Derecho general

¿Justicia terapéutica para resolver conflictos? Introducción.

En primer lugar, se ha de decir que “la justicia restaurativa consiste en un medio de gestión de conflictos que coloca el diáalogo como la base del proceso, favorece el restablecimiento de la paz social fracturada por el conflicto, reduce la respuesta violenta y permite la participación protagónica de la sociedad civil.

Los principios básicos en que se sustenta la justicia restaurativa son el reconocimiento de que el crimen causa daño a las personas y en algunos casos a las comunidades; en segundo lugar, que la justicia repara esos daños y, tercero, que las partes deben participar en dicho proceso de renovación.

La mediación penal es el instrumento de un procedimiento de gestión de conflictos en el que una parte neutral con carácter técnico y en posesión de conocimientos adecuados, independientemente de los actores institucionalizados del proceso penal, e imparcial, ayuda a dos o más personas implicadas en un delito o falta, a comprender el origen, sus causas y sus consecuencias, a confrontar sus puntos de vista y a elaborar acuerdos sobre el modo de reparación tanto material como simbólico.

La clave para un resultado exitoso de la mediación dependerá de que sus protagonistas aprendan una serie de habilidades y destrezas socioemocionales que les capaciten para mejorar los conflictos.

Tomando el concepto de la justicia desde las víctimas, se ha tomado la idea del constructivismo que plantea la necesidad de echar una mirada sobre los daños causados, más que solo el delito o la norma afectada.

Reyes Mate dice que la víctima sufre un daño triple, sufre un daño personal, político y social.

• El personal es el sufrimiento directo producido por el hecho criminal.
• El político es el mensaje que el verdugo envía a la víctima, diciéndole que es irrelevante para esa sociedad, lo que importa es lo que el victimario quiere y sueña alcanzar.
• El daño social se concreta cuando empobrece y priva a la sociedad tanto del terrorista como de la víctima, y fractura a la sociedad polarizando a sus miembros: unos a favor, otros en contra.

Por lo tanto, hacer justicia desde las victimas es hacerse cargo de esa injusticia, intentando reparar lo irreparable de lo que sólo queda memoria, entonces la justicia desde las víctimas debe propender por generar en la conciencia del criminal el convencimiento de la inutilidad de lo actuado, de que lo hecho fue un error y de que lo mejor es que nunca hubiera ocurrido, obteniendo así el arrepentimiento del victimario.

La satisfacción de las necesidades de las víctimas pasa por dar respuesta a la pregunta ¿por qué? Los seres humanos hacemos esta pregunta, siempre queremos saber la razón del victimario, los motivos que lo condujeron a producir sufrimiento.

La justicia desde las víctimas implica el deber de recordar, de hacer memoria, de construir la historia no sólo desde el victimario, sino desde el que ha padecido el daño, implica resucitar la verdad de lo acontecido.

Antonio Beristain plantea la idea de reparar el daño mediante un proceso recreador y humanístico en el encuentro víctima y ofensor, donde se permita a los involucrados en el delito participar en el acto de hacer justicia y no, como se ha venido dando, en donde se espera que alguien haga justicia, sino más bien participar en la ejecución de dicha justicia en donde ambas partes ganen y se genere un vínculo lo mayormente positivo entre las partes”.

En segundo lugar, se ha de indicar que, “desde ámbitos especializados de la psicología y la psiquiatría se viene insistiendo en la importancia de que se adopten medidas preventivas adecuadas. Entre ellas se destaca en el derecho comparado la denominada “justicia restaurativa de familia”, que introduce elementos preventivos para la gestión de los conflictos de pareja propiciando intervenciones tempranas con técnicas mixtas de carácter legal y terapéutico para buscar salidas razonables, e incluso médicas (y psicológicas), y evitar que se produzcan las escaladas del conflicto intrafamiliar que conducen muchas veces a la locura y a la violencia aniquiladora.

A ningún criminal maltratador le ha frenado la perspectiva de una condena penal más severa, puesto que generalmente está inmerso en un proceso mental del que no sabe salir más que con la violencia y la muerte. Incluso aceptando la propia aniquilación y la de sus propios hijos.

Por esto es noticia de enorme importancia la inauguración el día 3 de septiembre en Auckland (Nueva Zelanda), el congreso mundial de “Jurisprudencia Terapéutica”, movimiento internacional que impulsa una verdadera revolución de la justicia apelando más a la forma de aplicar el derecho por los jueces que a la necesidad de imponer legalmente determinadas reglas procesales.

La mediación entra de lleno en esta corriente que tuvo sus primeras manifestaciones en la creación de los “Juzgados de Adicciones” en Nueva York, Monterrey (México) o Santiago de Chile, en los que se pone el énfasis en la actuación conjunta de la acción de los tribunales y las intervenciones terapéuticas con personas que han delinquido y que padecen adicción a las drogas o enfermedades mentales. La eficacia de la llamada “Therapeutic Jurisprudence” en inglés, que en español se ha traducido con la utilización del término “Justicia Tereapéutica”, arroja unos resultados muy satisfactorios en cuanto a la eficacia de la reinserción de las personas, la atención a los derechos de las víctimas y, lo que es singularmente importante, el menor coste económico que resulta si se compara con los gastos que generan unos procesos judiciales que no inciden en la solución de los problemas.

No es desconocida en España esta corriente de la filosofía del derecho, en la que ha sido pionero el presidente de la Audiencia de san Sebastián Iñaki Subijana con su trabajo sobre la Justicia Terapéutica en el enjuiciamiento penal y la experiencia en dicho tribunal en este campo. Incluso desde la Universidad de Vigo se está impulsando una línea de investigación en este terreno por las doctoras Fariña, (desde la psicología) y Esther Pillado (desde el derecho procesal).

La facultad de derecho de la Universidad Pompeu y Fabra por medio de quien ha sido su decano, el doctor Ferrer Riba ha invitado a impartir un seminario a uno de los máximos representantes de esta corriente, el juez David Wexler y profesor de la Universidad de Texas (USA), que fue presentado en el Centro de Estudios Jurídicos de la Generalitat de Cataluña por la magistrada decana de Narcelona, Mercedes Caso”.

En segundo lugar, se ha de señalar que, “siguiendo a Wexler, la TJ trata de estudiar “el rol del derecho como agente terapéutico”, analizando el impacto que una determinada  norma o proceso provoca sobre la vida emocional y el bienestar psicológico de las personas afectadas por su aplicación; como consecuencia de ello, el derecho se considera como una fuerza social que produce comportamientos y consecuencias, pudiendo ser estas tanto terapéuticas como antiterapéuticas, esto es, beneficiosas o perjudiciales para las personas a las que se aplica.

Partiendo de la premisa anterior, desde la TJ se trata de humanizar los distintos ordenamientos jurídicos, focalizando en el lado humano, emocional y psicológico de las distintas normas, ya sean sustantivas o procesales, así como su aplicación por todos los operadores jurídicos para, de esta manera, promover el bienestar de las personas a las que afectan.

Se deben fomentan los distintos mecanismos de justicia restaurativa y, de otro, en aquellos casos en que no sea posible o conveniente el recurso de la justicia restaurativa, habrán de incorporarse al proceso judicial herramientas que permitan humanizar la justicia penal.

Esa humanización de nuestras normas y su aplicación requiere incorporar al ordenamiento jurídico principios e instrumentos propios de las ciencias de la conducta como son la psicología, la psiquiatría, el trabajo social o la criminología, pero sin vulnerar en ningún caso los derechos de las personas y siempre dentro del respeto al debido proceso.

Pues bien, uno de los campos en los que la TJ tiene una clara aplicación es ante la comisión de un delito precisamente por las características propias del conflicto delictivo, que es especialmente complejo a la vista de los intereses en juego a los que se debe dar satisfacción que afectan tanto a la víctima como al victimario, además de la sociedad en su conjunto.

  1. APLICACIÓN DE LOS PRINCIPIOS DE JUSTICIA TERAPÉUTICA EN LA JUSTICIA PENAL

De acuerdo con lo expuesto, la TJ trata de humanizar la respuesta ante la comisión de un hecho delictivo, lo que supone la introducción de sus principios inspiradores tanto en las normas sustantivas como procesales, así como en la forma de gestionar y resolver el conflicto una vez surgido, ya sea a través de alguno de los instrumentos de justicia restaurativa, en especial la mediación, como a través de la actuación de los operadores jurídicos en el proceso penal.

Dejando al margen los concretos avances que se han ido introduciendo en las normas sustantivas y procesales que suponen un clara aplicación de los principios propios de la TJ (como puede ser la nueva regulación de la suspensión de la pena tras la reforma del CP de 2015 o las disposiciones de protección  a la víctima incluidas en el Estatuto de la Víctima del Delito), en los que no podré entrar por razones de espacio, me centraré en la gestión del conflicto a través de la mediación y la actuación de los operadores jurídicos en el proceso penal.

La mediación, como instrumento de justicia restaurativa, se ha ido mostrando, tanto en el ámbito de la justicia de menores como en la de adultos, como un medio que facilita a la víctima una adecuada reparación del daño causado, tanto material como moral, y le permite alcanzar su pacificación personal; además, también se favorece al victimario su responsabilización y la posibilidad de obtener los beneficios que prevé el CP. A lo anterior, se añaden las ventajas que la mediación supone para la sociedad, en cuando se percibe una justicia más cercana a la ciudadanía, facilitando una disminución de la conflictividad social[8]. Todo ello a través de la intervención del mediador, normalmente, mediadores, en cuanto lo habitual será que en un procedimiento de mediación participe un equipo de personas especializadas y formadas en técnicas de resolución de conflictos, psicología y derecho. Se trata de crear un espacio seguro y confidencial entre las partes del conflicto para que, con la ayuda del mediador, puedan, a través del diálogo encontrar una salida safisfactoria al conflicto; todo ello, de forma flexible pero siempre con garantías en cuanto deben respetarse en todo caso los principios de igualdad y contradicción, así como el derecho de defensa y la presunción de inocencia.

La mediación, como instrumento de justicia restaurativa, se ha ido mostrando, tanto en el ámbito de la justicia de menores como en la de adultos, como un medio que facilita a la víctima una adecuada reparación del daño causado, tanto material como moral

No se debe olvidar que le mediación es, en todo caso intrajudicial, en cuando está integrada dentro del proceso penal, de ahí el esencial papel de jueces, fiscales y abogados a la hora de favorecer que la misma se desarrolle.

Además, al margen de la mediación, todos los operadores jurídicos que participan en el proceso judicial, deben aplicar los principios propios de la TJ con el objeto de humanizar nuestra justicia. Para ello, será necesaria una formación de los mismos que les permita conocer cuáles son las concretas necesidades de las partes del conflicto, esto es, tanto víctimas como victimarios. En este sentido, apunta Wexler que una de las grandes diferencias entre el proceso tradicional y el terapéutico es el hecho de que el proceso judicial está orientado al caso mientras que el segundo se orienta a las necesidades[9], y por lo tanto serán necesario conocerlas.

En coherencia con ello, el juez debe, en primer término, valorar si procede derivar el asunto a mediación y ello requiere no sólo un conocimiento completo del objeto del proceso, sino también quienes son las partes implicadas en el asunto y las circunstancias que les rodean a efectos de evaluar la conveniencia de la mediación; también deberá tener claro el momento concreto en que es más procedente la derivación, ya sea en la fase de instrucción, enjuiciamiento o ejecución.

En aquellos casos en que el juez considere que no es procedente la derivación, a lo largo del proceso judicial también deberá aplicar los principios inspiradores de la TJ, lo que tendrá una gran repercusión para las partes.  Un aspecto esencial es la comunicación del juez con las mismas en cuanto debe ser, además de imparcial, empática, siendo especialmente relevante la escucha activa por parte del juez pues es la única vía que le permitirá entender bien el conflicto y sus implicaciones.

Además, es importante que el juez trabaje en equipo y tenga en cuenta a la hora de tomar su decisión los conocimientos de otros profesionales que también participan en el proceso y que están especializados en materias no jurídicas; el equipo psicosocial, o las oficinas de atención a las víctimas pueden aportar información esencial al juez antes de dictar la sentencia que proceda.

El juez debe aprender a interactuar con las partes, evitando los tecnicismos y utilizando un lenguaje sencillo para hacerse comprenden por ellas y también para llegar a comprenden el auténtico problema que debe ser resuelto a través de su sentencia.

Es importante que el juez trabaje en equipo y tenga en cuenta a la hora de tomar su decisión los conocimientos de otros profesionales que también participan en el proceso y que están especializados en materias no jurídicas

Otro tanto debe decirse del Ministerio Fiscal que debe actuar de acuerdo con los principios propios de la TJ dentro del proceso judicial en cuanto él podrá instar la derivación ante el juez además de dar su conformidad a la que el mismo proponga, para lo que deberá atender a las circunstancias de las partes y del asunto. Por supuesto, el fiscal debe mostrarse dispuesto a facilitar al juez toda la información que sea necesaria para alcanzar la solución más idónea para las partes del conflicto; especialmente importante es que el juez reciba información relevante sobre el infractor para poder valorar su situación a la hora de tomar decisiones en relación a la pena a imponer, quizá aquí el Ministerio Fiscal como garante de la legalidad podrían servir de cauce, entre otros, para poner en conocimiento del juez esta información, o al menos parte de ella; por eso debe intentar mantener con la víctima y el acusado una comunicación fluida y cercana en un lenguaje sencillo.

Las habilidades de comunicación de jueces y fiscales tienen una importancia evidente en la toma de declaración a las víctimas, sobre todo cuando las mismas son especialmente vulnerables, en cuanto debe crearse un clima de confianza para evitar la victimización secundaria de la misma y garantizar la espontaneidad de su declaración; se requiere, para ello, la utilización de un leguaje que se adapte a vulnerabilidad de la persona y que además se tenga en cuenta también su estado emocional.

Finalmente, los principios de la TJ también deben llevar a los abogados a adoptar una actitud colaborativa con jueces y fiscales, así como con el abogado de la parte contraria, no sólo ante la posible derivación a mediación sino durante todo el desarrollo del proceso judicial”.

En segundo lugar, cabe indicar que “desde ámbitos especializados de la psicología y la psiquiatría se viene insistiendo en la importancia de que se adopten medidas preventivas adecuadas. Entre ellas se destaca en el derecho comparado la denominada “justicia restaurativa de familia”, que introduce elementos preventivos para la gestión de los conflictos de pareja propiciando intervenciones tempranas con técnicas mixtas de carácter legal y terapéutico para buscar salidas razonables, e incluso médicas (y psicológicas), y evitar que se produzcan las escaladas del conflicto intrafamiliar que conducen muchas veces a la locura y a la violencia aniquiladora.
A ningún criminal maltratador le ha frenado la perspectiva de una condena penal más severa, puesto que generalmente está inmerso en un proceso mental del que no sabe salir más que con la violencia y la muerte. Incluso aceptando la propia aniquilación y la de sus propios hijos.
Por esto es noticia de enorme importancia la inauguración el día 3 de septiembre en Auckland (Nueva Zelanda), el congreso mundial de “Jurisprudencia Terapéutica”, movimiento internacional que impulsa una verdadera revolución de la justicia apelando más a la forma de aplicar el derecho por los jueces que a la necesidad de imponer legalmente determinadas reglas procesales.
La mediación entra de lleno en esta corriente que tuvo sus primeras manifestaciones en la creación de los “Juzgados de Adicciones” en Nueva York, Monterrey (México) o Santiago de Chile, en los que se pone el énfasis en la actuación conjunta de la acción de los tribunales y las intervenciones terapéuticas con personas que han delinquido y que padecen adicción a las drogas o enfermedades mentales. La eficacia de la llamada “Therapeutic Jurisprudence” en inglés, que en español se ha traducido con la utilización del término “Justicia Tereapéutica”, arroja unos resultados muy satisfactorios en cuanto a la eficacia de la reinserción de las personas, la atención a los derechos de las víctimas y, lo que es singularmente importante, el menor coste económico que resulta si se compara con los gastos que generan unos procesos judiciales que no inciden en la solución de los problemas.
No es desconocida en España esta corriente de la filosofía del derecho, en la que ha sido pionero el presidente de la Audiencia de san Sebastián Iñaki Subijana con su trabajo sobre la Justicia Terapéutica en el enjuiciamiento penal y la experiencia en dicho tribunal en este campo. Incluso desde la Universidad de Vigo se está impulsando una línea de investigación en este terreno por las doctoras Fariña, (desde la psicología) y Esther Pillado (desde el derecho procesal).
La facultad de derecho de la Universidad Pompeu y Fabra por medio de quien ha sido su decano, el doctor Ferrer Riba ha invitado a impartir un seminario a uno de los máximos representantes de esta corriente, el juez David Wexler y profesor de la Universidad de Texas (USA), que fue presentado en el Centro de Estudios Jurídicos de la Generalitat de Cataluña por la magistrada decana de Narcelona, Mercedes Caso.
El equipo de redacción de GEMME ha considerado que no se podía pasar por alto la presencia de este profesor en España, y hemos podido conseguir de él una entrevista.

Doctor Wexler, usted ha dicho que humanizar la ley, preocupándose del lado psicológico, emocional y humano de las personas que intervienen en el caso, con una actitud diferente en el proceso legal, supone un salto cualitativo en la acción de la justicia. Nuestra primera pregunta es si es necesario para ello un cambio legislativo que imponga otro modo de hacer a los operadores jurídicos.

No es necesario en absoluto. La “Therapeutic Jurisprudence” (TJ en adelante) es muy modesta en sus pretensiones, únicamente pretendemos que los jueces trabajen de otra forma con los mismos instrumentos legales y procesales.

Usted ha definido la TJ como el estudio del papel de la ley como agente terapéutico, con lo que el papel de la justicia no sería el que se ha entendido tradicionalmente, de “restaurar el orden” o “dar a cada uno lo suyo”, sino más bien el de contribuir a la salud mental de los ciudadanos. ¿Es así?

Pues sí, es así en el sentido de que la TJ es un componente importante adicional. La meta terapéutica es muy importante pero no elimina en absoluto las demás metas jurídicas, ni tampoco menoscaba el principio de debido proceso que marca la ley para el enjuiciamiento de los delitos”.

Por tanto, se puede destacar la importancia de esta nueva vía para dejar de saturar a los juzgados y de buscar nuevas vías de resolución de conflictos, las cuales ya se venían utilizando en los órdenes jurisdiccionales civil, contencioso-administrativo y social, y que ahora van teniendo más importancia en el proceso penal.

En tercer lugar, se ha de señalar que “para alcanzar los objetivos que declara la justicia terapéutica “humanizando la ley” se considera indispensable acometer una revisión de los procedimientos legales y de la normativa vigente.

Es así como las prácticas del sistema restaurativo deben ser construidas por medio de políticas públicas coordinadas con la participación del poder público, de la sociedad civil y de los organismos internacionales ligados a los derechos humanos.

Dentro de los muchos grupos en situación de desventaja, la justicia restaurativa como modelo alternativo al modelo punitivo de justicia ha sido exitoso en el tratamiento de la delincuencia juvenil, donde se ha demostrado una muy baja tasa de reincidencia, así lo demuestra Irlanda y también ha venido usándose en países como Estados Unidos con la modalidad de sanciones pedagógicas y trabajo comunitario; en Canadá con la participación de las familias y la comunidad involucradas en el conflicto; en Inglaterra, donde la filosofía restaurativa es el modelo de solución de conflictos y lucha contra el bullying en los colegios.

Recordando, su propuesta principal es reparar las relaciones rotas o dañadas por la acción criminal mediante la reconciliación, la reparación y el perdón entre la víctima y el infractor y que se trata de un proceso en el cual se exploran las causas sociales y culturales del conflicto, se igualan los diferenciales de poder entre la víctima y el ofensor y se desahoga la carga emocional.

En 2001 la Fundación Paz y Bien, liderada por la hermana Alba Stella Barreto en Colombia, trabajaba por los desplazados del conflicto armado, con las personas de bajos recursos, personas y víctimas de la violencia familiar y principalmente a la rehabilitación de jóvenes, se propuso un programa de rehabilitación de jóvenes pandilleros, basado en la filosofía de la justicia restaurativa. Se diseñaron talleres pedagógicos y psicológicos para permitirles repensarse su vida en la violencia y trabajar en la ganancia de autonomía, la construcción de alteridad y el empoderamiento político.

En ese programa, al establecer el rapport, se reconoció que estos jóvenes también son víctimas de la violencia estructural de la sociedad que los excluye y los estigmatiza (siendo ésta también una característica de la realidad social en nuestro país).

Considerando su condición de marginalidad, de exclusión, de pobreza, se vinculó a estos jóvenes en redes y circuitos sociales distintos a las pandillas, que volvieran al colegio, que consiguieran empleo y que reconocieran y ejercieran sus derechos ciudadanos, logrando hacer posible un empoderamiento político, con sus principios de alteridad, logran que estos jóvenes se enfoquen en su proyecto de vida.

Siguiendo sobre esta misma línea de los buenos resultados obtenidos en la aplicación de la justicia restaurativa como justicia terapéutica, en el Canal de Youtube Justicia y practica restaurativa podemos vislumbrar el proyecto que prevalece en Colombia en su estrategia “Pandilla de cine” como parte de las actividades del Centro de Atención Especializada, una organización llamada “La Primavera”, en donde sus objetivos son la protección personal del victimario, restaurar el daño causado y preparar para la vida de los jóvenes que ahí se encuentran, resulto el proyecto Dragones de papel, una película hecha por los victimarios que están en rehabilitación y hago mención de Julián, que ingresó cuando tenía 16 años en 2016.

…si la persona (amigo) que me delato me está escuchando, yo le diría que gracias, porque si yo no hubiera caído aquí, si yo no hubiera estado tan cerrado, dudo mucho que yo sería la persona que soy hoy en día.

Youtube.com/watch?v=ZIXDixv78D4

Aquí es cuando nos damos cuenta de los resultados, que la justicia restaurativa funciona realmente como justicia terapéutica.

Ahora es importante hablar sobre el perdón, y quiero hacer mención en el mismo canal de Youtube de un video titulado “Perdón, experiencia práctica restaurativa”.

Edwin Salazar, trabajador de un motel como guardia de seguridad, recibió un disparo por la espalda estando fuera de peligro, y perpetrado por parte de una adolescente, la cual fue arrestada y actualmente se encuentra en ese proceso llamémosle de reconciliación. Él externa lo siguiente:

…gracias de escuchar a mi esposa que es muy espiritual, me decía que el guardar rencor no me sirve de nada si se amarra, me decía que soltara para que quedara atrás que sólo fue un mal recuerdo para que no haya rencor en el corazón que no me dejaría vivir tranquilo.

Youtube.com/watch?v=RgtqSWWoyp0

Es entonces cuando se da ese encuentro de la víctima con el victimario, otorgándole el perdón para su propia sanación.

Enright y Cole señalan que el concepto “psicológico de perdonar” no debe confundirse con el legal de indulto con condonar (que explica una justificación de un hecho) o excusar (que supone que existen razones para obrar de una manera determinada). Autores señalan la diferencia entre perdón y reconciliación (establecimiento de un vínculo). El perdón supone una voluntad subjetiva de abandonar el resentimiento, los juicios negativos y la indiferencia hacia quien nos ha injuriado o lastimado y por desarrollar sentimientos de compasión y generosidad.

Hargrave y Sells definen el perdón en términos de:

1. Permitir al victimario reconstruir un vínculo quebrado.
2. Favorecer una discusión abierta sobre la violación relacional de manera tal que la víctima y victimario puedan trabajar en la reconstrucción de tal vínculo.

Perdonar implica un cambio interno y al mismo tiempo pro social, hacia una figura o situación percibida como transgresora, en el contexto de un vínculo interpersonal.

El verdadero perdón es un acto de generosidad y es un don del ofendido al ofensor; no indica que perdonar vas a olvidar y dependerá de la percepción del ofendido.

Echeburrúa precisa que también dependerá de la historia anterior, del sistema de valores y de la concepción de la vida de la víctima, así como también de la actitud del ofensor.

El perdón tiene efectos psicológicos positivos.

• No vivir atormentado.
• Sacudirse el yugo del pasado.
• Mejorar la salud.
• Reconciliarse consigo mismo.
• Recuperar la paz interior.

Requiere reconocimiento del daño realizado por el ofensor, debe de haber arrepentimiento, compasión con la víctima y solicitud de indulgencia. De este modo se puede conseguir descargar el malestar emocional experimentado.

Es importante el trabajo previo con ambas partes y principalmente con el victimario, ya que de ello dependerá que sea un arrepentimiento real.

Y muy importante tener en claro que si la ofensa es un delito, el perdón de las víctimas no exime de responsabilidades legales para el agresor.

Perdonar es una decisión personal y es en realidad la antítesis del olvido, implica la atenuación de emociones, conductas y juicios negativos, el otorgar y pedir el perdón dependerá de las características de las personas en relación con su psique.

Contrario al perdón se encuentra la venganza, que es un sentimiento psicológicamente necesario pero socialmente inadmisible, sin embargo es un acto de represalia sin beneficio, ya que se convierte en un mecanismo adaptativo negativo, ya que cuando se culpa a los demás por lo que nos ha sucedido se les responsabiliza de nuestro sufrimiento y se puede caer en el rencor, teniendo éste un efecto desgastante en la persona.

Entonces perdonar es liberación, así sus comportamientos frente al ofensor se vuelven menos negativos y sus actitudes menos agresivas.

Existen autores que mencionan que el perdonar podría hacer más vulnerables a la revictimización en los vínculos personales cuando ha habido experiencias de abuso y maltrato. Y éste sería un tema importante a tratar, ya que sería así sólo cuando se ha decidido no hacer un procedimiento legal para su deuda social.

Entonces mediante el trabajo previo con ambas artes se prepara para que se dé el proceso sanador.

Se presentan obstáculos para su ejecución.

Para pedir el perdón:

• El temor a que la trasgresión vuelva a repetirse.
• El miedo aparece ante los demás como un sujeto débil y manipulable.
• La creencia de que si se perdona se está violando estándares judiciales.

Para perdonar:

• Político social
o Despidos laborales
o Discriminación étnica
o Discriminación religiosa
• Relaciones romántico familiares
o Divorcios
o Separaciones vinculares
 Infidelidad
 Violencia
• Sexual
• domestica
• Practicas medicas
o Enfermedad terminal
o Internación psiquiátrica
o Mala praxis

La capacidad de perdonar requiere ser evaluada esta cautela, debido a las situaciones en las que el victimario no siente culpa o remordimiento por el daño cometido.

Existe una escala autoadministrable Caper, que es la metodología para el estudio exploratorio, descriptivo-correlacionar, propuesta por Margrave y Selles, en donde evalúa los hechos negativos de nuestras propias acciones y de otras personas y de situaciones, así como sentimientos negativos, que evalúa el sesgo de la prevalencia del perdón”.

FUENTES:

  1. Humanizar el ejercicio del derecho es preocuparse por el lado emocional y humano de la ley y del proceso legal. MEDIACIONES JUSTICIA: https://mediacionesjusticia.wordpress.com/2015/09/01/humanizar-el-ejercicio-del-derecho-es-preocuparse-por-el-lado-emocional-y-humano-de-la-ley-y-del-proceso-legal/
  2. La necesaria humanización de la justicia penal. HUMANIZANDO LA JUSTICIA: https://humanizandolajusticia.com/la-necesaria-humanizacion-de-la-justicia-penal/
  3. Justicia restaurativa: herramienta de paz y técnica terapéutica. REVISTAS JURÍDICAS UNAM: https://revistas.juridicas.unam.mx/index.php/hechos-y-derechos/article/view/14092/15316

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