Derecho general

Fake news en tiempos de COVID-19

Desde casi los inicios de internet existen las fake news o noticias falsas. Pero en los últimos tiempos, sobre todo en épocas de convulsión económica, pandemias, etc. Y en tiempos de COVID-19 no podía ser menos.

En primer lugar, cabe señalar que, “durante la pandemia han circulado noticias, mensajes, audios o vídeos con noticias falsas, las conocidas fake news, en donde se ha llegado a afirmar de todo, desde que el virus no existía realmente hasta la existencia de medicamentos milagrosos que lo mataban casi con mirarlo.

La verdad es que este tipo de noticias siempre han existido, no son fruto de la pandemia, lo único que ha cambiado ha sido la forma de difundirlas. Posiblemente, la primera noticia falsa se remonta ni más ni menos que al libro del Génesis, cuando la serpiente engaña a Eva aunando verdades con mentiras y sembrando una duda, aparentemente, razonable. 

Una rápida reflexión nos lleva a distinguir la propaganda, con la cual se trata de convencer, de las argucias difamatorias, que intentan influir deliberadamente en la percepción y opinión a través de la mentira. Ya lo decía el historiador francés Paul Veyne: “los hombres no encuentran la verdad, la construyen, tal y como lo hacen con la historia”.

Sigamos con la Biblia. En otro pasaje tenemos el segundo de los grandes bulos: los hijos de Jacob simulan, delante de familiares y amigos, haber perdido a su hermano José, cuando en realidad lo habían vendido como esclavo.

Ya en época romana, el megáfono más potente para propagar bulos a los cuatro vientos eran las contiones –las asambleas republicanas–. El propio Cicerón recurrió a las falsas noticias en su propio beneficio al acusar al senador Catilina en varios discursos ante el Senado –las célebres Catilinarias– de conspirar contra la República y querer hacerse con el poder. Fue tal su capacidad de persuasión que, sin aportar prueba alguna en su contra, consiguió que lo ejecutaran.

La prensa norteamericana acusaría de forma intencionada y ponzoñosa a la marina española del hundimiento del Maine, el acorazado se hundió a consecuencia de una explosión interna.

Ya en época imperial, Octavio Augusto se despachó alegremente contra Marco Antonio, inculpándolo de ser un “lacayo de Cleopatra y estar absorbido por el lujo oriental”. Un contemporáneo de ambos, el escritor Virgilio, describe en el capítulo IV de la Eneida que el rumor es “la más veloz de todas las plagas, la que llena de espanto las grandes ciudades”. ¿Se puede ser más claro?

El emperador Nerón tampoco se quedó atrás en las fake news y acusó a los cristianos de haber incendiado Roma –64 d. de C.– tal y como cuenta Tácito en sus Anales. Tiempo después, ya en el siglo III, Tertuliano lanzó los dardos envenenados nuevamente contra los correligionarios de Cristo: “que en la nocturna congregación sacrificamos y nos comemos un niño, que en la sangre del niño degollado mojamos el pan…”.

Como en la época romana no todo el mundo conocía el latín, la mejor forma de divulgar el ascenso al trono de un nuevo emperador era acuñar monedas con su efigie. Cuando Septimio Severo sucedió a Cómodo, para legitimar su poder, extendió el bulo de que era un hermano perdido y en las primeras monedas que acuñó, ordenó que le retrataran con rasgos muy parecidos al supuesto padre de ambos, Marco Aurelio”. 

En segundo lugar, también cabe señalar que “la historia ha demostrado que estos bulos son una amenaza para las personas. Solo por poner un ejemplo, expertos señalan que la proliferación de bulos a través de los medios de comunicación antisemitas fueron un importante desencadenante del odio a la población judía y la colaboración de miles de civiles en el Holocausto.  Con la proliferación de noticias falsas, los hechos pueden llegar a declararse erróneos y las mentiras considerarse verdaderas, detrás de ellas puede haber poderes fácticos, intereses dañinos, pueden generar caos, miedo, desconfianza. Cuando se trata del ámbito científico y sanitario, suelen ignorar la evidencia, de hecho, pueden llegar a falsearla o manipularla, y en la situación actual, generan ruido en la gestión de la crisis.

Bulos y coronavirus

Muchos son los bulos que se han difundido en relación a la pandemia. Según un estudio de monitorización realizado para #Saludsinbulos por Atribus, más de 100.000 tuits con 35M de impresiones han estado relacionados con el coronavirus y teorías “consparanoicas” desde el 26 de febrero hasta el 26 de marzo.

Algunos autores hablan de dos tipos de noticias falsas difundidas sobre coronavirus. Por un lado, podemos encontrar noticias falsas relacionadas con el origen del coronavirus en los que especulan que se trata de un arma biológica (FALSO) o de una estrategia de control de la población (FALSO). Estos bulos sobre el origen han provocado la respuesta del ámbito científico. En una carta a “The Lancet”,  científicos del ámbito de salud pública «condenan enérgicamente las teorías de conspiración que sugieren que COVID-19 no tiene un origen natural. […] Las teorías de conspiración no hacen más que crear miedo, rumores y prejuicios que ponen en peligro nuestra colaboración global en la lucha contra este virus”.

El segundo tipo son bulos relacionados con las formas de contagio, los tratamientos o su eliminación, como que ya existe la vacuna (FALSO), que la cocaína cura el coronavirus (FALSO) o que salir al balcón a aplaudir prolifera los contagios (FALSO).

A estos dos tipos se podrían añadir otras categorías o subcategorías. Por ejemplo, aquellas noticias falsas difundidas por profesionales sanitarios, o por falsos expertos/as haciéndose pasar por profesionales, dando soluciones falsas o no comprobadas y planteando problemas en la atención sanitaria no existentes, en contra de los mensajes emitidos por Sociedades Científicas, fuentes oficiales, o la Agencia Española del Medicamento. Y otros bulos relacionados con la gestión de la pandemia y de la crisis, entre ellos, el anuncio del Estado de alarma sin que se hubiera producido, el cierre de ciudades que generó compras masivas en supermercados. O también, noticias sobre motines en cárceles españolas con imágenes de cárceles italianas, y en los últimos días noticias sobre la ampliación de falsos permisos en el Estado de alarma para determinados colectivos (por ejemplo, a los runners, FALSO) o fechas de desconfinamiento en función de sectores utilizando falsos BOE.

Tanto en maldita.es como en saludsinbulos.es se pueden consultar más de 300 bulos difundidos y los argumentos y evidencias que desmienten muchos de ellos.

Toda esta infodemia ha obligado a organismos internacionales a actuar también contra el virus de la desinformación:

  • La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha habilitado una página web en la que desmiente todos los mitos que circulan por redes sociales desde las últimas semanas. Cazadores de mitos OMS. Myth Busters
  • Campaña del Gobierno de España: “Coronavirus, siempre fuentes oficiales” alertando a la población de que confíe en fuentes oficiales, en los profesionales sanitarios y en las indicaciones de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, e instando a no compartir cadenas de whatsapp e informaciones no contrastadas.

Además, otras empresas privadas como WhatsApp, Twitter o Facebook han publicado comunicados sobre estrategias que han implementado en sus redes sociales para luchar contra estos bulos o noticias falsas a nivel mundial.

Vacuna contra la infodemia

Además, organismos oficiales, fuerzas y cuerpos de seguridad como la policía nacional, portales, webs y profesionales del ámbito de la comunicación han emitido algunos consejos para hacer frente a estos bulos”.

En tercer lugar, cabe señalar que “

Las denominadas fake news, noticias falsas o paparruchas (si queremos utilizar una palabra de nuestro diccionario para hacer referencia a este tipo de publicaciones), cobraron notoriedad en el último tiempo, principalmente por dos razones: debido a la facilidad y rapidez con la que se propagan, y por el impacto que pueden generar. En este artículo analizamos el impacto que han tenido las noticias falsas durante los últimos meses , principalmente las vinculadas a un sector crítico como es el de la salud.

Durante los últimos años, las fake news tuvieron mayor notoriedad en el marco de procesos electorales, siendo utilizadas para incidir en la población, especialmente entre los votantes. De hecho, en el último informe sobre tendencias en el campo de la seguridad para el 2020, Tony Anscombe abordó el tema de las fake news y su impacto en las elecciones presidenciales, lo que dejó la puerta abierta al análisis de los efectos de la desinformación en otros ámbitos, algo que podemos confirmar a partir de la gran cantidad de información falsa entorno a la enfermedad que ha estado circulando desde el comienzo de la pandemia.

El tema resulta tan delicado que incluso la OMS ha utilizado el término infodemia para referirse a la práctica de difundir noticias falsas o información incorrecta relacionada a la pandemia, dado que en el contexto actual la desinformación representa un problema más grave al tener la capacidad de poner en riesgo la salud e integridad de las personas. Desde que la circulación del COVID-19 se extendió a nivel global la desinformación promovió, entre otras cosas, que alguien con síntomas experimente con remedios que carecían de evidencia científica que demuestren su efectividad con la esperanza de curarse o que aquellos que viven en países con climas cálidos no tenían que preocuparse, explicó UNESCO.

La desinformación y cómo atenta contra la salud de las personas

La viralización de la información falsa influye de forma directa en la conciencia colectiva y el problema está en la velocidad con la que se propaga, especialmente si su creador la promociona y comparte desde múltiples cuentas y redes al mismo tiempo.

Según datos publicados por la Organización Mundial de la Salud, durante el mes de abril se subieron más de 360 millones de videos a YouTube bajo la categoría “COVID-19” y “COVID 19”, mientras que en marzo de este año unos 550 millones de tuits incluyeron los términos coronavirus, corona virus, covid19, covid-19, covid_19 o pandemia.

Las noticias falsas entorno a la pandemia han hecho circular desde noticias, mensajes, audios y videos en los que se afirmaba incluso la inexistencia del virus (lo que motivó que muchas personas ignoraran las medidas sanitarias), hasta la distribución de información sensacionalista que contribuyó al aumento del temor y angustia de las personas.

Otro tipo de noticias falsas alentaban a ignorar las recomendaciones realizadas por médicos, científicos y especialistas, al punto de que incluso reconocidos medios de comunicación se vieron influenciados por las fake news y llamaron a hacer caso omiso a las medidas recomendadas por las autoridades sanitarias, exponiendo aún más la salud e integridad de las personas.

Como mencionábamos anteriormente, las supuestas curas o medicamentos para tratar la enfermedad que circulaban a través de las redes sociales proliferaron, a pesar de que de forma oficial no existe un tratamiento específico para el nuevo coronavirus y solo se indican medicamentos para aliviar los síntomas. En este sentido, la difusión de este tipo de información ha provocado que la infodemia potencie el impacto de la pandemia.

De hecho, según datos de una encuesta realizada por ESET Latinoamérica en el mes de mayo, más del 70% de los participantes aseguró que durante la pandemia recibió o tuvo contacto con noticias falsas relacionadas al COVID-19; principalmente a través de redes sociales (72%), aunque también a través de WhatsApp (51%) y en portales de noticias poco confiables (36%).

Dado el impacto y el riesgo de este fenómeno, algunas plataformas sociales, como Facebook, Google, LinkedIn, Microsoft, Twitter, Reddit y YouTube se unieron en el combate de la desinformación y las estafas que giran en torno a la pandemia, cambiando las reglas para censurar como en el caso de Twitter aquellos mensajes que incitaban a las personas a actuar en contra de las recomendaciones oficiales.

¿Qué podemos hacer para mitigar las noticias falsas?

Es importante remarcar que las consecuencias de compartir o dejarse llevar por información apócrifa puede derivar en consecuencias de mayor gravedad, ya no solo por las campañas maliciosas que hay detrás de estos mensajes falsos y que en algunos casos buscan robar información y atentar contra la privacidad, sino también por aquellas que afectan directamente a la salud.

Si bien el trabajo para combatir las fake news es una tarea difícil, como usuarios responsables y conscientes de las posibles consecuencias de propagar este tipo de mensajes resulta fundamental verificar y cotejar tanto las fuentes como la información misma antes de distribuirla, así como tomar con cautela la información que se difunde a través de Internet, no creer todo lo que se publica y tener la capacidad de discernir.

Si bien en ocasiones este tipo de información podría expresar nuestras propias ideas, esto no implica que se trate de información fidedigna y verídica, puede existir un sesgo. El tecnólogo y emprendedor argentino Santiago Bilinkis, autor de varios libros y orador en TED de charlas sobre el poder de manipulación de las redes sociales explicó en una entrevista que las personas muchas veces comparten lo que les gustaría que sea verdad, sin importarles tanto que el mensaje sea legítimo. Por ello, actuar de manera responsable consiste en analizar el impacto que podría tener la difusión de la información, dedicar tiempo para conocer el contexto de la nota (fuente, fecha, medio), así como salir de la burbuja y consultar más al respecto antes de compartir.

Si no se tiene la certeza de la veracidad de la información, es necesario evitar compartir el contenido. Esto es muy importante, ya que de esta forma se rompe la cadena de desinformación y contribuimos a que menos personas puedan verse afectadas.

Por otro lado, los medios y líderes de opinión juegan un papel igualmente importante, ya que muchas veces son los emisores iniciales de la información. Si los datos resultan falsos, el impacto es mucho mayor: con una gran influencia tienen una gran responsabilidad.

La difusión de esta información probablemente se realiza de forma intencional por diversos intereses, pero si esto ocurre por un error, siempre es necesario aclarar y corregir la información falsa. Sea cual sea la razón, lamentablemente también han contribuido a la difusión de contenidos falsos, lo que puede convertirlos en una fuente poco confiable, con algunas consecuencias ya mencionadas”.

Una conclusión que se puede sacar de todo esto es que las fake news, aunque ya aparecieran con Internet y lleven años circulando para hacer daño en la investigación y en trabajos escolares y universitarios, en época de pandemias o de inseguridad (ya sea jurídica o de cualquier otro tipo) crecen como la espuma.

El mejor consejo que se pueda dar en este aspecto es desconfiar de los datos que surjan en internet y creer en la información que den las autoridades que estén legitimadas en el momento en que surjan las fake news.

FUENTES:

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s