Derecho general

Brexit y movilidad de personas 2021. Parte I

Desde que Reino Unido anunció su “divorcio” de la Unión Europea, se han producido una serie de encuentros para que se produjeran los menos perjuicios posibles entre ambas partes, sobre todo por el hecho de haber británicos viviendo en otros países de la Unión Europea y a la inversa.

En primer lugar, se ha de decir que “el controvertido Brexit llega finalmente con la salida oficial de Reino Unido de la Unión Europea (UE) este 31 de enero, aunque la incertidumbre respecto a sus efectos prácticos todavía está lejos de ser despejada.

Una de las principales reivindicaciones de quienes apoyaron este proceso en el referéndum de 2016 es que el gobierno británico recupere el control total sobre las políticas migratorias.

Bajo el ala de la UE, Londres tenía que seguir las regulaciones acordadas por todos sus Estados miembros, aunque solo en algunas áreas. Por ejemplo, uno de los principios básicos de la UE es el del “mercado interior”, que consiste en permitir la libre circulación de bienes, servicios, capital y personas.

Desde la entrada en vigor de este mercado único en 1993, “los ciudadanos europeos pueden vivir, trabajar, estudiar o hacer negocios con libertad” en cualquier otro Estado de la UE.

Como consecuencia de ello, el saldo migratorio neto anual de ciudadanos de la UE a Reino Unido se disparó hasta alcanzar su punto más alto durante el primer trimestre de 2015, con 219.000 llegadas. Desde el referéndum, sin embargo, está cifra ha caído hasta los 48.000 del segundo trimestre de 2019.

A la vez, miles de ciudadanos británicos se beneficiaron de esta política y emigraron a otros países de la UE.

Por ejemplo, la colonia británica más grande se encuentra en España, donde viven unas 250.000 personas provenientes de las islas británicas. Más de un tercio tiene más de 65 años, ya que el sol y un clima más amable que el de Reino Unido convierte al país en un atractivo destino para jubilarse.

Británicos en España
Pie de foto, La colonia de británicos en Europa más grande está en España.

Todos estos inmigrantes británicos y europeos tienen la libre circulación garantizada hasta el 31 de diciembre de 2020, cuando acaba el llamado periodo de transición.

Para entonces, Reino Unido y la Unión Europea deberán haber acordado los nuevos términos de la relación que tendrán en el futuro.

¿Y América Latina?

¿Cambia algo para los latinoamericanos que quieran ir a Reino Unido a hacer turismo, estudiar o trabajar?

No. La libre circulación de personas solo se aplicaba a ciudadanos de la UE y Estados con acuerdos especiales como Suiza o Noruega. Los llamados extracomunitarios, personas de fuera de la UE, estaban y siguen sujetos a otras normas.

Por ejemplo, muchos de los países europeos son firmantes del Acuerdo de Schengen. Según este, sus territorios conforman el Espacio Schengen y todo aquel que haya entrado en él, podrá moverse libremente de nación en nación sin tener que pasar por controles fronterizos.

Es por eso que, por ejemplo, cuando alguien solicita una visa de turismo a Francia, esta le sirve también para entrar luego en Alemania, Portugal o cualquier otro de los 26 países que forman parte del Espacio Schengen. Pero no en Reino Unido.

Maletas
Pie de foto, Las condiciones para que los latinoamericanos puedan viajar a Reino Unido no cambian con el Brexit.

Los británicos siempre prefirieron mantenerse fuera de este acuerdo e imponer las exigencias para elingreso de personas a su país según su propio criterio.

Por eso, por ejemplo, si eres peruano o colombiano, no tendrás que pedir visa para visitar un país Schengen. Pero sí deberás hacerlo si quieres ver el Big Ben en Londres o darte un paseo por Escocia.

En cuanto a las visas de trabajo, cada país europeo concede la suya bajo distintos criterios. Es por eso que alguien con una visa de trabajo para Suecia solo podrá trabajar en Suecia.

Lo mismo ocurre con las visas de estudio para periodos de más de tres meses: alguien con una visa de estudio para Bélgica solo podrá estudiar en Bélgica. En ambos casos, su visa permitirá viajar libremente por el Espacio Schengen, pero no realizar esas actividades.

¿Y Reino Unido? Como ya regulaba por su cuenta las visas, nada cambiará para los ciudadanos extracomunitarios, como los latinoamericanos, que tendrán que seguir pidiéndola para estudiar y trabajar allí.

Universidad de Oxford
Pie de foto, ¿Cambiará el Brexit los requisitos para estudiar en Reino Unido?

El Brexit, y los términos que se convengan durante el periodo de transición, afectarán solo a los ciudadanos de la UE.

Demanda de trabajadores

Aún no se sabe qué pactarán británicos y europeos, y hasta existen serias dudas de que Londres y Bruselas vayan a llegar a un acuerdo antes de la fecha límite. Lo que es seguro es que Reino Unido, tanto el sector privado como el público, tiene una gran dependencia de mano de obra extranjera.

Por ejemplo, el Servicio Nacional de Salud (NHS por sus siglas en inglés) ya tenía un problema de escasez de mano de obra antes del referéndum. Este se ha visto agravado por la renuncia de sus más de 10.000 trabajadores europeos que decidieron irse del país tras la consulta de 2016″.

En consonancia con lo dicho, y teniendo en cuenta el entorno en que se ha negociado el Brexit, quizá quepa señalar que “el Brexit es un error; que seguramente la mayoría de los británicos –sobre todo los jóvenes– se van a arrepentir (de hecho, según un reciente estudio del Pew Research Center, el apoyo a la UE entre los británicos es hoy del 60%, el mayor de la historia, y el rechazo del 37%); que sus costes económicos serán significativos y se sentirán sobre todo a largo plazo; que los sufrirá más el Reino Unido por ser más pequeño; que como consecuencia del Brexit no está claro si Irlanda del Norte y/o Escocia seguirán formando parte del Reino Unido dentro de unos años; y que el día a día de los británicos y comunitarios que hasta ahora pasaban de un lado al otro del Canal de la Mancha casi sin darse cuenta se va a convertir en un quebradero de cabeza, sobre todo si lo hacen para algo más que para pasar unos días de vacaciones.

Aunque muchos soñemos con que en el futuro los británicos rectifiquen y vuelvan a la Unión, esto no va a pasar en los próximos años, por lo que es mejor centrarnos en lo que hay. Y lo que hay es un acuerdo de mínimos que evita el caos a corto plazo. Además, permite mantener la confianza sobre la que construir una relación económica más intensa en el futuro, al tiempo que facilita sostener la cooperación en seguridad y defensa, algo esencial habida cuenta que en los grandes temas geopolíticos los valores e intereses del Reino Unido van a seguir coincidiendo con los de la UE. Pero no nos engañemos. Lo que empezaremos a vivir en 2021 es un Brexit duro, un acuerdo de libre comercio raquítico que prácticamente no cubre los servicios, restringe la movilidad de personas y que tiene importantes flecos abiertos que no permiten eliminar la incertidumbre, por ejemplo, en lo que respecta a qué rutas podrá hacer Iberia. Pero como la geografía marca el destino, la UE y el Reino Unido están condenados a entenderse, por lo que haber evitado el divorcio a las bravas (algo que parecía muy difícil hace unas semanas) puede considerarse un éxito. Con la negociación fuera de los focos y la nueva relación asentándose, seguramente se podrá avanzar hacia un mayor nivel de integración en temas en los que es fácil encontrar ganancias mutuas, por ejemplo, la vuelta de algunas universidades británicas al programa Erasmus.

“Si el Brexit ha tenido algo bueno, es que ha hecho posible la aprobación del plan de recuperación europeo, que es un ejercicio de solidaridad sin precedentes que a buen seguro los británicos habrían vetado”.

Echando la vista atrás, la Unión puede estar orgullosa de varias cosas. Primero, de que el Brexit haya sido más una vacuna que una pandemia. No ha habido contagio a otros países de la Unión, y es poco probable que lo haya a partir de ahora, cuando los ciudadanos europeos, aún los más nacionalistas y escépticos de la integración, vean los daños que supone desengancharse de la Unión en aras de una quimérica recuperación de la soberanía, que además no se va a producir a menos que uno opte por convertirse en Corea del Norte. Segundo, de que se ha mantenido unida a lo largo de toda la negociación, y que de esa unión ha emanado una fortaleza que le ha permitido obtener casi todo lo que pretendía, tanto en el acuerdo de salida como en la relación futura. Así, a lo largo de las negociaciones, los británicos han aceptado prácticamente todo lo que quería la Unión en relación a la competencia leal, la pesca y la gobernanza de futuros conflictos. La integridad del mercado interior ha quedado salvaguardada, como también lo ha hecho, como pretendía el Reino Unido, la soberanía regulatoria británica (habrá que ver cuánto daño económico le hace esto al Reino Unido). Y es que la Unión, con su enorme mercado interior, su capacidad y experiencia negociadora, su solidez técnica y su complejo sistema legal, puede llegar a ser una apisonadora en cualquier negociación. Por último, si el Brexit ha tenido algo bueno, es que ha hecho posible la aprobación del plan de recuperación europeo, que es un ejercicio de solidaridad sin precedentes que a buen seguro los británicos habrían vetado”.

FUENTES:

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