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Visiones del turismo tras la pandemia global

El turismo es un sector con un gran arrastre del resto de sectores económicos. Tiene un efecto de arrastre en sectores como el transporte, creación de puestos de trabajo, del comercio, de la construcción.

En primer lugar, en cuanto a los diferentes escenarios de turismo en esta pandemia, hay que destacar que el turismo mundial concluyó el 2019 con 1,5 billones de viajes en todo el mundo (un alza del 4%). La OMT preveía para 2020 un crecimiento enorme.

En segundo lugar, hay que añadir aquí que “la enorme relevancia del sector turístico en el conjunto de la economía española y que la pandemia se haya producido antes de las vacaciones de verano han comprometido seriamente la previsión de ingresos por este concepto.

Ante la crisis, una práctica generalizada por parte de las empresas del sector ha sido apelar a las ayudas provenientes de las administraciones públicas.

Este artículo no pretende analizar cómo han sido estas ayudas. De su tipología, volumen, oportunidad y adecuación han escrito, y siguen escribiendo, voces más autorizadas y expertas en el tema.r información basada en la evidencia.

Aquí lo que se busca es reflexionar sobre la necesidad de cambio y adaptación (de evolución), del sector turístico tras la irrupción del coronavirus.
La evolución como marco teórico

“¿Qué hace la naturaleza cuando se topa con desafíos y oportunidades? Evoluciona. Y si le resulta posible, cambia y se adapta. Y cuanto mayor sea la presión, más rápidos y extensos serán los cambios que se produzcan.”

Menno Schilthuizen, ‘Darwin viene a la ciudad. La evolución de las especies urbanas’, (Turner, 2019).

En su obra, Schilthuizen, ecólogo evolutivo, se enfrenta al reto de mostrar la evolución en periodos cortos y bajo la intensa presión de las grandes urbes.

En el caso de la Covid-19, las dimensiones y las dinámicas de la pandemia reclaman un marco analítico de amplitud interdisciplinar, como el que ofrece la teoría de la evolución de Darwin, un gigante que se adelantó a los tiempos gracias a la riqueza del debate científico en la Inglaterra victoriana.

Los últimos treinta años, con los impresionantes avances de las ciencias biomédicas y biológicas, permiten declarar que la teoría de la evolución no es solo una teoría sino una gran rama de los conocimientos científicos.

Anomalías (patologías) del turismo: diagnóstico desde la evolución

España es un destino turístico internacional de primer orden. Y a nadie se le oculta que desde su boom a finales de los años 50 y principios de los 60 del siglo XX, el modelo impulsado por el entonces ministro Manuel Fraga sigue vigente y teniendo una representación principal.

Un modelo de sol, playa, chiringuito y terraza soportado por la especulación inmobiliaria, arropado por el clima de una gran parte del territorio peninsular e insular, y aderezado con actividades de ocio nocturno.

Un modelo sin excesivo interés en la explotación sostenible del territorio y los recursos naturales, con “un efecto depredador incalculable sobre nuestra naturaleza y sobre la sociedad, su cultura y sus comportamientos éticos” y con los problemas asociados de estacionalidad y precariedad en el empleo.

Pero sería injusto no reconocer que en los últimos tiempos el turismo español ha evolucionado. Un indicio de eventuales movimientos evolutivos es el dato de ocupación en turismo rural que, en este verano marcado por la pandemia, apunta hacia otro tipo de espacios y actividades de ocio.
Un necesario ejercicio de autodiagnóstico y autocrítica

La Covid-19 ha supuesto una amenaza para el turismo estival en España. Y lo seguirá siendo en los próximos meses, particularmente en aquellas zonas, como las islas Canarias, cuya temporada alta no se limita a los meses de julio y agosto.

Todavía inmersos en la respuesta a la primera oleada de la Covid-19, conviene prepararse para posibles emergencias futuras, ya sean provocadas por virus, bacterias u otros agentes patógenos, o por fenómenos naturales como los relacionados con el cambio climático.

También de estas últimas emergencias hemos tenido algunos ejemplos recientes, como los colosales incendios que sufrió Australia a principios de 2020 o los que sigue sufriendo la Amazonia, o los más cercanos episodios climáticos sufridos por las islas Canarias en febrero de este mismo año.

Aparte de la queja, la protesta, y el recurso al amparo de los gobiernos y administraciones públicas, conviene preguntarse, desde todas las profesiones y todos los sectores sociales y económicos: ¿Nos hemos planteado cambiar y adaptarnos? ¿Nos hemos planteado evolucionar? ¿Qué estamos haciendo para intentarlo?

Resulta difícil encontrar otras especies animales que, ante desafíos como al que nos enfrentamos, se planten a esperar ayuda externa.

Una perspectiva evolutiva

En contra de lo que preconiza el neoliberalismo (a partir de un error de interpretación), la evolución no implica la supervivencia del más fuerte, sino la del que mejor se adapta al entorno, y no conduce a la desaparición de los más débiles sino la de los que no se adaptan al cambio.

Quizás este sea el momento de recuperar el concepto de avance a través del ensayo y error que maneja la economía evolutiva.

La vertiente ecológica de la evolución que ha encontrado Schilthuizen tiene su correlato en la economía ecológica, que tiene su representante más popular en Jeremy Rikfin, inspirador y promotor de una transformación radical del modelo económico y social sobre la base de un Green New Deal global.

Más allá de la emergencia y el cortoplacismo

Convendría, por tanto, una reflexión por parte de todos los actores implicados en el hecho turístico: desde las empresas y profesionales que viven de él hasta quienes lo disfrutamos, pasando por las administraciones competentes.

Esta reflexión estaría encaminada a iniciar un cambio y adaptación, en la medida en que la emergencia y el cortoplacismo impuestos por la pandemia nos lo permitan; a evolucionar ante los desafíos, que también suponen oportunidades, tal y como hace la naturaleza de la que, no nos olvidemos, los seres humanos formamos parte.

En una reciente entrevista, el economista y premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2020 Dani Rodrik pronostica que en España los empleos de calidad vendrán no de la manufactura, sino de los servicios. Y señala concretamente el turismo y las finanzas.

En el caso particular de la industria turística, anhelamos que esta sea capaz de innovar y ofrecer un turismo más creativo, diverso, sostenible, menos multitudinario e invasivo, más imaginativo y más interconectado con otros sectores como la cultura y la ciencia.

También se requiere un cambio social, una evolución cultural que cambie la percepción colectiva y la conducta individual sobre el hecho turístico.
Alternativas bajo nuevas visiones

Es posible que esta pandemia esté creando nuevos y diversos ecosistemas, que no sean otra cosa que lo que llamamos nueva normalidad. Aunque quizás deberíamos hablar de nuevas normalidades, a las que el turismo deberá adaptarse controlando y (re)conduciendo su capacidad evolutiva para adaptarse a las tensiones evolutivas que configuran esos nuevos ecosistemas ‒naturales, sociales, emocionales, económicos y políticos.

Sanjay Sarma, vicepresidente de MIT Open Learning, considera que no se trata tanto de reconstruir el mundo, sino de ir adaptándolo según avanza la crisis.

El desafío es complejo y multidimensional y por tanto así ha de ser la respuesta. Se trata de cambiar el entorno pero también de evolucionar, cambiando y adaptándonos como especie a los retos que se nos plantean.

La cuestión es, en definitiva, establecer una relación distinta con el planeta, con nuestro entorno natural y con nuestros semejantes. Una relación más colaborativa y adaptativa en términos evolutivos”.

A raíz de que el turismo es una actividad interconectada y la importancia de éste en otros sectores económicos, hay que destacar la necesidad de aprender de esta pandemia para impulsarlo desde sistemas de actuación y mejora para dar servicios de calidad y que ofrezcan protección frente al COVID-19.

En tercer lugar, también hay que añadir que “la ciencia nos muestra que hay una relación muy estrecha entre caos y orden, tanto que el uno conduce al otro siguiendo un proceso que no tiene fin. La pandemia que estamos padeciendo nos ha desbaratado, de forma súbita, nuestro orden (siempre inestable) y nos ha instalado, como sociedad, en el caos. El sector turístico es una buena prueba de ello: en cuestión de días el turismo ha desaparecido en España (y en casi todo el mundo). De estar atrapados por los problemas del sobre-turismo, hemos pasado a la incertidumbre de cuándo y cómo podremos reiniciar un sistema que se ha apagado por completo. Del blanco al negro, del día a la noche, sin medias tintas. Toca empezar de nuevo, desde cero.

También en el caso que nos ocupa, sabemos que el caos es la antesala de un nuevo orden, distinto al anterior por las razones esgrimidas en los posts precedentes. Tal y como están evolucionando los acontecimientos, es verosímil pensar que habrá un antes y un después: no es la primera pandemia, ni la primera catástrofe, ni la primera recesión económica por la que pasa este sector, pero ésta, por sus características, no tiene precedente. Y ese después significa que se abre una ventana de oportunidad para repensar la industria turística y reconstruirla desde una nueva visión más alineada con los grandes desafíos de la humanidad: ambientales, sociales, tecnológicos…Cabe esperar que la demostrada resiliencia de esta actividad económica se vuelva a poner de manifiesto, pero también un cambio en los comportamientos de gobiernos, turistas y operadores turísticos.

Partiendo de la base de que en un mundo tan volátil la capacidad de aprendizaje es la única fuente de ventaja competitiva sostenible (con su consiguiente traslación en términos de agilidad de respuesta y capacidad de adaptación), aunque no sabemos cuánto tiempo más se alargará la pandemia, diría que hay algunas lecciones que hemos empezado a aprender (y que, esta vez, no debieran olvidarse):

*La importancia de la detección temprana de señales (aunque sean débiles) acerca de fenómenos con un nivel de impacto potencial alto en los flujos turísticos y un nivel de urgencia en la respuesta también alto. Es decir, de una cultura proactiva que impulse un análisis en profundidad de los mismos y la elaboración de protocolos de prevención y planes de contingencia que permitan reaccionar con la mayor celeridad posible, evitando respuestas tardías e improvisadas ante la presión de la necesidad de actuar rápidamente. Esto vale para riesgos sanitarios como las epidemias o pandemias, pero también para cualquier otro escenario de crisis. A partir de ahora la gestión de las crisis debería tomarse aún más en serio, con mecanismo de cooperación regional, nacional e internacional reforzados. De no hacerlo, como estamos sufriendo ahora, el peaje a pagar puede ser enorme.

*Todo está interrelacionado. No basta con pensar en las acciones (las nuestras y las de otros), sino que, en un mundo hiperconectado, hemos de prestar especial atención a las interrelaciones y las consecuencias o reacciones que pueden generar. Por ejemplo, la gran movilidad que los modernos medios de transporte han hecho posible, que tanto ha beneficiado al sector de los viajes y el turismo, hace que con la misma facilidad los brotes infecciosos se desplacen por el mundo: ¿alguien pensó que en una sociedad y economía abierta no nos llegaría? De forma similar, los conflictos bélicos, comerciales, o los episodios de inestabilidad política, a los que en principio pudiéramos ser ajenos, a la postre terminan afectándonos a todos, de una manera u otra. Hoy más que nunca, por tanto, se necesita tener una visión global del turismo, aunque la nueva versión que seguirá de la globalización sea diferente, basada en nuevos equilibrios geo-políticos.

*Cada problema tiene su particular contexto, con sus correspondientes dinámicas, del que no se puede separar a la hora de encontrar soluciones. China, por tantas razones, no es equiparable a España; ni España es como Italia, aunque estemos mucho más cerca geográfica y culturalmente. Los factores que influyen en un mismo fenómeno son muchos y variados (demografía, concentración de la población, densidad de los núcleos urbanos, condiciones de vida, hábitos de consumo, etc.), con diferentes comportamientos. Por tanto, las soluciones pasan por aceptar el problema con la complejidad que le es propia, lo que exige estudiarlo dentro de su contexto particular. Por ejemplo, para abordar la recuperación del turismo internacional, hemos de ser conscientes de las diferencias entre los destinos y entre los mercados emisores: no todos se recuperarán con la misma velocidad ni requerirán del mismo tipo de acciones para lograrlo. La inercia a aplicar la misma receta para todos es lo que ahora debe ponerse en cuarentena.

*En momentos críticos como los actuales, la empresa debe comportarse, más que nunca, como un buen ciudadano corporativo, ayudando (cada una en la medida de sus posibilidades) a sus empleados, a sus clientes, a sus proveedores y, en general, a la comunidad de la que forma parte. En el sector turístico, son numerosos los ejemplos que han trascendido, lo que habla en su favor. Es una cuestión de solidaridad, pero también de reputación, de credibilidad de la marca y de construir organizaciones sobre la base de valores que refuercen el vínculo con clientes y empleados. En los momentos más difíciles es cuando los liderazgos más muestran su verdadero alcance.

*No esperes a que la crisis del coronavirus dicte tus decisiones como gestor de un destino turístico o una empresa del sector: planifica desde ya la salida de la crisis, involucra a tus colaboradores en la ilusionante tarea colectiva de la recuperación y, cuando llegue el momento, ejecuta oportunamente las acciones del plan. Siempre habrá problemas que no podremos ni anticipar ni evitar, pero lo que siempre dependerá de nosotros es la manera de afrontarlos: ese es nuestro margen de maniobra, del que no podemos hacer dejación. Hacerlo sería arrojarnos en los brazos del fatalismo y renunciar a influir en nuestro futuro. No hacerlo significa entender que hemos de trazar nuestra estrategia para afrontarlo: aun sabiendo que el resultado no depende sólo de nosotros, es mejor tenerla que prescindir de ella; no siempre acertaremos, pero lo más importante es ir en la buena dirección y aprender de los errores cometidos. Ahora bien, esa estrategia no podrá ser sólo una estrategia de promoción, sino también de reconfiguración de nuestra oferta a la luz de la nueva realidad del turismo post-coronavirus.

En este punto es donde retomamos la identificación de escenarios iniciada en el segundo post de esta serie (disponible aquí). En él, se enfatizaron dos factores del entorno turístico: la “Política Gubernamental” y el “Comportamiento del Turista”, dando lugar a cuatro escenarios posibles. En cuanto al carácter estructural o coyuntural de los cambios en ambos factores, se aludía a que variables como el tiempo que dure el confinamiento y distanciamiento social, así como el peaje tanto en vidas humanas como económico que hayamos de pagar, influirían en ese carácter. Por lo que vamos viendo en estos días, parece más verosímil hablar de cambios estructurales que coyunturales, es decir, con una huella que irá más allá de lo transitorio o pasajero a corto plazo”.

En cuarto lugar, se ha de añadir, respecto a la recuperación del turismo, se ha de destacar la línea de financiación “Thomas Cook”, que permite que se amplíe a todas las empresas y trabajadores autónomas con domicilio social en España que estén incluidos en este ámbito.

En quinto lugar, por lo que respecto a las diferentes tipologías del turismo en este escenario, se ha de llamar a los establecimientos a la necesidad de fidelización turística, así como la necesidad de ofrecer calidad, actualización y transparencia, cuidar las redes sociales (estando cada vez más presente). También se han de ofrecer sistemas de pago seguros, ofrecer mejores en todos los ámbitos, así como el hecho de ofrecer actividades al aire libre.

En este punto, se ha de añadir que “es tiempo de preocupación, pero no de histeria o pánico. Es tiempo de prudencia y paciencia. De responsabilidad y disciplina. De ser constructivos y arrimar el hombro. De reflexionar y aprender para cambiar hábitos, tanto a nivel individual como colectivo. También de mirar hacia adelante, aunque sin hacer dejación de la memoria, para, cuando pase la tempestad y llegue una cierta calma, analizar más fríamente lo que pasó, sus causas, lo que se hizo o dejó de hacer.

Mirar hacia adelante y cambiar. Es una obviedad que las empresas turísticas se están viendo ya muy gravemente afectadas por el frenazo en seco provocado por la pandemia que estamos padeciendo, pero la historia nos muestra que el turismo es una actividad muy resiliente, incluso en situaciones catastróficas: serán meses muy duros, pero se recuperará. En los países del sur, que tan acostumbrados estamos a hacer vida en la calle, el confinamiento en nuestros hogares nos va a costar mucho, de manera que las ganas de airearnos y recuperar la libertad temporalmente sacrificada, cuando esta guerra al covid-19 termine, serán enormes, al estilo de lo que ocurre en los fríos países del norte cuando termina su largo invierno. Volveremos a viajar, y con más ganas aún, al paso, eso sí, de la recuperación de la crisis económica que el maldito bicho nos dejará como parte de su herencia. Por eso hay que pensar en las medidas a corto plazo, por supuesto, porque son urgentes para evitar en la mayor medida posible la caída de empresas y el desempleo masivo, pero también en el largo plazo, porque seguramente este episodio de nuestras vidas, que ningún ciudadano común podía imaginar, aún más por la rapidez con que se han sucedido (y siguen sucediéndose) los acontecimientos, nos va a cambiar como personas y, en consecuencia, como turistas. Nunca habíamos vivido nada parecido.

En este sentido, me permito compartir algunas ideas, de diferente alcance, conforme a unas pautas o principios.

1.-Seamos más humildes.

Este episodio nos demuestra cuán frágiles seguimos siendo. Quienes creían haber descubierto la nueva bola de cristal capaz de anticiparlo todo, con sus sofisticados algoritmos de big data, etc. etc., deberían bajar un poco el diapasón. En la hiperconectada economía actual, el pasado cada vez informa menos el futuro, y si lo hace es cada vez a más corto plazo. Hace muy pocos días podía leerse el siguiente titular: “Los hoteles ya pueden predecir su ocupación con un 90% de acierto” (con hasta tres meses de antelación). No digo más, salvo que la globalización tiene peajes impredecibles y que el efecto mariposa existe; por eso es tan importante tener previstos planes de contingencia.

2.-Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña.

Por ejemplo:

-Si la gente no puede ir a comer a los restaurantes, los restaurantes pondrían llevar su comida a la gente. El envío de comida a domicilio está permitido en el Real Decreto de estado de alarma: el “take away food”. Una manera de adaptarse al entorno y paliar la crisis, sobre todo para los negocios familiares.

-Si la gente no puede ir a los hoteles y estos están vacíos, los hoteles pueden ponerse (voluntariamente) al servicio de la gente. Particularmente las grandes cadenas tienen una oportunidad extraordinaria de demostrar si sus políticas de responsabilidad social son auténticas o impostadas. El público lo va a reconocer, premiando a unos y dejando en la indiferencia a otros (lo mismo cabe decir respecto a otro tipo de empresas, como líneas aéreas y touroperadores, en lo que concierne a su respuesta a esta excepcionalidad). Aquellos gestores con más visión ya se han adelantado.

-Si los turistas no pueden llegar a los destinos, los destinos pueden llegar a los turistas potenciales a través de las nuevas tecnologías: tour virtuales, gemelos digitales, 3D,…La tendencia a una intensificación del uso de estas y otras tecnologías en el turismo (como la robotización) se va a acelerar, y quien no esté preparado quedará relegado aún más rápidamente. Ahora es momento de sembrar para empezar a recoger cuando este ciclón haya pasado. Ahora es el momento de que los entes gestores de los destinos pongan la luz larga e inviertan en proyectos de este tipo para llegar al turista potencial, despertar una ilusión (más necesaria que nunca) y provocar el deseo de visitar el destino cuando sea posible, dejando de ser invisible en la inmensidad del referido ciclón. Sé que no es fácil, la presión de las urgencias no ayuda, pero por eso mismo marcará la diferencia entre quiénes sean capaces de verlo (y hacerlo) y quiénes no.

-Si la actividad económica no dinamiza el negocio turístico, la empresa turística puede generar negocio y una cierta actividad económica en su entorno. Por ejemplo, las empresas del sector podrían aprovechar este paréntesis para hacer, en la medida de lo posible, las reformas o renovaciones pendientes en sus instalaciones, si hay personal que pueda trabajar en ellas. En esta misma línea iría lo ya indicado sobre entrega de comida preparada a domicilio por parte de los restaurantes.

-Si los empleados no pueden ir a la empresa, la empresa puede ir a los empleados facilitándoles el teletrabajo y estimulando la formación online, con idea de reforzar la competitividad cara al nuevo tiempo post-coronavirus.

3.-Si un destino no es percibido como seguro, ¿cómo va a ser inteligente?

La seguridad, en sentido amplio, será algo cada vez más valorado por el turista en su decisión de compra, no ya por posibles actos de terrorismo o inestabilidad social, sino por la salud. Ser percibido como un destino seguro, que da máximas garantías sanitarias al turista, va a ser un atributo aún más importante de lo que ya era. Quienes hagan esta apuesta, estarán bien orientados. Quizás, el concepto de destino turístico inteligente tenga que empezar a plantearse seriamente añadir una nueva dimensión en tal sentido, con toda la infraestructura tecnológica de vanguardia y de innovación que traen consigo puestas al servicio no sólo de la sostenibilidad y la accesibilidad universal, sino también de la seguridad y la salud (con herramientas que faciliten la telemedicina, etc.).

4.-Medios de transporte público más saludables, no sólo alimentos.

Por ejemplo, ¿podrán las compañías aéreas, por aquello del low cost, seguir metiendo pasajeros con calzador en sus aviones durante horas, con los riesgos que ahora se hacen más patentes (además de otros)? ¿Experimentará algún cambio la llamada “democratización” del transporte aéreo a raíz de esta crisis? ¿Aprenderemos alguna lección que nos haga tomar la salud más en serio, aunque haya que pagar algo más? ¿Hasta qué punto estaremos dispuestos a asumir un sobreprecio por medidas que reviertan ese hacinamiento percibido como potencialmente peligroso, con cabinas donde las distancias son mínimas, a modo de cuasi-latas de sardinas, y la limpieza/higiene es manifiestamente mejorable? Yo diría que la demanda de ese segmento del mercado tenderá a crecer, como la de los alimentos saludables”.

Se han de destacar como algunos lugares de interés en esta nueva visión del turismo Lanjarón.

En sexto lugar, se ha de señalar la importancia del valor del emprendimiento turísico en el escenario actual.

Por último, en cuanto a las líneas futuras de desarrollo del sector, la colaboración público-privada es fundamental. Es importante saber que el turismo ha caído un 87% a nivel global. En este punto, es importante la digitalización. Otros países europeos como Francia, Alemania o Portugal están abogando para favorecer espacios verdes, digitalización para los pagos, así como para evitar aglomeraciones. Ha de primar el desarrollo de la sostenibilidad para mejorar los destinos turísticos. Lo importante es que el valor del destino esté reforzada, bien mediante redes sociales, así como la necesidad de impulsar el BIG DATA, entre otras necesidades, para mejorar las experiencias de reserva.

Se ha de añadir aquí que “el impacto en el sector es tan severo que es como si hubiera quedado en el limbo: es como si hubiera desaparecido en cuestión de días.

En estas circunstancias el mayor enemigo es la incertidumbre. Y la mejor manera de encararla que conocemos, para estar preparados a nivel de gestión, es a través de la evaluación de los posibles escenarios al que el post-coronavirus nos puede llevar. Cierto es que ahí las posibilidades son múltiples, pero empezaremos por plantear algunas.

Es fácil que la incertidumbre nos conduzca a la confusión que, a su vez, puede llevarnos por dos caminos: el de la parálisis (no saber qué hacer) o el de la creatividad (como vía para encontrar nuevos modos que den respuesta a los desafíos de una situación en el sector que, en alguna medida, el covid19 habrá hecho cambiar).

En este post, haciendo un pre-diagnóstico de urgencia, me centraré en dos de los aspectos que verosímilmente pueden cambiar (otros podrán ser abordados en ulteriores entregas).

Uno es cómo van a reaccionar los gobiernos en lo que al movimiento de personas se refiere. Por ejemplo, si el espacio Schengen quedará restablecido a su estado previo a esta crisis o se mantendrán algunas restricciones; si las políticas de visados se volverán más limitativas; si, a nivel global, las fronteras serán menos porosas, revertiéndose el proceso de apertura e integración internacional. A su vez, estas restricciones al movimiento de personas pueden tener un carácter coyuntural (es decir, transitorio o a corto plazo) o estructural (o sea, a largo plazo o incluso permanente). Denotaremos a este factor como “Política Gubernamental”, promotora, o no, de un cierto distanciamiento para tener una mayor sensación de control. Las derivadas político-sociales de este tipo de políticas aislacionistas transcienden con mucho la intención de este post.

A este factor de tipo institucional le sumaría otro de naturaleza individual: ¿cómo reaccionaremos, a partir de este trauma, respecto a los riesgos de viajar, que siempre hubo y habrá, pero que ahora, tras esta tragedia, se pueden convertir en mayor cautela (o hasta miedo) y sensibilidad respecto a todo lo relacionado con la seguridad y la salud? A este factor le llamaremos “Comportamiento del Turista”, cuya verosímil mayor cautela a la hora de decidir cuánto, dónde y cómo viajar puede, igualmente, ser pasajera (coyuntural) o instalarse con vocación de permanencia (estructural). Cabe pensar que variables como el tiempo que dure el confinamiento y distanciamiento social, así como el peaje tanto en vidas humanas como económico que hayamos de pagar, serán decisivas a este respecto y también influirán en las decisiones políticas.

La combinación de estos dos factores da lugar a cuatro escenarios posibles:

Imagen opinión Hosteltur

Empezando por el final (escenario 4), si las restricciones gubernamentales al movimiento de personas a nivel internacional fueran pasajeras y/o no significativas, así como los miedos o cautelas del turista generados por la pandemia, en relativamente poco tiempo se volvería a la situación pre-crisis, retrotrayéndonos a los problemas que hasta hace pocas fechas cubrían las agendas de los agentes privados y públicos del sector, principalmente la sostenibilidad social (el sobreturismo, por ejemplo) y ambiental (la constatación de cómo la madre naturaleza se recupera cuando la acción humana deja de castigarla merecería una profunda reflexión).

Si los corsés de los gobiernos van progresivamente remitiendo pero el trauma del covid19 se instala en la mente del turista (aparte de en su bolsillo), nos encontraríamos en un escenario (3) en el que la demanda turística habría cambiado cualitativamente, con criterios en la decisión de compra (y por tanto con atributos en los productos y destinos turísticos) que habría que revisar.

Si el comportamiento del turista sólo se viera afectado coyunturalmente pero las políticas de los gobiernos siguieran frenando los flujos de viajeros, nos encontraríamos en un escenario (2) de contracción cuantitativa de la demanda a nivel internacional, que alteraría los flujos turísticos pre-crisis, con ganadores y perdedores. La movilidad doméstica o de más corto recorrido podría verse incentivada por estas políticas. Asimismo, aunque por otra razón (la prudencia acrecentada del turista), el escenario precedentemente citado (3) también podría alimentar esta situación, favorecedoras del turismo doméstico o de proximidad.

Finalmente, el escenario 1 sería el más complejo, con cambios estructurales tanto en la acción de los gobiernos como en el comportamiento del turista. El sector estaría llamado a una cierta reconfiguración de su oferta para adaptarse a estos cambios cuantitativos y cualitativos. Aquello de reinventarse o morir volvería a tomar carta de naturaleza.

Cada uno que se sitúe en aquel escenario que considere que tiene una mayor probabilidad de ocurrencia, pero sin dejar de dar atención al resto: la flexibilidad es obligatoria en estos tiempos de volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad (los llamados entornos VUCA).

Sea como fuere, empresas y destinos necesitarán de estrategias para adaptarse y dar respuestas a cualquiera de estos escenarios (u otros). Y en esas estrategias, para que sean eficaces, el foco habrá de estar puesto en la configuración de la trama relacional más propicia con los actores principales de esta industria. En otras palabras, si los gobiernos y las personas modifican su relación con el turismo, las empresas y destinos se verán abocados a cambiar algunas claves de su relación con clientes y poderes públicos. Es muy verosímil que tengamos que asumir ese cambio en el modo de aproximación mutua, y sería más inteligente hacerlo con estrategias cooperativas que, huyendo de la confrontación, articulen ese nuevo esquema de relación.

Ya Rafael Alberto Pérez, a quién me referí en el post precedente, nos decía, para entender el fundamento de la estrategia, que la vida es relación, o sea, que lo que existe es la interacción, no la acción. Y que la estrategia no es una fórmula (ojalá fuera tan fácil, por complicada que fuera la fórmula); sin embargo, es mejor hacerla que prescindir de ella, pues, como nos decía Rafael, “ese es nuestro margen de maniobra. Lo contrario sería volver al fatalismo y dejar nuestras vidas en manos de los dioses”. Somos lo que elegimos: las elecciones que en cada momento hacemos van marcando nuestro presente y nuestro futuro”.

Por otro lado, también se ha de destacar que “la región de América Latina y el Caribe (ALC) tiene un inmenso potencial turístico basado en sus recursos ambientales, tanto naturales como socioculturales, así como una de las mayores biodiversidades en el planeta, características que la promueven como un lugar para visitar. Son recursos que muchos de sus países han utilizado en la transformación productiva de sus  economías  y estrategias de desarrollo al diseñar sus políticas públicas.    

La industria del turismo ha sido un motor de crecimiento para Latinoamérica. Es generadora de empleo, mejora la calidad de vida de los pueblos promoviendo su bienestar, y, por ende, contribuye a la erradicación de la pobreza. Gracias a ella muchos países de ALC fomentan un desarrollo económico sostenido e inclusivo, empleo pleno y productivo, además del compromiso  de la utilización sostenible de sus ecosistemas marítimos y terrestres.

 Para los países receptores la actividad turística tiene muchas ventajas. En primer lugar, es una fuente de divisas que ayuda a equilibrar su balanza de pagos. Además, por abarcar diferentes rubros suele significar una fuente de ingresos de la que se beneficia gran parte de la población; y  es una industria que no necesita mucho tiempo en ser desarrollada y que suele dar frutos de manera inmediata.

Esta realidad se ha visto gravemente afectada por los efectos adversos causados por la pandemia del Covid-19. Prácticamente, el turismo se ha paralizado a nivel global, causando serias consecuencias económicas en la industria hotelera, líneas aéreas, empresas de transporte, servicios de restaurant, de alojamiento, entre otros.  Como resultado, los procesos de  desarrollo de la región se han visto seriamente comprometidos, en particular en el sector turismo, fuente vital de recursos sobre todo para los países del Caribe. 

La  amenaza  al sector turismo es grave. No solo resultan afectados los ingresos de los trabajadores y empresas del sector sino  también el ingreso nacional de divisas y el equilibrio de las cuentas externas, siendo la situación  particularmente  difícil de sobrellevar  para  los países pequeños especializados en el sector, con serias implicaciones sobre  el Producto Interno Bruto.

El turismo, además de ser un rubro afectado por la  contracción económica global para 2020 por el efecto Covid-19, debe enfrentar cierres de fronteras, restricciones a la movilidad de personas, un lento restablecimiento pleno del tránsito internacional de personas y bienes,  y un aislamiento voluntario de un gran número de personas. Todo ello parece indicar que probablemente la recuperación tarde más de lo deseado. 

Por otra parte,  la actividad económica del turismo  puede tener un alto impacto en el medio ambiente. Además de incentivar una mayor promoción a los destinos turísticos se debe fomentar el desarrollo sostenible de la región  salvaguardando el medio ambiente. En este sentido, el ecoturismo se plantea como una nueva forma de dar continuidad a las actividades turísticas como fuente generadora de recursos, a la vez que se concientiza sobre la necesidad e importancia de conservar el medio ambiente para futuras generaciones.  

El turismo sostenible  reconoce que la protección y mejora de los recursos locales, el respeto por el factor humano y la correcta gestión, deben ser en la base de la sostenibilidad económica y ambiental  y el desarrollo, tal como lo indica  la Carta de Turismo Sostenible (1995). Especial atención debemos tener con las nuevas perspectivas y preocupaciones en cuanto al cambio climático y sus efectos directos, principalmente en las costas e islas. 

Sin duda la actividad económica del turismo es un coadyuvante para el cumplimiento de las metas y objetivos de desarrollo sostenible planteados en la Agenda 2030, pactada en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 2015.  Entre tales objetivos se encuentra (i) garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles; (ii) adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático; (iii) conservar y utilizar en forma sostenible los océanos, los mares y los recursos marinos; y, (iv) promover el uso sostenible de los Ecosistemas Terrestres.

Ahora bien, el escenario planteado previamente demanda planes de contingencia para promover una recuperación responsable del sector actividad apenas lo permitan las condiciones sanitarias.  Es necesario  instrumentar medidas para aliviar la situación del sector, ya sea mediante la concertación de acuerdos internacionales, o el incentivo de  una mayor promoción de los destinos turísticos de los países de la región, o el fomento de un esquema de preservación y conservación del medio ambiente.

La reactivación de la actividad turística  es un tema urgente que abordar.  Las economías de  muchos países de ALC dependen de esta fuente de recursos. El SELA aspira que este seminario virtual contribuya con la reflexión e intercambio de ideas constructivas sobre posibles soluciones para la recuperación de la industria del turismo en la región en el corto y mediano plazo, incluyendo tal vez el intercambio de experiencias y buenas prácticas de otras regiones más avanzadas en el tema.

Este encuentro es también una oportunidad para concientizar a los hacedores de política que las medidas que se adopten deben poner de relieve la necesidad e importancia de conservar el medio ambiente para futuras generaciones, así como fomentar una forma de turismo en la que se  implementen las buenas prácticas de conservación ambiental.

Con esta iniciativa, la Secretaría Permanente pretende abrir el espacio para la generación de debates y discusiones en la búsqueda de soluciones  para la industria hotelera, con el concurso de varios puntos de vista de los sectores público-privado, que permitan ampliar el margen de respuestas a la crisis provocada por el Covid-19, teniendo como fin último la consecución del bienestar de las comunidades”.

Por último, destacar que “aunque la protección del clima y el sobreturismo ya eran temas importantes antes de la aparición del coronavirus, ahora están todavía más en el punto de mira, contó Balas a DW.

También la Asociación de Viajes de Alemania (DRV por sus siglas en alemán) ve la pandemia de coronavirus como una oportunidad de implementar más estructuras sustentables en ese sector. “El turismo sostenible ha vivido un auge en los últimos años. La industria ya respondió a esta tendencia y continuará haciéndolo”, afirma, por su parte, Ellen Madeker, del DRV.

Cada vez más las grandes empresas preparan campañas de concientización sobre los impactos medioambientales del turismo. El gigante DER Touristik, por ejemplo, promociona una nueva oferta de viajes sostenibles a Europa, Turquía y Egipto. Según Ulrike Braun, jefa del departamento de sostenibilidad de DER Touristik, la empresa ofrecerá más viajes de ese tipo en cuanto se retomen los viajes de larga distancia. “Como industria turística, tenemos responsabilidad. Dependemos de nuestros destinos y debemos proteger a los países y a su gente. Esa es la base de nuestro negocio”, dice a DW.

Martin Balas, investigador del Centro de Turismo Sostenible.

La industria del turismo es una de las más golpeadas por la pandemia. Según datos de la OMT, en 2020, el sector sufrió una pérdida de 1,3 billones de euros. Además peligran entre 100 y 120 millones de puestos de trabajo relacionados al turismo en todo el mundo.

Ese receso podría dificultar el dar prioridad a la sostenibilidad, dice Madeker del DRV. Las empresas ven el incremento en la demanda de ofertas sostenibles y se adaptan. “Pero, para implementar estos conceptos, primero tiene que ser posible volver a operar con normalidad.”

Tendencia de viaje para el futuro

En el verano de 2020, muchas personas optaron por irse de vacaciones dentro de su país. De esa manera, pusieron en práctica una de las formas más sostenibles de viajar, ya que se redujo el número de vuelos y de cruceros. En Alemania, la Asociación de Investigación de Vacaciones y Viajes (FUR por sus siglas en alemán) registró cuatro millones de viajes domésticos más que en 2019. Además, por motivos de higiene, muchos viajeros prefirieron hospedarse en apartamentos o casas rurales, reduciendo así la producción de basura y el gasto de agua.

Es de esperar que la próxima temporada también esté marcada por la pandemia, causando un estilo de viajes similar. ¿Pero continuará esta tendencia después de la pandemia? El investigador de turismo Martin Balas opina que no. Él cree que la crisis del coronavirus no cambiará el sector turístico a largo plazo. “Pero quizás si optemos por más viajes domésticos de vez en cuando”, dice a DW.

La empresa emergente alemana MyCabin quiere fomentar la sostenibilidad en el sector turístico.

Se necesitan más opciones sostenibles

Existe un dilema, que tampoco la pandemia solucionará: aunque mucha gente quiere viajar de manera sostenible, finalmente no lo hacen. “El tema de la sostenibilidad aún no ha generado un gran cambio en el comportamiento de reserva de los clientes”, afirma Ulrike Braun de DER Touristik. De acuerdo con Balas, esto se debe a la falta de ofertas.

Esto es algo que la empresa emergente MyCabin quiere cambiar. La pequeña empresa asentada en el sureste de Alemania, en la ciudad de Constanza, vincula a viajeros amantes de la naturaleza con posibles anfitriones. A través de esa plataforma, un agricultor puede poner sus campos a disposición de excursionistas buscando un lugar donde acampar, por ejemplo. La start-up lanzó su piloto el verano pasado y, a pesar de los tiempos de COVID-19 que corrían, tuvo éxito, según cuenta a DW Lene Haas de MyCabin. Ver el video 01:05

¿Logrará el turismo recuperarse del impacto de la pandemia?

A partir de abril, interesados podrán hacer reservas a través de su página web. “Nos sentimos responsables de repensar el turismo sostenible y encontrar soluciones para los problemas actuales”, dice Haas. Según ella, la pandemia ha fomentado la concienciación. “La gente se ve forzada a encontrar nuevas formas de hacer vacaciones y descubre lo valiosa que puede ser esta manera de viajar.”

A pesar de que ya existen muchas opciones y alternativas sustentables, todavía queda un largo camino por recorrer. Los viajeros deben tener en cuenta el aspecto ecológico a la hora de hacer la reserva, pero también tienen que cuidar el medioambiente durante sus viajes y sus estancias.

“El cambio de conciencia tiene que incluir a todo el mundo”, dice Madeker. Balas coincide con eso, pero destaca que la iniciativa la debe tomar, sobre todo, la industria. De otra manera, se podría perder esta oportunidad única de utilizar la pandemia como vehículo para convertir la industria del turismo en un sector sostenible y resistente a las crisis”.

FUENTES:

  1. JORNADAS UDIMA. Visiones del turismo tras la pandemia global.
  2. ¿Cómo recuperar al sector turismo después de la pandemia del COVID-19? SELA: http://www.sela.org/es/eventos/e/69118/recuperar-al-sector-turismo-despues-del-covid-19
  3. El coronavirus, ¿una oportunidad para el turismo sostenible? DW: https://www.dw.com/es/el-coronavirus-una-oportunidad-para-el-turismo-sostenible/a-56821078
  4. Guiar la recuperación del turismo. UNWTO: https://www.unwto.org/es/turismo-covid-19
  5. «La sostenibilidad es la nueva normalidad»: una visión de futuro para el turismo». UNWTO: https://www.unwto.org/es/covid-19-oneplanet-recuperacion-responsable
  6. El turismo post-coronavirus (I). HOSTELTUR: https://www.hosteltur.com/comunidad/003943_el-turismo-post-coronavirus.html
  7. El turismo post-coronavirus (II). HOSTELTUR: https://www.hosteltur.com/comunidad/003955_el-turismo-post-coronavirus-ii.html
  8. El turismo post-coronavirus (III). HOSTELTUR: https://www.hosteltur.com/comunidad/003961_el-turismo-post-coronavirus-iii.html
  9. El turismo post-coronavirus (IV). HOSTELTUR: https://www.hosteltur.com/comunidad/003975_el-turismo-post-coronavirus-iv.html
  10. ¿Cómo será el turismo que vendrá? THE CONVERSATION: https://theconversation.com/como-sera-el-turismo-que-vendra-144756

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