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Las fake news y sus consecuencias. Parte I

La realidad de las fake news está cada día más de moda y ha entrado en la via diaria con fuerza a través de redes sociales y con más frecuencia en la vida diaria.

En primer lugar, cabe señalar que “las redes sociales como Google, Facebook o Twitter se han convertido en una incubadora de noticias e informaciones inventadas y dirigidas con el objetivo de manipular nuestra intención y pensamiento para, finalmente, ganar dinero por ello, etc.

Y no es casual que el canal de distribución elegido sean estas redes sociales. La falta de privacidad de los ciudadanos en las redes sociales, la ligereza del marco legal en el ámbito digital, junto con las potentes herramientas de segmentación de estas plataformas, facilitan a grupos de ciber delincuentes y empresas de dudosa ética como Cambridge Analytics, diseñar estrategias y campañas de bulos y fake news destinadas a manipular el pensamiento, y finalmente el voto de los ciudadanos para el lado del que contrata sus valiosos servicios. 

Cuanto más saben de ti, más fácil es manipularte

Es tanta la información que tienen de nosotros, y son tan precisas las herramientas de segmentación de algunas redes sociales, que ya casi permiten entregar a cada persona la noticia que le gustaría recibir hoy. Esta potencia es la que convierte a las redes sociales en muy peligrosas y hace imprescindible dejar de dar credibilidad a todo lo que sea afín a nuestro pensamiento o ideología. También es prioritario dejar de reenviar y dar visibilidad a cualquier información que no sepamos con certeza que es cierta.

Estas ciber amenaza ya preocupa a los gobiernos y tecnólogos de todo el mundo. Y se ha hecho más necesario que nunca fomentar el pensamiento crítico en los más jóvenes como única arma eficaz para combatir la manipulación de pensamiento.

La necesidad de privacidad, de reflexión y pensamiento crítico, y algunas técnicas para detectar bulos y noticias falsas son actividades que trabajamos en los talleres del programa Segureskola para centros escolares y en el programa online educativo para familias.

Los bulos y fake news en cifras

En el último año las fake news han aumentado un 365%. Son ya varias investigaciones las que advierten de los peligros de las noticias falsas. Uno de ellos es el “I Estudio sobre el impacto de las ‘fake news’ en España”, realizado por Simple Lógica en colaboración con el Grupo de Investigación de Psicología del Testimonio de la Universidad Complutense de Madrid. Éste afirma que ocho de cada diez españoles no saben distinguir una noticia real de una ficticia.

También la consultora Gartner recoge en otro de sus informes que en 2022 la mayoría de los países occidentales consumirán más información falsa que noticias reales.

Consecuencias de las fake news

Las fake news no tienen nada de inocentes. Cualquier noticia inventada puede crear una ola de alarma, indignación e incluso terror y pánico. Muchos expertos afirman que estas campañas de noticias falsas tuvieron mucho que ver en la llegada de Trump a la Casa Blanca. Y fueron el motivo por el que un hombre entro en una pizzería de EEUU con un fusil de asalto porque había leído una presunta trama de prostitución infantil vinculada a Hillary Clinton.

Estos dos casos demuestran lo peligrosos que son las fake news y las consecuencias en la vida real que pueden llegar a tener si las personas creen estas informaciones sin cuestionarse su veracidad o los intereses que hay detrás de ellas”.

El problema de estas fake news es que están ya tan arraigadas que muchas veces pasan por ciertas. Hay que destacar que la mejor forma para hacer frente a estas noticias falsas es tener en cuenta la fuente de la que tomamos la información, contrastar con otras fuentes con importancia en la materia de que se trate y verificar que está bien.

En segundo lugar, y en relación a lo que se ha destacado antes de que las fake news están alcanzando todos los aspectos diarios de la vida de los seres humanos, cabe señalar que “

Rock, director del portal La Silla Rota de Ciudad de México, enfatizó el problema del impacto de las noticias falsas en las redes sociales, ya que “la gente tiende a creer lo que es viral”. Recomendó también consultar la Declaración de Salta sobre Principios de Libertad de Expresión en la Era Digital de la SIP (enlace), cuyo décimo artículo expresa que “la desinformación no se debe combatir con mecanismos de censura ni sanciones penales, sino con la adopción de políticas de alfabetización noticiosa y digital”.

Otro de los participantes, el periodista Paul Farhi, de The Washington Post, achacó el deterioro de los medios “no a la falta de credulidad, pero sí a la presión económica que disminuye la habilidad de reportar”. Farhi, reportero especialista en medios, dijo que “a esto se agrega la estigmatización del presidente Donald Trump contra los medios y las redes sociales, donde todos pueden ser periodistas”. Dijo que esta situación “ha creado una combinación de que no hay credibilidad sobre las noticias, sino que la gente cree la propia opinión que tiene”.

Por su parte, Michael Camilleri, abogado y director del Programa Peter D. Bell sobre Estado de Derecho de la organización Diálogo Interamericano (IAD), habló “de la masiva exposición a las noticias falsas o desinformación maliciosas… donde nace el problema”. Dio como ejemplo las elecciones presidenciales de octubre 2016 en Estados Unidos de las que dijo, “todavía estamos analizando el impacto de lo que ocurrió”.

Desiré Yepez, periodista del sitio de verificación de datos Ecuador Chequea, destacó “la importancia del fact checking, no como género, sino como un periodismo más profundo y de volver a las fuentes para comprobar y verificar la información”. Agregó que “los medios tradicionales a veces se adueñan de fake news porque encuentran algunos hechos extraordinarios”. Sin embargo, advirtió que “esa es justamente la alarma que tiene en cuenta el fact checking: si algo es extraordinario, se debe checar”.

Con referencia al ejercicio periodístico, el reportero del The Washington Post consideró que “se debe distinguir mejor entre lo que es opinión y la información. Eso ayudará a recobrar mejor la confianza del público”.

Rock subrayó la responsabilidad de los medios para prevenir la diseminación de desinformación y “recobrar la confianza del público”.

En tanto, Camilleri sugirió iniciar una conversación interdisciplinaria para ver qué se puede hacer frente a las noticias falsas. “Antes, no se tuvo en cuenta el rol de las plataformas digitales, pero ahora se sabe que tienen gran responsabilidad en la difusión”, concluyó.

La conferencia “Medios y Democracia en las Américas II” reunió en la sede del IAD a periodistas, representantes de medios y de organizaciones de prensa, entre otros expertos del hemisferio occidental.

Rock formó parte de una delegación de la SIP que visitó Washington del 6 al 8 de marzo para exponer en distintos foros y en reuniones bilaterales la grave situación por la que atraviesan las libertades de expresión y de prensa en Nicaragua.

Ya se están implantando en algunos ordenamientos consecuencias varias contra las fake news. Hay que señalar que “los expertos legales de DAS seguros aseguran que las fake news son una nueva amenaza para la ciberseguridad, ya que son usadas por cibercriminales para infectar dispositivos, así como uno de los principales riesgos reputacionales para cualquier compañía o institución.

La afectación de este tipo de información ha llegado hasta tal punto que el mismo Donald Trump afirmó a finales de agosto que buscaría la manera de limitar la propagación de fake news a través de las redes del gigante online. De hecho, en China el Gobierno ya ha aplicado una normativa para castigar a los que difundan rumores políticos, y abandera una de las mayores censuras a los internautas a nivel mundial.

No sólo Google, sino que en otras páginas de Internet como Facebook siguen la misma línea. Mark Zuckerberg, en su declaración ante el Senado de Estados Unidos en abril de 2018, reconoció que se habían creado 80.000 publicaciones falsas que llegaron a 126 millones de estadounidenses a través de su red social.

Este fenómeno, en la era de la híper-conectividad, es especialmente alarmante si se tiene en cuenta que, de acuerdo con el Instituto Tecnológico de Massachusetts y su informe The spread of true and false news online, estas noticias tienen hasta un 70% más de probabilidades de ser compartidas que las verídicas, propagándose más rápido y llegando a una mayor audiencia. Por otra parte, según una investigación llevada a cabo por Buzzfeed, las fake news publicadas con anterioridad a las elecciones estadounidenses tuvieron más interacciones en Facebook que las de medios reputados como el New York Times, Washington Post o NBC News.

“Tan importante es la verificación de noticias como la reconstrucción de la confianza en los medios de comunicación y esto es responsabilidad de todos” aseguran los expertos legales de DAS Seguros. Advierten, así mismo, sobre la importancia de aprender a distinguir las noticias falsas de la información verificada. “Hay que estar especialmente atentos a quién firma la noticia, las fuentes, y el tono de la noticia”, aseguran.

Entonces, ¿si hago difusión de una información falsa, incurro en un delito, aunque no sea consciente de esta falsedad?

Según los expertos legales de DAS Seguros, puede ser delito la difusión de información no cierta “que persiga el daño sobre la imagen o reputación de una persona o entidad”, es decir, cuando colisiona con los derechos de otras personas. En tales casos, “esta difusión puede suponer la comisión o bien delito de injurias, cuando intencionadamente se menoscaba la fama o reputación de otra persona, o bien de delito de calumnia, cuando se ha imputado a otra persona un delito, con conocimiento de su falsedad, y/o temerario desprecio hacia la verdad”, aseguran. El delito de injurias propagadas de forma pública está penado con la pena de multa de seis a catorce meses, conforme al art. 209 del Código Penal. Por su parte, el delito de calumnias propagadas de forma pública está penado con penas de prisión de seis meses a dos años, o multa de doce a 24 meses, conforme al art. 206 del Código Penal.

En el caso de fake news con mensajes de alarma, atentados terroristas o catástrofes, las cuales implican situaciones de peligro para la sociedad o hacen necesario el auxilio y la activación de los servicios de emergencia; la afirmación falsa o la simulación podría ser constitutiva de delito de desórdenes públicos en base al artículo 561 del Código Penal. En tal caso, el presunto delincuente se enfrentaría a penas de tres meses a un año de prisión o multas de hasta 18 meses. 

De acuerdo con los expertos de DAS Seguros es fundamental consultar siempre fuentes oficiales, ya que “solo un 14% de la población detecta las noticias falsas, aunque creen hacerlo 6 de cada 10 receptores. Su verificación se hace necesaria en una era digital de hiper-transparencia, pero que también por ello es un contexto de mayor vulnerabilidad”, aseguran”.

Y el problema es que las fake news están alcanzando al sector alimentario también. Aquí hay que señalar que “el 30% de las fake news que se mueven en las redes sociales tratan sobre alimentación. Es el dato que maneja la industria española y no es de extrañar que este tema esté entre los primeros puntos de su lista de preocupaciones. Y tampoco es de extrañar que esta cuestión haya tenido su hueco de debate y reflexión en Alimentaria 2018. Luchar contra las fake news ya está marcado en rojo y en posición preferente en la lista de tareas. Ojo a este dato de la consultora Gartner: se calcula que en 2022 la mitad de la información que veamos será falsa. Y las consecuencias son reales…

Hasta el propio presidente de Alimentaria y de Fira de Barcelona, José Luis Bonet, ha hecho un hueco en su apretada agenda del primer día de feria para intervenir en un acto organizado por la Fundación Triptolemos en relación a las fake news. Y lo ha hecho sin contemplaciones: “Es un tema de rabiosa actualidad. El mundo antisistema avanza a veces con la sobreutilización de posverdades o fake news, que ocupan un espacio muy importante en las redes sociales”.

“El mundo antisistema avanza a veces con la sobreutilización de posverdades o fake news

Ante ello, Bonet ha pedido al sector alimentario que “hay que poner las cosas en su sitio” porque “hay gente que quiere manipularlas a través de mentiras”. “Lo importante es que se busque la verdad -ha añadido-, viendo el trabajo de expertos y colaborando entre todos los que trabajamos en el mundo alimentario con apoyo de la ciencia”. “Hay que poner las cosas en su sitio”, ha insistido.

Juan Julián García, vocal de comunicación y relaciones institucionales de Aecosan, ha reconocido su preocupación por este tipo de noticias “que pueden afectar a la conciencia de los consumidores”. “Pondremos todo nuestro apoyo en apoyar todo lo que sea válido para que nunca haya tergiversaciones”, ha comentado.

“Esto no ha hecho más que empezar”, ha dicho Fernando Moner, presidente de CECU, quien ha recordado que los consumidores cada vez más recurren a las redes sociales para informarse sobre determinados productos. “El origen de las fake news no sabemos dónde está ni quién está detrás. Juegan con los sentimientos y generan corrientes de opinión. Hay que tener en cuenta la rapidez con la que se difunden y cómo inducen a error para modificar los hábitos de los consumidores”, ha comentado. El 60% de los consumidores que reciben fake news cambian su opinión sobre un determinado producto. “Y son víctimas”, ha concluido.

“Esto no ha hecho más que empezar”

En la mesa de debate se ha analizado la tiranía de las redes sociales y del daño que pueden hacer apenas 140 caracteres. Se ha puesto como ejemplo la tendencia actual de criticar los alimentos ultraprocesados, relacionándolos con el cáncer. “Pero no se profundiza sobre el problema”, apuntan los expertos. “Por ejemplo -añaden-, no se dice que quien come muchos alimentos ultraprocesados no tienen unos hábitos de vida saludables”. Por tanto: información incompleta, alerta exagerada, graves consecuencias…

Ejemplos de fake news hay muchos. Simplemente hay que revisar los grupos de Whatsapp de cada uno para comprobar que cada semana hay alertas y mentiras sobre una determinada empresa alimentaria, sobre un alimento o ingrediente concreto o sobre algún tema delicado, como el boicot contra productos catalanes. Las redes sociales no han hecho otra cosa que potenciar este tipo de falsas noticias y los medios de comunicación, desgraciadamente, a veces caen en ellas. El papel de estos últimos a veces “se ha desdibujado” por las primeras.

Luis González Vaqué, exconsejero sobre Mercado Interior de la Comisión Europea, ha desvelado los datos de una encuesta preparada por la UE entre ciudadanos y empresas, según la cual el 99% afirmaba haberse encontrado en su vida profesional con noticias falsas, con las redes sociales como principal origen de las mismas. Por tanto, las fake news ‘hacen’ su trabajo y llegan a la gente.

Buenaventura Guamis, catedrático de tecnología de alimentos de la UAB, ha pedido que los medios de comunicación sean responsables con los enfoques de las noticias que ofrecen para impedir dar noticias que confundan a los consumidores. También ha reclamado a estos que sean inteligentes y no compartan contenidos así como así, sin haber leído su contenido o reflexionado sobre él.

“Falta formación y hay desinformación sobre tecnología alimentaria. Hay que asociarse y luchar frontalmente contra las fake news. Y debemos tener responsabilidad con lo que se difunde”. Esa reflexión ha dejado huella en Alimentaria 2018″.

En cuanto a las soluciones, en primer lugar cabe señalar que “

Las Fake News no se dan sólo en el mundo del periodismo, sino que ya se han convertido en un problema social. Y existen multitud de agentes alrededor de este fenómeno: los medios de comunicación, las redes sociales que funcionan como plataforma de difusión, o los propios lectores que son víctimas y propulsores de fake news al mismo tiempo. Los lectores son al mismo tiempo víctimas y propulsores de fake news

Las iniciativas y propuestas para acabar con este problema proceden de todos estos protagonistas. Pero, ¿serán suficiente para acabar con las fake news?

Desde los medios de comunicación

El año pasado The New York Times lanzaba un mensaje defendiendo la verdad durante la ceremonia de los Oscar. Bajo el claim “La verdad duele” el periódico quería transmitir que en estos momentos la verdad es más importante que nunca.

También la BBC, grupo de radio y televisión pública británica, está luchando contra las fake news. Para ello han creado un plan para enseñar a los alumnos de secundaria a identificar las noticias verdaderas y desechar las falsas. Con esta iniciativa se ofrecerán hasta mil talleres presenciales impartidos por periodistas, así como módulos y programas online.

Desde las redes sociales e Internet

Hace tres años Facebook daba los primeros pasos permitiendo a los usuarios denunciar las noticias falsas en la red social. Pero esta medida no ha resultado ser suficiente, y hace unos días Mark Zuckerberg anunciaba que la red social clasificará los medios de comunicación según su fiabilidad. Con esta iniciativa Facebook adopta una posición más dura contra el contenido de baja calidad y fake news para evitar (o ralentizar al menos) su difusión. Para ello preguntarán a los usuarios qué fuentes de información consideran fiables y cuáles no, uniendo todas las respuestas para determinar el grado de fiabilidad de la prensa. Maldita.es: Periodismo para que no te la cuelen

La rápida difusión de las fake news también ha hecho que nazcan portales como Maldita.es. Se definen como “un proyecto periodístico independiente cuyo fin es dotar a los lectores de herramientas para que no te la cuelen”. En su sección de “Maldito Bulo” se desmienten los bulos que con frecuencia circulan por redes sociales, echando una mano para distinguir entre lo que es verdad y lo que es mentira”.

Por otro lado, cabe señalar que “Los nuevos modelos de comunicación han transformado la manera de transmitir las noticias. Gracias a internet, el acceso a la información nunca había sido tan rápido. Cada minuto se realizan más de 3,5 millones de búsquedas en Google, se producen 900.000 accesos a Facebook y se envían 156 millones de emails. Esta necesidad de estar informados a cada instante ha provocado el auge de las conocidas ‘fake news’”.