Abogacía, Derecho, Derechos fundamentales, Poder Mundial, Política

¿Son realmente libres los Estados, y, dentro de ellos, sus ciudadanos? ¿O pasa lo que pasa por una mano oscura? PARTE I

Actualmente, los seres humanos viven en un mundo globalizado e interconectado entre sí por las relaciones comerciales, los movimientos geográficos de personas, mercancías, etc. Es por ello que lo que le ocurra a un país influya de manera positiva o negativa a los demás. La libertad, la intimidad personal y familiar y otros derechos fundamentales, especialmente los contectados a la libertad y la intimidad, se han visto considerablemente reducidos en su contenido.

Tras esta breve introducción, cabe señalar, respecto a la libertad, que, “aunque hay varias definiciones, me quedo con la que se refiere a la facultad que tiene el individuo para elegir de manera responsable su propia forma de actuar. Pero, para esa elección responsable, hay que tener la capacidad de evaluar las consecuencias de los actos. Tener capacidad de elección y de decisión sobre nuestros propios actos implica que seremos tanto más libres cuantos menos condicionantes restrinjan esa capacidad. Y para poder evaluar las consecuencias de esos actos hemos de tener el conocimiento necesario que nos lo permita. Por tanto, una política realmente decidida a aumentar nuestra libertad debería reducir esos condicionantes y aumentar ese conocimiento.        

Por ejemplo, la libertad de pensamiento. Como principio general, estamos de acuerdo en que debe ser protegida, sin embargo es obvio que está siendo limitada por multitud de factores. Uno de los más señalados es la carencia de formación debida a la falta de recursos económicos. Si un chico quiere estudiar y su familia no puede pagárselo, las restricciones al crecimiento intelectual que le brindaría esa formación académica estarían mermando su libertad. Pero no solo habría que actuar para que pudiera desarrollar las habilidades y conocimientos que le servirán para su futuro laboral o su bienestar económico, sino que también habría que hacerlo con todos los demás talentos que tiene; eliminando o reduciendo aquellos factores que impiden ese desarrollo.

Desde este punto de vista, es evidente que la acción política debería promover un modelo educativo que evitase el adoctrinamiento. Pero no solo el que postulan ciertas minorías sino también el que aplauden las mayorías. Debería evitarse, entonces, la enseñanza de las concepciones dominantes en cada época como si fueran verdades inmutables. Y esto no solo se refiere a las materias que más debate político suscitan, como religión, ciudadanía o historia, sino también a las restantes. 

En realidad, todo aquello que promueve un cierto alineamiento en nuestras ideas y forma de pensar está coartando nuestra libertad. En este paquete podemos incluir, sin duda, la costumbre de los políticos de manipular la opinión ciudadana en su provecho. También la actuación de los medios de comunicación, con su tendencia a mostrarnos solo unas determinadas caras de la realidad y unas formas de interpretarla. Y también a los colectivos profesionales que, por ejemplo, en diversos ámbitos de la ciencia insisten en contarnos ciertas teorías o explicaciones como si fueran verdaderas cuando ellos mismos saben que solo son las mejores de que disponen en ese momento, pero que probablemente se verán modificadas sustancialmente al cabo del tiempo.

Incluso habrá que reconocer que, con la mejor de las intenciones, nuestro propio entorno social y familiar contribuye a restringir nuestra libertad de pensamiento y de decisión. En definitiva, la formación en unos determinados valores éticos, o morales, lo que pretende es moldear nuestras ideas y nuestra conducta en una determinada dirección. Lo cual nos llevaría a preguntarnos qué parte de los condicionantes éticos que inculcamos en el proceso educativo de los pequeños responde a unos principios universales y no cuestionables (por ejemplo, no matar) y, en cambio, qué otra parte refleja los clichés o estereotipos propios de la mentalidad de la época en la que vivimos y que, por tanto, son perfectamente cuestionables. Es evidente que los condicionantes de este segundo tipo también estarían limitando indebidamente su libertad, por mucho que el grueso de la sociedad (y desde luego sus padres) estuvieran convencidos de su validez.

Pero no solo se nos condiciona en nuestras opiniones manipulando las ideas y las informaciones que nos llegan, también se logra ese efecto, aunque de otra forma, actuando sobre nuestras emociones y nuestros miedos. No hay campaña electoral que se prive de este recurso. Los ejemplos abundan en la política, pero también en los medios de comunicación, en la industria publicitaria, en la educación familiar y en tantos otros ámbitos de nuestra vida social. Es obvio que así se merma muy eficazmente nuestra libertad, aunque sobre ello no se diga nada en el debate político.

Todo lo señalado hasta aquí, son condicionantes a nuestra libertad que tienen en común que sus causas son claramente externas al individuo, porque le vienen impuestas desde fuera. Pero a eso hay que añadir aquellos otros cuyas causas se sitúan en lo que podríamos llamar los condicionantes propios de cada persona: su carácter, su genética, su fisiología, su memoria… Algunos de ellos pueden ser identificados y solucionados, otros solo identificados, otros apenas pueden ser intuidos y otros probablemente ni eso.

Por ejemplo, quien sea propenso a obsesionarse con lo que le sucede en la vida tendrá más limitaciones para razonar libremente. Sencillamente porque sus propias obsesiones le harán tender a valorar las situaciones de una determinada manera. O, por ejemplo, quien sea más sensible a ciertos miedos, porque vivirá más a la defensiva y tenderá a ver amenazas o riesgos donde quizás no los haya. Naturalmente estas personas serán más vulnerables a las manipulaciones externas que pretendan generar sensaciones de fragilidad, temor o indefensión en la gente. En estos casos, la acción política no podría resolver todo el problema, pero sí podría contribuir mucho a suavizarlo mediante una educación distinta y mediante un tipo de mensajes políticos más respetuosos y menos manipuladores.

Sin embargo, hay limitaciones que son inherentes al estado actual de la especie humana. Por ejemplo, si nuestra capacidad para captar la realidad está restringida por el reducido rango de percepción de nuestros sentidos y, por tanto, solo vemos u oímos una mínima porción de lo que existe, es evidente, entonces, que nuestro conocimiento y comprensión de la realidad será también muy reducido y, por tanto, lo será nuestra capacidad para evaluar las consecuencias de nuestros actos y para ejercer nuestra libertad de forma responsable. Es como si, desde la oscuridad de un pozo quisiéramos comprender y actuar sobre lo que sucede en el mundo exterior. Podremos creer lo que queramos, pero lo cierto es que nuestra libertad de opinión y decisión está limitada por nuestra propia ignorancia.

No creo que haga falta seguir mostrando más aspectos que condicionan nuestra libertad, que los hay, para tomar conciencia de la cantidad y complejidad de los factores causantes de ello. De lo que se deriva que, aunque se quisiera, la acción política y social no podría incidir sobre todos ellos. Pero sí podría incidir mucho más de lo que lo está haciendo y sobre muchos más aspectos de los que se dicen.

Por eso, cuando hablamos de la democracia y de que hay que respetar las decisiones que han votado los ciudadanos, alegando que las han tomado libremente, hay que ser conscientes de que esa libertad es muy reducida, nos digan lo que nos digan a este respecto los políticos y creadores de opinión. No, no es cierto que seamos libres cuando decidimos nuestro voto o elaboramos nuestras opiniones políticas. Es más, vivimos en un entorno político donde se nos está queriendo manipular permanentemente. Desgraciadamente, la política se ha convertido, no en la actividad dirigida a garantizar la libertad individual y colectiva, sino más bien en lo contrario, en un ejercicio que conduce al vaciamiento de esa libertad, mediante la manipulación de las ideas y los procesos de formación, el falseamiento de la información, la instrumentalización y agudización de nuestros miedos y pasiones, etc. Otra cosa es que seamos más o menos conscientes de ello”.

De todo esto, se puede deducir que realmente los derechos fundamentales que cualquier Cosntitución democrática proclama respecto a sus ciudadanos se ven considerablemente reducidos en su contenido, pues los Estados, y también a nivel internacional determinados tipos de organismos, tratan de reducir y controlar la acción de los ciudadanos, o incluso de provocar guerras, o incluso pandemias, para conseguir sus propósitos, bien sea la reducción de la población mundial, o la creación de crisis económicas.

Tras esto, cabe señalar que, “en cualquier Estado de Derecho que se precie de tal, las relaciones de poder político, están reguladas por un sistema de normas. Se quiere con todo ello, que el poder sea limitado o que este poder se conduzca por el Derecho y, de esta manera lograr predecirlo en su comportamiento, de tal forma que se logre contestar las siguientes preguntas ¿Cómo va a actuar dicho poder? ¿A quiénes estará dirigido el mismo? ¿Dónde va a ejercerse? ¿Qué materias o temas van a ser reguladas con éste?

En el escenario geopolítico global y ya no en el estado internamente, el poder tiene un vínculo con el derecho y las interacciones entre ambos son evidentes. Atrás han quedado los tiempos en los que los abogados estaban atrapados en el microcosmos de la legislación nacional y ajenos al resto del planeta, como si habitaran un país independiente y controlable, desconectado del universo real, del mundo globalizado en el cual la interdependencia es la regla y no la excepción. Hoy en día la Geopolítica ha arrasado con todos los intentos de autonomía de la mayoría de las disciplinas, y el Derecho, aunque fue una de las últimas, también la perdió. Esto es visible en todos sus terrenos, antes solo referidos a la constitución y a un ordenamiento propio: desde el derecho de familia, transformado por las migraciones transnacionales, hasta el de las obligaciones y los contratos, hoy inmersos en redes entrecruzadas de legislaciones múltiples, pasando por el simple hecho de que hasta el derecho público está supeditado a acuerdos o directivas internacionales.

Si bien la geopolítica no es una recién llegada, su práctica es milenaria y como disciplina surge a finales del siglo XIX para servir los propósitos de expansión del poder territorial de los Estados, hoy se posiciona por su esencia multidisciplinar que en la medida en que integra el estudio de las relaciones del hombre, la política, el medio y la economía, permite prever los movimientos del poder en el mapa mundial. Uno de los grandes hechos que ha puesto la geopolítica nuevamente en primera fila, ha sido el fenómeno de la globalización por su gran impacto en la concepción del poder de los Estados-nación, que se ven transformados en la medida en que cada vez comparten más su poder con las empresas, organizaciones, regiones, grupos de interés, uniones de Estados, entre muchos otros. No quiere decir esto que los Estados desaparecen, sino que se transforman en la medida en que pueden llegar a tener mayor inherencia en nuevos espacios por fuera de su territorialidad.

Por otro lado, las amenazas crecen ante las diferentes modalidades de expansión económica y política de otros países, poniendo en peligro la autonomía en su espacio vital. Ni que decir de la tendencia a la integración, cada vez mayor, reflejada en las alianzas político económicas como la Unión Europea, la relación de Estados Unidos -México -Canadá, la ASEAN (La Asociación de Naciones del Sudeste Asiático), el MERCOSUR, la Alianza Pacífico, entre otras. Es así como la potestad del Estado-nación para determinar políticas gubernamentales y definir la estructura de su economía depende cada vez más de los intereses globales, de la posición geoestratégica, de las tensiones en las relaciones internacionales y, en términos generales, de la lucha por la dominancia del mayor espacio vital. La existencia de instancias jurídicas internacionales como las Naciones Unidas, aunque no siempre se cumplan sus resoluciones, la Corte Penal Internacional y la Corte de la Haya, así como la fuerza que toman los actores transnacionales, la trascendencia de los daños ecológicos globales, las exigencias en derechos humanos, las grandes migraciones, las redes de crimen organizado y la interdependencia económica, son factores que se suman para influenciar cada vez más no solamente desde lo legal, sino también por la fuerza viral que adquieren gracias al control que ejercen las redes sociales.

Hoy, más que nunca en la historia del mundo, es necesaria una mirada multidisciplinaria global renovada. Las ingenierías, la economía, la medicina, las ciencias sociales, por mencionar algunas, están evolucionando para asumir este reto, y por supuesto, el Derecho, no se queda atrás, ya que hoy su ejercicio es de cara a la proliferación de contratos que superan las fronteras, exigencias internacionales de propiedad intelectual, requisitos medioambientales y condiciones de trabajo, entre otros. El impacto es tan alto que se podría llegar a hablar de una globalización del derecho, que necesariamente debe estar atravesado por una amplia comprensión del nuevo orden mundial. La geopolítica entra aquí a jugar un papel importante en la medida en que posibilita la comprensión de todas estas transformaciones, de una geografía política como factor histórico que persiste y que afecta las relaciones internacionales pero ya desde una mirada más amplia”.

En este contexto, cabe destacar la importancia de los medios de comunicación para manipular a la población con noticias que lo único que causan es la sumisión de los ciudadanos para poder así hacer y deshacer a su antojo. Así, se puede afirmar que “vivimos en un espacio abierto y la actividad diplomática se ve afectada también por la realidad de las noticias falsas. Embajadas y consulados, al ser sedes diplomáticas de los Estados, no son ajenas al juego geopolítico, del que la influencia en la configuración de percepciones forma parte. Desde el ámbito de la inteligencia y la seguridad, se define “desinformación” como conjunto de prácticas cuyo objetivo es promover la manipulación de las élites políticas y de la opinión pública, mediante la difusión de noticias falsas, con la finalidad de alterar la percepción del destinatario, para favorecer los intereses de quien lo pone en práctica. En el ejercicio de actividades proactivas, los servicios se han empleado profusamente con la intención de influir sobre actores y procesos políticos, condicionando así el curso de los acontecimientos.

Campañas electorales recientes se han visto afectadas por esta realidad. No creo que el debate se deba centrar en criticar lo que hacen ciertas naciones, con más o menos acierto, o defenderse atendiendo a una contra-narrativa de “rusofobia”, etiquetando de forma simple todo tipo de sospechas. Como los gobiernos y la sociedad civil son protagonistas de la democracia, es necesario ofrecer una serie de medidas. El problema va a crecer y afectará de forma directa a la libertad de expresión. Elegir entre seguridad o libertad implica un simplismo imposible; es necesario establecer unas dinámicas que puedan ir creando un equilibrio en la influencia, a favor de la transparencia y la responsabilidad de los medios de comunicación.

Por su parte, las grandes compañías multinacionales IT, en la carrera por el liderazgo y la innovación, han entrado en esta dinámica como un actor más. Las posibilidades de algoritmos diseñados desde el “comprender para hacer” ofrecen un panorama complejo lleno de incertidumbres. Además, como el público busca entretenimiento y los medios aumentar audiencia, la desinformación se encuentra con un terreno abonado. Al primar lo emocional y lo novedoso en un entorno cultural relativista, la difusión de dudas, de lo extravagante, la ciencia ficción y las teorías conspiratorias llega hasta unos niveles insospechados.

Abordar el fenómeno fake news implica proteger una serie de valores. Medidas de transparencia, especialmente en el sector público, una regulación limpia y limitada, y una sociedad civil activa son tres vías de contención. Sanciones y una aplicación rigurosa de la ley ayudan a prevenir el contagio de malas prácticas. Sin embargo, para hacer frente a amenazas mayores, hace falta dar el salto y transformarlo en un concepto operacional.

La tensión geopolítica manifiesta una dinámica por el dominio del relato. De contarse con voluntad política suficiente, el surgimiento de una plataforma transatlántica, una forma de coalición contra la desinformación será una posibilidad. Estamos en un conflicto de naturaleza asimétrica y nos vamos a mover en tres ejes: propaganda (método clásico de influencia), social media (plataformas al límite de lo legal) y acciones below the line (desinformación, infiltraciones, ciberataques ilegales). Desde esta perspectiva, los programas de public diplomacy tendrán un mayor protagonismo”.

FUENTES:

  1. ¿Somos libres de decidir en nuestras democracias? BLOG OTRAS POLÍTICAS: https://www.otraspoliticas.com/politica/somos-libres-de-decidir-en-nuestras-democracias/
  2. ¿Somos realmente libres? PERIÓDICO LA NUEVA ESPAÑA: https://www.lne.es/blogs/psicoactiva-mente/somos-realmente-libres.html
  3. El hombre libre, o piensa por sí mismo… BLOG CINISMO: https://civismo.org/es/el-hombre-libre-o-piensa-por-si-mismo/
  4. ¿Por qué creemos ser libres si no es verdad? PERIÓDICO EL MUNDO: https://www.elmundo.es/sociedad/2016/12/14/58502066468aeb23288b4681.html
  5. ¿Hasta qué punto somos libres en nuestra sociedad? BLOG EL CALERO: http://elcalero.com/hasta-que-punto-somos-libres-en-nuestra-sociedad/
  6. Manipulación mediática: Contra la libertad(Visión Geopolítica). ASOCIACIÓN GERMINAL: https://www.asociaciongerminal.org/?p=4619
  7. Geopolítica: el poder global frente a la libertad y la democracia. PERIÓDICO LEVANTE: https://www.levante-emv.com/opinion/2012/04/14/geopolitica-global-frente-libertad-democracia-12992166.html
  8. Poder y derecho en la geopolítica global. SCIELO: http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2145-77192015000100001
  9. Desinformación (fake news): tensión geopolítica y ciencia ficción. BLOG ATALAYAR: https://atalayar.com/blog/desinformaci%C3%B3n-fake-news-tensi%C3%B3n-geopol%C3%ADtica-y-ciencia-ficci%C3%B3n

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