Abogacía, búsqueda de trabajo, Derecho, despachos de abogados

Ejercicio de la abogacía en tiempos de coronavirus

El ejercicio de la abogacía durante esta pandemia por la COVID-19 ha sido otro de los sectores de actividad con más influencia del coronavirus, habiendo tenido que transformarse en totalidad, al igual que la Justicia y todos los instrumentos puestos a su alcance.

En primer lugar, cabe señalar que “la crisis sanitaria del COVID-19 ha afectado radicalmente a todos los negocios. La cuarentena impuesta para tratar de parar el crecimiento del contagio del virus ha hecho tambalear la economía y, por ende, todos los sectores. La abogacía no es ajena a esta situación y, como todos los negocios, ha tenido que adaptarse a la nueva situación.

Hay quienes ven en estos duros momentos la innovación como una oportunidad. En opinión de Pau Marti, Legal Manager & Fundraising de Oryon Universal, “los momentos de crisis son oportunidades para la innovación. En momentos complicados es cuando hay que reinventarse y encontrar fórmulas para hacer cosas distintas.”  Oryon Universal conecta startups con corporaciones e inversores. Ofrecen un servicio de acompañamiento 360 a los emprendedores y, en la actualidad tienen un vehículo de Revolución 4.0 (LegalTech, FinTech, InsurTech, etc), uno de Digital Health, uno de Responsabilidad Social Corporativa y otro para proyectos liderados por mujeres.

Los despachos, como el resto de los sectores, se han tenido que adaptar encontrando en el teletrabajo una solución obligada. “El teletrabajo está funcionando en el sector legal. De hecho, han surgido algunas iniciativas especialmente diseñadas para abogados de firmas pequeñas y medianas como la impulsada por Legaler, que se define como Smart Communication for Legal”, nos comenta Pau Martí.

Así, nuestro experto en proyectos tecnológicos ve en la implementación de la LegalTech una oportunidad para el sector legal: “Hasta ahora, la implementación ha ido siendo de forma gradual. Se han implantado soluciones e innovado para mejorar el proceso legal para responder a demandas sociales y universalizar el acceso a servicios de calidad como, por ejemplo, plataformas de generación automatizados de documentos legales elaborados por abogados expertos y actualizados periódicamente. Ser más eficientes permite obtener mayor rentabilidad al acortar tiempos y poder dedicar recursos en otros asuntos”.

No obstante, las soluciones tecnológicas LegalTech tienen que incorporase con un valor añadido que se concreta, según el Legal Manager & Fundraising de Oryon Universal, en “la posibilidad de automatizar procesos, tareas repetitivas, trámites y evitar clerical errors, utilizando machine learning o la Inteligencia Artificial para ser más eficientes. ¡Ya no se nos quedará olvidados los datos de otro cliente en ningún documento legal!”, concluye.

Y es que, los nuevos modelos de negocio que está surgiendo no requieren necesariamente la presencia física del abogado, “aplicando la tecnología a través de Big Data y la Inteligencia Artificial se puede prestar un servicio legal fácil de usar, económico y accesible a todo el mundo”, señala Pau Martí.
Los abogados coexistirán con la Inteligencia Artificial. La relación entre abogado y cliente requiere trato personal pues se basa en la confianza”, resalta Pau. Para nuestro experto, “resolver eficazmente un asunto jurídico necesita de un prisma humano; la empatía es fundamental para entender y comprender a las personas. Las soluciones tecnológicas se basan íntegramente en cálculos matemáticos, fórmulas o algoritmos. Es necesario un poco de “thinking outside the box” para luchar por la justicia y encontrar soluciones legales a los problemas del día a día”.

Pero no basta con vender servicios legales, hay que proporcionar una experiencia única y satisfactoria al cliente. “Existe mucha competencia en el sector legal”, constata Pau Martí. “El valor diferencial será la experiencia entre el abogado y el cliente. No se trata de introducir nuevos productos o servicios en el mercado, sino mejorar la experiencia al contratar a un abogado. Proporcionar un clima agradable en la relación de confianza y con una comunicación fluida decantará la balanza para contratar un despacho u otro”, afirma nuestro experto.

Los profesionales jurídicos están realizando una importante adaptación al uso de la tecnología. La situación ocasionada por el COVID-19 ha puesto de manifiesto que en las profesiones jurídicas no sólo es importante dominar el lenguaje jurídico o estar al día de las novedades legislativas, sino también “es necesario acercarse la tecnología, plantearse el por qué o el cómo de nuestro entorno, y por qué no obtener conocimientos de programación. Comprender cómo funcionan las alternativas LegalTech permiten una mayor eficiencia y ofrecer servicios legales óptimos”, concluye Pau Martí”.

En segundo lugar, se ha de indicar que “el Estado de Derecho debe seguir funcionando, también en circunstancias excepcionales.

En su engranaje, los abogados desempeñamos un papel crucial, haciendo posible el sagrado ejercicio del derecho de defensa, que en modo alguno puede quedar suspendido o amputado.

Precisamente por ello, y como  primer responsable institucional de la Abogacía madrileña, me he visto obligado, nos hemos visto obligados, corporativamente, a responder a la dramática crisis del COVID-19 desde tres criterios fundamentales.

En primer lugar, desde el sentido de la urgencia.

En segundo término, desde la eficacia.

En tercera instancia, desde la presión y, al mismo tiempo, la lealtad para con las instituciones locales, autonómicas y nacionales.

Sólo así percibimos que podremos ayudar, que podremos salir de este tan adverso atolladero, como gremio, juntos y alineados.

COMITÉ DE CRISIS 

A través de un Comité de Crisis que delibera y toma decisiones sin reservas y sin tregua, y que se reúne cada 24 horas, el Colegio de Abogados de Madrid no ha parado de tramitar solicitudes y aprobar medidas para la mejor salvaguarda de los derechos y los intereses de 77.000 compañeros y compañeras.

Requerimos al CGPJ la dispensa del uso de togas y a todas las autoridades pertinentes para que facilitaran a cada letrado medios de protección individual.

Estamos prestando soporte, en estos compases aciagos, a los letrados y letradas a través de las dependencias colegiales abiertas: las oficinas de enlace de Plaza de Castilla, Albarracín y Móstoles, y la central de Serrano 11, previa cita.

El equipo directivo del Colegio, su Junta de Gobierno y personalmente y a diario su Decano, están manteniendo interlocución permanente con todas las autoridades judiciales y policiales para la mejora de las circunstancias del ejercicio profesional.

Estamos sistematizando el conjunto de la información recibida y comunicándola en tiempo real a través de todas las plataformas de las que disponemos: página web, redes sociales y un mailing ordenado para dar toda la difusión posible, entre otras, a las resoluciones dictadas por Juzgados y Tribunales.

No bajaremos ni un instante la guardia. Mantenemos a un equipo permanente de Defensa de la Abogacía para la atención telefónica de cuantas dudas y consultas se vienen planteando.

COMUNICACIONES ABIERTAS 

Está abierta plenamente la comunicación con el Tribunal Superior de Justicia de Madrid, la Audiencia Provincial de Madrid, la Audiencia Nacional, el Juzgado Decano de Madrid, la Delegación del Gobierno, la Secretaría de Estado de Seguridad del Ministerio del Interior y el Presidente de la Comisión Provincial de Coordinación de Policía Judicial, con el fin de interesar la práctica de actos judiciales y la asistencia a personas detenidas de forma telefónica o mediante videoconferencia.

La casuística a la que nos enfrentamos, en muchos de sus parámetros, resulta inédita, y no es fácil de gestionar.

El Colegio está amparando a los compañeros cuando se está produciendo cualquier conflicto, no justificado, entre la protección de la salud y requerimientos que reciben de las autoridades judiciales o policiales para la realización de cualquier actividad que implica presencia física.

Así lo seguirá haciendo.

Nuestra mirada está puesta con especial énfasis en quienes ya se anticipa que peor lo pasarán.

FUNDACIÓN CORTINA 

De ahí que hayamos acordado que la Fundación Cortina, esencial en su función de canalizar las prestaciones asistenciales en el seno de la Corporación, en la medida de sus posibilidades económicas, atienda aquellas solicitudes de ayuda debidamente justificadas de los colegiados y colegiadas que, como consecuencia del mazazo del coronavirus, puedan verse en una situación de necesidad.

La Junta de Gobierno estudia ya posibles fórmulas para incrementar los fondos de la Fundación, ampliando así la protección de las personas más afectadas, independientemente del tiempo que llevan de ejercicio profesional.

En paralelo, y como medida adicional de refuerzo, valoramos poner ‘Espacio Abogacía’, el «coworking» del ICAM, a disposición de manera gratuita de aquellos compañeros que atraviesen especiales dificultades.

Hemos trabajado y trabajamos, en fin, para mantener, como hemos hecho hasta ahora, los servicios de guardia enteramente operativos, evitando así que se limiten o laminen derechos fundamentales, como la tutela judicial efectiva o la asistencia letrada a detenidos; y lo hicimos desde el minuto uno de ésta tan adversa contingencia.

Es encomiable la tarea que están llevando a cabo quienes, desde el Turno de Oficio, no están parando para asegurar el derecho de cada ciudadano de acceso a la Justicia: cuentan con todo nuestro aliento y respaldo.

Es en momentos de crisis cuando se demuestra el verdadero compromiso de las personas, con las organizaciones y con la sociedad.

Es ahí cuando se descubre la genuina fuerza, al medirse frente a un obstáculo mayúsculo.

La Abogacía institucional no va a escatimar ni un solo gramo de su energía ni de sus capacidades en la lucha diaria para que el Estado de Derecho, en la decisiva porción que nos corresponde, mantenga su vigor y prevalezca”.

En tercer lugar, y como guía para afrontar estos tiempos tan difíciles desde el punto de vista del ejercicio de la abogacía, se ha de destacar que “el coronavirus nos ha cambiado el paso completamente y estoy aprovechando estos días de confinamiento obligatorio para leer más. Ya habrá tiempo para la acción más adelante. De momento, acabo de terminar dos libros sobre innovación que me han parecido interesantes. Uno aborda la cuestión a nivel general y el otro se focaliza específicamente en el sector legal.

El primero, escrito por Ángel Alba, se titula “Manual (mínimo viable) de innovación. Herramientas y tácticas imprescindibles para innovadores de verdad” y, como apunta el propio autor, no se trata de un libro al uso sino de un manual “do-it-yourself, como las instrucciones de los muebles de Ikea, para que puedas construir las capacidades y procesos que necesitas para innovar en tu empresa día a día, sin grandes palabras ni postureos”. Coincido con esto último. Se nota que Ángel lleva años involucrado en estos temas porque va al grano y da consejos aplicables desde el primer momento, tanto si tienes experiencia previa como si no.

Arranca con una definición sencilla pero potente: “innovar es convertir conocimiento en riqueza” y continúa explicando cuál es la mejor forma de fijar objetivos y retos realistas, qué herramientas aplicar, cómo generar ideas innovadoras, cómo elegir las mejores y cuál es la manera más efectiva de medir el impacto real de las iniciativas disruptivas. El capítulo que más me han gustado es el relativo a la creación de una cultura innovadora y a la gestión de los trolls y la resistencia al cambio.

El libro termina con 30 reflexiones, entre las que destaco “para innovar se necesita tiempo, espacio e incentivos”. Lo de los incentivos es uno de los retos más relevantes en cualquier proceso de cambio y pocas veces se le da la importancia que merece.

El autor del segundo libro es el abogado y profesor americano Dennis Kennedy. Se acaba de publicar y la pena es que solo está disponible en inglés. Su título es “Successful Innovation. Outcomes in law. A practical guide for law firms, law departments and other legal organizations”. Es el mejor libro sobre innovación en el sector legal que he leído. De nuevo se nota que el autor no solo conoce la materia, sino que ha estado muchos años participando en proyectos de este tipo en su etapa como abogado de Mastercard y actualmente como consultor.

Los capítulos son muy cortos (una o dos páginas la mayoría) y todos terminan con una “pro tip” a modo de resumen. El lenguaje no es académico ni doctrinal y, en muchos casos, es crítico con la forma en la que los abogados afrontan estas cuestiones (“los abogados tienen la molesta tendencia a pensar que todo lo que hacen es único y personalizado y que solo ellos pueden hacerlo” o “Los abogados han sido entrenados para pensar de forma opuesta a lo que recomiendan las buenas prácticas de innovación. Tienden a poner toda su atención en los problemas, en los riesgos y en los precedentes”). De hecho, los capítulos 14 y 51 se dedica a identificar las principales barreras a las que se enfrentan los innovadores legales, ofreciendo soluciones para mejorar la situación.

Es un libro muy práctico que explica las distintas metodologías y herramientas que se pueden utilizar y aborda otros aspectos relevantes en un proyecto de este tipo como por ejemplo qué cuestiones deberías plantear en primer lugar si te ponen al frente de un departamento de innovación, qué podemos aprender de otros sectores, cómo formar un equipo (con especial foco en el tema de la diversidad), cómo colaborar con equipos internos y externos o cuál es la mejor forma de manejar el fracaso de las iniciativas. El libro finaliza también con una lista de consejos. El que más me ha gustado es “Mete a tus clientes en la conversación desde el primer momento y encuentra fórmulas para que esos contactos sean directos, fluidos y constantes.””

En cuarto lugar, se ha de señalar que “la abogacía independiente, la mas númerosa, no lo tiene nada fácil.

En primer lugar porque le toca aumentar sus actuaciones ante un aumento progresivo de la vulneración de derechos a nivel privado y público.

En segundo lugar porque se tendrá que enfrentar a una situación económica difícil en su ejercicio, sin recibir apoyo público o fiscal específico (suma y sigue, que dirían muchas compañeras con experiencia).

La primera pregunta, entendiendo que el Gobierno y su Ministerio de Justicia no tiene ahora tiempo, como no lo tiene nunca, para entretenerse con las peticiones de la abogacía, sería para la abogacía institucional:

¿Qué planes de contingencia se están elaborando desde el CGAE y los Colegios para apoyar nuestro trabajo en defensa de la ciudadanía?

¿Tiene planes la Mutualidad de la Abogacía para ayudar a las compañeras y compañeros que se vean especialmente afectados?

Como siempre, desde esta columna, la única respuesta que espero desde esa abogacía institucional es el silencio. Me encantaría equivocarme y ver que hacen realmente algo, respondiendo con la urgencia y la importancia que ameritan los acontecimientos.

Mientras tanto, me consta, que desde los despachos, a traves del compañerismo y a nivel individual, se están llevando a cabo muchas actuaciones para ayudar en una situación dramática, dentro de nuestros círculos de influencia.

Precisamente es esa solidaridad y la autoorganización colectiva en tiempos como estos lo que nos ayudará a pasar esta pesadilla”.

Como conclusión, se puede afirmar que el ejercicio de la abogacía va a tener un camino más empinado que el que tenía hasta el inicio de la pandemia. Se espera que el artículo guste.

FUENTES:

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s