Abogacía, búsqueda de trabajo, Derecho, despachos de abogados

El abogado ante el Siglo XXI

Desde que comenzó este siglo XXI, la forma de ejercer la abogacía también lo ha hecho, sobre todo por el hecho de que el avavnce de la forma de vida, tanto por la tecnología como la forma de ver la vida por parte de la sociedad, va más rápido que en épocas anteriores. En este artículo se pretende dar a conocer cómo el ejercicio de la abogacía ha tenido que adaptarse a los nuevos tiempos y a las nuevas formas de actuar de la abogacía para dar respuesta a las nuevas necesidades de sus clientes.

En primer lugar, se ha de señalar la importancia de unas “habilidades que como profesionales del derecho debemos tener, y que en resumidas cuentas podemos definirlas como “saber negociar, saber tratar y ganar clientes, saber gestionar nuestro tiempo y saber hablar“.

1.     Oratoria (saber hablar).

La oratoria es una herramienta indispensable para todo abogado, por lo que aquí daré algunos consejos que aprendí durante mi estancia en Londres y Nueva York. Es necesario recordar que en la comunicación no existe una posición neutra, por lo que es necesario saber utilizar el lenguaje verbal y no verbal para comunicar eficazmente.

  1. El abogado debe bascular constantemente. La basculación es el movimiento del cuerpo de atrás hacia adelante y es muy importante a la hora de estar orando. Se considera que para decir algo importante nos inclinamos hacia adelante y para defenderlo hacia atrás.
  2. Hacer estatua activa. Para llamar o acaparar la atención del juez es necesario hacer lo que se conoce como la “estatua activa”, que significa quedarte quieto por 2 o 3 segundos para que tu argumento tenga profundidad y estés comunicando eficazmente con tu movimiento corporal.
  3. Al juez hay que seducirlo, darle placer. El abogado debe trasmitir su mensaje elocuentemente, muy conciso y brevemente, no contando historias ni tampoco hablar como si fuera un examen oral. Si el abogado logra esto, generará lo que se conoce como simpatía procesal con el juez.

2.     Gestión del tiempo (saber aprovechar el tiempo)

El abogado debe y tiene que ser adicto al orden para desempeñar sus funciones diarias sin tener que dejar de lado unas cuantas. El abogado debe saber elegir entre sus prioridades, ya que desde luego no es que no tengamos tiempo para realizarlas, sino más bien lo que hacemos frecuentemente como profesionales es dar más atención e importancia a ciertas cosas que a otras.

Sobre lo anterior es preciso comentar y recomendar que los abogados tengan una agenda para que puedan constantemente recordar sus actividades y no dejar nada al simple recuerdo en la memoria.

3.     Negociación (saber negociar)

Cuatro son las principales fases de toda negociación:

  1. Posicionamiento y exploración de opciones. Aquí se propone la elaboración de un esquema sobre lo que va a tratar la negociación, que puede ser el siguiente:
    • Partes y cuestiones
    • Relación de partes
    • Legitimación
    • Comunicación
    • Compromiso
    • Intereses
    • Alternativas
    • Opciones

2. Propuestas. Se identifican cuáles son las propuestas que yo oferto y cuáles son las que oferta la otra parte.

3. Cesiones y contraprestaciones. Se hace una balanza y proporcionalidad de lo más importante que yo oferto y lo más importante de la otra parte. Se determina lo más valioso para ambas partes.

4. El acuerdo. Ésta es la última etapa o fase de toda negociación donde se cierra el trato y se genera el acuerdo.

4.     Trato con los clientes (saber tratar y ganar clientes)

Característica fundamental que debe tener el abogado del siglo XXI, es ser un abogado de la era digital, quien debe conocer y dominar las redes sociales y las tecnologías de la información.

Para que el despacho de un abogado gane más clientes debe de promocionar su imagen y la de su despacho, a través de las siguientes acciones:

  1. Crear un perfil de LinkedIn. LinkedIn es considerada la mayor red de contactos profesionales en el mundo, mediante la cual el abogado puede hacer uso de ella para darse a conocer.
  2. Crear Marca personal. El abogado debe crear su propia marca personal para generar confianza en las personas, que le brinde confiabilidad y diferencia ante otros abogados.
  3. Crear página web. Para dar mayor confiabilidad y certeza de los servicios jurídicos de un despacho, es indispensable que dicho despacho cuente con una página web.
  4. Contar con tarjetas personales. En el mundo de las relaciones sociales, a la hora de hacer “networking” o crear redes de trabajo, es primordial que el abogado cuente con tarjetas personales para entregarlas a sus pares y de esa manera reforzar sus redes de trabajo.
  5. Programa de base de datos. Para una mejor organización de un despacho, es fundamental contar con una base de datos con los casos y juicios que se estén llevando.
  6. Programa de gestión de despacho. Es fundamental contar con un programa de organización y gestión de las diferentes funciones y actividades que se lleven a cabo dentro del despacho.
  7. Generar empatía con el cliente y derrotar consejo de sabios. En cuanto al trato con los clientes, es importante que el cliente se vaya satisfecho con tu respuesta o solución a su problema, haciéndole ver las consecuencias positivas y negativas de la misma, comparándolas con opiniones distintas vertidas por otros abogados, y dejarle en claro que la tuya es la mejor.

Y precisamente, esto es lo valioso de este artículo, el cual te enumera las herramientas necesarias para que el abogado pueda desempeñarse con excelencia en su labor profesional, herramientas que van desde los mínimos detalles del lenguaje no verbal, de la importancia de la comunicación efectiva, hasta el manejo de las emociones de las personas (cerebro emocional), la gestión de nuestro tiempo a través del orden y selección de prioridades (ya que le solemos echar la culpa al tiempo) cuando lo que realmente debemos realizar es una selección de actividades unas más importantes que otras, el manejo de las redes sociales y medios digitales (marketing jurídico), y lo que a mi parecer es lo realmente relevante e innovador en el ámbito de la abogacía, la no judicialización excesiva de los casos”.

En segundo lugar, se ha de señalar que “ya no basta con tener una formación técnica exquisita o un perfecto conocimiento de idiomas, cada vez más el cliente demanda a su abogado otra serie de competencias que exceden muchas veces de la labor tradicional de un licenciado en Derecho. ¿Cuáles son las competencias del abogado del siglo XXI?

Que el sector legal ha evolucionado a pasos agigantados de un tiempo a esta parte, en buena medida gracias a la tecnología y la innovación, es un hecho que ni los más escépticos ponen en cuestión.

La sociedad progresa, los modelos de negocio cambian, las empresas se transforman, pero, ¿y los abogados? ¿han evolucionado sus competencias para adaptarse a esta época de cambio?

Durante mis años como miembro del Board y más adelante Vicepresidenta y Presidenta de ACC Europe pude constatar cómo las organizaciones demandaban nuevas habilidades a sus abogados internos.  La capacitación técnica seguía por supuesto siendo requisito necesario pero ya no suficiente, y se buscaban perfiles que combinaran la capacitación técnica con una serie de habilidades personales esenciales. Este cambio de perfil del abogado interno ha tenido su lógica consecuencia en las nuevas demandas de los mismos a sus proveedores, las firmas de abogados, a los que se les exige el mismo tipo de habilidades que les habilite para prestar un servicio óptimo.

El ejercicio de la abogacía y el aprendizaje teórico de este oficio en las Universidades discurren a diferentes velocidades y esto es algo que, como abogados, nos preocupa. En la actualidad ya no basta con tener una formación técnica exquisita o un perfecto conocimiento de idiomas, sino que cada vez más el cliente demanda a su abogado otra serie de competencias que exceden muchas veces de la labor tradicional técnica de un licenciado en Derecho.

¿Cuáles son esas competencias que debería tener el abogado del siglo XXI?

Conocimiento financiero y contable: El asesoramiento jurídico va indefectiblemente unido, en algunos casos, a cuestiones financieras y contables (sobre todo en materia de operaciones corporativas). Entender este lenguaje y ser capaz de conjugarlo con el servicio jurídico en cuestión es un elemento que aporta un valor que el cliente ya no sólo demanda, sino que cada vez más espera que su asesor jurídico de confianza le transmita.

Trabajo en equipo: Pese a que el trabajo del abogado tiene un carácter eminentemente personal, la capacidad asociativa y de trabajar en equipo es otra cualidad fundamental a la hora de prestar asesoramiento a clientes en operaciones en las que el trabajo de equipos multidisciplinares es vital para el correcto desarrollo de la misma.

Diversidad: Alcanzar una buena coordinación grupal, un equipo consolidado en busca de un objetivo común, pasa también por adoptar medidas y crear una cultura que favorezcan la diversidad en sus múltiples facetas: género, edad, background. No es únicamente una cuestión básica de respeto y educación, sino también un valor de marca que repercutirá en la buena marcha del negocio. El talento de una sociedad es muy diverso, y no se debe renunciar a él ni consentir prejuicios ni sesgos inconscientes. Los clientes han puesto ya el foco de manera muy marcada en la diversidad de género, y la promoción de las mujeres a puestos de responsabilidad es un claro objetivo. Y quieren que los despachos con los que trabajan compartan esta misma aspiración, de manera que cada vez es más frecuente que el tratamiento de la diversidad sea objeto de ponderación en los concursos para elegir paneles de firmas.

Legal Project Management: Ser capaz de elaborar un presupuesto y planificar el alcance del mismo, la configuración de equipos, integrar la tecnología en los procesos y repartir el trabajo de acuerdo a cada etapa del proyecto son cuestiones que, aunque parezcan ajenas a la propia tarea del abogado, cada vez se hacen más necesarias para conseguir mayor eficiencia en nuestro trabajo.

Tecnología y procesos: Tratar de integrar la tecnología en el proceso de trabajo del abogado no es una tarea fácil. Pese a que no es una competencia que se desarrolla en las Universidades, ser capaces de adaptarnos a nuevos procesos de trabajo, hacer que estos sean “cómodos” y que su aprendizaje no termine siendo un coste excesivo para la firma, es una cuestión muy a tener en cuenta en los despachos de abogados.

Habilidades comunicativas: Al margen del puro asesoramiento técnico del abogado, que en muchas ocasiones peca de ininteligible para el cliente y termina siendo engorroso su entendimiento para este, ser capaces de utilizar un lenguaje que el cliente entienda, traducir esos tecnicismos y ser capaces de transmitirlos, son habilidades que los abogados deben trabajar y que los clientes agradecen.

Gestión del cambio: Averiguar cómo ayudar a las personas a pasar de «como siempre lo hemos hecho» a «¿qué es lo siguiente?». Crear equipos ágiles que sean capaces de adoptar una cultura de cambio en su  puesto de trabajo.

Pricing: Analizar y medir el valor económico de un servicio jurídico, calcular y ajustar las posibles variaciones, es fundamental para saber si somos eficaces en nuestro trabajo o no, cuál  es la rentabilidad de nuestro asesoramiento y si el servicio que prestamos tiene o no valor para el cliente.

Enfoque colaborativo: La colaboración en los tiempos actuales no debe limitarse, únicamente, al aspecto interno. También desde los despachos, sobre todo los de menor tamaño, se debe tomar conciencia de la importancia de crear y gestionar redes de colaboración entre despachos y otros servicios, cuyas disciplinas están íntimamente ligadas a la práctica legal, con el objetivo de optimizar el trabajo. Se trata de consolidar una visión estratégica, a futuro, y tener la confianza para delegar o apoyarse en otros profesionales cuando sea necesario, lo que a largo plazo repercutirá en un crecimiento en volumen y repercusión de las firmas.

En conclusión, la adquisición de estas competencias pasa también por la transformación cultural en las firmas de abogados, las cuales deben apoyar y tomar la iniciativa en el desarrollo de estas habilidades. Impulsar la formación en esta serie de competencias, dotar a los abogados de herramientas para mejorar su aprendizaje, es vital para adaptar al abogado tradicional al abogado del siglo XXI.

Todos estos aspectos serán analizados en detalle por Susan Hackett en su ponencia en el Legal Management Forum 2018. Con más de 30 años de experiencia asesorando a departamentos in house y despachos sobre cómo crear e implementar estrategias que aporten el mayor valor y mejoren la eficiencia y productividad, la de Susan es una  de las voces más autorizadas en esta materia, y es todo un lujo contar con ella y poder aprender de su experiencia”.

En tercer lugar, también se ha de indicar que la abogacía “se ha visto particularmente influenciada por la globalización y la tecnología.

En relación con la globalización, por una parte, hay mayor necesidad de ofrecer servicios jurídicos de mayor alcance internacional y además hay cada vez más estudiantes de Derecho que viajan a otro país para recibir esta formación y que ejercerán su profesión en diferentes jurisdicciones a lo largo de su carrera.

En lo que se refiere a la tecnología, tiene una gran influencia en la forma en la que se prestan los servicios jurídicos y en la gestión de los despachos de abogados y asesorías jurídicas de empresas que ahora pueden beneficiarse de herramientas que hacen su trabajo más eficiente.

Las habilidades más relevantes para el mercado profesional en el año 2022 son, según recoge en informe del Foro Económico Mundial:

¿Le gusta lo que lee? ¿Quiere más?
  • Pensamiento analítico e innovación.
  • Aprendizaje activo y estrategias de aprendizaje
  • Creatividad, originalidad e iniciativa.

Y éstas son precisamente algunas de las habilidades que los estudiantes de Derecho deberían adquirir a lo largo de sus estudios.

Las universidades se están adaptando a estos cambios del mercado, y vemos ejemplos de programas de Derecho, dentro y fuera de España, que dan mayor cabida al elemento internacional y a la tecnología.

Todavía queda mucho camino que recorrer y hay oportunidades para las escuelas de Derecho que decidan liderar la adaptación al mercado jurídico y destacar en internacionalización y en tecnología aplicada a los servicios jurídicos.

Intercambios y programas conjuntos

Algunos ejemplos, en relación con la internacionalización, son los intercambios de alumnos o de profesores, los programas conjuntos entre universidades de dos o más países o la introducción de asignaturas de Derecho de otras jurisdicciones.

Los programas con un marcado enfoque internacional serán los más demandados por el abogado del siglo XXI, aquellos que ofrecen en la totalidad de su contenido (en todas sus asignaturas y cursos) un enfoque global, a través por ejemplo del Derecho Comparado. Algunas facultades de Derecho que siguen este modelo son McGill en Canadá, Tilburg y Maastricht en Holanda e IE Law School en España.

En relación con la tecnología, algunos programas añaden asignaturas técnicas como programación, pero los programas más ambiciosos son aquellos que se centran en la enseñanza de la aplicación de la tecnología para mejorar los servicios jurídicos, conocidos como legal tech.

Los métodos de enseñanza más tradicionales, como la lección magistral, no se adecuan demasiado bien a las nuevas tendencias de formación de abogados con enfoque internacional y que incluyen conocimientos de legal tech.

Las escuelas de Derecho que siguen estas tendencias siguen métodos de enseñanza más interactivos, como el método del caso, a través del cual los alumnos tienen que aprender a resolver un caso hipotético.

También el sistema de aprendizaje a través de resolución de problemas es el que siguen algunas de las facultades de Derecho antes mencionadas y que se ajusta muy bien a una enseñanza de Derecho global con un enfoque de Derecho comparado.

Complementar la formación jurídica con asignaturas de otras áreas resulta siempre interesante, pues añade un elemento de multidisciplinariedad a unos programas que son de por sí muy técnicos.

Algunos programas ofrecen formación en administración de empresas (contabilidad o finanzas) o en economía, lo que encaja muy bien en la mayoría de los grados y master jurídicos. Materias como el emprendimiento y las humanidades son algunas la que incluyen los programas de Derecho de IE Law School.

Además, las asignaturas que aportan un mayor carácter internacional (Derecho comparado, Introducción al Common law o Introducción al Derecho chino) inciden en el elemento internacional en programas que en sus orígenes tenían un marcado carácter nacional, haciéndolos más atractivos para los candidatos y para el mercado jurídico. Y aquellas que forman a los estudiantes en el uso de la tecnología son una tendencia actual que aporta mucho valor a los futuros graduados”.

En cuarto lugar, se ha de expresar que “

La revolución tecnológica ha impulsado cambios en los últimos 20 años más rápidamente que en los 200 anteriores. Y, por si eso fuera poco, la pandemia que nos azota —que es, sobre todo, un drama sanitario y social— también ha cambiado profundamente la forma en que nos relacionamos y, sobre todo, en que trabajamos.

En contraste con las sociedades más verticales de antaño, en las que el poder político, los grandes grupos empresariales y los medios de comunicación condicionaban en gran medida nuestros destinos, hoy, la tecnología ha permitido el surgimiento de una sociedad distinta, que vive en permanentemente hiperconexión, en la que cada uno de nosotros alimentamos constantemente la red y tenemos con ello una capacidad individual de influencia muy superior. Hasta los principales líderes políticos se comunican con nosotros por Twitter más que por televisión.

Foto: Ilustración: EC Diseño.

¿Qué bufetes logran ‘retener’ por más tiempo a sus abogados?, ¿cuáles menos? Pedro del Rosal

Esa ola de disrupción tecnológica va a llegar a todos los ámbitos, incluido el de la abogacía, y el principio de la supervivencia del más fuerte va a estar más presente que nunca. En algunos despachos ya hay personas que solo se dedican a controlar un ‘software’ de inteligencia artificial que revisa contratos de forma automática. Y, en el futuro, la decisión de qué abogado atiende a cada cliente la tomará una máquina a partir de perfiles basados en la actividad en redes sociales, como han empezado a hacer ya los ‘call centers’ de algunas multinacionales.

Las principales consecuencias de esta vida en red son, por un lado, el pleno y libre acceso a la información, que facilita enormemente la competencia también entre abogados y despachos, y, por otro, la transparencia, porque todo lo que hacemos queda registrado, y nuestra vida y carrera son accesibles y auditables, incluidas nuestras debilidades y errores.

En paralelo, la dilución de las fronteras y jurisdicciones tradicionales hace que las categorías jurídicas también registren muchos más tonos grises que hasta ahora: hoy, por ejemplo, la mayoría de normas aplicables en España viene dictada por órganos de la Unión Europea, y cualquier abogado de la Unión puede colegiarse en España.

La tentación para las firmas puede ser convertirse en organizaciones ‘transversales’, donde se mezclen abogacía y otros servicios

La suma de estos y otros factores hace que, en la actualidad, los jóvenes abogados se desenvuelvan en un entorno mucho más competitivo y complejo que el de generaciones anteriores. También, claro está, con muchas más oportunidades, porque ya no está vetado que una joven abogada española llegue a ejercer en Wall Street o en la City londinense, o que pueda conseguir clientes en todos los rincones del mundo, y todo ello sin salir del barrio de Chamberí.

En este nuevo entorno, los despachos de abogados se enfrentan a decisiones de gran calado sobre su estrategia y organización. La tentación para las firmas clásicas puede ser convertirse en organizaciones ‘transversales’, donde se mezcle la labor del abogado con la de financieros, auditores, consultores, psicólogos o matemáticos; mantenerse en el asesoramiento legal, pero buscar el talento de informáticos, financieros o consultores que además se licenciaron en derecho, o hasta ofrecer grandes rebajas bajo un falso disfraz de empresas tecnológicas. Estas organizaciones tendrán su sitio, pero no liderarán nuestra profesión.

La labor del buen abogado ha sido la misma durante generaciones, y en muchos sentidos va a seguir siéndolo: ayudar a los clientes a pisar suelo firme; contribuir a que se haga justicia, y ayudar al respeto de los derechos y libertades en el marco de una democracia moderna. Pero, al mismo tiempo, los que han marcado el rumbo en nuestra profesión no seguirán haciéndolo si no evolucionan al ritmo que los tiempos demandan

Foto: Foto: iStock.

Hay vida más allá del M&A: el ‘ranking’ de los bufetes líderes en propiedad intelectual Pedro del Rosal

Al cabo de toda esta suma de factores, creo que el abogado del siglo XXI debe ser una persona polifacética y fiel a sus valores y principios, muy consciente de sí misma y de sus capacidades, muy humilde y realista con sus limitaciones, conocedora de la complejidad del entorno en el que vive y capaz de adaptar sus propias habilidades a ese entorno, llenar las lagunas y déficits de cada momento, y dotarse de unas habilidades muy distintas a las de los abogados del pasado.

Por todo lo anterior, creo que el éxito de esa abogacía del futuro va a corresponder a los despachos y abogados que sepan combinar y apoyarse en seis pilares fundamentales.

El primero, un profundo conocimiento de los clientes, porque la realidad cambiante y compleja a la que me refería antes nos obliga a dedicar mucho más tiempo y recursos que antaño a conocer con detalle el negocio y los asuntos de aquellos a quienes brindamos nuestros servicios.

El segundo, un profundo conocimiento del derecho, en su más amplio sentido, porque la complejidad cada vez mayor de las operaciones, sumada a la creciente deslocalización de la actividad económica, obliga a ser simultáneamente generalistas y especialistas y a entender los problemas y conceptos jurídicos de forma genérica mucho antes de trasponerlos a uno u otro ordenamiento nacional.

Los despachos tienen que mantener un compromiso decidido con la defensa de los valores democráticos

El tercero, la inversión constante en la aplicación de herramientas tecnológicas que faciliten y hagan más completo el producto final que ofrecemos a nuestros clientes.

El cuarto, un desarrollo constante de las capacidades no jurídicas —porque saber idiomas, finanzas, contabilidad, retórica y algo de ‘marketing’ y desenvolverse bien con la tecnología ha dejado de ser un ‘nice to have’— y una atención permanente al cuidado y al equilibrio personal (o, como diría Covey, saber afilar la sierra).

El quinto, un compromiso firme con la diversidad de talentos, que no reemplace, sino que complemente y mejore, la meritocracia. Los despachos tienen que ser capaces de ofrecer un entorno de plena igualdad en el que puedan conciliarse la vida profesional y la familiar. Y no solo porque es un derecho, sino porque además funciona. Un estudio de la Brandeis University demostró que quien compagina bien su carrera con su vida privada tienen menores niveles de ansiedad, más salud mental y física, matrimonios más estables y una satisfacción vital superior.

Y, por último, los despachos tienen que mantener un compromiso decidido con la defensa de los valores democráticos y, en particular, con el principio de la independencia del poder judicial. Los abogados somos una pieza esencial del sistema más importante de cualquier sociedad, el de hacer justicia en los conflictos inherentes a la naturaleza humana —o, con arreglo a la definición clásica, en el esencial propósito de dar a cada uno lo suyo—, y también somos contribuidores clave al único imperio de los hombres y mujeres de bien: el imperio de la ley”.

En cuarto lugar, también se ha de añadir a este artículo que “la preocupación por la actividad comercial de los profesionales no es nueva. Según el informe presentado, las horas que cada socio debe dedicar a promoción han venido en progresivo aumento desde 2000, mientras que sus horas facturables se han venido reduciendo de forma paulatina, pero sostenida desde entonces. Tanto es así que, ante la merma en el incremento anual de facturación de los despachos de abogados, ha habido que buscar nuevas formas para sostener los bufetes y para mantenerse en el mercado.

Guerrero continúa en esta línea. “Esta necesidad de generar negocio y captar clientes, pone en valor a los abogados con capacidad comercial. Los abogados que generan negocio son los más deseados por los despachos de abogados”, añade en su blog.

Enzler y Navarro también apuntan sus conclusiones hacia lo que sí buscan los despachos de abogados. “Un buen perfil competencial se convierte en el aspecto clave para convertirse en un profesional de referencia. Asimismo, la capacidad de generar negocio adquiere una importancia muy superior a la que tenía hasta el momento”. La relevancia de aportar considerablemente a la facturación es valorada por más del 90% de los encuestados, mientras que la adaptación a un mundo globalizado y en continuo cambio es otro de los factores mejor valorados por los departamentos de Recursos Humanos.

Un 74% de los encuestados no contratarían a un profesional que solo aportara sólidos conocimientos jurídicos. En cambio, si contratarían en un 79% de los casos a un profesional que aportara clientes y generara facturación; Y en un 94% a aquel que tuviera un buen perfil competencial.

Ya en 2008, Julio Alonso, Office manager de Allen & Overy Madrid, reconocía ciertas competencias que también eran apreciadas por los contratadores, tales como cooperación, flexibilidad o trabajo en equipo, lo que coincide casi plenamente con lo que sostienen las autores del informe de Esade, quienes destacan también tres: trabajo en equipo, liderazgo y comunicación.

Desde entonces se venían apreciando ciertos cambios en los perfiles que los despachos de abogados requerirían por parte de sus trabajadores. Según Alonso, este cambio se generó a partir de la “la entrada en vigor del Real Decreto 1331/2006, que regula la relación laboral de los abogados. Desde 2006, los abogados han pasado a ser trabajadores por cuenta ajena. Por este motivo, hablar de carrera profesional es una realidad en despachos y departamentos de asesorías jurídicas. De este modo, los departamentos de Recursos Humanos se han convertido en un pilar estratégico para los socios, al liderar el cambio cultural y organizativo que esto implica”.

Competencias para un entorno global

El abogado del siglo XXI también aborda el tema de las competencias anexas a las profesionales y de conocimientos específicos en materia jurídica que se dan por sentadas una vez superada la formación universitaria. Tal como concluyen las autores del informe, “un 70% de los encuestados considera necesaria la formación complementaria en conocimientos económicos-financieros y empresariales, donde estrategia, finanzas y macroeconomía son las áreas más destacadas”. Además, se valora positivamente el dominio del inglés.

Enzler y Navarro sostienen que “las principales dificultades se encuentran en la falta de competencias más que en la falta de conocimientos. Aquellas que presentan más dificultades son la gestión de conflictos y la resolución de problemas”. Por lo tanto, piden al cierre del informe que “las universidades refuercen el desarrollo de competencias, los conocimientos económicos financieros, el enfoque práctico, la gestión de conflictos y los idiomas”.

En este sentido, el Máster Universitario en Abogacía. Acceso y Ejercicio de la Profesión de Abogado que ofrece Wolters Kluwer Formación no solo aporta y refuerza los conocimientos básicos en la formación de los futuros profesionales que llegarán a los despachos de abogados, sino que también aporta experiencia práctica y las técnicas requeridas para la superación del examen de acceso. Aparte, se puede complementar esa formación con el Programa Avanzado de Gestión Económico-Financiera que aportará una base sólida de conocimientos financieros y del entorno empresarial, para asegurar un buen plan laboral a los nuevos profesionales y allanar su acceso a mejores posiciones en el futuro”.

Como conclusión, se puede afirmar que el ejercicio de la abogacía en el siglo XXI ha de llevarse a cabo mediante la adaptación a las nuevas tecnologías, en la formación contínua para ofrecer mejores servicios a los ciudadanos cuando tengan que servirse de estos profesionales en la defensa de sus intereses ante los tribunales y formarse en valores que permitan mejorar como profesional.

FUENTES:

  1. Los Desafíos del Abogado del Siglo XXI. FORO JURÍDICO: https://forojuridico.mx/los-desafios-del-abogado-del-siglo-xxi-2/
  2. Nuevas competencias del abogado del siglo XXI. EQUIPOS&TALENTO: https://www.equiposytalento.com/tribunas/allen–overy-madrid/nuevas-competencias-del-abogado-del-siglo-xxi
  3. El abogado del siglo XXI o el abogado humanista. ÓSCAR LEÓN ABOGADO: https://oscarleon.es/abogado-del-siglo-xxi-abogado-humanista/
  4. ¿Qué cualidades debe tener el abogado del siglo XXI? ILUSTRE COLEGIO DE ABOGADOS DE LEÓN: https://www.ical.es/actualidad/noticias/que-cualidades-debe-tener-el-abogado-del-siglo-xxi/1601
  5. Los pilares de la abogacía del siglo XXI. BLOS EL CONFIDENCIAL: https://blogs.elconfidencial.com/economia/tribuna/2
  6. ¿Cómo debe ser el abogado del siglo XXI? Legaltech. GAONA, PALACIOS Y ROZADOS ABOGADOS: https://www.gprabogados.com/como-debe-ser-el-abogado-del-siglo-xxi-legaltech/
  7. Cómo es el abogado del siglo 21, según varios expertos reunidos en ESADE. RRHH DIGITAL: http://www.rrhhdigital.com/secciones/legal/111938/Como-es-el-abogado-del-siglo-21-segun-varios-expertos-reunidos-en-ESADE?target=_self
  8. Las competencias y habilidades del abogado del siglo XXI. LEGAL MANAGEMENTE FORUM: https://legalmanagementforum.es/competencias-habilidades-siglo-xxi/
  9. Los retos del abogado en el siglo XXI. UNIVERSIDAD CENTRAL: https://www.ucentral.edu.co/noticentral/retos-del-abogado-siglo-xxi
  10. Las habilidades de los abogados del siglo XXI. THE CONVERSATION: https://theconversation.com/las-habilidades-de-los-abogados-del-siglo-xxi-116853
  11. El abogado del siglo XXI: Una imagen con alma. CONFILEGAL: https://confilegal.com/20200204-el-abogado-del-siglo-xxi-una-imagen-con-alma/
  12. El mejor abogado del siglo XXI y sus cuatro habilidades primordiales: negociación, gestión del tiempo, trato con los clientes y oratoria. LEGAL TODAY: https://www.legaltoday.com/gestion-del-despacho/estrategia/el-mejor-abogado-del-siglo-xxi-y-sus-cuatro-habilidades-primordiales-negociacion-gestion-del-tiempo-trato-con-los-clientes-y-oratoria-2018-09-13/
  13. Los Abogados ante el siglo XXI. UNIVERSITAT DE BARCELONA: https://www.tdx.cat/handle/10803/2875;jsessionid=348A4ED94F0E8EAE40A1A77B6DCAD609#page=1

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