Abogacía, Derecho, Derechos fundamentales, Espionaje, Estado de Derecho

Nuevas tecnologías, Estado de Derecho y derechos fundamentales

No cabe duda de que la tecnología ha pasado a tener un papel importante en todos los aspectos de la vida diaria, ya que no sólo se utilizan para el ocio (bien sea jugar con amigos a través de internet, o contratar un viaje de vacaciones) o para la búsqueda de información para un tema de trabajo (ya sea en el ámbito escolar o en el ámbito profesional).

Pero, una vez dicho esto, hay que destacar los peligros que destapan estos nuevos aspectos que la tecnología y la informática han introducido en la vida diaria.

En primer lugar, cabe destacar que, “respecto a los supuestos oídos de nuestros móviles de simples mortales, y sin que intervengan los hackers: técnicamente, escucharnos es posible. Los teléfonos tienen micrófonos que las aplicaciones pueden utilizar, mientras que las técnicas de reconocimiento de voz basadas en la inteligencia artificial cada vez son más poderosas. “Esta disciplina ha pegado un salto cualitativo muy importante en la última década gracias a los modelos de deep learning y a la cantidad masiva de datos disponibles para entrenar a las máquinas”, explica Carlos D. Martínez, investigador de la Universitat Politècnica de València (UPV) especializado en el asunto. Las máquinas pueden distinguir nuestras palabras e incluso darles respuesta, como sabe cualquier usuario familiarizado con aplicaciones de mensajería (WhatsApp), procesadores de texto con opción de dictado o asistentes como Siri, Alexa o Google Assistant.

De hecho, algunos usuarios tienen la mosca tras la oreja porque estas aplicaciones están escuchando permanentemente. Por ejemplo, el asistente de Google se pone en guardia cuando escucha la fórmula Ok Google. Es entonces y solo entonces, asegura la compañía, cuando está a disposición del usuario. Pero para escuchar la fórmula en cualquier ocasión tiene que estar activo todo el rato, lo que ha generado suspicacias. No iban del todo desencaminadas: en julio del año pasado supimos que Google escuchaba de qué hablaban sus usuarios, según reconoció la propia empresa. Un 0,2% de las conversaciones eran atendidas por “expertos en lenguaje” con la excusa de mejorar el funcionamiento del asistente, de modo que el programa pueda entender mejor lo que los humanos decimos.

Esta noticia levantó las alarmas sobre la fuga de datos sensibles por el hecho de que los revisores, que escuchan unas 5.000 conversaciones a la semana, no formaban parte de la empresa, sino que eran trabajadores externos, incluso mal pagados. Google aseguró que las transcripciones no se asociaban a cuentas de usuario y que no incluían conversaciones de fondo que no fueran dirigidas a su asistente. Sin embargo, la televisión belga VRT NWS, que destapó el escándalo, encontró que de alrededor de un millar de fragmentos de voz a los que tuvo acceso, 153 no fueron autorizadas. Apple también pidió disculpas ese verano por escuchas a través de su aplicación Siri. Lo mismo ocurrió con Alexa, de Amazon.

Otros modos de espiar

Además de estas escuchas explícitas, hay también ejemplos en la zona gris. Es el caso de la aplicación de LaLiga de Fútbol Profesional, que detectaba cuando se reunían grupos de usuarios a ver un partido de fútbol para conectar entonces el micrófono y comprobar si se estaba viendo en la televisión de un bar que no tuviera los permisos necesarios. Así podía perseguir al establecimiento. LaLiga dio explicaciones, pero fue sancionada con 250.000 euros por la Agencia Española de Protección de Datos por falta de transparencia. Y eso a pesar de que los usuarios habían dado su permiso, tal vez de forma inconsciente, para que la aplicación hiciese tal cosa.

Otras compañías tienen formas alternativas de inmiscuirse en nuestros asuntos. “Es preciso estar atentos a los permisos que damos y las condiciones que aceptamos en las aplicaciones, sobre todo si son inverosímiles”, dice Eduardo Nieva, director técnico para España y Portugal de la empresa de seguridad Check Point. “Por ejemplo, si una app de linterna nos pide acceso al micrófono, a la geolocalización o a la cámara es para ponerse a sospechar”. Su sugerencia es desinstalar aplicaciones que no se utilicen y revisar los permisos.

Hay técnicas más sofisticadas que el mero engaño del usuario. “Sabemos que algunos servicios secretos tienen modos de espiar a personas concretas, como altos cargos, a través de su teléfono móvil”, explica Sergio de los Santos, director del área de Innovación y Laboratorio de Eleven Paths, la unidad de ciberseguridad de Telefónica. Un ejemplo podría ser el citado caso de Jeff Bezos. “Para ellos se utilizan las vulnerabilidades de los sistemas operativos, que siempre existen”, añade. Algunas aplicaciones espías (spyware) como Pegasus (para iOs), permitían, hasta ser descubiertas, espiar a distancia a través de brechas del programa. La empresa israelí que la desarrollaba, NSO Group, declaró que era de utilidad para que los gobiernos controlaran “al terrorismo y al crimen”, pero estos son conceptos muy subjetivos y este tipo de tecnologías puede acabar fácilmente en malas manos”.

En segundo lugar, se ha de señalar que “las repercusiones de la informática en el derecho están siendo cada vez más extensas e intensas. Dar cuenta de todas ellas resulta una tarea prácticamente inviable, entre otras cosas, por el carácter abierto y dinámico que reviste esa proyección. Baste pensar que, en el horizonte tecnológico del presente, muchos de los problemas y de las soluciones jurídicas tradicionales aparecen irremediablemente caducos. Esa nueva situación impele al pensamiento jurídico a diseñar nuevos instrumentos de análisis y marcos conceptuales prontos para adaptarse a las exigencias de una sociedad en transformación. Para responder a esas exigencias se han forjado dos nuevas disciplinas. El derecho informático o derecho de la informática es una materia inequívocamente jurídica, conformada por el sector normativo de los sistemas jurídicos contemporáneos integrado por el conjunto de disposiciones dirigido a la regulación de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, es decir, la informática y la telemática. Mientras que la Informática jurídica tiene por objeto la aplicación de la tecnología de la información al derecho. Es una disciplina bifronte en la que se entrecruzan una metodología tecnológica con su objeto jurídico que, a su vez, condiciona las propias posibilidades o modalidades de tal aplicación. La Informática jurídica estudia el tratamiento automatizado de: las fuentes de conocimiento jurídico, a través de los sistemas de documentación legislativa, jurisprudencial y doctrinal  (Informática jurídica documental ); las fuentes de producción jurídica, a través de la elaboración informática de los factores lógico-formales que concurren en el proceso legislativo y en la decisión judicial (Informática jurídica decisional); y los procesos de organización de la infraestructura o medios instrumentales con los que se gestiona el derecho (Informática jurídica de gestión ). La Informática jurídica, el derecho informático, y los sectores que los integran, constituyen, por tanto, una de las aportaciones más relevantes con que cuenta la teoría del derecho para responder a los apremios de las sociedades tecnológicas (Allen, Frosini, Losano, Pérez Luño, Sánchez-Mazas, Simitis, Susskind, Tapper…).

“La nueva situación impele al pensamiento jurídico a diseñar nuevos instrumentos de análisis y marcos conceptuales prontos para adaptarse a las exigencias de una sociedad en transformación”.

La revolución tecnológica y el derecho

La revolución tecnológica ha redimensionado las relaciones del hombre con los demás hombres, las relaciones entre el hombre y la naturaleza, así como las relaciones del ser humano para consigo mismo. Estas mutaciones no han dejado de incidir en la esfera del derecho.

1) En el plano de las relaciones interhumanas, la potencialidad de las modernas tecnologías de la información ha permitido, por vez primera, establecer unas comunicaciones a escala planetaria. Ello ha posibilitado que se adquiera consciencia universal de los peligros más acuciantes que amenazan la supervivencia de la especie humana. El desarrollo actual de la industria bélica sitúa a la humanidad ante la ominosa perspectiva de una hecatombe de proporciones mundiales capaz de convertir nuestro planeta en un inmenso cementerio. De ahí, que la temática de la paz haya adquirido un protagonismo indiscutible en el sistema de las necesidades insatisfechas de los hombres y de los pueblos del último periodo de nuestra historia colectiva.

Tampoco puede soslayarse que el contexto regulado por el Derecho es el de una sociedad donde la informática ha devenido el símbolo emblemático de nuestra cultura, hasta el punto de que para designar el marco de nuestra convivencia se alude reiteradamente a expresiones tales como la “sociedad de la información”, o a la “sociedad informatizada”.
El control electrónico de los documentos de identificación, el proceso informatizado de datos fiscales, educativos y médicos, el registro y gestión de las adquisiciones comerciales realizadas con tarjetas de crédito, así como de las reservas de viajes, representan algunas muestras bien conocidas de la omnipresente vigilancia informática de nuestra existencia habitual. Nuestra vida individual y social corren, por tanto, el riesgo de hallarse sometidas a lo que se ha calificado, con razón, de “juicio universal permanente” (Frosini). Ya que, en efecto, cada ciudadano fichado en un banco de datos se halla expuesto a una vigilancia continua e inadvertida, que afecta potencialmente incluso a los aspectos más sensibles de su vida privada; aquellos que en épocas anteriores quedaban fuera de todo control por su variedad y multiplicidad. Estas circunstancias han generado en los ciudadanos más sensibles a la defensa de su intimidad el denominado “síndrome del pez rojo”, es decir, la sensación de hallarse sometidos a mecanismos de control tecnológico capaces de perforar, de forma inadvertida, aspectos esenciales de su vida privada.

“La revolución tecnológica ha redimensionado las relaciones del hombre con los demás hombres, las relaciones entre el hombre y la naturaleza, así como las relaciones del ser humano  para consigo mismo”.

Como respuesta a la “contaminación tecnológica” de las libertades se ha formulado el derecho a la autodeterminación informativa (Recht auf informationelle Selbstbestimmung), construcción de la doctrina y la jurisprudencia germanas, que tiene su equivalente en los países latinos en el derecho a la libertad informática. Tal derecho tiene una importancia decisiva en las sociedades tecnológicas del presente. Su función se cifra en garantizar a los ciudadanos unas facultades de información, acceso y control de los datos que les conciernen almacenados en ficheros informatizados (Denniger, Frosini, Losano, Lucas Murillo de la Cueva, Pérez Luño …).

El derecho a la libertad informática constituye una modalidad de libertad personal reconocida a los ciudadanos tendente a proteger jurídicamente su “identidad informática”. Para el ejercicio del derecho a la libertad informática se precisa reconocer a los ciudadanos las facultades de conocimiento y acceso a sus propios datos personales. Para ello, se postula una nueva acción procesal, que por analogía al tradicional habeas corpus, se denomina habeas data. El habeas data constituye, un cauce procesal para salvaguardar la libertad de la persona en la esfera informática, que cumple una función paralela, en el seno de los derechos humanos de la tercera generación, a la que en los de la primera generación correspondió al habeas corpus  respecto a la libertad física o de movimientos de la persona. No es difícil, en efecto, establecer un marcado paralelismo entre la “facultad de acceso” en que se traduce el habeas data y la acción exhibitoria del habeas corpus.

2) En el curso de estos últimos años, pocas cuestiones han suscitado tan amplia y heterogénea inquietud como la que se refiere a las relaciones del hombre con su medio ambiental, en el que se halla inmerso, que condiciona su existencia y por el que, incluso, puede llegar a ser destruido. La plurisecular tensión entre naturaleza y sociedad corre hoy el riesgo de resolverse en términos de abierta contradicción, cuando las nuevas tecnologías conciben el dominio y la explotación sin límites de la naturaleza como la empresa más significativa del desarrollo. Los resultados de tal planteamiento constituyen ahora motivo de preocupación cotidiana. El expolio acelerado de las fuentes de energía, así como la contaminación y degradación del medio ambiente, han tenido su puntual repercusión en el hábitat humano y en el propio equilibrio psicosomático de los individuos. Estas circunstancias han hecho surgir, en los ambientes más sensibilizados hacia esta problemática, el temor de que la humanidad pueda estar abocada al suicidio colectivo, porque como l´apprenti sorcier, con un progreso técnico irresponsable ha desencadenado las fuerzas de la naturaleza y no se halla en condiciones de controlarlas. En estas coordenadas debe situarse la creciente difusión de la inquietud ecológica. La ecología representa, en suma, el marco global para un renovado enfoque de las relaciones entre el hombre y su entorno, que redunde en una utilización racional de los recursos energéticos y sustituya el crecimiento desenfrenado, en términos puramente cuantitativos, por un uso equilibrado de la naturaleza que haga posible la calidad de la vida.

La inmediata incidencia del ambiente en la existencia humana, la contribución decisiva a su desarrollo y a su misma posibilidad, es lo que justifica su inclusión en el estatuto de los derechos fundamentales, así como el interés de la teoría del derecho por todo cuanto atañe a su problemática. Por ello, no debe extrañar que la literatura sobre el derecho medioambiental, derecho y ecología, y el derecho a la calidad de vida, constituyan uno de los apartados más copiosos en la bibliografía actual sobre las libertades y la teoría jurídica. Y parece poco razonable atribuir este dato al capricho o a la casualidad.

3) De igual modo, las nuevas tecnologías han contribuido decisivamente a posibilitar un onocimiento más radical del propio ser humano. Durante milenios, el hombre ha sido un desconocido para sí mismo. Desde la perspectiva de los avances científicos y tecnológicos de nuestro tiempo, no pueden dejar de considerarse como meras elucubraciones ingenuas e insuficientes las teorías y conjeturas rudimentarias, que desde la medicina, la biología, la psicología y la filosofía se venían haciendo sobre el significado y la estructura de la naturaleza humana. En los últimos años, los avances de la ingeniería genética y la biotecnología han permitido trasladar desde la incertidumbre y la penumbra de las elucubraciones a la seguridad de los datos científicos, el conocimiento de la vida humana. Los estudios sobre el genoma humano y la consiguiente revelación del mapa genético de nuestra especie, constituyen un nuevo marco de referencia para el estudio y la propia tutela de los derechos humanos.

Estos progresos no se hallan exentos de riesgos. Es sabido, que la etapa actual de desarrollo biotecnológico, junto a avances y desarrollos indiscutibles, ha generado nuevos fenómenos de agresión a los derechos y libertades. En esas coordenadas, se ha generado un movimiento de la doctrina jurídica y de la jurisprudencia de los países con mayor grado de desarrollo tecnológico tendente al reconocimiento de derechos en relación con la salud y la garantía de la persona frente a determinados usos y experimentaciones biomédicas”.

En segundo lugar, cabe señalar que, “a medida que la tecnología ocupa un lugar creciente en nuestras vidas, aumenta también la preocupación por la privacidad de nuestros datos en internet. Los móviles atesoran cada vez más información relativa a nuestras vidas: fotos, vídeos y multitud de datos asociados a aplicaciones con las que gestionamos parte de nuestras tareas del día a día.

En el bolso o el bolsillo cargamos, pues, con información sensible cuya pérdida puede suponer un serio trastorno. Esos datos, sin embargo, no sólo pueden estar en riesgo en el caso de pérdida o de robo, sino que se ven expuestos también a la posibilidad de que sean accesibles a través de herramientas más sofisticadas, las que permiten un acceso remoto desde otros dispositivos.

Más allá de las revelaciones de Edward Snowden sobre la presunta capacidad de los gobiernos para acceder a los móviles de los ciudadanos de a pie, existen algunas herramientas que permiten revisar o manipular smartphones ajenos desde otros equipos conectados a internet.

Pero, ¿de qué aplicaciones se trata?

Existen aplicaciones sencillas que permiten hacer el seguimiento de un móvil desde otro. De este tipo son los programas que permiten, por ejemplo, controlar a niños o mayores, y que habitualmente sirven para conocer la ubicación de las persona en cuestión. Igualmente los que facilitan la localización de un aparato concreto en caso de pérdida, como ‘Find My iPhone‘. Estas herramientas son visibles por el propio usuario, que puede desactivarlas.

Aplicaciones más avanzadas, como MobileSpy (para Android), Mspy y otrasdan un acceso mayor a móviles ajenos, unos permisos que pueden llegar permitir el control completo del dispositivo y de la información guardada en él. Eso sí, su instalación requiere la manipulación del smartphone objeto del control y no dejan un rastro visible para un usuario medio. Su utilización puede bordear la legalidad porque, en principio, sólo estaría permitido para hijos menores de edad o personas tuteladas. En ocasiones, también pueden ser utilizados en algunas empresas como herramientas de trabajo. about:blank

Estas apps avanzadas ofrecen un acceso casi completo a los datos e información de los terminales, como el historial de navegación en internet, e incluso permiten grabar conversaciones o tomar fotos de forma remota.

Además de las apps, existe malware que puede alojarse en nuestros móviles sin que nos percatemos. Se trata de utilidades que pueden ser utilizadas por ciberdelincuentes con un fin lucrativo, incluso a través del chantaje”.

En tercer lugar, se ha de señalar que “el concepto de “derechos digitales” es relativamente reciente y hace referencia básicamente a los derechos de los ciudadanos en el entorno digital, ya se trate de derechos fundamentales o de derechos ordinarios. Sin embargo, este concepto es especialmente relevante cuando afecta a los derechos fundamentales reconocidos en nuestra Constitución, en la medida en que estos derechos pueden ejercerse y deben de garantizarse en el entorno digital al menos con la misma eficacia que fuera de él, lo que plantea el problema de cómo protegerlos adecuadamente dadas las especiales características del medio que en ocasiones pueden limitar o dificultar el ejercicio de unas garantías previstas para el mundo físico.

Lo razonable es partir de la premisa de que los derechos fundamentales ya reconocidos en el mundo físico deben de obtener al menos idéntico reconocimiento en el mundo digital, sin necesidad de esperar –aunque pueda ser conveniente- a introducir reformas o modificaciones constitucionales que así lo prevean expresamente. Aunque por razones temporales obvias la Constitución española no contemplaba o mencionaba expresamente la protección de los derechos fundamentales en el ámbito digital hay que entender, como bien dice el precepto que hemos transcrito, que su garantía se extiende a todos aquellos ámbitos en los que estos derechos pueden ejercerse, y a todos los supuestos en que pueden verse vulnerados, existiendo fundamento suficiente en la propia Constitución para realizar esta interpretación.

En particular, podemos citar el art. 18.1 CE que consagra el derecho al honor, la intimidad personal y familiar y a la propia imagen, el art. 18.3 CE que garantiza el secreto de las comunicaciones y, en especial, de las postales, telegráficas y telefónicas, salvo resolución judicial, el art. 18.4 CE según el cual la ley limitará el uso de la informática para garantizar el honor y la intimidad personal y familiar de los ciudadanos y el pleno ejercicio de sus derechos así como el art. 20.1 a) CE que reconoce y protege el derecho de  expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción y el 20.1 d) CE que garantiza el derecho a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión.  Lo mismo cabe decir también de los derechos ordinarios ya reconocidos en nuestro ordenamiento jurídico, cuya protección en el ámbito digital debe de estar garantizada de forma similar.

Pues bien, ¿cuáles son en concreto estos derechos?  A mi juicio cabe diferenciarlos en dos categorías: los derechos digitales específicos, que carecen de contenido fuera del ámbito de Internet, y los derechos digitales que son manifestación en Internet de derechos (fundamentales u ordinarios) ya existentes en el mundo físico. Y además, mientras que algunos son muy relevantes, otros (como el relativo al testamento digital) dan la sensación de haberse utilizado como “relleno” para que el catálogo fuera lo más amplio posible. Otros, como los relativos a la educación, son bastante evanescentes. En todo caso la lista está alineada con los catálogos existentes en otros países  o los elaborados a nivel internacional.

Los derechos digitales específicos serían los siguientes:

  • Derecho al acceso a Internet y a la no discriminación en dicho acceso y en el ámbito digital.
  • Derecho a la identidad en Internet
  • Derecho a la seguridad de las comunicaciones en Internet.
  • Derecho a la portabilidad en servicios de redes sociales y servicios de la sociedad de la información equivalentes.
  • Derecho al testamento digital

Los derechos digitales que son manifestación en Internet de derechos serían los siguientes:

  • Derecho a la privacidad y a la intimidad en el ámbito digital.
  • Derecho al olvido
  • Derechos digitales ligados a la libertad de expresión e información en Internet y al derecho al honor en Internet.
  • Derechos digitales en el ámbito laboral (Derecho a la intimidad y uso de dispositivos digitales en el ámbito laboral, derecho a la intimidad frente al uso de dispositivos de videovigilancia y de grabación en el lugar de trabajo, derecho a la intimidad ante la utilización de sistemas de geolocalización en el ámbito laboral, derecho a la desconexión digital en el ámbito laboral, derechos digitales en la negociación colectiva).
  • Derechos digitales en el ámbito de la educación

Por último, aunque los derechos digitales están recogidos en el título X de una Ley que tiene el carácter orgánica, su propia Disposición final primera recuerda que tienen carácter de ley ordinaria los artículos 79, 80, 81, 82, 88, 95, 96 y 97 de dicho título.

Con respecto a lo que más nos interesa, su protección y sus garantías, hay que tener en cuenta que dentro del catálogo coexisten derechos y libertades fundamentales con otros que no tienen este carácter. Pero incluso dentro de una determinada categoría de derechos digitales tampoco el grado de protección o garantías de que gozan es idéntico, a veces por motivos ajenos a la esencia de tales derechos, como pueden ser las derivadas de los sujetos obligados y de las propias limitaciones tecnológicas, económicas, territoriales e incluso jurídicas. Pensemos en el carácter de las empresas que prestan muchos de estos servicios, la mayoría de las cuales son multinacionales que operan fuera del territorio español, y que por ello se rigen por disposiciones muy diferentes a las que resultan aplicables en el ámbito europeo, siendo su relación con los ciudadanos de carácter contractual y muchas veces sin contraprestación dineraria.

Además, cuando hablamos de derechos digitales y de sus garantías hay que tener muy presente la necesidad de una especial protección de estos derechos en el caso de los menores cuyo acceso a Internet desde edades muy tempranas es un fenómeno universal que facilita una sobreexposición al riesgo de la vulneración de sus derechos y libertades fundamentales en el ámbito digital (pensemos en el derecho a la intimidad, por ejemplo). Ello, en contraste con lo que pudiera suceder en el mundo físico, donde no solo las posibilidades de conculcar estos derechos son mucho menores, sino que también es mucho mayor la posibilidad de que sean conocidos y defendidos por sus padres y tutores.

Por último, en el caso de los derechos digitales de los trabajadores son frecuentes las llamadas a los acuerdos entre empleadores y trabajadores o a la negociación colectiva como mecanismos de concretar su contenido y los mecanismos para garantizarlos. Por tanto, será preciso aguardar al desarrollo contractual, convencional o vía negociación colectiva y a la interpretación jurisprudencial para conocer su verdadero alcance en la mayor parte de los casos”.

Por tanto, a raíz de todo lo expuesto hasta ahora, se puede observar cómo la tecnología ha sido utilizada por los Gobiernos de los países, así como por los poderes públicos en cualquier país en general, para espiar a sus ciudadanos y empresas, así como a los ciudadanos y empresas de otros países. E, incluso, afirmar que la tecnología está siendo utilizada más allá de los fines para los que fue creada.

FUENTES.

  1. ¿Nos espían los chismes tecnológicos? EL PAÍS: https://retina.elpais.com/retina/2020/02/24/innovacion/1582569720_734965.html
  2. Cómo espía EE.UU., según Snowden. BBC MUNDO: https://www.bbc.com/mundo/noticias/2013/10/131031_eeuu_nsa_espionaje_tecnicas_az
  3. El peligro de ser espiado a través de tu propio celular. BBC MUNDOD: https://www.bbc.com/mundo/noticias/2012/10/121002_tecnologia_spyware_android_celulares_yvddd
  4. Cómo saber si tu móvil tiene instaladas apps espías. DIARIO INFORMACIÓN: https://www.informacion.es/vida-y-estilo/tecnologia/2016/03/23/movil-instaladas-apps-espias-6198042.html
  5. Por qué tienes que tapar la cámara de tu ordenador y qué te puede pasar si no lo haces. CONSUMER: https://www.consumer.es/tecnologia/internet/por-que-tienes-que-tapar-la-camara-de-tu-ordenador-y-que-te-puede-pasar-si-no-lo-haces.html
  6. ¿Puede mi empresa espiar mi WhatsApp? DIARIO ABC: https://www.abc.es/tecnologia/informatica/software/abci-claves-sentencia-permite-empresas-espiar-correos-empleados-201709052118_noticia.html
  7. El nuevo campo de batalla: cibermercenarios que espían para cualquier gobierno. NEW YORK TIMES: https://www.nytimes.com/es/2019/03/24/espanol/ciberespionaje-nso-darkmatter.html
  8. Vidas no tan privadas: las claves del espionaje del Gobierno de Obama a los ciudadanos. PERIÓDICO 20 MINUTOS: https://www.20minutos.es/noticia/1843571/0/espionaje/eeuu/privacidad/
  9. Los derechos digitales o las comisiones de expertos para la foto. BLOG HAY DERECHO. EXPANSIÓN: https://hayderecho.expansion.com/2020/09/09/los-derechos-digitales-o-las-comisiones-de-expertos-para-la-foto/

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