Derecho, Derecho penal, Elaboración de trabajos e informes, Sociedad, Tribunales

El plagio académico. Introducción.

Es más frecuente de lo que se piensa. Sobre todo entre los alumnos, quienes van pasando los apuntes de un año al siguiente, sin tener en cuenta muchas veces que están desactualizados. Pero también se da en el profesorado universitario.

Cabe definir el plagio académico como “toda idea, pensamiento, investigación, etc. que esté escrita en algún lugar está protegida con derechos de autor, es decir, no se puede copiar sin el consentimiento de su autor. Por lo tanto, si, por ejemplo, estamos escribiendo un trabajo o texto sobre un cierto libro, no podemos simplemente coger un fragmento de este y añadirlo a nuestro trabajo, ya que estaríamos plagiando.

Asimismo, el plagio está considerado como ofensa grave y violación de los derechos de la propiedad intelectual. Lo que deberíamos de hacer, en cambio, es parafrasear dicho fragmento o citarlo correctamente dentro de nuestro texto. Sin embargo, ¿por qué no podemos usar el contenido tal y como está? Básicamente porque el contenido que pretendes usar como tuyo no lo es. Alguien ha investigado y creado esa información antes que tú y, por lo tanto, hay que reconocerlo por su trabajo. Es por eso que siempre que queramos añadir alguna frase que ya haya sido escrita anteriormente tenemos que citarla correctamente para darle créditos al autor”.

A continuación, cabe señalar que “En los últimos años los casos sobre el plagio, ya sea en la academia, la música o incluso la legislación, ha tomado mayor relevancia internacional. Nuestro país no es la excepción de esta conducta presente universidades privadas como públicas, de la que no escapan escritores y donde hasta presidentes y legisladores se han vuelto involucrados en casos de este tipo. TE RECOMENDAMOS: UDEM busca incentivar la honorabilidad académica Especialistas consultados sobre plagio académico señalan que se trata de un problema cada vez en aumento, donde la falta de una legislación sobre el tema deja en ambivalencia posibles sanciones. Internet vino a masificar la conducta del plagio expone Max Almaguer Garza, gerente para México del software Turnitin el cual sirve para identificar similitudes entre distintos textos y es utilizada por 75 instituciones a nivel nacional. “El plagio o copia de ideas ha existido desde antes, tenemos casos de los 40 o 50 del siglo pasado, pero con internet se aceleró esto”, refiere Almaguer Garza. Mayor información A nivel internacional se considera que un autor cometió plagio cuando se “copia en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias”, según indica la definición en la Real Academia de la Lengua Española. Sin embargo, cada institución tiene sus propios límites de hasta dónde un alumno, un pasante o, incluso, un docente, comete una infracción de corte académico en sus textos. “Con la investigación que he estado desarrollando me he dado cuenta que en México por ejemplo aún no hay mucha información sobre la cultura del plagio, hay que educarse más sobre eso”, detalla Sofía Fernández López, maestra en la Preparatoria No. 2 de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) En México no existe una legislación puntual sobre el tema. Recientemente, el Colegio de México enfrentó un precedente al expulsar a una alumna por presuntamente cometer plagio en una investigación, sin embargo, gracias a un amparo la estudiante evitó ser expulsada de la institución”.

Pero ya no es solo un problema a nivel de trabajos académicos de los alumnos en colegios, institutos o grados universitarios, sino ya también en estudios de postgrado.

Por otro lado, cabe señalar que “plagiar cualquier tipo de documento es ilegal y, por lo tanto, puede ser penalizado legalmente. Es por eso que debes evitar plagiar a toda costa. Además, si en tu universidad se dan cuenta de que tu trabajo contiene plagio, lo más seguro es que te suspendan el trabajo y te pongan una sanción.

En un documento académico se considera plagio todo aquello que no esté correctamente referenciado; es decir, donde no se mencione al autor o donde se parafrasee un fragmento escrito anteriormente pero no se incluya el autor del mismo, entre otros”.

En este punto, hay que ser muy conscientes de cómo se ha de redactar un trabajo académico, sobre todo si es nuestro proyecto de fin de carrera, ya que si superamos el límite establecido (lo cual ya dice mucho de que no nos hemos interesado en realizar nuestro tranajo) nos pueden acusar de plagio y llevarnos ante tribunales.

Es importante señalar que “

Un artículo publicado en el 2015 sobre el mercado para estos servicios mantiene que se encuentran tres grupos diferenciados de alumnos: los que actuarán deshonestamente siempre que exista beneficio, los que evitarán mentir en principio incluso bajo circunstancias de cero riesgo y, finalmente, un tercer grupo que sopesa los factores de anonimato, impacto de sus acciones y las recompensas. Para este último grupo, el plagio puede ser una opción de consumo legítima usado como un recurso de “emergencia”, en un contexto de creciente normalización social de estos métodos a través de un agresivo marketing. Además, mantener un nivel de deshonestidad parcial para balancear el impacto negativo de las propias acciones (no plagiar en todas las instancias posibles, por ejemplo) les permite evitar un conflicto irresoluble entre sus acciones y su autoconcepto. En realidad, el mismo estudio encuentra que alrededor de la mitad de los estudiantes analizados considerarían consumir este tipo de servicios, pero menos del 15% de ellos lo haría en todas las oportunidades. Las empresas que ofrecen estos servicios explotan este imaginario de ambigüedad moral para posicionarse como una alternativa válida.

Un factor importante para entender la proliferación/normalización de este tipo de plagio son los cambios en el entendimiento de la autoría originados por la masificación de la tecnología. Con esta, se crean nuevas actitudes alrededor de la propiedad de la información a través de su constante compartir y la existencia de ambientes educativos basados en la colaboración. En su investigación, Fisher et al. encuentran que algunas justificaciones para usar el plagio por contrato son su alineación con el concepto de colaboración, la presencia de dinámicas de escritor fantasma en profesiones tales como la escritura de discursos y la provisión de empleo a terceros.  Además, la entrada publicitaria de estas compañías se basa en la “tutoría”, “ayuda” y “revisión” del trabajo de los estudiantes, así como la provisión de “inspiración”, términos que disfrazan y suavizan su verdadera función.

Varios estudios mantienen que las personas con motivación intrínseca y que valoran el estudio como meta en sí misma son menos proclives de hacer trampa que las personas que ven el estudio como un medio para un fin (ver 1). Estamos en un clima de cambios para la educación terciaria y se encuentra crecientemente el desarrollo una cultura universitaria corporativa que solo mantiene en apariencia el respeto a valores tradicionales. Esta contradicción combinada con una autopercepción de los estudiantes como “clientes” contribuye a una orientación rígidamente consumista de los estudios cursados.

En tal contexto, la búsqueda de atajos irregulares, tales como el plagio por contrato, se suele justificar en la mente de los alumnos como un crimen sin víctimas (o en el que ellos mismos y la educación por la que están pagando son los únicos damnificados). Esto es vastamente falso, pues la ventaja injusta que estas modalidades de plagio proveen puede generar pérdidas comparativas para el resto de los alumnos en su clase y reconocimientos no merecidos, por no mencionar el costo para la legitimidad de la academia, para el ejercicio de aprendizaje e incluso para el mismo ejercicio de la profesión más adelante. El sociólogo Anthony Giddens mantiene que un rasgo clave de la modernidad es la configuración de sistemas expertos desanclados, es decir, la credibilidad general en las credenciales de una persona independiente de la confianza personal que se le tenga. Se señala que este tipo de plagio institucionalizado podría hacer caer en bancarrota a la economía del conocimiento, pues esta se construye sobre títulos educativos, y, específicamente, en la señalización efectiva de los sujetos con las calificaciones y certificaciones necesarias para ocupar los trabajos que dinamicen la economía”.

Siguiendo una noticia de Europa Press de septiembre de 2017, “

Un grupo de expertos, integrado por académicos de número de la Real Academia de Doctores de España y representantes de las seis universidades públicas madrileñas reclaman un sistema de control “más consistente” y formación ética a alumnos y profesores para evitar plagios en las tesis doctorales.

“Se trata de un mal importante en todos los ámbitos de la investigación en el mundo académico, que es fruto de la falta de ética científica”, ha indicado a Europa Press el catedrático de Bioquímica y Biología Molecular en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid Juan José Aragón, coordinador del estudio ‘Análisis y revalorización de los estudios de doctorado en España’.

En este documento, sus autores subrayan que las comisiones académicas de los programas de doctorado de las universidades “tienen que ingeniárselas” para evaluar y comprobar que los trabajos suponen un avance la investigación, sobre la base de las publicaciones y comunicaciones que existan.

No obstante, admiten que los investigadores en España están sometidos a la “presión externa” que conlleva la obligación de publicar su tesis en un medio de excelencia. “El rigor y la moralidad quedan en entredicho ante el afán de la publicación”, apostillan.

Este texto, que ya se ha entregado al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, insiste también en la necesidad de que las tesis doctorales supongan un “avance del conocimiento” y una “aportación significativa y original”. Aunque esto lo regula un real decreto de 2015, los expertos subrayan esta idea y recuerdan que la tesis doctoral representa el “primer trabajo de investigación” para un doctorando. Además, la constatación de que supone un avance, evita el fraude.

ABUSO DE SOBRESALIENTES ‘CUM LAUDE’

Otro de los temas analizados es la “injusticia” que se produce por el “abuso” que hay en las universidades españolas de sobresalientes ‘cum laude’ –la máxima calificación a la que se puede aspirar–. “Se premia igual a los alumnos excelentes que a otros que no lo son tanto”, ha explicado el coordinador del trabajo.

Aunque en 2013 se estableció que esta calificación tiene que obtenerse por unanimidad de los miembros del tribunal, este grupo de expertos proponen, además, una comisión ‘ad hoc’, diferente al tribunal de la tesis, para que, “en diferido”, es decir, unos días después de la lectura de la tesis, notifique el resultado acordado para evitar que los miembros del tribunal se puedan sentir presionados.

Los autores del informe también proponen cambios respecto a los plazos estipulados para la presentación de las tesis doctorales e indican que este empiece a contar en el momento en que el plan de investigación tenga la aceptación del director de la tesis y que la duración tenga en cuenta los tiempos que llevan las distintas investigaciones. “No es lo mismo un trabajo humanístico que un trabajo biológico con plazos concretos de distintos experimentos”, argumentan”.

Por último, cabe señalar en esta introducción que “paradójicamente para muchos de los investigadores el plagio académico en la obra científica parece estar muy lejano, pero a la vez, no tanto: los participantes manifestaron que el plagio es algo que seguramente no se comete por académicos de los círculos con los que cotidianamente interactúan, aunque se acepta la posibilidad, muy pequeña, de que alguno de sus colegas cercanos lo haya cometido:

No, la verdad no creo que se cometa plagio aquí [refiriéndose al centro de trabajo] tenemos un código de ética que todos seguimos fielmente… A lo mejor alguno en sus épocas mozas [ríe] pero no, realmente no, no lo creo… Hasta ahora no se ha sabido nada (e01i46a7).

Esta percepción de que el plagio está lejano parece ir en contra de las cifras de las que hablan los artículos en revistas especializadas, en donde se expone la necesidad de tomar medidas más efectivas, aprovechando las herramientas disponibles en Internet, dado el incremento en los casos detectados (Schein y Paladugu, 2001; Bretag y Mahmud, 2009; Berquist, 2013). Sin embargo, al preguntárseles si sabían de alguien que hubiese tomado textos de ellos presentándolos como propios, 30 de los 51 participantes manifestaron conocer a alguien que en algún momento estuvo en ese caso, aunque la mayoría de las veces se trata de experiencias en el pasado lejano:

Bueno, te puedo decir que un capítulo de mi tesis de licenciatura está copiado tal cual en un libro de una SNI II, de aquí mismo [de la misma institución] pero te estoy hablando de que yo lo escribí hace 20 años. Cuando lo leí, inmediatamente dije, “¡Hey! Esto lo escribí yo”. [Al preguntársele si hizo algo al respecto, contestó] No, no hice nada, así lo dejé, por la paz… (e01i30a5).

Esta lejanía se percibe incluso a pesar de haber detectado plagio en casos de textos que se han arbitrado previamente.

No, no conozco ningún caso cercano… Sé de algunos problemas de este tipo por las propias revistas, en donde se publican comunicados acerca de la detección de problemas de este tipo; sin embargo, no conozco casos cercanos… a veces se rumora de alguien, pero eso es algo que a uno no le consta… Pensándolo bien, uno está más cerca de lo que cree, ya que a veces le toca arbitrar artículos que se han “pirateado” partes de otras obras. Nada más que como las evaluaciones son “ciegas” uno no se da cuenta de quién se trata. Como finalmente uno recomienda que el artículo no se publique, el problema no se hace más grande… (e02i41a6).

De los 51 participantes, 50 manifestaron haber encontrado evidencias de plagio en por lo menos una ocasión en los textos que como árbitros han tenido que revisar, sin embargo, a pesar de ello, a juicio de los propios académicos, parece no tratarse de un problema frecuente en su medio. Más bien fueron mencionados como casos aislados. Asimismo, se reporta que la preocupación por evaluar la originalidad de un texto usando medios informáticos es algo nuevo:

Yo tengo poco que me preocupo por ver si los documentos que me toca evaluar son plagiados. De hecho, no conozco ninguna herramienta que ayude a eso específicamente, ya que yo uso simplemente el buscador de Google… tomas una porción del texto y la metes en el buscador… sé que existen herramientas especiales, pero no las he utilizado… (e02i47a7).

Aunque el buscador de Google no fue diseñado para detectar plagio, y sólo es útil para eso hasta cierto punto, no parece percibirse una necesidad mayor que justifique usar herramientas especializadas.

Como puede verse, el plagio es percibido como lejano aun a pesar de que ellos mismos han sido víctimas de plagio y que la mayoría de los participantes han encontrado evidencias de plagio en los textos que les han pedido revisar como árbitros para publicaciones especializadas”.

FUENTES:

2 comentarios en “El plagio académico. Introducción.”

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