búsqueda de trabajo, Derecho, Derecho Laboral, Economía

Economia colaborativa. Régimen jurídico.

Hay que comenzar este artículo diciendo que “la economía colaborativa es un modelo en el que los servicios son considerados bienes de intercambio. Por ejemplo, una persona que pueda ofrecer alojamiento a otra durante unos días, puede intercambiar este servicio por unas clases de inglés o francés.

Como su propio nombre lo indica, se trata de un modelo centrado en la colaboración y la ayuda muta. Actualmente, casi todos los sectores de la economía ya cuentan con negocios colaborativos. Pese a que su irrupción fue en el año 2010, aún es temprano para decir si este sistema tendrá un alcance global o sólo parcial”.

Dicho de otro modo, cabe señalar que “el inevitable aumento de las nuevas plataformas de prestación de servicios y de economía colaborativa exige, por un lado, que las Administraciones competentes mejoren sus regulaciones para delimitar mejor qué se entiende incluido y que no, en cada tipo de actividad sujeta a algún tipo de norma, regulación o fiscalización, y por otro lado, que los operadores de dichas plataformas realicen un análisis previo de la normativa aplicable y del régimen jurídico al cual se sujetará su actividad, sin que pueda servir de excusa el entorno digital para prescindir de su cumplimiento.

La economía colaborativa se refiere a la nueva realidad económica y social surgida con el auge de las nuevas tecnologías en los últimos años, lo que ha permitido la creación de plataformas o espacios digitales donde los ciudadanos intercambian bienes y servicios, tiempo, conocimiento etc., con unas condiciones más ventajosas que las que obtendrían habitualmente en el mercado tradicional.

Para que podamos estar hablando en propiedad de economía colaborativa, algunos autores apuntan a que solamente lo serán aquellas plataformas online que operan como meras intermediarias, posibilitando el intercambio de bienes y servicios, con o sin contraprestación económica, bien sea entre iguales (ciudadanos entre si), o entre ciudadanos y empresas siempre que la contraprestación se origine desde los ciudadanos. Por ejemplo, prácticas como compartir viviendas entre particulares (couchsurfing) o la compraventa de productos de segunda mano (Wallapop) serían economía colaborativa.

En cambio, no podríamos hablar estrictamente de economía colaborativa como tal, si una plataforma online crea una relación comercial entre un profesional particular (autónomo) que presta un servicio y los consumidores finales. Sería el caso, por ejemplo, de Uber donde se crea una relación comercial entre los usuarios de la plataforma (conductores-clientes)”.

Es decir, lo que se pretende con la economía colaborativa es aquella forma de prestación de servicios, normalmente a través de plataformas online, con la que se pretende que los intervinientes, a través de las nuevas tecnologías, puedan ponerse en contacto y conseguir sus objetivos.

Cabe ir señalando como conclusión que “la economía colaborativa tiene como base la puesta en contacto entre potenciales ofertantes de productos y servicios con potenciales clientes de dichos productos y servicios, haciendo uso de una plataforma tecnológica que gestiona un tercero y que permite dicho contacto entre aquellos.

Ante la escasez de normas a nivel nacional que regulan estos nuevos modelos de negocio y los riesgos de sanción por incumplimiento de la legislación fiscal y/o laboral nacional, sí se decide crear un modelo de economía colaborativa a la fecha, deberemos acudir a la Comunicación de la Comisión Europea de 2 de junio de 2016 sobre la Economía Colaborativa para averiguar en qué posición nos encontramos”.

E incluso hay que añadir que “es una economía que nos ofrece herramientas para poder consumir, producir, financiarnos y aprender de manera más sostenible, más social y más económica. Una economía a escala humana cuyo fin, aún lejos, es dejar atrás sistemas tradicionales basados en el poder, el dinero y la jerarquía, poniendo a la persona en el centro y a las comunidades que están en torno a ellas como nodos no sólo productivos, sino también decisores.

La sociedad colaborativa sueña con estar compuesta de organizaciones más horizontales, distribuidas, descentralizadas y participativas. Un sueño para el que aún queda mucho por hacer, pero para el cual tenemos cada vez más herramientas y, como con toda herramienta, el resultado dependerá del uso que se le dé”.

Por tanto, se trata de la utilización de nuevas tecnologías para conseguir mayor conexión, seguridad e interconexión e.tre los consumidores y usuarios y los prestadores de servicios.

En cuanto a posibles responsabilidades, cabe señalar que, “en materia de responsabilidades, si la plataforma colaborativa es un puro intermediario se puede beneficiar de la exención de responsabilidad de los intermediarios establecida en la Directiva comunitaria sobre comercio electrónico. En este ámbito, recibe la consideración de alojamiento de datos, la actividad relacionada con el almacenamiento de datos de los clientes y la puesta a disposición del espacio en el que los usuarios se encuentran con los proveedores de servicios subyacentes. No obstante, advertir que para beneficiarse de dicha exención se tendrá en consideración el nivel de conocimiento y control de la plataforma en línea en relación a la información que almacena y se tendrá que analizar, siempre caso por caso.

La normativa española, Ley de Servicios de la Sociedad de la Información (LSSI) 34/2002, de 11 de julio, que regula la responsabilidad de los prestadores de servicios de intermediación prevé lo siguiente en su artículo 16:

“Los prestadores de servicios de alojamiento o almacenamiento de datos no son responsables por la información almacenada siempre que: i) no tengan conocimiento efectivo que la actividad o la información almacenada es ilícita o de que lesiona bienes o derechos de un tercero susceptibles de indemnización o ii) si lo tienen, actúan con diligencia para retirar los datos o hacer imposible el acceso a ellos””.

Por último, cabe señalar que “esta nueva práctica de colaboración conectada, puesta ya en marcha por muchas empresas, dentro y fuera de nuestras fronteras, está irrumpiendo en prácticamente todos los ámbitos de la vida cotidiana: la movilidad (carsharing, alquiler y uso compartido de vehículos, taxis, bicicletas y plazas de aparcamiento, carpooling o rellenar asientos vacíos de coches con otros pasajeros que vayan en la misma dirección); la eficiencia energética (uso compartido de equipamiento doméstico); la habitabilidad(alquiler de habitaciones o uso compartido de viviendas); los negocios (coworking o compartir locales para oficina); las comunicaciones (plataformas para el móvil en la que los usuarios pueden comprar y vender bienes y servicios a personas que viven en una misma comunidad); la cultura (bookcrossing y trueque de libros, promoción de intercambios culturales de jóvenes de diferentes países); la educación (comunidades digitales para aprender idiomas);  el turismo (experiencias gastronómicas en casas particulares y peer to peer de intercambio de alimentos); el tiempo y las habilidades (bancos de tiempo), o el trabajo (microtareas, contratar personas para encargos determinados, «solucionadores» a domicilio donde se adjudican al mejor postor tareas que van desde colgar cuadros a montar muebles por piezas); etc.

Siguiendo la clasificación que propone la profesora de sociología Juliet Schor del Boston College, existirían cuatro grandes grupos de iniciativas en la economía o consumo colaborativo en los que se podrían contemplar todos los ejemplos anteriormente citados: a) la recirculación de bienes, o intercambio de bienes usados entre usuarios, donde Ebay y Craig List figuran como referentes en este ámbito; b) el intercambio de bienes y servicios, a través, por ejemplo, de los denominados “bancos de tiempo”, donde los usuarios intercambian horas de su tiempo para la prestación de determinados servicios (pintura, au pair, limpieza, masajes, rutas guiadas, etc); c) la optimización del uso de activos, con el ejemplo paradigmático del uso compartido del coche, con los referentes empresariales de Amovens, Blablacar o Uber;y d) la construcción de conexiones sociales, con Prosper, Zopa o Lending Club a la cabeza, que permiten entre otras posibilidades la financiación y/o inversión entre particulares sin tener que recurrir a entidades financieras (crowdfunding o crowdlending).

De todas estas formas de economía colaborativa interesan, desde el punto de vista del derecho laboral, aquellas que, en su caso, podrían conllevar implicaciones en este ámbito, concretamente las basadas en el intercambio de servicios. En algunos de estos casos, al pasar de la conexión on line a la vida off line, se pueden generar derechos y obligaciones jurídico-laborales entre los usuarios, o entre los usuarios y la empresa intermediaria en la plataforma digital creada para procurar ese intercambio de bienes y servicios.

Imaginemos a dos usuarios que, después de haberse puesto de acuerdo en una plataforma virtual creada al efecto, deciden intercambiar horas de trabajo, en lo que se denomina bancos de tiempo (hora por hora). Un usuario acoge a otro en su domicilio y a cambio de facilitarle una determinada manutención (prepararle la comida y la cena por ejemplo), incluso alojamiento, recibe horas de limpieza de su vestuario y cuidado de sus hijos (al llevarles y traerles del colegio y/o enseñanza de idiomas), aproximadamente a la par en las horas de trabajo.

A priori este trueque no tendría ninguna repercusión laboral, pero si el usuario que realiza la limpieza y cuidado de los menores tuviera un horario preestablecido, unas normas o instrucciones claras y precisas del trabajo a desarrollar (horario de entrada en el domicilio para llevar a los niños al colegio, horario de salida, instrucciones sobre cómo planchar la ropa, etc.), y los medios de trabajo fueran aportados por el usuario propietario de la casa (plancha, productos de limpieza, etc.), acompañado de una pequeña retribución económica.., ¿se podría entender que realmente lo que existe es una relación laboral encubierta?.

Otras interrogantes se abren en este sentido: ¿Sería moral o incluso legal, realizar un trabajo por horas a cambio de una pequeña contraprestación en especie o económica muy por debajo de los límites establecidos legal o convencionalmente, sin ninguna garantía o seguridad laboral?  ¿Se traduciría esta nueva forma de empleo en una renuncia a los históricos derechos conseguidos por los trabajadores, convirtiéndose incluso, en una nueva forma de esclavitud moderna provocada por la necesidad del momento..?. Esto no es una quimera. El modelo de la plataforma Taskrabbit hace que en países como Estados Unidos los usuarios compitan en condiciones de pseudoesclavitud voluntaria por nuevos clientes a los que limpiar la casa, pasear a sus mascotas o cualquier otra actividad por cuantías muy por debajo de los derechos laborales reconocidos.

En mi opinión, éste es uno de los nuevos retos que plantea estas iniciativas de economía o trabajo colaborativo. Se trataría de deslindar el intercambio de servicios verdaderamente colaborativo, de la prestación de servicios a título lucrativo con carácter laboral.

Nuestro ordenamiento jurídico-laboral, si bien no regula expresamente la denominada economía colaborativa, sí contempla otras figuras afines como los trabajos realizados a título de amistad, benevolencia o buena vecindad, excluidos del ámbito de la legislación laboral, de acuerdo con lo preceptuado en el artículo 3.d) del Estatuto de los Trabajadores (ET).

En estos trabajos, donde no se aprecian las notas típicas de una relación laboral (carácter retribuido, ajenidad y dependencia), lo que prima es el carácter desinteresado o colaborativo, y hasta cierto punto afectivo, del prestador del servicio o trabajo determinado, como ocurre, por ejemplo, con el voluntariado social, donde se realizan trabajos a título gratuito a favor de personas que lo puedan necesitar en un momento determinado (ej. Voluntarios de Cruz Roja).

Muy en consonancia con una de las ideas principales tanto de la economía colaborativa, el trabajo como pares o como iguales (“hora por hora”, “peer to peer”), como en este tipo de trabajo amistoso, benevolente o de buena vecindad, es lo que se ha venido denominando como “trabajo a la par”, que cuenta con una regulación normativa expresa en nuestro derecho laboral. Encontramos esta regulación en el artículo 2.2 Real Decreto 1620/2011, de 14 de noviembre, por el que se regula la relación laboral de carácter especial del servicio del hogar familiar

El trabajo a la par, o “relación de colaboración a la par”, es aquél en el que se produce la acogida temporal, en régimen de convivencia familiar, de personas, entre las que se produce un intercambio de servicios, siempre y cuando tengan un carácter marginal, como cuidados de niños, la enseñanza de idiomas u otros, a cambio de una manutención, alojamiento o simples compensaciones de gastos, donde está ausente la retribución o el carácter retribuido de la prestación de servicios.

Así como ocurre en la economía o trabajo colaborativo, el propósito de los servicios prestados a la par, en palabras del profesor de la Universidad de Oviedo, Iván Antonio Rodríguez,  <no es el lucro económico, ni siquiera la formación profesional, sino el enriquecimiento personal que supone el conocimiento de otra lengua y/o cultura […]>.

Así, en todos estos casos, y salvo acreditación de la concurrencia de las notas clásicas de ajenidad y dependencia propias de una relación laboral, estaríamos ante relaciones extramuros de la legislación laboral, excluidas del sistema, por entenderse residuales y carentes de lucro económico.

Si por el contrario, la prestación de servicios se enmarcase dentro del ámbito de dirección y organización del receptor de los trabajos realizados (en nuestro caso, el usuario-empresario), por su cuenta y a cambio de una retribuciónpodríamos encontrarnos con una declaración de laboralidad de dicha relación contractual. En ocasiones, incluso sin retribución, se ha entendido que existía relación laboral, donde lo que se estaba incumpliendo era la obligación de retribuir la prestación de servicios”. 

FUENTES:

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s