Derecho, Derecho de familia, Derecho de Sucesiones

El albacea testamentario

La forma de hacer la división de los bienes para los herederos en muchos casos es difícil, e incluso confusa si no se hacen lotes para las personas llamadas a suceder, y ello sin tener en cuenta la dificultad en los casos en que no hay testamento, aunque, como se acaba de decir, también existe dificultad cuando hay testamento, pero sin hacer lotes de bienes para cada uno de los herederos. En esta entrada se va a hacer referencia al albacea testamentario, figura prevista en la legislación civil sobre sucesiones a la que se encarga hacer la división de la herencia para hacer más fácil la transmisión a los herederos.

En primer lugar, hay que destacar respecto a esta figura que “el albacea testamentario es un cargo de confianza y una figura voluntaria en nuestro derecho que puede ser relevante para garantizar el cumplimiento de nuestra voluntad y tratar de minimizar conflictos entre los sucesores. No obstante, es esencial plantearse algunas cuestiones prácticas como las que apuntaremos a continuación, si queremos recoger dicha figura en nuestro testamento.

El ejercicio de afrontar la regulación ordenada de la sucesión mediante el otorgamiento de un buen testamento o documento sucesorio equivalente no es fácil en la práctica, siendo, en general, una cuestión a la que pocos se enfrentan con gusto.

Pero en el marco de la responsabilidad de un buen empresario,  dedicarle el tiempo necesario a hacer una reflexión bien asesorada, es un ejercicio necesario (ver artículo Las 10 preguntas básicas que me he de hacer para elaborar un buen testamento) Una vez iniciado el ejercicio de reflexión y clarificada la voluntad, debemos valorar si consideramos necesario o conveniente nombrar a uno o varios albaceas para asegurar el cumplimiento de dicha voluntad.

El albacea, es un cargo de confianza y no obligatorio en nuestro derecho, a diferencia de la mayoría de los derechos anglosajones en los que la figura similar del executor es fundamental y obligatoria para la efectiva ejecución de la voluntad testamentaria, y la gestión del propio patrimonio hereditario.

En nuestro ordenamiento jurídico, en principio, es el heredero o herederos quienes deben ejecutar la voluntad testamentaria y gestionar el patrimonio hereditario, si bien, con carácter general, el testador puede nombrar además a uno o varios albaceas.

Es relevante señalar que la regulación del albacea que se recoge en el Código Civil y en las distintas legislaciones forales es muy diversa y, sin perjuicio de que la base de la figura y el característico rasgo de ser un cargo de confianza, es algo compartido en las legislaciones forales y el derecho común, hay diferencias muy relevantes en la normativa.

Por ello, a continuación hacemos algunas consideraciones prácticas, sin olvidar la absoluta necesidad de identificar el marco normativo aplicable y analizar las particularidades que se recogen para esta figura en los distintos ordenamientos forales y en el derecho común”.

En segundo lugar, y en cuanto a la persona que puede ejercer el cargo y las clases de albaceas que admite el Derecho español, se ha de decir que “el testador tiene libertad para designar albacea a quien considere oportuno, sea o no heredero, trátese de una persona física o jurídica. Aunque la ley no lo contempla la doctrina es favorable a la posibilidad de que una persona jurídica pueda ser designada albacea.

El CC en su art. 893 regula los requisitos de capacidad para ser albacea de forma negativa –se limita a indicar que “no podrá ser albacea el que no tenga capacidad para obligarse” y considera inhábiles para desempeñar el cargo de albacea a los menores de edad aun con la autorización del padre o del tutor-, estableciendo así las incapacidades para asumir el cargo de albacea, relacionándolo con su art. 1.263 CC.

Capacidad del menor no emancipado

No plantea duda la falta de capacidad del menor no emancipado. En cambio, hay desistimiento en la doctrina sobre si el menor emancipado posee capacidad bastante para ser albacea. Cuando al incapacitado judicialmente, la sentencia declaratoria señalará sus límites y extensión, pero cabe la duda de si carecerá de capacidad aun cuando la sentencia de incapacitación no indique nada al respecto, punto este en el que la doctrina tampoco es unánime.

En relación al declarado pródigo, no admite duda por carecer de plena capacidad para obligarse. Tampoco podrán ser albaceas los concursados, en base a las restricciones que la ley les importe, para gestionar sus propios intereses y los ajenos. Y respecto a los declarados indignos para suceder al testador que enumera el art. 756 CC y entre las que no se relaciona al albacea, como la indignidad sucesorio deberá ser incompatible con un cargo de confianza, tendrá que ser removido -destituido por resolución judicial – del albaceazgo, el  art. 910 CC (que enumera las causas de extinción del albaceazgo).

En relación al momento en el que se ha de exigir la capacidad del albacea será el de su aceptación del cargo”.

En tercer lugar, cabe destacar que existen varios tipos de albaceazgo:

“Albacea universal y particular

El CC distingue a los albaceas en particulares y universales (art. 894.1 CC) sin establecer los criterios para diferenciarlos. La distinción hay que buscarla en las funciones a desempeñar; así es universal el albacea a quien se encomienda la ejecución de la totalidad del testamento (STS 8 de marzo de 1995), hasta dejar ultimada la sucesión, incluyéndose desde luego, en su caso, el encargo de partir la herencia y la administración del caudal (continúan Castán y Bonet); y es particular cuando el testador no ha determinado especialmente las facultades de los albaceas, tendrán las siguientes: 1.ª

Disponer y pagar los sufragios y el funeral del testador con arreglo a lo dispuesto por él en el testamento; y, en su defecto, según la costumbre. 2.ª Satisfacer los legados que consistan en metálico, con el conocimiento y beneplácito del heredero. 3.ª Vigilar sobre la ejecución de todo lo demás ordenado en el testamento, y sostener, siendo justo, su validez en juicio y fuera de él. 4.ª Tomar las precauciones necesarias para la conservación y custodia de los bienes, con intervención de los herederos presentes (art. 902 CC).

Cuando el testador nombre una pluralidad de albaceas para el desempeño de las funciones encomendadas en el ejercicio de su cargo. Estos podrán venir nombrados mancomunada, sucesiva o solidariamente (art. 894.2 CC).

Albaceas sucesivos

El nombramiento de albaceas sucesivos implica la voluntad del testador de establecer una jerarquía o preferencia entre los designados, de modo que cada uno desempeñe el cargo en defecto del que le precede en el orden de nombramiento, ya sea por renuncia o por cualquier otra razón.

Albaceas mancomunados

El albaceazgo mancomunado (art.895 CC), precisa de una actuación conjunta de todos los albaceas nombrados que ocupan el cargo.

Cuando sean mancomunados los albaceas “valdrá lo que todos hagan de consuno”, es decir por acuerdo unánime entre ellos.

También es válido “lo que haga uno de ellos legalmente autorizado por los demás”. El Código Civil exige que el albacea mancomunado actúe “legalmente” autorizado por los demás, luego exige una autorización previa y además fehaciente; aunque también cabe la autorización posterior mediante la ratificación por lo actuado. La autorización (generalmente por vía de poder) solo cabe a favor de otro u otros albaceas que hayan aceptado el cargo, pues el conferido a persona ajena al cargo implicaría una delegación, prohibida salvo expresa autorización del testador (art. 909 CC).

Por último, en el albaceazgo mancomunado valdrá “lo que, en caso de disidencia, acuerde el mayor número”. En el sistema de las mayorías, la validez de un acuerdo requerirá el voto de la mitad más uno de los albaceas, salvo que el testador hubiera establecido un régimen distinto de mayorías. En el caso de que por los albaceas ejercientes no se pueda obtener mayoría en favor de un acuerdo (empate de votos a favor y en contra) ni el causante hubiera dispuesto de un voto de calidad, parece que lo razonable sería acudir a la autoridad judicial para resolver el conflicto.

Esto se debe a que el código no dice nada para los supuestos de empate entre los albaceas en la adopción de un acuerdo.

Jurisprudencia al respecto

La jurisprudencia admite que el acuerdo de la mayoría es válido aunque no concurra la minoría.

La mayoría o la unanimidad se computan sobre quienes efectivamente ejercen el cargo (SSTS 23 noviembre 1974 y 2 diciembre 1991.

Excepcionalmente, en el ejercicio del cargo pueden surgir situaciones “casos de suma urgencia” que requieran una inmediata actuación sin la demora que impondría la reunión o el acuerdo de los demás albaceas. Ante estas situaciones de urgencia “podrá uno de los albaceas mancomunados practicar, bajo su responsabilidad personal, los actos que fueren necesarios”. Pero la actuación del albacea “mancomunado” en caso de suma urgencia exige que dé cuenta inmediata de ello a los demás albaceas “mancomunados”.

Lo actuado por el albacea “mancomunado” en caso de “suma urgencia”, es válido desde luego y no puede ser invalidado por sus coalbaceas a los que solo debe dar cuenta; ni incurre en responsabilidad, si la medida es objetivamente adecuada, por la divergencia de criterio (Lacruz Berdejo). El resto de los albaceas pueden impugnar los actos realizados por el albacea. Si la impugnación prospera, el albacea que toma la decisión de intervenir responderá personalmente de su actuación (Gómez Ysabel).

El albaceazgo mancomunado permanece aunque se produzcan vacantes (premorir al testador, incapacidad para ejercerlo o no aceptación) entre los que lo ejerzan, pues en tal caso las facultades se concentran en los demás o en el último que permanezca en el ejerció del cargo. Luego el albaceazgo no se extingue por dicho motivo (SSTS 24 mayo 1954 y 23 noviembre 1974).

El albacea solidario

Si el testador no establece claramente la solidaridad de los albaceas, ni fija el orden en que deben desempeñar su encargo, se entenderán nombrados mancomunadamente (art. 897 CC). La solidaridad de los albaceas, pues, no se presume, debe deducirse claramente de la voluntad del testador. Así, la jurisprudencia ha dejado claro que el testador nombraba solidariamente a los albaceas cuando les permitía actuar “tanto juntos como cada uno de por sí, en falta o ausencia de los otros” (STS 23 junio 1982), o bien “juntos y separados” (STS 30 mayo 1914).

El CC no dispone nada en referencia al funcionamiento del albacea solidario, por lo que esta falta de norma ha tenido que ser cumplimentada por la doctrina y la jurisprudencia, que admiten la validez de lo actuado por uno solo de los albaceas que, por ser solidario, pueda ejecutar todo lo dispuesto por el causante en su testamento (SSTS 24 diciembre 1909, 29 noviembre 1915 y 25 febrero 2000).

Pero cuando los albaceas, nombrados con carácter solidario, quieran intervenir todos – o parte de ellos- su actuación ha de regirse por las normas de los mancomunados. Estas normas que se aplicarán no a todos los albaceas solidarios nombrados que ocupen el cargo sino a los que estén interviniendo en el caso (Albaladejo).

Albaceas legítimos y (dativos)

En los casos de no haberse constituido el cargo de albacea por renuncia o no aceptación de los nombrados para serlo; también en los de extinción del albaceazgo por muerte, imposibilidad, excusa para seguir ejerciéndolo o remoción, si aún no se ha cumplido la última voluntad del testador como consecuencia de cualquiera de dichos motivos, corresponde entonces a los herederos ejecutar la voluntad del testador (art. 911 CC) y STS 8 mayo 1989.

Doctrina y jurisprudencia atribuyen en tales casos a los herederos el carácter de albaceas legítimos.

Cuando por alguna de las causas indicadas, los herederos ejecuten la voluntad del causante conforme a lo dispuesto en su testamento lo harán -en opinión de la doctrina mayoritaria- conforme a las normas que regulan la gestión de la comunidad hereditaria.

Y por lo tanto no de acuerdo con las disposiciones sobre el albaceazgo.

Finalmente, cuando el Tribunal tenga noticia del fallecimiento de una persona y no conste la existencia de testamento, ni de ascendientes, descendientes o cónyuge del finado o persona que se halle en una situación de hecho asimilable, ni de colaterales dentro del cuarto grado, adoptará de oficio las medidas más indispensables para el enterramiento del difunto si fuere necesario y para la seguridad de los bienes, libros, papeles, correspondencia y efectos del difunto susceptibles de sustracción u ocultación (art. 790.1 Ley 1/2000 de Enjuiciamiento Civil).

El Tribunal puede nombrar a una persona que efectúe y garantice el inventario y su depósito (art. 791.2 Ley 1/2000 de Enjuiciamiento Civil), que derogó las disposiciones que a tales efectos contenía el art. 966.1 de la antigua LECvi., relativas al nombramiento por el Juez de un albacea dativo que determinaba sobre el entierro y exequias del difunto, y sobre todo lo demás inherente a este cargo conforme a la ley”.

En cuarto lugar, y por lo que respecta a las funciones del albacea, se ha de señalar que “las funciones del albacea en un testamento pasan por velar por la seguridad de los bienes del testador, entre las facultades del albacea están velar porque sean pagadas las deudas y realizar el inventario de los bienes con citación de los herederos.

El cargo del albacea es voluntario, ya que el designado no puede ser obligado a aceptarlo, es personalísimo y gratuito sin perjuicio de lo que corresponda por los gastos de partición u otros facultativos, como los de letrado. Pueden ser nombrados uno o más albaceas, mancomunados o solidarios. En cualquier caso, el albacea es una persona de la absoluta confianza del testador, mayor de edad y con plenas capacidades. En el caso de que el testador no haya nombrado albacea, serán los propios herederos nombrados en el testamento los encargados de velar por el cumplimiento de su voluntad.

Se distingue entre albacea universal y particular. Si el albacea universal es el que tiene atribuidas por el testador todas las facultades posibles propias del cargo para que pueda cumplir y ejecutar la total voluntad del testador, el albacea particular es al que el testador ha atribuido únicamente determinadas funciones, o en su defecto las facultades legales de los artículos 902 y 903 del Código Civil (vigilar el cumplimiento de las disposiciones testamentarias y defender la validez del testamento, tomar las medidas necesarias para la conservación de los bienes de la herencia, entregar los legados consistentes en dinero metálico y pagar los sufragios y el funeral del testador).

La del contador-partidor de una herencia es una figura distinta al albacea en tanto en cuanto el primero es la persona nombrada por el testador para que realice el reparto de los bienes hereditarios entre los herederos, mientras que el segundo se encargará de ejecutar la voluntad del testador.

Nombrar un albacea testamentario será útil en el caso de testamentos complejos, en los que se deba dar a los bienes de la herencia el destino que determine el testador, o en el caso de entregar una gran cantidad de bienes a varios herederos diferentes, así como para evitar posibles conflictos familiares futuros”.

En quinto lugar, en cuanto a los casos en que puede nombrarse un albace y al número de albaceas que ha de nombrarse, que se le han de atribuir, se debe de señalar que, “en general, dado que el albacea es un garante y ejecutor de la voluntad testamentaria, cuanto más complejo sea nuestro patrimonio y la mencionada voluntad testamentaria, más sentido tendrá incorporar esta figura. Es también recomendable en situaciones en las que puedan haber varios herederos, legatarios u otros beneficiarios de la herencia, que puedan entrar en conflicto en cuanto a la interpretación y ejecución de la voluntad testamentaria. También, en el marco de herederos menores de edad o incapacitados, puede ser una figura de apoyo y, puede ser clave, asimismo, en aquellos testamentos en los que se recoja la creación de una fundación o disposiciones en favor de entidades sin ánimo de lucro.

Cabe valorar también, nombrar albaceas indicando no obstante que únicamente deberán ejercer dicho cargo en caso de que los herederos o los herederos y legatarios mayores de edad no alcancen un acuerdo en relación con la ejecución de la voluntad testamentaria, dejando así la figura como un mecanismo subsidiario que permita a un tercero ejecutar la voluntad si hay conflicto entre los beneficiarios de la misma.

¿Nombramos a un albacea o a varios?

En general, cabe nombrar a un único albacea o a varios que puedan actuar mancomunada o solidariamente, o incluso nombrar albaceas sucesivos, todo ello en función del perfil de la persona. Normalmente si nombramos a un profesional de confianza, bastará con nombrar a una única persona, teniendo la cautela de nombrar sustitutos para el caso de que no acepten el cargo o que, por cualquier causa, tengan que dejar de ejercerlo.

En caso de que nombremos a personas de nuestro entorno familiar o de amistad, se puede entrar a valorar el nombrar a dos o más que actúen con carácter mancomunado (esto es, que deban tomar las decisiones conjuntamente) para tratar de asegurar una actuación lo más diligente posible, e incluso expresar la voluntad de que puedan delegar parte de sus funciones en los profesionales que consideren conveniente”.

En sexto lugar, por lo que se refiere a la aceptación del cargo de albacea, se ha de señalar que “la aceptación puede ser:

  • Expresa, cuando en cualquier modo conste la voluntad del designado de aceptar el cargo.
  • Tácita, cuando el nombrado por el testador realiza actos que implican la voluntad de aceptar (STS 17 diciembre de 1919 y 22 febrero de 1929).
  • Por ministerio de la ley, de la que ocupa este mismo artículo que establece que “se entenderá aceptado por el nombrado para desempeñarlo si no se excusa dentro de los seis días siguientes a aquel en que tenga noticia de su nombramiento, o, si éste le era ya conocido, dentro de los seis días siguientes al en que supo la muerte del testador”.

La ley interpreta el silencio de llamado a ser albacea de forma positiva, como aceptación. La finalidad del precepto es evitar la prolongación indefinida del periodo de que disponen los albaceas para desempeñar su cargo (STS 1 junio 1926). El plazo de seis días de los que dispone el llamado para no aceptar el cargo es de caducidad”.

En séptimo lugar, y en cuanto a las facultades que tiene atribuidas para ejercer su cargo, se han de señalar las siguientes:

“Facultades atribuidas por el testador

Dispone el artículo 901 CC que “los albaceas tendrán todas las facultades que expresamente les haya conferido el testador y no sean contrarias a la leyes. Como cargo de confianza del testador, el albacea ostenta todas las facultades que el testador le asigne; pero por muy amplias que éstas sean, no puede con su ejercicio alterar la verdadera naturaleza de la voluntad del testador (STS 28 febrero 1980).

Si el testador designa albacea universal sin asignarle expresamente las facultades a ejercer, debe entenderse que le ha conferido todas las necesarias para que de cumplimiento a su voluntad hasta la adjudicación y entrega de los bienes, pero el albacea no puede, aunque sea universal, impedir a los herederos ejercer acciones que correspondían al difunto para reclamar bienes en poder de terceros, y de esta manera pasen a forman parte del haber de la herencia (SSTS 10 julio 1935 y 22 marzo 1984).

A título enunciativo, la jurisprudencia ha reconocido entre las facultades que cabe atribuir al albacea, las siguientes: la de administración, tanto de toda la herencia como de bienes concretos; la de ejecución testamentaria (realizar bienes los fines que el testador le haya señalado, entrega de legados); la de interpretación del testamento, (sin que ningún caso sustituya la voluntad del testador por la suya), la de enajenar, que ha de ser expresa, y de no ordenarse lo contrario se entiende sin intervención de los herederos, incluso  de bienes inmuebles (STS 9 junio 1993); representar a la herencia yacente; la de partición de la herencia, previa liquidación de la sociedad económico matrimonial con el cónyuge supérstite y atribución respectiva de los bienes que la conforman.

 Facultades por precepto legal

Cuando el testador nombra albaceas sin establecer sus facultades de forma expresa (los denominados albaceas particulares) tendrán las establecidas en el art. 902 CC, que son las siguientes:

1.- De carácter piadoso.

Faculta al albacea para “disponer y pagar los sufragios y el funeral del testador conforme a lo dispuesto por él en el testamento y, en su defecto, conforme a la costumbre del pueblo”. Añade la generalidad de la doctrina, aunque el CC no los recoge, que los gastos de entierro deben considerase incluidos en el precepto.

 2. Pago de los legados en metálico.

El albacea está facultado para “satisfacer los legados que consistan en metálico” para lo que necesita el “conocimiento y beneplácito del heredero”. Del artículo resulta que el albacea no puede por ley satisfacer otros tipos de legado que no “consistan en metálico”. La exigencia del “conocimiento y beneplácito del heredero”, puede fundamentarse en el interés que puedan tener los herederos en el que dinero se destine a otros fines preferentes como podrían ser el pago de deudas hereditarias, legítimas, impuestos de sucesiones u oponer compensación al legatario.

 3. Facultades procesales.

Conforme a la facultad de “vigilar sobre la ejecución de todo lo demás ordenado en el testamento, y sostener, siendo justo, su validez en juicio y fuera de él”. El precepto contiene dos mandatos. El de “vigilar” el cumplimiento de la ejecución del testamento respecto de aquellas disposiciones que no esté facultado para ejecutar, por no haberlo dispuesto así el testador.

Y el de defender la validez del testamento judicial y extrajudicialmente. Para ello el precepto exige que sea justa su defensa, pues de no reputarse justa puede provocar una condena en costas que ha de satisfacer el albacea con cargo a su propio patrimonio (SSTS 4 mayo 1927 y 14 febrero 1952). En relación a la legitimación pasiva, facultado el albacea para la defensa de la validez del testamento, el que la oponga a ella deberá dirigir la acción contra el albacea (STS ll enero 1900). No obstante, los hederos puede defender su derecho en juicio cuando éste les sea negado.

Así, en todos los pleitos en que se juegan intereses de los herederos, tienen éstos personalidad para intervenir, ya solos o conjuntamente con los albaceas (SSTS 12 julio 1905, 21 marzo 1911 y 10 julio 1935); debiendo dirigirse contra ellos (al menos contra los albaceas) la demanda de impugnación de testamento (SSTS 11 enero 1900, 12 julio 1915, 24 julio 197, 21 marzo 1911 y 18 diciembre 1958).

4. Conservación y custodia de los bienes.

Se atribuye al albacea “tomar las precauciones necesarias para la conservación y custodia de los bienes hereditarios, con intervención de los herederos presentes”. La norma confiere al albacea únicamente facultades provisionales de conservación y custodia de los bienes pero adoptadas con el consentimiento de los herederos, pues la oposición de éstos no le permitirán llevarlas efecto.

No le faculta la norma al albacea para administrar, la STS 31 marzo 1959, indica que los albaceas –en base a lo establecido en el artículo 902.4 CC- carecen de facultades de arrendar bienes hereditarios. La doctrina opina que, en el ejercicio de su función de “conservación y custodia”, el albacea puede y debe hacer el inventario de los bienes que conformen la herencia.

Facultades por necesidades de numerario

La falta de dinero efectivo suficiente en la herencia para atender “el pago de funerales y legados, y los herederos no lo aportasen de lo suyo” faculta a los albaceas para promover “la venta de los bienes muebles y, no alcanzando éstos la de los inmuebles, con intervención de los herederos” (art. 903.1 CC). La referencia del precepto a los legados lo es a los “pecuniarios” que habrán de pagarse con dinero aunque no lo hubiera en la herencia (art. 886.2 CC). Los herederos pueden prestar su aprobación a la venta –para la que no es necesaria su concurrencia- u oponerse a ella, en cuyo supuesto tendrá que someterse a decisión judicial.

En relación a quien deben ser llamados a intervenir en concepto de herederos deben incluirse los legitimarios, pues la legítima puede adquirirse por cualquier título (art. 815 CC); también por herencia, legado o donación (RDGRN 14 marzo 2013).

El art. 903.2 establece que “si estuviere interesado en la herencia algún menor, ausente, corporación o establecimiento público, la venta de los bienes se hará con las formalidades prevenidas por las leyes para tales casos”. Por lo que habrá que estar a las formalidades que exige la ley para la enajenación de los bienes de las personas indicadas”.

En este punto, también hay que decir que “el derecho común y las legislaciones forales establecen distintas funciones del albacea, dejando no obstante libertad al testador para fijar las mismas. Con carácter general, se suelen atribuir al albacea, la facultad de interpretar la voluntad sucesoria, procurar el cumplimiento de todas las disposiciones contempladas en el testamento, cumplir con los legados, las cargas o condiciones, realizar inventario, avalúo, partición y adjudicación de los bienes hereditarios. Es importante también señalar que, a falta de indicación de un plazo concreto para que el albacea cumpla con las funciones encomendadas, la ley supletoria aplicable puede marcar un plazo máximo, por lo que es de nuevo relevante, analizar la norma aplicable, y abordar esta cuestión de forma específica en el testamento, en función de las actuaciones concretas que, en su caso se hayan encomendado al albacea”.

En séptimo lugar, se ha de decir, respecto a la remuneración del albacea, que “el albacea es un cargo de confianza, si bien con una misión muy relevante como es la de garantizar y ejecutar la voluntad del testador. La cuestión de la retribución del cargo es una cuestión que los distintos ordenamientos de nuestro territorio tratan de forma muy dispar; desde el derecho común, que establece en el artículo 908 el carácter gratuito del mismo y deja al testador la opción de retribuirle, al derecho foral catalán que, en su artículo 429-5, establece que, salvo que el albacea disponga otra cosa o señale el cargo como gratuito, el albacea universal tendrá derecho a un 5% del valor del activo hereditario líquido y el particular, contador partidor, el 2% de este valor o de los bienes objeto de partición, pasando por Navarra, que indica que cuando el causante no haya dispuesto otra cosa se estará a la costumbre del lugar o, en su defecto, a lo que fuere equitativo.

En la práctica, normalmente, si el cargo de albacea recae en un familiar o persona del círculo de amistades del testador suele darse más relevancia al aspecto de confianza del cargo y, como tal, no se le retribuye En cambio, si se opta por un perfil profesional, el cargo suele ser retribuido, en base a los honorarios profesionales y en función de la efectiva dedicación.

En cualquier caso, determinar expresamente en el testamento la gratuidad del cargo o fijar la retribución del mismo es una cuestión sustancial, siendo un error que se comete en muchas ocasiones no abordar esta cuestión, desconociendo lo que al respecto establece la ley aplicable como norma supletoria a la voluntad testamentaria.

Sea gratuito o retribuido el cargo, en cualquier caso deberíamos salvar que el albacea pueda recuperar los gastos justificados en los que incurra en el ejercicio de sus funciones.

Finalmente, en caso de que el cargo sea retribuido, es indispensable analizar la fiscalidad ligada a dicha retribución, análisis en el que será relevante la cuantía de la misma para determinar la naturaleza de su fiscalidad”.

En octavo lugar, en cuanto a su nombramiento y duración de su cargo, se ha de señalar que “el plazo para cumplir el encargo viene regulado en los artículos 904 a906 del Código Civil.

Artículo 904 CC: El albacea, a quien el testador no haya fijado plazo deberá cumplir su encargo dentro de un año contado desde su aceptación, o desde que terminen los litigios que se promovieren sobre la validez o nulidad del testamento o de alguna de sus disposiciones.

Artículo 905 CC: Si el testador quisiera ampliar el plazo legal, deberá señalar expresamente el de la prórroga. Si no lo hubiese señalado, se entenderá prorrogado el plazo por un año. Si, transcurrida esta prórroga, no se hubiese cumplido todavía la voluntad del testador, podrá el Secretario judicial o el Notario conceder otra por el tiempo que fuere necesario, atendidas las circunstancias del caso.

Artículo 906 CC: Los herederos y legatarios podrán, de común acuerdo, prorrogar el plazo del albaceazgo por el tiempo que crean necesario; pero, si el acuerdo fuese sólo por mayoría, la prórroga no podrá exceder de un año.

En cuanto a la extinción del albaceazgo dispone el artículo 910 CC que “Termina el albaceazgo por la muerte, imposibilidad, renuncia o remoción del albacea, y por el lapso del término señalado por el testador, por la ley, y, en su caso, por los interesados. La remoción deberá ser apreciada por el Juez”.

La enumeración legal, como señala Lacruz, no es completa pero alude a las principales causas específicas de extinción. La jurisprudencia menciona también el total cumplimiento del encargo por el albacea, que agota su misión, y ello aunque no se haya cumplido con total acierto y corrección, por lo que ya no puede, en principio, rectificar lo mal hecho”.

Siguiendo con esto, cabe señalar, respecto a las causas de cesación en el cargo de albacea, que “las principales causas por las que un albacea puede perder su cargo en vida sin que haya finalizado su labor son, fundamentalmente, dos. Se pueden destacar la renuncia voluntaria y la destitución motivada. Aunque el cargo de albacea es personalísimo, el juez puede actuar de oficio si considera que se están vulnerando derechos de personas menores o desamparadas.

1. Renuncia

La renuncia es una posibilidad que tiene el albacea, aunque tiene que estar motivada si está en ejercicio. Este es el motivo por el que es recomendable nombrar más de un albacea en el testamento. Hay que recordar que la aceptación es voluntaria, de manera que no hay que olvidarlo. La renuncia tiene que se expresa y, con ella, se pierde el derecho a la retribución establecida en el testamento. Eso sí, es preceptivo comunicarlo, ya sea antes de tomar posesión del cargo o después.

En la mayoría de los casos, el cargo de albacea es gratuito, a no ser que el testamento indique lo contrario. Las dos principales excepciones de la legislación son Cataluña y Navarro. En ambos Derechos Forales, se establece una retribución fija para el albacea, de un 5 % en el primer caso y un 2 % en el segundo.

2. Destitución

La destitución es una medida extrema que puede partir de las partes interesadas. Lo principal es que, en un primer momento, podrían iniciar acciones ante un juez. Esto es importante, porque se tienen que comprobar casos de flagrantes incumplimientos, incapacidad, indignidad o negligencias. En este caso, el juez puede destituir a un albacea y nombrar a otra persona que considere más capacitada.

Como principio general, un albacea que incumpla reiteradamente su cometido puede ser removido. También será el caso de aquel que haya cometido un delito que lo haga indigno para ostentar el cargo. Es conveniente, eso sí, que se realice la acción de reclamación ante el juez cuanto antes”.

Por último, en cuanto a la rendición de cuentas por parte del albacea, se ha de señalar que “el albacea responde ante los sucesores del causante en quien recaen (a través del caudal relicto) las consecuencias de sus actos y declaraciones de voluntad, por el ejercicio doloso o negligente de su cargo, o por no ejercitarlo, con arreglo a los artículos 1000 y siguientes CC y 1718 del Código Civil. Si es retribuido, responde con mayor rigor (artículo 1726 CC). Siendo varios, la responsabilidad es de cada uno por sus actos u omisiones (artículo 1723 CC), salvo que otra cosa disponga el testamento, como ley de la sucesión.

Establece el artículo 907 CC: “Los albaceas deberán dar cuenta de su encargo a los herederos. Si hubieren sido nombrados, no para entregar los bienes a herederos determinados, sino para darles la inversión o distribución que el testador hubiese dispuesto en los casos permitidos por derecho, rendirán sus cuentas al Juez. Toda disposición del testador contraria a este artículo será nula”.

La sentencia TS de 7 de enero de 1942 dice que tal precepto no establece “precisamente que los albaceas han de rendir cuentas, sino que deberán dar cuenta de su encargo a los herederos, y la jurisprudencia tiene declarado (Sentencia TS de 4 de enero de 1911) que dicha obligación queda cumplida con la práctica de las operaciones particionales, que constituyen el medio más adecuado que los albaceas tienen de dar cuenta de su encargo”. El dar cuenta, pues, y como señala Lacruz, se entiende aquí como simple informe”.

FUENTES:

  1. ¿El mandato de un albacea se puede revocar? TESTAMENTOS, HERENCIAS Y SUCESIONES: https://www.testamentoherenciasysucesiones.es/mandato-de-un-albacea/
  2. La figura del albacea testamentario. AIDE ABOGADOS: http://www.aideabogados.com/la-figura-del-albacea-testamentario/
  3. El albacea testamentario como cargo de confianza. GARRIGUES: https://www.garrigues.com/es_ES/noticia/el-albacea-testamentario-como-cargo-de-confianza
  4. El Albacea Testamentario. ILEX ABOGADOS: https://ilexabogados.com/blog/albacea-testamentario/
  5. El Albacea. ARRIAGA ASOCIADOS: https://www.arriagaasociados.com/2019/06/el-albacea-testamentario/
  6. Albacea testamentario en una herencia. ACEPTACIÓN HERENCIA: https://aceptacionherencia.es/albacea-testamentario/#Que_es_un_albacea_testamentario

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