles no era monárquica sino nacional. La bandera de los Borbones fue blanca; la bandera real era un guión morado.»

»En cambio la bandera bicolor como enseña nacional fue creada por las Cortes españolas en plena efusión de liberalismo, constitucionalismo y democracia. Se tomaron colores españoles que venía usando tradicionalmente la Marina de guerra que dieron tono a los guiones reales de los Reyes Católicos (rojo) y de Carlos I (amarillo); que eran también los colores de una enseña tradicional en Aragón, Cataluña y Valencia.»

»El pueblo no anhelaba incorporar a la bandera el color morado de Castilla. No podía anhelarlo porque la masa del pueblo español ignoraba que el morado fuese el color de Castilla (…).»

»Los republicanos de la 1ª República quisieron introducir su bandera partidaria y crearon la bandera llamada republicana. Esta no llegó a tener estado oficial y ni siquiera se popularizó. Nació, según Castelar (último Presidente de la I República), en la Universidad de Barcelona, fundiendo tres colores de tres facultades. No pudo pues tener esa bandera un origen más arbitrario. Por eso no llegó a ser bandera oficial, ni nacional, ni popular. Los primeros republicanos, más sensatos que los segundos, no impusieron el cambio.»

»Ni inconmovible, ni imperdurable ni eterna es la bandera tricolor porque no ha nacido del pueblo sino de una minoría sectaria.»

»No crearon pues un símbolo nacional que ya estaba creado con ese carácter sino uno de lucha partidario, haciendo prevalecer a las ideas de Nación y Patria las de República.»

»Hoy los españoles están divididos en torno a dos banderas: tal es el fruto de aquel error (…).»

»Hay un manifiesto artificio. La injusticia de las persecuciones nada tiene que ver con los colores de la bandera de España. Algunos se apoderaron del grito de ¡Viva España! y se colgaron en sitio bien visible un crucifijo para proceder en nombre de Dios y no por eso los españoles debemos dejar de gritar ¡Viva España! ni los que sean católicos o sean protestantes deben renegar de la moral cristiana.»

Nuestros progres tildarán este texto de reaccionario o incluso fascistoide. Les aclararé quien es el autor: el que fuera Jefe de Estado Mayor del Ejército Popular de la República, condecorado con la Placa Laureada de Madrid (máxima distinción militar otorgada únicamente en cuatro ocasiones). Se trata del Teniente General Vicente Rojo. Un hombre honrado. Un militar ejemplar. Un español orgulloso de serlo y que en este artículo reflejó no solo su sentimiento sino su conocimiento de la realidad histórica.

Recordemos que la Constitución gaditana de 1812 (ese revolucionario texto que estableció la soberanía nacional, la igualdad entre los españoles y los principios básicos del Estado moderno) creó una unidad cívica para defenderla: la Milicia Nacional.

Constitución de Cádiz

Pues bien, la bandera de esa Milicia Nacional fue la rojiguada, 23 años antes que la estableciera el Decreto de Isabel II. Esa fue también la bandera nacional de la I República presidida, entre otros, por dos ilustres catalanes, Pi i Margall y Estanislao Figueras. Y con esa bandera se envolvió a su muerte el cuerpo de su tercer Presidente, Nicolás Salmerón… uno de los responsables, ¡¡lo que son las cosas!!, de Solidaridad Catalana.

abcRojo recuerda el discurso de Azaña como ministro de la Guerra

El hecho nacional tiene un fuerte componente sentimental, incluso irracional. Así, sentimos como propios hechos ajenos tales como las victorias de Alonso en automovilismo (aunque no sepamos conducir) o de la «roja» (aunque no nos guste el fútbol).

No tengo un criterio idolátrico de la enseña nacional. Pero todas las sociedades precisan de símbolos de unión. Y por ello envidio profundamente el respeto que, por ejemplo, en el sur de Estados Unidos se tiene por su bandera (la de la barra y estrellas)… a la que sus antepasados combatieron en la terrible Guerra de Secesión.

Asombra el grado de analfabetismo histórico, de sectarismo primario, de ceguera política de nuestros próceres que estúpidamente acomplejados desde 1975 por nuestra historia, bandera e himno, también tiraron por la borda los criterios básicos de comunidad civil: la educación, la lengua y la bandera. Pero «con la bandera del color morado se efectuó la represión de Octubre de 1934. La bandera rojigualda es la bandera de España y España no son los reaccionarios», afirmó Santiago Carrillo el 23/4/77, Secretario General del PC, partido que fue el gran referente antifranquista (en realidad el único operativo).

El nacionalismo disgregador, digámoslo claramente, el separatismo, se fundamenta sobre tres pilares: «escuela, lengua y bandera». Palabras de Jordi Pujol de hace 30 años, no proféticas sino programáticas. Y de las que nadie se enteró o quiso enterarse.

Y, ¿qué quieren que les diga?, yo, como Azaña, como Vicente Rojo, como Juan Martín «el Empecinado», como Estanislao Figueres, como Unamuno, como Prieto y Besteiro, como tantos otros olvidados o no leídos, pienso y creo en una sociedad con todos, en una familia común que me empecino en seguir llamando España.

Y cuya bandera, no de la Monarquía ni de los reaccionarios, sino de los españoles, es la rojigualda”.

Para explicarlo de otra manera, hay que indicar que “un 27 de abril de 1931 se adoptó de forma oficial la bandera de la Segunda República Española, la conocida como la ‘tricolor‘. El decreto establecia que el cambio de color respecto a la de la Primera República se entendía como un reconocimiento al color oficial de Castilla, el morado. Un anecdótico error, ya que el color original castellano era el rojo carmesí.

“Hoy se pliega la bandera adoptada como nacional a mediados del siglo XIX. De ella se conservan los dos colores y se le añade un tercero, que la tradición admite por insignia de una región ilustre, nervio de la nacionalidad, con lo que el emblema de la República, así formado, resume más acertadamente la armonía de una gran España”. Con este extracto del decreto del Gobierno provisional de la República de 1931 quedaba recogido de ‘buena fe’ el color emblemático de Castilla, sin embargo lo que quedaba constatado era un error vexilológico de un nivel casi daltónico.

Pese al establecimiento del morado en la novedosa bandera republicana, el color histórico de Castilla no era el morado sino el rojo carmesí. Se cree que con el paso del tiempo y el decoloro de las antiguas banderas, la semejancia con el morado fue cada vez más perceptible.

Si ahondamos mucho más, podemos apreciar que el morado comenzó a ser utilizado, tiempo atrás, junto con los dos colores históricos en algunos ambientes republicanos, especialmente en los de tendencia federalista. Entre estos núcleos la consideración del rojo y el amarillo tenía una creencia de asociación a lo monárquico y en tiempos cercanos a la Revolución de 1868 que supuso el destronamiento y exilio de la reina Isabel II, los concejales del Ayuntamiento de Madrid lucían una faja tricolor como distintivo que pudo influir en la propuesta posterior de 1931“.

Por último, para ir terminando, hay que destacar que “circula por las redes, especialmente por los sectores más cavernarios, el rumor de que el morado de la bandera republicana se debe a un desteñido del color original, que sería rojo. Hay incluso quien propone que se debe a una confusión, y aluden a hipótesis tan estrambóticas como un posible daltonismo, pero probablemente todo eso sea falso.

Y es que parece que más de uno piensa que la bandera rojigualda la bajó el apóstol Santiago en mitad de la batalla de Clavijo y que la bandera tricolor (rojo-amarillo-morado) es menos válida porque a ellos les sale de la rabadilla.

Ya hemos visto el origen de la bandera «rojigualda» en el artículo La bandera de España, un chaleco reflectante atado a un mástil. Ahora toca la republicanísima.

Y mientras, Alfonso XIII a Cartagena a coger su barquito.

[Las banderas] «estarán formadas por tres bandas horizontales de igual ancho, siendo roja la superior, amarilla la central y morada oscura la inferior. En el centro de la banda amarilla figurará el escudo de España, adoptándose por tal el que figura en el reverso de las monedas de cinco pesetas acuñadas por el Gobierno provisional en 1869 y 1870

Ese fue el decreto por el que se elegía como bandera tricolor, promulgado el 27 de abril de 1931, cuando llevaba el timón el gobierno provisional, que había elegido al cordobés Niceto Alcalá-Zamora como presidente. Aunque a alguno pueda sorprender, este señor era a la izquierda lo que Javi Clemente a una ofensiva futbolística, y ahí lo tenéis: cambiando la sacra bandera sin mucho problema. Patadón y tentetieso a la gloriosa rojigualda.

Si escuchas bien podrás darte cuenta de que en realidad no dice nada.

Era 1931 y el presidente estaba de visita en San Sebastián.

El caso es que lo que se ha discutido hasta la extenuación es el famoso color morado. Según el propio decreto, este color se añadió en conmemoración de Castilla, pues era «insignia de una región ilustre [Castilla], nervio de la nacionalidad, con lo que el emblema de la República, así formado, resume más acertadamente la armonía de una gran España».

Todo lo demás son inventos de turno para atacar a la bandera: que si el morado era una franja colorada que se desgastó, que si errores diversos o incluso daltonismo.

Siempre certero el ABC.

El caso es que, siendo una bandera que buscaba (en principio) precisamente hacer hincapié en una España castellanísima, es curioso cómo hoy en día los más españolísimos, esos que miran con malos ojos cualquier conato de nacionalismo distinto al suyo, son los que peores miradas le echan a la tricolor y saltan enseguida con que es un invento.

Porque claro, como bien sabemos, el resto de banderas no lo son.

Salta a la vista eso de que el escudo sería el de las cinco pesetas del gobierno provisional de 1869-70. La idea era quitar esa corona tan ostentosa que calza encima el escudo de España, así que patada y fuera. En su lugar, se cascó una corona mural, menos realista y más de la gente, vaya. La (Real) Academia de Historia aconsejó al gobierno colocar una corona cívica, que alejaba aún más la idea de la monarquía, pero ¿quién le hace caso a la Real Academia de Historia?

En la página del Ejército de Tierra también tienen pullas contra la tricolor ya que, según dicen, la rojigualda se desechó por estar relacionada con la monarquía y porque la costumbre de asimilar el color morado con Castilla «nació en el siglo XIX, cuando una de las múltiples sociedades secretas, que tanto proliferaron en aquella época, tomó el nombre de «Comuneros» y adoptó el color morado como distintivo, sin que tuvieran ninguna relación con los verdaderos Comuneros que, cuatro siglos antes, habían enarbolado el pendón carmesí en Villalar». Bueno, pues molt bé.

Sí, existe mucha confusión con respecto a los colores, y muy probablemente con el color morado de la bandera republicana terminó por darse un cúmulo de influencias (ser el morado un color asociado al federalismo y al liberalismo clandestino y radical del XIX, la tendencia tricolor del republicanismo, etc.) para que alguien decidiera sacar un buen día esta bandera y comenzara a popularizarse, pero lo importante es que el gobierno lanzó el decreto y lo hizo con unas intenciones concretas.

El caso es que cualquier nimiedad sobre colores es suficiente para decir que la bandera de uno es mejor que la del otro“.

E incluso cabe decir que “”la I República Española mantenía la enseña rojigualda como enseña republicana”, recuerda el profesor Joaquín Arriola, que considera que el caso de la apropiación de la bandera por parte de la derecha “tiene que ver más con que la izquierda ha hecho dejación o cesión de ese símbolo” y de otros significantes de identidad nacional como el himno. La II República sí cambió a la bandera tricolor y el franquismo volvió a la rojigualda añadiéndole otro símbolo, un águila. “La rojigualda tiene una continuidad con la bandera franquista aunque se le haya quitado el águila. Cuando vas al campo de concentración de Mauthausen la bandera que ondea en el panteón español es la tricolor. El reconocimiento internacional a la lucha antifascista se hace con la bandera tricolor”, recuerda el politólogo Víctor A. Rocafort, que señala que “la cesión” del partido comunista en la Transición de la bandera “fue un decreto, algo racional, algo táctico, que no llega al corazón de la gente” y por eso las manifestaciones y otros muchos actos siguen llenándose de banderas republicanas.

Este conflicto entre banderas que tiene que ver con un conflicto república-monarquía y la idea del nacionalismo español. Rocafort señala dos hitos importantes que añadieron nuevos estratos de significado a este símbolo: “Por un lado, cuando en 2010 España gana el Mundial de fútbol se normaliza la rojigualda en una nueva generación gracias a su relación con los éxitos deportivos. Por otro, cuando en 2011 surge el 15-M, es cierto que inicialmente no se quería politizar pero sabemos que después, todo el movimiento político que hubo de 2011 a 2014, fue hegemonizado por la izquierda”. La tricolor vuelve a sacarse a la calle, como símbolo de ruptura: “No solo coge fuerza con la abdicación de Juan Carlos sino que se reafirma con el conflicto catalán. Gran parte de la derecha política opta por colgar las rojigualdas de los balcones de nuestras ciudades y coge fuerza como símbolo de reafirmación nacionalista“, subraya el politólogo.

Con el conflicto catalán, la bandera española coge fuerza como símbolo de reafirmación nacionalista
Con el conflicto catalán, la bandera española coge fuerza como símbolo de reafirmación nacionalista / Graeme Robertson (GETTY IMAGES)

República

Las manifestaciones suelen llenarse de banderas republicanas, aunque el motivo de protesta nada tenga que ver. Actualmente, los deseos de derrocar la Monarquía se asocian a la izquierda, pero conviene recordar que en la II República hubo políticos de derechas como el presidente Niceto Alcalá Zamora o el ministro de Gobernación Miguel Maura que defendieron este sistema de gobierno con la misma pasión que sus opositores. Ahora no hay voces de la derecha que reclamen que el jefe del Estado se elija democráticamente: “Puede haber gente de derechas que rechace la idea de un rey hereditario en pleno siglo XXI y que estén hartos de los casos de escándalos de la familia real y de los gastos que nos generan pero no creo que esta gente quiera hacer una transformación del régimen del 78”, considera Víctor A. Rocafort. Volviendo al tema de las banderas, el politólogo considera que “la izquierda tiene un problema importante sobre cómo resignificar la tricolor para que sea una bandera de democracia, asociada a la república y a la transformaicon del régimen del 78, justo en este momento de repliegue donde parece que vuelve el bipartidismo, para que no sea vista sólo como una bandera de la izquierda”.

Fuentes:

  1. Los errores heráldicos y vexilológicos de la bandera de la Segunda República: http://www.outono.net/elentir/2016/04/13/los-errores-heraldicos-y-vexilologicos-de-la-bandera-de-la-segunda-republica/
  2. Diario ABC: https://www.abc.es/cultura/20140202/abci-bandera-republicana-general-rojo-201402012039.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.google.es%2F
  3. Diario Crítico: https://www.diariocritico.com/color-morado-de-la-bandera-republicana-error
  4. Público: https://blogs.publico.es/strambotic/2018/04/tbandera-republicana-mentira/
  5. Cadena Ser: https://cadenaser.com/ser/2019/07/12/politica/1562930513_615078.html

1 comentario en “La falsa historia de la bandera tricolor de la II República española”

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